Viernes, cinco de mayo de 1989.
Media mañana.
Guerrear es una afición masculina. A mí, al menos, no me atrae. Me cansa pensar en ella. Sin embargo, me encuentro metida de lleno en una. Mejor dicho, soy uno de los contendientes. Es una guerra que no se ha declarado, que son las peores, pues mis únicas armas son la prudencia y la astucia Una guerra que tiene un objetivo simple: evitar que Milagros de Andrés Sebastián, Venus, yo, se aleje del radio de acción de Madelaine y Ricky, o sea, de Jazmín.
De momento, sólo controlan, no atacan, no presionan, por ahora; simplemente dejan que me mueva. Si hago algo que exceda de lo permitido, supongo que caerán como el águila sobre un conejo que comete la imprudencia de cruzar un amplio descampado.
Además, estoy avisada, y eso es de agradecer. Sé que en la casa todas saben lo que hago. En Jazmín, cada polvo con un cliente es controlado por los ojos de Madelaine ¿por los de Reme también?
Tengo sospechas al respecto.
Además, están los micrófonos ocultos dentro de la almohada, junto al bidé y en la puerta (Si algún día un cliente los descubre por casualidad, puede armarse un jaleo considerable. Hay algunos de cierto postín, y será difícil explicarlos que el motivo de la existencia de tales artilugios no obedece a un posible chantaje. Lo cierto es que ahora que lo pienso, no me importaría que sucediera). En la casa, salvo en mi habitación, siempre estoy acompañada. Por la calle Ricky, mejor dicho, alguno de sus hombres, “protege” mis días de asueto.
Tengo sospechas al respecto.
Además, están los micrófonos ocultos dentro de la almohada, junto al bidé y en la puerta (Si algún día un cliente los descubre por casualidad, puede armarse un jaleo considerable. Hay algunos de cierto postín, y será difícil explicarlos que el motivo de la existencia de tales artilugios no obedece a un posible chantaje. Lo cierto es que ahora que lo pienso, no me importaría que sucediera). En la casa, salvo en mi habitación, siempre estoy acompañada. Por la calle Ricky, mejor dicho, alguno de sus hombres, “protege” mis días de asueto.
La semana pasada no he escrito nada, pues tengo miedo de que también me requisen este cuaderno diario. De hecho, lo correspondiente a estos momentos, está escrito en cuartillas sueltas que luego en la madrugada, pasaré en mi habitación. Mi dormitorio, mi celda más querida, allí es donde tengo la total seguridad de que nadie me ve. Saben que estoy y que estoy incomunicada. Para ellos es suficiente.
Triste destino el mío. Soy invisible para el mundo. En mi casa han debido olvidarse de mí. Y si no se han olvidado, darán cada vez por más improbable encontrarme. Supongo que, a medida que nos acercamos al catorce de julio, perderán los ánimos, pues mi mayoría de edad impedirá que continúe la búsqueda policial. No creo que ellos lo intenten. Sólo existo para mis secuestradores, y mi cuerpo (apetecible aún, creo) para algunos clientes, nada más. Para mí misma soy un fantasma errabundo entre el club y la casa; los jueves y viernes mi espectro deambula sin sentido por la realidad, para mí, sin embargo, igual de ficticia que lo otro.
He vuelto a la fonda donde estuve hace quince días. La dueña me ha mirado un tanto torvamente. Quizá intuye algo raro en que una jovencita de tez pálida y demacrada, demasiado delgada para su canon de belleza, aparezca por su establecimiento un jueves a mediodía y se largue un viernes por la tarde.
Me da lo mismo. No me preocupa. Si me niega el hospedaje, buscaré otro lugar. Si llama a la policía porque sospeche algo ilegal, casi sería de agradecer, aunque me temo que la mano de Ricky impediría cualquier otro movimiento, salvo impedirme, de nuevo las salidas.
Estas líneas las escribo sentada en la misma piedra junto a la que encontré el cadáver del pajarillo. No queda ni rastro, claro.
Cuando me he planteado las posibilidades que puedo escoger para mi huida, he encontrado con un imponderable: el dinero. Algo de lo que no he hablado. Simplemente contaba con ello, pero no es tan fácil, creo. El acuerdo que me unió a Jazmín fue verbal. Si en alguna ocasión viniera la policía a desmantelar el asunto (cosa imposible, claro), nosotras diremos que vamos por allí libremente, que nada nos ata al local. Las otras chicas cobran su parte en metálico semanalmente. Cada una sabe lo que hace con su dinero, punto.
Cuando Madelaine me contrató, es un decir, al ser yo menor de edad no pude abrir ninguna cuenta en la que yo fuera la única titular en ningún banco, por lo que me quedaban dos opciones, o tener en la habitación todo el dinero, o abrir una cuenta en la que algún adulto apareciera de titular conmigo. No se me ocurrió otra cosa que confiar en Madelaine, ¿qué podía hacer, fiarme de alguna de las chicas? No tenía más opción. Así que, cada semana le daba el dinero, salvo lo que pensaba gastar. Desde hace dos meses me lo quedo todo y lo guardo en una caja de caudales que compré y tengo en la habitación. Lo cierto, es que es una bobada, pues si me lo quieren quitar lo tienen muy fácil. Sin embargo, supongo que no podré disponer del resto, sin su autorización, hasta el famoso catorce julio. No sé si podré anular la cuenta. No sé si podré hacerme única titular, sin que se lo comuniquen a ella. En todo caso, cuando se entere del movimiento, será indudable que algo intento. No chistó cuando me quedé con todo el dinero. Cada semana me mira como una foca lánguida, pero no dice nada. Sospecho que tiene órdenes de Ricky de dejarme tranquila. Se trata de evitar problemas. Importa lo que importa. Lo demás, como diría él, son mariconadas de sentimentalismos que sólo traen problemas.
Cuando Madelaine me contrató, es un decir, al ser yo menor de edad no pude abrir ninguna cuenta en la que yo fuera la única titular en ningún banco, por lo que me quedaban dos opciones, o tener en la habitación todo el dinero, o abrir una cuenta en la que algún adulto apareciera de titular conmigo. No se me ocurrió otra cosa que confiar en Madelaine, ¿qué podía hacer, fiarme de alguna de las chicas? No tenía más opción. Así que, cada semana le daba el dinero, salvo lo que pensaba gastar. Desde hace dos meses me lo quedo todo y lo guardo en una caja de caudales que compré y tengo en la habitación. Lo cierto, es que es una bobada, pues si me lo quieren quitar lo tienen muy fácil. Sin embargo, supongo que no podré disponer del resto, sin su autorización, hasta el famoso catorce julio. No sé si podré anular la cuenta. No sé si podré hacerme única titular, sin que se lo comuniquen a ella. En todo caso, cuando se entere del movimiento, será indudable que algo intento. No chistó cuando me quedé con todo el dinero. Cada semana me mira como una foca lánguida, pero no dice nada. Sospecho que tiene órdenes de Ricky de dejarme tranquila. Se trata de evitar problemas. Importa lo que importa. Lo demás, como diría él, son mariconadas de sentimentalismos que sólo traen problemas.
Nubes grises, panzudas, y grandes asoman por las crestas de las cumbres. Cambia el aire. Premonición de algo.
Tengo frío. Me vuelvo a la fonda.
Hoy estoy más triste que hace quince días. La melancolía me cubre, como un sudario al cadáver.
Continuará...