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Querido lector, querida lectora a partir de este momento, Euritmia en la Red ha eliminado de sus contenidos la novela corta "Alas rotas", cuya primera versión fue escrita en el verano de 2003.
Como explico en el post correspondiente la razón se debe a que la editorial "La Esfera Cultural" ha decidido publicarla en papel.
Puede adquirirse si pulsáis en ESTE ENLACE

VERSIÓN EN AUDIO DE ALAS ROTAS

Introducción a la versión en Audio.

martes, 25 de enero de 2011

Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 49

Jueves, veinte de abril de 1.989.
Mañana en el tren.

Hace casi un mes que te he abandonado, querido diario. Un poco de desidia. Otro poco de monotonía. Otro poco de miedo. Y un mucho de ausencia de mí misma en estas semanas.
Miro a través de la ventanilla por la que entra oblicuo el sol de la mañana. Ilumina con pasión toda la superficie que se extiende a sus pies. Está sí que es una mañana de primavera, toda la naturaleza repunta y resurge, con energía y vitalidad. Siento envidia de la savia que empapa cada uno de los árboles y de las flores y de las más humildes briznas de hierba.
En estas semanas las cosas se han calmado. Poco a poco, se van convenciendo de que no soy un peligro para su negocio. Hasta yo empiezo a pensar que, efectivamente, no soy ningún peligro, puesto que ni siento ni padezco. Mi único anhelo es que llegue el próximo catorce de julio, para ver qué puedo hacer.
Hoy por primera vez, desde los trágicos acontecimientos que llevaron a la muerte de Enrique, me han dejado libre hasta mañana a las ocho de la tarde en que regrese a la casa. Quizá es una prueba que me quieren poner. Quizá quieren comenzar otra vez todo el proceso conmigo. Quizá necesitan que me recupere completamente para el negocio. No sé si algún poli estará detrás de mí. Si es así se va a aburrir, pues pienso alojarme en el primer hostal que encuentre en el pueblo al que voy. Por precaución no es el mismo pueblo al que viajé en el mes de noviembre, cuando todo era posible, aún.
Levanto la cabeza por la ventanilla y observo con emoción y alivio, cómo sube la pendiente y nos acercamos a mi lugar de destino. Si me paro en la próxima estación, en vez de en la siguiente, que es mi parada, despistaré al poli, si es que me sigue. Pero no lo voy a hacer, pues inmediatamente sospecharía y seguro que me busco más problemas de los que ya tengo. Realmente no merece la pena. Una cosa ya tengo clara, merecerá la pena el día que tenga que intentar algo definitivo, mientras tanto, el que intente otra cosa, será descubrir mis cartas, y eso no lo voy a hacer.

Jazmín se ha convertido en una rutina para mí. Eso sí, una rutina, en la que me meto como quien se zambulle en una alcantarilla hedionda. Cada noche me acuesto con dos, tres, hasta cuatro hombres. En alguna ocasión me eligen para algún servicio especial, normalmente algún lésbico bien con Belinda, bien con Vicky, muy raramente con alguna otra. Procuro no hacerlo mal. Procuro desconectar cuanto antes. Belinda me entiende y me ayuda. Vicky, sin embargo, hace lo que yo, con lo que en esos casos, nos miramos y sonreímos. Fíamos todo a que el cliente no se dé cuenta. Y también procuro que no se enteren de la desconexión, claro. Ejecuto los movimientos con la mayor exactitud e intento provocar la eyaculación del hombre lo antes posible. Es decir utilizo al máximo la técnica.
Una profesional, en suma.
El güisqui es mi único aliado, el único calmante para mi espíritu. Noto cómo me arrastro por el local, con los ojos colocados en algún lugar alejado. Cada vez soy más abúlica. He notado que ni las chicas se acercan mucho a mí, debo parecerles un bicho raro. Noto que cada vez, a mi alrededor, crece un círculo más amplio de vacío. Madelaine ya me ha advertido.
—Venus, tienes que moverte con más garbo, con más gracia en la pasarela. Cualquiera diría que lo más importante de tu trabajo es atraer a los clientes, si parece que estás paralítica. Que tienes caderas, y culo, y piernas. Demuéstralo. ¿Ya te has olvidado de las primeras semanas que les volvías locos?
Ricky sigue sin acostarse conmigo. Aunque en alguna ocasión me ha mirado con rostro de deseo, ha puesto esa cara que ponen ciertos hombres en esos casos, como una oveja degollada, pero sólo ha encontrado en mis ojos la dureza de la piedra que ha repelido instantáneamente tales acercamientos, aunque fueran visuales. De hecho, Madelaine en más de una ocasión que lo ha visto, se ha dirigido a él con una mirada imperativa y ha denegado con la cabeza. Creo que desde que me violó, Madelaine le ha prohibido que se acerque a mí, a cambio, ella hace todo lo demás que quiera el tiburón. De todas formas, hay noches que lo tiene que sujetar como si fuera un potro salvaje, y me imagino que cualquier día el potro coceará. Supongo, por tanto, que pronto volveré a soportar su cuerpo en decadencia sobre el mío, y lo que es peor, su asqueroso pene dentro de mí. Sólo de pensarlo vomito… Esta es otra de las cosas que debo superar. Debo enterrar el odio que tengo a ese cabrón, o por lo menos que no lo note. Pero como conseguiré tal proeza, si cada día que pasa le deseo más de mil veces la muerte, por lo menos.
Sigo sin probar la coca. Nadie me la pide, a nadie se la pido. De momento aguanto, aunque creo que la anestesia que necesito cada vez es mayor, y no tardaré en volver a refugiarme en sus narcóticos efectos.
En definitiva, soy un bicho raro en el club.
Me he detenido de nuevo a contemplar el paisaje. A lo lejos, la sierra de Guadarrama reposa su sueño, arropada por leves sábanas blancas… Es hermosa esta vieja Sierra.

Creo que la próxima parada es la mía.
Intentaré adivinar si de entre los viajeros que desciendan aquí, baja alguien parecido a un poli.

(Continuará...)

5 comentarios:

Flamenco Rojo dijo...

No sé si este capítulo relajado lo necesitaba más la protagonista de la novela o nosotros.

Un abrazo.

Isolda dijo...

Buena reflexión, Flamenco. Al leerte he pensado que sí, que nos viene muy bien, al menos a mí; lo de Mila, ya está escrito, digo yo, Amando, jaja. Quitemos hierro al asunto.
Muchos besos.

Leonel dijo...

Quizás lo necesitábamos nosotros, Flamenco, pero yo no veo la hora de leer el final, la curiosidad ya me desquicia.
jeje
Un abrazo, Amando.

Ángeles Hernández dijo...

Reposo, reflexión, calma...¿Qué precede a la batalla?.

Seguimos leyendo.

Un abrazo Á.

Marina Fligueira dijo...

Bueno, un capítulo bastante tranquilo.
Trataré de leer lo que he perdido.