Cómplices

Advertencias y avisos

Querido lector, querida lectora a partir de este momento, Euritmia en la Red ha eliminado de sus contenidos la novela corta "Alas rotas", cuya primera versión fue escrita en el verano de 2003.
Como explico en el post correspondiente la razón se debe a que la editorial "La Esfera Cultural" ha decidido publicarla en papel.
Puede adquirirse si pulsáis en ESTE ENLACE

VERSIÓN EN AUDIO DE ALAS ROTAS

Introducción a la versión en Audio.

martes, 22 de febrero de 2011

Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 60

Viernes, 9 de junio de 1989.
Doce de la mañana.

Justo a mi lado, está la pequeña pistola, con el silenciador, un artefacto de indudable connotación fálica, instalado. Creo que es un revólver. Es ligero, plateado, sin marcas. Con munición completa. Espero utilizar dos, quizá tres de sus balas, el resto sobra.
Cristóbal, o como se llame, apareció a las diez y diez. Por momentos dudé de su palabra. Pero al fin llegó. Traía la pistola envuelta de tal modo que parecía un regalo.
Estaba desnuda en la cama, para que no hubiera dudas. Al verme, estuvo a punto de aullar.
—Si qué vas rápido, Elena García ¿No dices que tenemos toda la noche?
Afirmé con una sonrisa ladina. De todas maneras, se desnudó también. Daba pena verlo con sus años y haciendo lo que estaba haciendo. Visto a una luz más objetiva que la del club, Cristóbal era un hombre en franco camino de regresión. Me besó, me acarició…. Después de la primera vez, me explicó detalladamente cómo funcionaba el artefacto. Cuando hablaba de armas, cambiaba la mirada, incluso el tono de voz. Se notaba que le encantaban. Me fijé sobre todo en el sistema de seguro, y cómo había que apuntar para acertar. Lo demás no me interesaba. Me dejó cargado el tambor del revólver.
—Listo para funcionar, pequeña.
Le sonreí, ronroneante.
—¿Y tú lo estás?
Dudó acerca de ello. Pero, no es por darme importancia, conseguí que funcionara. Él mismo quedó extasiado.
—Tendré que volver a casa. No puedo pasar la noche contigo, y bien que lo siento.
No le respondí. También lo suponía, y además, no sabía cuánto se lo agradecía. Mientras se vestía, le pregunté con inocencia.
¿Mañana por la mañana vendrás a visitarme?
—A primera hora me escaparé. Le he dejado dicho al chico que hasta las once no iré mañana por la tienda. Que tengo que ir con mi mujer al médico. Más que nada, para que no llame a casa.
Me guiñó un ojo, como diciendo la inteligencia y perspicacia que tenía. Lo hombre de mundo que estaba hecho. Eran más de las doce.
—Entonces me dirás mañana el dinero que te doy.
Denegó con un gesto enérgico. Pero a mí no me interesaba que pueda pensar que le he pagado. Debería ser quien se sintiera en deuda.
—Bueno, pues no me aceptes dinero por la pistola. Acéptame que te financie un par de polvos más en Jazmín. Si te decides a volver conmigo procuraré que sean cuatro, ya me entiendes.
Se quedó boquiabierto. No supo decir no. Era de lo que se trataba. Cincuenta mil pelas por la pistola, o sea cuatro polvos, más dos de anoche, más el de esta mañana. Estaría callado una temporada. Eso es lo que quería. Total para ir a la tumba me da lo mismo, abrirme unas cuantas veces más de piernas.

Esta mañana ha venido temprano, a las ocho y media, como prometió. Pero por algo que no me quiso explicar estaba nervioso. Parece ser que con su mujer tuvo otra enganchada anoche, y ha dormido fatal.
Me da lo mismo.
Ha cumplido su papel en esta historia.

Yo sí he dormido fatal, y no el capullo de Cristóbalcomosellame. He tenido extrañas pesadillas. Cuando he despertado la almohada y yo estábamos empapadas de llanto. He tenido que llorar mucho, pero no me acuerdo de nada. Absolutamente de nada. Además de estar muerta, ¿qué me pasa diario?



Viernes, nueve de junio de 1989.
Tarde.

Ya tengo escondida la pistola. Ojalá que haya suerte y no me la pillen. Quizá tenía que haber esperado alguna semana más. Aunque debo de calmarme. No creo que nadie vaya a hacer nada raro ahora.

Le he advertido a Cristóbal que no fuera por Jazmín con mucha frecuencia, pues podía levantar sospechas. Me ha mirado un poco asustado. Quizá me haga caso. De todas maneras, el otro día no estuvieron ni Ricky ni Madelaine, con lo que será más difícil que aten cabos. Aunque todas las precauciones, me parecían pocas. Reme o Clara pueden actuar de chivatas, no lo sé.

Me da la impresión que Madelaine se ha ido de la lengua y las chicas, o alguna, ya sabe lo de mi hermano. Me miran raro. Sole que no tiene pelos en la lengua, me ha intentado calmar.
—M’hija, al final son todos iguales, unos pendejos. Da igual que sean padres, o hermanos. Son una polla que tira del cerebro. Y si están borrachos, ya ni siquiera el cerebro. Mira, m’hija, me largué de casa porque mi papá se encaprichó de mí. Mamá, no podía hacer nada, pues cada vez que lo intentaba impedir se llevaba una paliza. De denunciar a la poli, olvídate, lo mismo me violaban ellos también. En mi país están así las cosas. Así que, en cuanto pude, me largué, pero todo se olvida, al final, qué más da una verga más o menos. No te crees mala sangre, chica.
Era una forma de verlo. De todos modos, para ella será más fácil. Yo me largué de casa enamorada, pero secuestrada. Me han matado a otro amor, me lo he hecho con mi hermano, estoy de alcohol hasta el culo, y la coca cada vez me hace más falta. Qué pretenden.
¡Que se jodan!

Viernes, veintitrés de junio de 1989.
Tarde.

El alfanje transparente está a buen recaudo. Es una maravilla.

No tengo más ganas de escribir. Esto se acaba. Se me acaba hasta el oxígeno. Dentro de veinte días cumplo dieciocho años. El jueves 20 de julio, para que no se note mucho, iré al banco para abrir una cuenta bancaria nueva a la que nutriré con buena parte de las pelas de la otra. Aunque se la tenga que mamar al empleado, pero como que me llamo Milagros, que me abren una cuenta a mi nombre, y traspaso las pelas de la otra a esta.
El viernes veintiuno, con la cartilla, las pelas que tengo en la habitación, las llaves de casa, el alfanje y la pistola me largo de Madrid y me voy a Euritmia. Cojo el tren en Chamartín y se acabó la historia. Lo único que deseo es que el juez o la policía lean estas páginas, lo que va escrito en un año, y hagan lo que tengan que hacer.
Será el final de Jazmín.
Lo siento por las chicas, sobre todo por Reme, pues tendrán problemas. Excepto Sole que se hace a cualquier situación, y no ha probado la coca, que yo sepa. Además, Supongo que sería capaz de llegar hasta el fin del mundo riéndose con su voz cantarina y montándoselo con cualquiera a cambio de dinero. Lo único positivo que me llevaré al otro barrio de este maldito Jazmín será la risa estridente de Sole y sus dos buenas tetas bailando sobre mi cara.


Viernes, veintiuno de julio de 1989.
Final de la madrugada.


Todo está escrito.
Excepto mi última voluntad, que quiero que se cumpla, si legalmente es ello posible. Es la última voluntad de un preso condenado a muerte. Nada me queda por hacer en esta vida. Llevo preparada la nota para el juez. He guardado bien todas las cosas. La verdad es que no se nota nada en el bolso, es grande, aunque no escandaloso.

No he dormido esta noche.

Es una sensación extraña la que se siente sabiendo que es tu última noche entre los vivos. No es agradable. La sensación de que en tus manos, definitivamente, está el último latido del corazón es terrible. No me asusta, pero me estremece. Me da vértigo.
Espero tener agallas y no volverme atrás a última hora.

Algo extraño me ha ocurrido otra vez, pues, de pronto me doy cuenta que ha pasado más de una hora, y no me he enterado. Noto que he llorado, pero no me acuerdo de por qué. Noto un sudor frió por toda la espalda. Me escuecen los ojos.
No es la primera vez que me pasa esto en estas semanas. Bueno, total para el tiempo que me queda.

Me despido también de ti queriendo diario. Has sido mi verdadero confidente en este año. Has sido el único que has conocido todo mi avatar. Ahora, cuando te cierre y te guarde, quedarás como albacea de mi testamento. Y, espero, que como prueba de cargo para estos cabrones.

Quiero que quede escrito, y se cumpla: Quiero que se me entierre junto al nicho de D. Enrique Lozano Muñoz, enterrado en el cementerio de la Almudena de Madrid.
Que en el nicho, bajo mi nombre y la fecha de mi muerte, veintiuno de julio de mil novecientos ochenta y nueve, coloquen la siguiente inscripción:

“A pesar del silencio de la infinita noche,
a pesar del frío de la oscuridad eterna,
a pesar de la ausencia de tu mirada dorada,
juro a todos que te quise y que te quiero.”

Deseo que con el dinero que hay en mi cuenta, se pague al abogado que necesitará Soledad, Sole, una de mis compañeras en Jazmín. Sólo a ella. Las demás sabrán qué han de hacer.
También es mi voluntad que todos lo veintiuno de julio, durante los próximos dieciocho años, se diga una misa por el descanso de mi alma y la D. Enrique Lozano Muñoz en la iglesia de la Encarnación de Madrid, y que las monjas canten en ella.
Y por último, es mi voluntad, que con el dinero que reste, tras haber pagado todo lo dicho, y lo que legalmente haya que pagar a quien proceda, se haga una donación a la Casa Cuna de Euritmia. Como contraprestación, es mi último deseo que, al menos, una niña de ese Centro se llame Milagros y un niño Enrique.
No puedo dar gracias a la vida, porque tengo poco que agradecerle, aunque sí pido perdón a los que haya hecho sufrir, sin motivo.

Espero, por fin, que mañana veintidós de julio, al descubrir nuestros cadáveres, alguien tenga compasión de nosotros y eleve una oración por nuestro alma…
Más que nada, por si Dios existiera.

Continuará

6 comentarios:

Leonel dijo...

Termino de leer el capitulo, y no sé porque, algo dentro de mi pide que las cosas no le salgan como quiere, creo que que es la ultima esperanza que me queda para ver si Mila ve otros matices a la vida.
No me queda que esperar el desenlace.
Un abrazo para ti, Amando.
Leo

Flamenco Rojo dijo...

Ahora sí, parece que está llegando el final del trayecto...De todas formas conociendo al escribidor y sus precedentes todo es posible, quiero decir Leo, que a lo mejor el final nos sorprende...o no.

Abrazos.

Isolda dijo...

La verdad es que después de tanta novela, sigo fascinada por cómo nos muestra el escribidor a Mila, como si fuera alguien cercano a todos los que la seguimos. Y así nos tiene sufriendo sin saber qué va a pasar. ¡Qué cruz!
Besos sólo para ella, los necesita más.

Ángeles Hernández dijo...

En este capítulo los acontecimientos van muy deprisa, y pasa mes y medio como sin sentir. Mila solo escribe sobre su plan en el cuaderno de hule negro que se regalo a los 17 años.
El plan es tan terrible, incluso la despedida de la vida y de su ultimo latido que una espera , siempre esperamos que las cosas vayan mejor, que Mila encuentre algo o alguien que le haga desistir.

He contado detenidamente los capítulos que quedan hasta el 19 de marzo: 11 entregas dan para mucho, incluso para que el autor haya encontrado la manera de resolver esta tragedia. Esperando seguimos leyendo . Un abrazo. A.

emejota dijo...

Aquí, tarde pero quietecita en un rinconcillo leyendo. Un fuerte abrazo.

Ana J. dijo...

Menos mal que sé que faltan varios capítulos hasta el final, porque me has dejado con un nudo en la garganta...