Cómplices

Advertencias y avisos

Querido lector, querida lectora a partir de este momento, Euritmia en la Red ha eliminado de sus contenidos la novela corta "Alas rotas", cuya primera versión fue escrita en el verano de 2003.
Como explico en el post correspondiente la razón se debe a que la editorial "La Esfera Cultural" ha decidido publicarla en papel.
Puede adquirirse si pulsáis en ESTE ENLACE

VERSIÓN EN AUDIO DE ALAS ROTAS

Introducción a la versión en Audio.

martes, 19 de octubre de 2010

Fin de Trayecto. Parte primera. Capítulo 15

Sábado, treinta de julio de 1988.
Madrugada.

Esta tarde he llamado a la madre de Laura. Me he inventado una historia estrambótica. No sé qué es verdad y qué me invento.
He intentado que la excusa fuese lo más vaga posible. Simplemente que no me era posible, porque había surgido un imponderable de carácter familiar que lo impedía.
— Mila, hija, si quieres hablo con tus padres. Es una lástima que no te dejen venir, porque Laura tiene tanta ilusión.
Un miedo terrible me ha recorrido. Tal y como suponía, la madre de Laura llamaría a los míos. Tenía que actuar con rapidez, tenía que evitar a toda costa que se pusiera en contacto con ellos.
—No se trata de que no me dejen— he dicho con premura —, que sí me dejan. Casi lo están deseando. Lo que ocurre es que, a última hora, he decidido quedarme... Me he arreglado con mi novio, y creo que en estos días no debo de marcharme.
— ¡Cómo sois las chicas! Parecéis veletas. Entonces ¿está decidido?
— Pues sí.
— ¿No hace falte que hable con tu familia?
— Mire, casi prefería que no lo hiciera. Verá, mi madre me ha dicho que debería ir con ustedes después de que me lo habían ofrecido, y yo le he dicho que no les importaría este cambio de planes. Si les llama, seguro que me obligan a ir, y entonces no sé qué pasaría con mi novio. Es que me apetece estar con él.
Me estaba sorprendiendo a mí misma con la capacidad de inventar. Debía ser verdad aquello de que una mentira lleva a otra mayor.
— Te entiendo, también he sido joven. En fin. Bueno si vuelves a cambiar de opinión, salimos mañana sábado a primera hora de la tarde. A las cuatro o a las cinco, más o menos.
— Muchas gracias. Siento causarle tantas molestias.
Cuando he colgado el teléfono, las piernas me temblaban. Creo que estoy embrollando tanto la situación que hasta yo misma voy a meter la pata.

Dentro de unas horas, a las cinco de la tarde, saldremos. Miro al reloj: la una y doce de la madrugada. Faltan menos de dieciséis horas... Tan poquitas, ¡qué largas se me hacen!
Todavía no tenemos rumbo fijo, aunque a Joaquín le apetece que vayamos hacia el Levante. A mí me da lo mismo, con tal de salir de aquí. Le he dicho que yo no puedo llevar mucho dinero, porque como la comida y el alojamiento lo tengo resuelto, de cara a mi familia. Me ha mirado con aires de macho autosuficiente. Esa mirada que siempre he odiado. Una luz roja se ha encendido en mi cerebro, pero la he apagado de inmediato.
— ¿Para qué te crees que estamos los novios?
— Oye bonito, que en cualquier momento busco curro y no me hacen falta tus pelas.
— Gatita, tranquila, solo era una broma. Además, cualquier día puede ser al revés.
Hoy le he visto más aplomado, como más resuelto. Parece que ya ha digerido la cosa. Se lo he comentado.
— Mila, es que lo que me contó Laura me parecía tan peregrino que no me creía nada. Sin embargo, cuando me has dicho esta tarde que has llamado por teléfono para decir que te habías arreglado conmigo y que no te ibas con ellos, he entendido.
He sonreído felinamente, mi última treta ha dado resultado.
— ¿Qué te creías, tontorrón, que te dejaría en la estacada?
Nos hemos despedido hasta mañana a las cinco de la tarde, donde siempre.

No sé si esta noche dormiré algo, pues tengo tal estado de ansiedad. Peor será mañana, con mi madre revoloteando cerca de mí como una mosca. Menos mal que he llevado el equipaje poco a poco, así por lo menos no me lo revisa. Me doy cuenta de que ha sido buena idea, porque lo mismo se le hubiera ocurrido acercarme con el coche a casa de Laura para poder llevar las maletas. Solo tendré que llevar una bolsa de viaje.
Esta es la última noche en esta habitación. Miro por última vez, supongo, la ventana que da al jardín, los estampados de las cortinas, los cuadros de las paredes, la cama, ahora revuelta, que era herencia de una antepasada, las estanterías con libros sin ordenar, mis muñecas y peluches preferidos...
A pesar de todo lo que he sufrido en esta casa, me embarga un poco de nostalgia, como un nudo que aprisiona el corazón...
Si seré tonta, estoy empezando a llorar...
(Continuará...)

6 comentarios:

Leonel dijo...

Ay, AMando, hoy me quedé con ganas de seguir leyendo, quizás porque el día en que debe suceder ya llegó y esas pocas horas que no dejan dormir Mila, las siento como un peso yo, que quiero saber lo que sucede. jeje.
Todo merito tuyo, que haces que la historia corra veloz y atrape la atención, Pero esperaré, paciente, hasta el jueves.
Un abrazo.
Leo

Amando Carabias María dijo...

Ya falta menos para el jueves, jeje.
La pena es que no debo desvelar nada de lo que viene, aunque es fácil de imaginar.

Flamenco Rojo dijo...

Pues sí...hoy apetecía seguir leyendo, quizás, el siguiente capítulo...pero el próximo está a la vuelta de la esquina.

Un abrazo.

catherine dijo...

Pues, imaginemos. Mila, muy buena como siempre, se va a casa de Laura con una de sus peluches, aprende tenis, se enamora de un joven hidalgo. Sus reflexiones de última hora nos conducen a un final prematuro de la historia.

Marina Fligueira dijo...

Hola- Amando. Que pedazo más bonito, le has puesto tanta sal y pimienta... yo también me he quedado con ansia de que llege jueves.
Ay que ver cuantas mentirillas para conseguir su objetivo.
Al final aún va echar de menos su cuarto. Un beso.

Ángeles Hernández dijo...

"Alea jacta est".
creo que echará el cuarto de menos mmucho más de lo que , pero sólo se vive una vez y a vivir se aprende viviendo. Quizás más rápido con decisiones arriesgadas que quedándose en casita.

Hasta el jueves Mila.