Cómplices

Advertencias y avisos

Querido lector, querida lectora a partir de este momento, Euritmia en la Red ha eliminado de sus contenidos la novela corta "Alas rotas", cuya primera versión fue escrita en el verano de 2003.
Como explico en el post correspondiente la razón se debe a que la editorial "La Esfera Cultural" ha decidido publicarla en papel.
Puede adquirirse si pulsáis en ESTE ENLACE

VERSIÓN EN AUDIO DE ALAS ROTAS

Introducción a la versión en Audio.

martes, 2 de noviembre de 2010

Fin de trayecto. Segunda parte. Capítulo 19

Viernes, cinco de agosto de 1988.
Madrugada

He vuelto a llamar a Asturias. Mientras sonaba el teléfono, mi corazón latía a toda velocidad, desbocado por el miedo que recorría mi cuerpo. Ha descolgado el teléfono Laura. Así que me he limitado a decir lo previsto. La respuesta ha sido “No”. He colgado aliviada, “Al menos otros dos días de calma”, he pensado, mientras suspiraba. La adrenalina ha dejado de recorrer mis venas. He esperado unos minutos para relajarme, para que no me notaras extraña cuando hablara contigo...

Después he marcado el número de casa. Esta vez se ha puesto papá en primer lugar, lo que he agradecido mucho, pues me ha dado tiempo a calmarme del todo. Si te hubieras puesto tú, mamá, a lo mejor habías notado algo, todavía. Su voz, la de papá, me ha parecido somnolienta, y eso que sólo eran las diez y veinte de la noche. La conversación ha sido breve. Es la única conversación posible con papá, para qué engañarnos. Simplemente unos cumplidos y unas cortesías. Luego te has puesto tú, mamá. Aparentemente todo normal. El mismo tono frío y lejano. Los mismos sermones. Si durante el tiempo que no estoy con vosotros, mi mente abre una ventana a una posible reconciliación, o a un intento de acercamiento, los breves instantes que hablo contigo, son suficientes para cerrarla a cal y canto. Sigues subida en tu pedestal de orgullo, de indiferencia, sino odio, hacia mí. Eres perfecta para conseguir aliados.

Mañana, al anochecer volvemos a tomar la carretera. He discutido a Joaquín tal cosa. Casi prefería estar un día más en este pueblo y salir al día siguiente al amanecer. Me ha prometido que mañana echará la siesta, que me tranquilice. Solo faltaba que todo acabara en un accidente de tráfico. A pesar de todo no tengo yo ganas de acabar de ese modo. Todavía son más fuertes las ganas de vivir, que la desesperación. Me falta mucho para rendirme, aunque a ratos parezca lo contrario...

Esta tarde se ha levantado un poco más de viento y un pequeño oleaje acaricia el cabello rubio de la playa, como si el extremo del mar se hubiera tornado dedos de joven amante presuroso.

Antes de volver al hostal y hacer el amor como cada noche (sí mamá lo seguimos haciendo diariamente al menos un par de veces, al despertarnos y antes de que Joaquín se duerma [eso como mínimo, si es que no hay una ducha compartida entre medias, o una excursión al mar, donde están las boyas] y sabes a lo que me refiero: cada vez me gusta más), hemos paseado descalzos por la playa dejando que nuestros pies se humedecieran con el agua salada, y que nuestros rostros fueran acariciados por la brisa. La luna, muy alta ya a esas horas, ilumina la playa, lo que hace que todo sea más onírico, pero más claro. No hemos sido la única pareja que ha bajado a la playa, había otra en plena faena, completamente desnudos, a pesar de estar expuestos a cualquier mirada extraña, y ajenos a lo que ocurriera a su alrededor. Joaquín los ha mirado fijamente, como no podía ser menos, claro, es que es infatigable. Luego me ha atraído hacia su cuerpo, y me ha susurrado al oído.

—¿Lo hacemos nosotros aquí, también, para variar?

Parece que la imaginación en las cuestiones amorosas tiene vía libre y aumenta en progresión geométrica en este pueblo. Primero me ha dado un temblor, como una mezcla de miedo y ganas, pero me ha vencido el pudor y cierto miedo al ridículo.
—No Joaquín, cuando lleguemos al hostal y estemos los dos solitos, sin que nadie nos vea.
No le ha gustado la idea, lo sé porque su caminar se ha acelerado. Casi he notado cómo se le tensaba el alma. Le he sujetado del brazo, que parecía de hierro, me he colgado de su cuello, y lo he besado largamente. Suele ser una táctica eficaz.
—Mira Joaquín, aún tengo miedo. Me lo paso muy bien contigo, pero me tienes que dar tiempo. Además, hacerlo en la arena será muy incómodo. No lo puedes comparar con un escarceo en el mar. Con toda la tierra por el pelo mientras nos besamos. — Me he fijado en la otra pareja. He continuado con fuerza mi argumento —. Mira, ellos han sido más precavidos, se han traído una toalla. Si no, imagínate con la arena metiéndose por cada agujerito—. Le he hecho un guiño que quería ser pícaro—. Anda, no te enfades con tu gatita.
Se ha calmado. Incluso se ha sonreído.
—Pues, entonces mañana nos bajamos la toalla.

Como respuesta ha recibido mi silencio. No lo tengo nada claro. Además se supone que mañana no estaremos aquí. Así que más tranquilos hemos continuado el paseo.

Me he demorado en contemplar el baile del reflejo de nuestro satélite con el mar, y he comprendido por qué las mareas se rigen por la fuerza de la Luna. El mar tiene un amante que le trae a mal traer, cada noche danza con ella en busca, al menos de un abrazo, pero ella lo esquiva, sólo le sonríe y se burla. Y se refleja en los ojos de su lejano amado, inalcanzable.
Todo lo que veo, todo lo que me acontece, todo lo que pienso, me lleva a recordar la situación en la que me encuentro. Por un lado es una situación de esperanza, de ánimo, de liberación; pero por otra parte, es una situación de miedo, de acoso, de dudas.
Parece, o me parece, que Joaquín entra en el aro. Parece, o me parece, que mis redes de sensualidad y feminidad le atrapan muy despacio, sin que sea consciente. Si continuamos así, todo es posible. Aunque me martillea la cabeza que lo cotidiano llegará. Llegará la dificultad, el aburrimiento, las carencias. Y también me llega la idea de que Joaquín en esa situación podría dejarme. No le veo atado a mí, ni a otra mujer. Esto es una luna de miel adelantada, pero sin boda.

Pero se va acabando. ¡Ay, qué poco me queda para disfrutarla! Tendré que dar el paso en muy poco tiempo.

Continuará...

6 comentarios:

Isolda dijo...

Mila es intuitiva por naturaleza, lo demuestra cada día más. Va pudiendo en ella el temor a lo venidero sobre el deseo de venganza, por lo menos hoy, viernes 5 de agosto del 88.
Besos siempre impresionados, por tu capacidad de meterte en su papel.

Flamenco Rojo dijo...

Esperanza y miedo, sentimientos que comparte Mila al mismo tiempo...parecen incompatibles, pero en esta chica parece que todo es posible.

Un abrazo esperanzado en el próximo capítulo, pero con miedo a los acontecimientos venideros.

emejota dijo...

Sigo devorando el acontecer de esta moza. Tiene las ideas claras. Un fuerte abrazo extensivo.

Leonel dijo...

Como dice Isolda se demuestra muy intuitiva, por otra parte la intuición es un don casi siempre femenino. Pero hoy quiero resaltar la calidad de tus textos, siempre llenos de poesía como en este párrafo:
"El mar tiene un amante... cada noche danza con ella en busca, al menos de un abrazo, pero ella lo esquiva, sólo le sonríe y se burla."
Da gusto leerte.
Un abrazo.
Leo

Marina Fligueira dijo...

Mila comienza a saber que lo que hace no es lo más correcto. Se demora a comtemplar el baile del reflejo del satélite en el mar... en este tramo de lectura, ella empieza a valorar y ve reflejada su propia situación. Que ojalá tenga un final feliz. Aunque no me lo parece. Amando, es un placer leerte. Un besoooooo.

Ángeles Hernández dijo...

Mila está demasiado impregnada por la educación de su madre, quiere despegarse y disfrutar pero no puede evitar comentarios como: "Joaquín entra en el aro" "mis redes de sensualidad le atrapan".

De acuerdo con Leonel en el lirismo del texto, sobre todo del relacionado con el mar.

Un abrazo Á.