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Advertencias y avisos

Querido lector, querida lectora a partir de este momento, Euritmia en la Red ha eliminado de sus contenidos la novela corta "Alas rotas", cuya primera versión fue escrita en el verano de 2003.
Como explico en el post correspondiente la razón se debe a que la editorial "La Esfera Cultural" ha decidido publicarla en papel.
Puede adquirirse si pulsáis en ESTE ENLACE

VERSIÓN EN AUDIO DE ALAS ROTAS

Introducción a la versión en Audio.

jueves, 21 de octubre de 2010

Fin de trayecto. Segunda parte. Capítulo 16

Domingo, treinta y uno de julio de 1988.
Amanecer.

Joaquín duerme profundamente, alejado de la hermosura del día que se abre para nosotros. Descansa felizmente, ajeno a toda la zozobra de mis cavilaciones y miedos; desconocedor de lo que me impide dormir. Esto es lo que he añorado durante mucho, mucho tiempo.
Sería muy fácil y muy evidente compararlo con un niño pequeño satisfecho y feliz, que sueña con algo fantástico: algún juguete maravilloso, la caricia tierna de mamá, o saltar encima de las rodillas de papá, mientras se mueve, papá, como si fuera un caballo y el niño, Joaquín, cabalga por las infinitas estepas del oeste. Pero, por muy fácil y evidente que sea la comparación, es que realmente lo parece.
Aunque sus sueños no son exactamente infantiles, sino de adulto. Yo diría que su juguete, en estos precisos instantes, y durante toda la no-che, soy yo misma en sus brazos poderosos y seguros, y que lo que está soñando es volver a poseerme, con la calidez, con la avidez, con el conocimiento de sus actos, con la energía y con la pasión irrefrenable de la madrugada.
Está tan relajado y feliz, que incluso la arruga vertical de la frente, que tanto le afea la expresión, ha desaparecido.
Está desnudo sobre las sábanas con fuerte olor a lejía.
Su desnudo no me asusta, ni me pone nerviosa, ni me extraña. Debería decir, para ser sincera, que me parece familiar, como si hubiera vivido este momento, no sé si en mi imaginación consciente, o en mis sueños más eróticos... En todo caso, me excita. Mucho más ahora que esta madrugada, cuando el miedo ha desaparecido y de él queda, como única señal, un breve escozor.
A pesar de todos los temores con los que me habían amenazado desde pequeña, estoy a gusto junto a él, muy a gusto... No ha sido una experiencia especialmente escabrosa. Incluso, a ratos, me ha gustado. Unas milésimas de segundo, para qué engañarnos. Pero si hubiera estado más tranquila, habría disfrutado mucho más...

Intentaré ir por partes.
(Querida mamá, aquí empieza tu suplicio. No pienses que lo que has leído hasta ahora es mucho. Olvídate de otras escenas por duras o escabrosas que le hayan parecido a tu mentalidad puritana. Esto no ha hecho más que empezar. Me propongo suministrarte un trago amargo, detallado y lento. Te lo garantizo. Creo que tiempo es lo que tendré)*.

He descubierto una cosa: a Joaquín le gusta que las chicas admiren su cuerpo, esculpido por el trabajo físico y por su afición al deporte. Tiene motivos más que suficientes para que así sea. Está seguro de sí mismo, del efecto que produce en las chicas, y lo explota, sobre todo en su forma de vestir, sencilla e informal, pero estudiada, sobre todo en verano: utiliza pantalones ajustados y camisetas, no menos ajustas. Por ese lado, he de ir con cuidado, pues como no haga bien mi trabajo, otras estarán esperando su oportunidad.
Si en este instante me girara, observaría (con gran deleite para mis ojos), contaría, cada uno de sus poderosos músculos, ahora relajados. Me atrae (y no sabes cómo mamá, pues hasta ahora yo tampoco lo sabía) la fornida estructura de su cuerpo. La solidez y seguridad que transmite ese cuerpo, perfectamente asentado sobre el planeta Tierra. Es de las personas que cuando pisa, se nota que está presente, pero no por nada especial, o porque se llame la atención de algún modo extravagante, sino porque todo él está pegado a la realidad. Es como si hubiera nacido de la misma tierra, como una roca, como un árbol, como una flor.
(Si supiera que lo he comparado con una flor sería capaz de tacharlo. Entiéndeme, mamá, no me refiero a la delicadeza, sutilidad, aroma o colores de una flor: me refiero a que nace directo de la tierra, y crece bebiendo directamente de sus sustancias... En fin, que depende de ella para todo).

Resulta, quizá, un poco bajo, pero la impresión general que da es la de un atleta con muchas horas de entrenamiento en gimnasio (aunque su gimnasio es el porte de paquetes). Cada músculo marca su territorio, como si tuviera necesidad de explicar su individualidad, con nitidez escultórica (ahora menos que hace unas horas, claro). Posee un rostro casi rectangular, anguloso, muy perfilado, donde destacan los ojos de brillos esmeraldas, casi felinos; un rostro que aparenta más edad de la que tiene, a causa de la cerrada barba de dos o tres días que siempre usa, y que, por cierto, se hace desagradable en ciertos casos, pues parece papel de lija. El cuello robusto, resulta algo corto, pero no exageradamente, quizá sea ésta la parte de su cuerpo menos afortunada, la que le da una apariencia primitiva y ruda. Los hombros fuertes, anchos, rectos, angulosos en sus extremos, seguros, percha sólida sobre la que cuelga el resto de su anatomía. Los brazos están delimitados, rematados, por las curvas nítidas, casi de piedra, de sus bíceps y tríceps ahora completamente estirados y relajados, que vistos desde ciertas perspectivas (justo debajo de él, para decirlo con claridad) cobran un volumen y una textura inusitados, casi ciclópeos. Los tendones de los antebrazos, igualmente rocosos y desarrollados, semejan surcos arados de una tierra. El ancho pecho, que ahora sube y baja al mismo ritmo cadencioso, es poco velludo y de él ascienden los dos pectorales que resaltan como planchas de acero brillante; da la impresión que sobre ellos podría descansar cualquier peso, sin que se inmutaran siquiera. El vientre es un plano en relieve del desierto en el que los músculos abdominales parecen pequeñas dunas quietas y de bronce, a pesar del reposo del sueño. El negro bosque de su pubis, inserto entre las caderas que forman un prodigio de estrechez, alberga sereno y permite que descanse, tranquilo y disminuido, feliz y ahíto el pene que me ha poseído con energía y avidez, con potencia y seguridad. Las piernas están cubiertas por el vello no excesivamente abundante, negro y sedoso, como pequeños anillos de azabache, en las que los gemelos sobresalen como vigías vigoro-sos. Los pies, de delgados y alargados dedos, parecen haber sido cincela-dos en mármol por un escultor...

Ahora mismo, siento cómo respira lenta y acompasadamente; por el sonido que me llega desde la cama que ocupa en su totalidad, completamente extraño a mi ausencia, supongo que tiene la boca entreabierta y muestra el rictus de cierta crispación, como si algunos temores ancestrales se cobijaran indeleblemente en su cerebro, a pesar de que esa arruga vertical que surca su frente, como ya he dicho, ha desaparecido. Sus brazos relajados se extienden paralelos al cuerpo, las piernas flexionadas ligera-mente, como dispuestas a iniciar una carrera alocada hacia una aventura...
A ratos me parece un hombre, el hombre que me ha hecho mujer, en todo su pleno sentido, y espero que me haga feliz, al menos durante algún tiempo (ojalá que sea durante toda la vida); otras veces, parece un niño que necesita protección, que todavía necesita el cálido regazo de una madre cariñosa.
¿Quién no necesita siempre el cálido regazo de una madre?

Anoche, como imaginé (y él también), me desvirgó **.

(Por fin lo he escrito, mamá. Anda que no he dado vueltas para hacerlo. Agradece que no lo haya dicho nada más empezar la página. Por lo menos he preparado el camino... Después de escribir ese verbo me he parado, como si hubiera llegado a una estación importante. He recorrido mucho camino hasta llegar a tal verbo, mejor dicho, hasta que he llegado a la realidad física que indica. Releo las palabras escritas y un breve, pero intenso escalofrío, a pesar de lo caluroso de la madrugada, recorre mi columna vertebral...
¿Me gustaría ser un poco más delicada, utilizar esas palabras finas que en estos casos se leen en ciertas novelas cursis, y que se esperan de una señorita que ha recibido mi educación?
La pregunta se me ha quedado en el aire. He reflexionado. Definitivamente, no. Esto no es una novela de esos caracteres, ni yo me siento tal señorita. Es mi diario. Es como un espejo de mis pensamientos. En resumen no necesita de ninguna censura previa, salvo la mía propia, la que me imponga a mí misma. No sé si este diario lo leerá alguien. Desde que lo empecé, hace un par de semanas, siempre, aunque no lo haya dejado escrito, he pensado que me encantaría que fueras tú, mamá, la primera y única lectora, tampoco es que yo sea una exhibicionista... Poseo un único y vehemente deseo: que te duelan estas cosas, que te produzca una herida perpetua. Y ojalá que sea una herida mortal. Bueno, tanto no. Lo dejaré en que deseo que la herida sea grave, y que la cicatriz que te produzca en el alma sea indeleble.

Después de leer estas últimas líneas ya he encontrado el acicate que me hacía falta. Acabo de decidir que no escatimaré detalles, aunque, alguno me parezca impúdico o soez, incluso a mí misma. No sé si lo consegui-ré, pues, muy a mi pesar, la educación que me habéis dado ha calado muy hondo. Mucho más de lo que a mí misma me parece. Intentaré que la censura que me voy a imponer sea la mínima... Sí, querida mamá, vas a beberte el veneno que destilan estas líneas letra a letra.
Es el verdadero premio que merece la forma en que me has tratado durante estos años)...

La muestra es evidente. Me refiero al asunto que nos ocupaba antes de que abriera el paréntesis. Es una pena, para ti mamá, no vivir en la Edad Media, y que lo de la madrugada no haya sido la noche de bodas de un caballero, un conde o un marqués, con su dama de alta alcurnia, yo misma, por supuesto, pues la madre de esta dama, o sea tú, podría sacar a la ventana, orgullosa, para el general aplauso, con el abuelo a la cabeza de la multitud satisfecha, la sábana usada por la feliz pareja. Y sin haberse gastado ni una sola moneda en remedos elaborados por viejas comadres alcahuetas. Todavía queda algún resto de sangre en la sábana. Algunas manchas, ya parduscas por el efecto del calor veraniego, gritan que hasta hace unas horas era una joven intacta. No sé qué pensará la dueña de este hostal asqueroso. Probablemente esté acostumbrada, sólo había que ver la mirada que nos lanzó anoche, cuando llegamos...En fin, si lo pensó, acertó: piensa mal...

La cosa no es para tanto, la primera vez, digo... No comprendo tanta mitología sobre esta cuestión... No entiendo todo ese halo de misterio y de prohibición y de tabú que lo rodea. Al fin y al cabo, no se trata más que de una cuestión física: una membrana que se desgarra, que se abre como puerta hacia el pasillo de la vida. Es increíble que una parte tan poco significativa, en cuanto a la importancia, función y tamaño respecto del resto del organismo, de la anatomía femenina haya dado lugar a tal cantidad de teorías, e incluso a preceptos religiosos. Si hasta parte de la salvación de algunas personas estriba en este hecho, mejor dicho, en la ausencia de este acontecimiento... Espero, anhelo, que a partir de la próxima vez la cosa mejore, porque, aunque haya disfrutado, ha sido mucho menos que lo ha hecho Joaquín. Espero estar más relajada y tranquila. Total lo que tenía que perder ya lo he dejado por la sábana blanca. Ahora me toca disfrutar.

(A partir de ahora mamá, ya puedes plantearte desheredarme si quieres. Tu hija ha cometido el más abyecto de sus crímenes. El que tú no querías que sucediera bajo ningún concepto. Alia jacta est, nos han enseñado en la asignatura de Latín, que dijo un césar, o un general romano, cuando iba a cruzar un río... No entiendo cómo es posible que me hayan aprobado Latín).

Apenas acaba de amanecer, y el calor penetra, intenso ya, a través de la desvencijada ventana verde. No he podido dormir ni un minuto (aunque tampoco es que lo haya intentado mucho, esa es la verdad), y desde que Joaquín dio por terminada su labor de experto amante, mi única idea era que empezara a clarear la madrugada para lanzarme sobre ti, querido diario, y poder escribir todo lo que ha ocurrido.

Como siga con tantos rollos en mi cabeza, creo que no voy a llegar muy allá. Cada día como menos (y sin ganas, que es peor), cada día duermo menos (y no tengo mucho sueño, esa es la verdad). Mi persona entera está sobreexcitada. Me imagino que mi sistema nervioso está sufriendo tanto sobreesfuerzo. Espero que sea algo temporal, que en pocos días todo vuelva a cierta normalidad. En fin, espero que toda esta tensión ceda. Tendría que colocar en mi cerebro el chip correspondiente a las vacaciones. Dejarme llevar por la tranquilidad de los días lentos e inmensos. Olvidarme de que un poco más allá, está un mundo que me perseguirá.

A eso de las diez de la noche, te he llamado a casa, mamá, para que supieras que he llegado al chalet de la familia de Laura. Te he comentado que es un chalet hermoso, muy grande. He sido malévola contigo, pues te he dicho lo rica que debe ser esta familia para haberse construido este chalet, nada menos que en Asturias. Te he dicho que te llamaré cada dos días y que no te preocupes por nada. Lo siento, mamá, es parte del plan. Total esas pequeñas mentiras importarán muy poco al lado de las otras, tan grandes y definitivas.

Espero que a la madre de Laura se le haya olvidado nuestra conversación de anteayer, o que, al menos, la sitúe en el campo de la pura anécdota. Me he metido en un embrollo de mucho cuidado, y lo peor es que he complicado a demasiada gente, espero salir adelante.

Después de lo que ha pasado anoche, sospecho que Joaquín no se ha fugado conmigo porque esté locamente enamorado de mí. Más bien, creo que, antes de decidirse a vivir conmigo, o comprometerse con mi persona de algún modo más global, pretende primero probar, luego ver, y si acaso, disfrutar. ¿O más bien al contrario: primero disfrutar, luego ver, y, si acaso, probar a vivir conmigo? Quizá ésta sea la verdadera respuesta al cambio de actitud de los últimos días en Euritmia, del miedo a largarse conmigo de vacaciones por lo que ocurriera, a pensar que era su gran oportunidad de acostarse conmigo. Quién sabe si la única. Probablemente la única.

Después de escribirlo parece más claro todo. Descubro, que lo de escribir es una buena forma de pensar las cosas, de que se arraiguen mejor en el cerebro, de que queden más perfiladas, más nítidas. Es lo que he hecho, bueno lo que estoy haciendo este hermoso amanecer. Y llego a una conclusión, que a primera vista puede que te choque, mamá: no me parece mal esta actitud de Joaquín. Y no me parece mal, porque al menos nos ahorraremos ciertos problemas. Nos conoceremos mejor, y, desde el conocimiento, podremos llegar a las decisiones libres.

Estoy pensando que cuando te enteres mamá, se te va a poner peor cuerpo que cuando te mareas y vomitas tantas veces.

Estoy muy cansada, pero soy optimista. No sé si será un optimismo infantil, pero ahora mismo soy capaz de plantearme cualquier objetivo, por complicado que parezca. Es como si una energía interna y desconocida hasta ahora, me impulsara con decisión hacia delante, aunque el futuro esté en el infinito. Va a ser difícil que nos encontréis. Otra cosa distinta es que se enteren del engaño. Estoy segura que se enterarán antes de lo que a mí me parecerá bueno para mis intereses. Pero espero que, al menos, pase el tiempo suficiente, objetivamente hablando, para que pierdan nuestra pista. Primero por los días que transcurran de escapada oculta por las supuestas vacaciones en Asturias; después, el tiempo que pase hasta que adivinen el itinerario. Para entonces, espero haber convencido a Joaquín y estaremos instalados en Madrid. En ese momento nos convertiremos en azucarillo que se disuelve en café. Entre unas cosas y otras, supongo que pasarán algunos meses. Cada día que pase, estaré más cerca del próximo catorce de julio, hoy tan lejano, y a medida que se aproxime ese día, se acercará mi auténtica libertad, por la que he dejado la seguridad de Euritmia.

Quiero dejarte muy claro, diario, que no espero ninguna facilidad, ni espero que las cosas nos vayan muy bien. Más bien al contrario, supongo que soportaremos innumerables dificultades, patadas, zancadillas y todo tipo de problemas, pero creo que no nos encontrarán, y deseo que con ello sea suficiente, para llegar hasta el final...

(Para que veas que te conozco, mamá).

Creo que no nos localizarán hasta que a nosotros nos dé la gana.

El otro día, antes de escaparme, claro, vi en la tele una entrevista, no sé si con un juez, o un abogado, o algo así. De lo que entendí (pues andaba enredada con mis pensamientos), supongo que la poli no pondrá tanto la carne en el asador para buscar a una chica que ha abandonado su casa unos meses antes de llegar a la mayoría de edad, que si lo hubiera hecho con quince o dieciséis años. No es lo mismo. Es decir, que a medida que me aleje de los diecisiete pelados, y a esa cifra se la puedan ir añadiendo meses, todo me será más favorable, y esa es la ventaja que necesito explotar. La única real que tengo. Las demás, ahora mismo, son meras conjeturas. Poco más que el cuento de la lechera.

Si soy realista (y me he prometido a mí misma serlo descarnadamente en este diario) existen dos problemas que hacen de la escapada una aventura tan dura como lo pudiera ser una excursión a pie por el mismísimo Amazonas y sin ningún guía que me ayudara: el amor de Joaquín y un curro.

Aunque lo del trabajo, al menos el de Joaquín, me preocupa menos, la verdad, es que casi nada. Confío que no tengamos problemas para encontrar algún trabajo allí, en Madrid, aunque sea temporal. Él podría utilizar la furgoneta e intentar hacer lo mismo que hacía, pero en Madrid, si no, digo yo que habrá más posibilidades, lo tendrá fácil, o por lo menos relativamente fácil: la mili hecha, medio de transporte (y de carga) propio, dado de alta en la seguridad social como autónomo, acostumbrado al trabajo duro... Y en Madrid, con la cantidad de empresas y de movimiento que tiene. Por ese lado puedo decir que estoy tranquila, o menos preocupada.

Lo mío es otro cantar. Será más difícil. Por mi edad y experiencia puedo optar a pocas cosas: podría cuidar niños, o dar alguna clase particular a niños pequeños, sobre todo de lengua, o prepararme algunas opo-siciones sencillas, mientras llego a la mayoría de edad, que no exijan más titulación que el bachillerato... En fin, ya veremos, aunque en el momento que pidan alguna clase de referencia, se me acabó...

Habrá que hacer las cosas con calma, para no equivocarnos. Un error al principio puede ser garrafal, puede llevar al traste todo. Tendremos que acostumbrarnos a ahorrar. Primero iremos a una pensión, y después veremos lo de los pisos, aunque dicen que los alquileres en Madrid cuestan un ojo de la cara. Una pensión cómoda y limpia, sobre todo limpia, no como ésta.

El verdadero gran obstáculo es el del amor. Si, como supongo, o como intuyo, o como temo, Joaquín no está perdidamente enamorado de mí, en realidad le estoy pidiendo un esfuerzo muy grande. Le estoy pi-diendo, ni más menos, que deje todo lo que tiene consolidado en Euritmia a cambio de una aventura que puede salir bien o no, y que, si las cosas fueran rematadamente mal, le podría acarrear alguna complicación con la ley, por no hablar de que habría perdido toda la clientela de Euritmia, que muy a mi pesar, reconozco que no es poca. Por tanto, la clave para que esta aventura acabe en buen puerto es que enamore a Joaquín hasta el límite de su capacidad. La llave que puede abrir la puerta de mi libertad, es que para él, a pesar de los riesgos y de las dificultades, pese más el amor que me tenga, que toda la “prosperidad”, de su negocio. Tengo ardua tarea, sobre todo, porque no dispongo de mucho tiempo. No sé por qué, pero me da que Joaquín necesita de tiempo. Es como un animal que hasta ahora ha vivido en libertad y ha disfrutado de todas las ventajas de tal estado (que son muchas, a que negarlo), por lo que atraerle a otro tipo de vida es costoso. Si no se va con mucho tacto y con mucho tiempo. Lo normal es que se ponga nervioso y acabe huyendo desbocado de mí, eso si no hace algo peor... (Parece que hablo de un caballo salvaje que necesita de doma. Antes de una flor, ahora de un caballo... Mila, estás fatal.).

(Mamá estáte quieta. Por lo que más quieras. No llames por teléfono a Asturias. Que corran los días. No pretendas quedar como una señora muy bien educada y una madre amantísima en casa de los padres de Laura. Mamá, actúa como una madre normal y corriente, como una madre que descansará unos días porque su hija mayor se ha largado con viento fresco durante unas semanas, y encima no te costará un duro, salvo un pequeño detalle con la familia. De esos que se te dan tan bien.

Como diría el bolero que no pasen las horas. Si eso fuera así, creo que hasta te perdonaría. Supongo que, en pocos años, lo ocurrido en estos meses sería pura anécdota, incluida la bofetada, incluido el insulto.

Mila, despierta, deja de soñar. Sabes que eso es casi tan imposible como que un círculo sea cuadrado.

Releo nuevamente lo escrito. ¿No estaré haciendo las cuentas de la lechera? Tiemblo. Me leo y me analizo y descubro una personalidad cambiante, parece que opino una cosa u otra en función de los latidos del corazón. Digo que soy optimista y no hago más que ponerme pegas. En cuanto me he puesto una pega, he buscado una solución. Mi cabeza parece una olla exprés a todo ritmo... En fin, el realismo brilla por su ausencia. Pero lo dejaré tal cual está escrito. Al fin y al cabo esa soy yo).

_____________________________________________
* Subrayado en el diario original. (N del A)
** Idem nota anterior.
(Continuará...)

7 comentarios:

Leonel dijo...

Ay, Amando, que historia!, cierto que en este capítulo algo así debía suceder. Me han golpeado estas palabras de Mila:
"Sí, querida mamá, vas a beberte el veneno que destilan estas líneas letra a letra.
Es el verdadero premio que merece la forma en que me has tratado durante estos años)..."
Creo que como te comenté hace algunos días, en el mismo modo que se formó su carácter, así quedo herido y resentido su corazón adolescente.

Por la primera parte del capítulo, me quito el sombrero por la lograda descripción del momento erótico, y del cuerpo masculino, creo que sea muy difícil describirlo como lo has logrado tu, sin caer en lugares comunes, sobretodo, hacerlo desde el punto de vista femenino.
Conclusiones, ha valido la pena la espera, pero ya tengo gana de leer el próximo capitulo.
Un abrazo, amigo mío.
Leo

Isolda dijo...

¡Ay nuestra Mila, que vé sin ver! pero intuye...
Lo único que tiene claro, clarísimo, es el deseo de venganza, de hacer daño a su madre. Lo demás, creo que Leo, lo ha descrito de maravilla.
Está tan bien escrito ese diario, que no digo más.
Mil besos, a pesar de la distancia, te llegarán volando.

Flamenco Rojo dijo...

No porque vallan 16 capítulos dejas de sorprenderme como te has podido meter en el papel de una chica de 17 años...Éste ha sido fuerte y supongo que se irá endureciendo con el tiempo.

Un abrazo.

Ángeles Hernández dijo...

De acuerdo con Leonel y con Flamenco has estado soberbio en la descripción del erotismo y belleza de Joaquín.

Tambien me gusta el cinismo que destilan esos proyectos, esos sueños que a pesr de que Mila sabe que no van a suceder, escribe sobre ello con verosimilitud y lo disfruta al plasmarlo en el papel.

Me duele el odio hacía la madre. Cuando menos la ha parido y alimetado, y seguro que en su error de paleta venida a menos, busca lo menosmalo para su hija, aunque también para ella como madre. Pero tantanhiel,tanto veneno...

Esa es la maestría de la obra, llegar a produir emociones en el lector.

Marina Fligueira dijo...

Ay Ay ay... Cuanto me he rído con este capítulo: contando todas las peripecias de su primer noche con Juaquín. La chica se desahoga a gusto, creo que ya no le queda más veneno que enviar a su medre. Mi enhobuena por este excelente tramo. Un beso y se feliz. Buenas noches a todos/as

Amando Carabias María dijo...

Leonel, Isolda, Flamenco, Marina, Ángeles:

Os he leído a los cinco del modo que merecéis.
Acabo de llegar del teatro, de ver un espectáculo sobre el Tango a cargo de la compañía de Danza de Julio Boca. El tiempo me desboda, para variar.
La historia avanza y si hacéis una suposición teniendo en cuanta que la novela acabará de publicarse en marzo, concretamente el día 19 con setenta y un capítulos, os podéis imaginar que estamos empezando. Todavía no hemos llegado a la tercera parte...

catherine dijo...

Estamos empezando muy bien.
Mila cuenta su primera noche con Joaquín de manera muy sencilla, se complace en la descipción de su cuerpo de atleta, sin olvidarse de las imperfecciones. La idea que su madre lo lea un día es maquiavelica.
Me alegro para tí de este espectáculo de tango, amor, engaño, venganza. Mila cita un bolero.