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Advertencias y avisos

Querido lector, querida lectora a partir de este momento, Euritmia en la Red ha eliminado de sus contenidos la novela corta "Alas rotas", cuya primera versión fue escrita en el verano de 2003.
Como explico en el post correspondiente la razón se debe a que la editorial "La Esfera Cultural" ha decidido publicarla en papel.
Puede adquirirse si pulsáis en ESTE ENLACE

VERSIÓN EN AUDIO DE ALAS ROTAS

Introducción a la versión en Audio.

sábado, 5 de marzo de 2011

Fin de trayecto. Parte sexta. Capítulo 65

Un murmullo agitado y horrorizado alteró la calma chicha de la noche, mejor dicho de la madrugada. Como si hubiera estallado repentinamente una tormenta desmesurada. El silencio fue un recuerdo.

Los vecinos se habían asomado al oír el sonido de las sirenas de los coches de la policía y de las ambulancias, que acudían al escenario de tan horrendo acontecimiento vespertino, las primeras, tras mi llamada desde la propia casa, las segundas supongo que alertadas por la policía, pues a mí no se me ocurrió tal cosa. Es uno de esos fallos que se tienen habitualmente, y que a uno deberían desacreditarlo como representante de los humanos. Alguno de los vecinos, más curioso —o más insomne—, bajó hasta el asfalto al comprobar, atónito, que los vehículos se detenían allí mismo. La calle tomó el aspecto febril y acelerado, típico en los casos en los que las sirenas azules y ámbares se hacen dueñas del espacio, y del tiempo. La oscuridad de la noche daba a aquella calle normalmente callada el aspecto de una pesadilla.
Se llegó al histerismo de más de una vecina, cuando,  unas horas más tarde, llegaron más ambulancias, algún coche de la prensa, y cuando los primeros escandalosos focos de la televisión local comenzaron a convertir aquello en un inmenso escenario de película, trágica, por supuesto, de película de Hollywood, por supuesto. Las malas noticias corren muy rápido, excesivamente rápido, me decía a mí mismo.

Supongo que la prensa tenía buenos contactos con la policía. Parte de su presupuesto iría a nutrir la cartera de algún poli que informaba cautelosamente y a tiempo. El caso es que aquel jardín hasta entonces apenas rumoroso, y prácticamente vacío, se había convertido en el escenario de investigaciones policiales y en un plató televisivo.
El comisario Gayano, encargado del asunto, como comisario de Euritmia, me pidió muy amablemente que me quedara por allí, y que no saliera, por lo menos hasta que el Juez diera la orden de levantar los cadáveres y me interrogara. Concluyó con un suspiro que indicaba cansancio y cierto fastidio.

—Aunque la cosa está clarísima. Pero son formalidades rutinarias que se han de cumplir.

Asentí a pesar de mi agotamiento, y del nerviosismo que me habían producido todas aquellas escenas. Era mejor permanecer en aquel nicho que olía a muerte y a sangre (un olor pestilente y desagradablemente dulzón, que, al mismo tiempo, imantaba), que no empezar con mil y una declaraciones a aquellos periodistas que, ávidos, esperaban noticias. Los destellos de las cámaras de los reporteros vestían más de plata la madrugada. Sólo retratarían camillas cubiertas por sábanas blancas. Pero era suficiente... El resto lo haría alguna foto de archivo, quizá, y sobre todo, la imaginación del lector. Lo importante eran los titulares. Que irían en primera plana, sin duda. No todos los días se comete un asesinato múltiple en la adormecida Euritmia.

Eran casi las seis de la madrugada. Pronto amanecería. O al menos eso me pareció entender del canto del mirlo negro, seguramente ubicado en la cima del ciprés.


Continuará...












8 comentarios:

Ángeles Hernández dijo...

A la hora de la prensa, de la policia, de las ambulancias aullando su ensordecedora sirena, del morbo de la sangre tapadas con sábanas blancas ¿quién será capaz de preguntarse el porqué?, ¿qué mente privilegiada y compasiva se planteará una reflexión sobre las razones que han desencadenado este aquelarre de odio y dolor?,¿donde está jazmín, donde Mila, la heroina, el alcohol, la policia corrupta, los intentos de resurrección?.

Sólo uno.

Un abrazo Á.

Isolda dijo...

¡Claro, tenía que aparecer de nuevo el comisario Gayano! Me parece que la situación pinta mal...
Esperaremos im-pacientemente.
Besos para ese escritor.

Flamenco Rojo dijo...

A ver miarma, ¿cuántos capítulos quedan? No podrías, en un esfuerzo sobrehumano, colgarlos ya todos a la vez. Qué nos vamos a morir nosotros también con tanta intriga.

Un abrazo.

emejota dijo...

Aqui estamos todos, con el corazon en vilo. Un fuerte abrazo extendido.

catherine dijo...

¿Es que Gayano sospecha del escritor? ja, ja, ja.
A la espera del capítulo siguiente cuento las camillas y las ambulancias (más ambulancias una hora después)en esta madrugada de julio.

Leonel dijo...

Pero así no vale, Amando, este capitulo es demasiado pequeñito, como Flamenco, no veo la hora de llegar al desenlace.
Un abrazo fuerte.
Leo

Marina Fligueira dijo...

Ay Amando, que nos traes por la calle de la amargura.
¡Mare mía! Pues a mí me parece que el desenlace o... parte de éste, está bien claro.
Queda por ver si la protagonista ha murto, o- si termina en un siquiátrico.
Solo es mi humilde forma de entender este tramo de novela.
Bueno pues a esperar con ansia el próximo capítulo.
Un abrazo y ser felices.

Ana J. dijo...

Me alegro de volver a ver a Gayano, pero esto ya, definitivamente, pinta muy mal para Mila.
No puedo parar de leer...
Besos