Cómplices

Advertencias y avisos

Querido lector, querida lectora a partir de este momento, Euritmia en la Red ha eliminado de sus contenidos la novela corta "Alas rotas", cuya primera versión fue escrita en el verano de 2003.
Como explico en el post correspondiente la razón se debe a que la editorial "La Esfera Cultural" ha decidido publicarla en papel.
Puede adquirirse si pulsáis en ESTE ENLACE

VERSIÓN EN AUDIO DE ALAS ROTAS

Introducción a la versión en Audio.

domingo, 3 de enero de 2010

MAÑANA AMANECERÁ (XXI)

Eran más de las nueve de la mañana cuando llegué a casa. Todos estaban despiertos. No sabía si no se habían acostado, o si se habían levantado para el amanecer. Desde luego, el aspecto era el de que llevaban un buen rato en pie. Hablé, con el recuerdo de su aroma prendido de mis neuronas, Ha sido maravilloso, ¿El qué?, El amanecer, Y tanto... ¿Desde dónde lo has visto?, Desde la Alcazaba. Mi madre me miró con ojos inteligentes, creo que fue la primera en adivinar mi secreto, ¿No tienes sueño?, Pues ahora mismo, no... Y como no quería decir nada sobre el asunto, volví sobre el tema que nos preocupaba, ¿Hay noticias?. Fue mi padre el que me informó, Parece que todo se ha calmado. Pero hizo un gesto, como torcido, con la mirada, Lo que pasa es que ahora han empezado a dar datos de muertos y heridos.
Tenía miedo a que empezasen ya con el fatídico ábaco de los muertos, de los heridos, de los desaparecidos, de los afectados por tanta destrucción habida en tan pocas horas, pero comprendí que era la secuela lógica del día anterior. Esto era lo peor de las guerras modernas.
Antiguamente las bajas se circunscribían, en cai todos los casos, a los ejércitos. Y aunque los ejércitos no eran profesionales, sino glebas salidas de lo más humilde de la población, al menos se evitaban víctimas inermes. Ahora, y cada vez más, la población civil, mujeres, ancianos y niños incluidos, engrosaba, y de qué modo esas cifras, Hablan de más de doscientas mil personas en Rusia. Me quedé de piedra, ¿Doscientas mil? Pero eso es una barbaridad. Lo aclararon, Es que con la bomba de neutrones se ha cargado una ciudad entera. Cada vez lo ponían peor, ¿Una ciudad entera? Pero seguían sin piedad soltando todos los datos, En Alemania y Polonia se acercan al millón.
Las cifras me mareaban. No me entraban en la cabeza. Claro, que si hablábamos del fin del mundo, los números serían de más de cinco mil millones de personas, pero no habría nadie para hacer el recuento. Y la última, la guinda envenenada, Y en Cádiz, casi los treinta mil. Mi madre susurró, Solo en un día. A modo de conclusión dije lo que pensaba desde hacía unas horas, No me extraña que se hayan asustado hasta ellos mismos. Pero Diego no estaba dispuesto a que me quedara tranquilo, había más. Espera, dijo, La zona del Extremo Oriente ruso será inhabitable en no sé cuantos años. A pesar de mi rostro de repugnancia, él siguió desgranando el rosario de atrocidades, Igual pasa en otra zona de Alemania. Y, para rematar la faena, concluyó con los vaticinios, Esto si hay suerte, y las nubes radioactivas no se extiendan hacia otros lugares, que yo creo que se extenderán; por no hablar de que algunos científicos han alertado sobre posibles mutaciones y enfermedades, sobre todo tumorales*, en todos los seres vivos afectados por la radioactividad: plantas, animales, seres humanos... No quería escuchar más, mi corazón repleto de esperanzas se negaba a tragar tanta ponzoña, Lo que contáis parece sacado del desván de los horrores. Me estremecí. Habíamos estado muy cerca del fin. Es más, no estaba garantizado que nos hubiéramos salvado. Pero con una sola jornada, los daños en unas zonas del mundo podían ser irreparables. Sin contar con que no se sabía nada de lo que realmente podía ocurrir en el futuro. Si alguien lo sabía, no lo había dicho.
Un panorama de lo más halagüeño.
Me pregunté de nuevo por las profundas razones que habían desatado aquella orgía de muerte y destrucción. No comprendía que la paranoia de una persona pudiera llevar a estos acontecimientos y a estas consecuencias. Unas consecuencias que se traducían en dolor, mucho dolor, muerte, destrucción... Unas consecuencias, que sin duda, se volverían en su contra.
También comprendí que nuestra generación iba a estar lacrada por estos acontecimientos, de pronto, habíamos envejecido todos. Era otra conclusión. De un plumazo, en menos de veinticuatro horas, nos habían robado la juventud. Nos habían robado nuestros sueños más puros de la noche a la mañana.
Me entraron ganas de llorar, de llorar larga e intensamente, de llorar de pena, de dolor, de impotencia, de rabia... Fui a mi habitación y lloré y lloré. Lloré mucho.

Desayuné y permanecí pegado al aparato de radio por si decían algo sobre las negociaciones. El Vaticano debía ser un ser una especie de mercado con gente que iba y venía. Según todas las informaciones, se esperaba que asistiesen a esta primera ronda, representantes de ambas partes de un nivel medio. No se creía que aparecieran en escena tan pronto los primeros dirigentes. Ni siquiera los encargados de asuntos exteriores de ambas naciones.
El Papa había pedido oraciones para que el conflicto se solucionase. Había tenido muchas oraciones. ¿Qué pasaría? Nadie tenía nada claro, pero parecía que la tensión había bajado muchos grados, todo volvía a cierta calma. O como decían los periodistas: una tensa calma.
Hacía mucho frío. El sol no calentaba el ambiente. Algunas nubes, procedentes del Noroeste, amenazaban con darnos otro día de nieve. A mí no me hubiera importado.
Nada interesante sucedía en el Vaticano.
Así que me dediqué a repasar los acontecimientos del día anterior. Aunque mi memoria de forma machacona se dirigía hacia ella, hice un ejercicio de autocontrol. Cogí papel y pluma y puse lo sucedido por escrito. Como una especie de guión. Supuse que si salíamos de aquello, sería bueno que los recuerdos de tal desastre no se olvidaron. Intenté ser lo más fiel posible a lo que había vivido.
Cuando concluí, me dediqué, ahora sí con fervor, a recordar la madrugada. Tenía claro que me quería, pero por algún afán extraño, no estaría a gusto hasta que no hubiera una declaración por mi parte y un asentimiento por la suya. Seguro que hoy se lo digo, de hoy no pasa...
Y tracé el plan. Y trazar aquel plan, me dejó muy satisfecho. Ssentía que volvía a ser dueño de mis actos, aunque siempre quedara la duda del posible sufrimiento, allá dentro de mi corazón, a causa de la huella indeleble que dejó el día anterior en mi alma.
Casi era la hora prevista para el comienzo de las negociaciones. Parecía que asistíamos a la narración de un partido de fútbol.

Las medidas de seguridad en la Ciudad de El Vaticano son enormes. Es necesaria una autorización para poder entrar en ella. Aún así, a todos los que logran entrar se les somete a un minucioso cacheo. No se quiere ninguna sorpresa desagradable, que pueda echar al traste las negociaciones antes de que comiencen, ya que puede ser la última esperanza que le quede a este planeta de no sucumbir a causa de esta crisis... En estos instantes aparece la delegación soviética... Somos cientos de periodistas los que nos abalanzamos sobre ellos. Es imposible. No hay declaraciones de ningún tipo... Señoras y señores, no es posible... ¡Sí! Efectivamente, se acaba de producir la primera sorpresa de la jornada. No sé si agradable o no; pero en el centro de la comitiva diviso al mismísimo Bresnev con aspecto hundido y demacrado. Su Santidad Juan Pablo II, visiblemente satisfecho, le recibe en persona. Sin duda, esta parece la primera victoria de la diplomacia del Vaticano. Nos han confundido a todos con su habitual técnica de medias palabras y silencios difíciles de interpretar. Todos creíamos que no aparecerían las figuras, perdonen la expresión, pero, al menos, por parte rusa ha llegado su máximo mandatario. Parece ser que ha habido algún tipo de declaración. Nuestra compañera de televisión, Paloma Gómez Borrero, se acerca a nuestra posición, Paloma, ¿qué se ha dicho?


Buenos días. En realidad, muy pocas cosas pero creo que muy definitorias de la situación en la que estamos. Bresnev, de aspecto muy cansado, ha dicho que por parte de la URSS el único deseo es de que la paz se restablezca en su totalidad, pero que ni su gobierno, ni su pueblo están dispuestos a ceder ni un ápice al gobierno imperialista y asesino de Estados Unidos. Por su parte, Gromiko, que también viaja en la delegación, a preguntas de periodistas españoles, ha declarado que el gesto del gobierno de España fue acogido con profunda satisfacción por el pueblo ruso. Ha añadido que lamenta muy sinceramente los daños colaterales que se haya causado al territorio gaditano y a sus gentes. Se ha condolido de las víctimas y recuerda que el ataque sólo iba dirigido a las fuerzas estadounidenses. También ha recordado, que si Estados Unidos no hubiera invadido suelo soviético, no se habría producido ni un solo muerto. Estas declaraciones han satisfecho, solo en parte a los periodistas españoles, pero creo que la compensación que se pretende obtener del gobierno ruso, está muy lejos de las intenciones soviéticas.
El locutor volvía a tomar las riendas de la transmisión.
Son las diez y diez de la mañana. En estos momentos se ve llegar a los coches que transportan hasta Ciudad del Vaticano a la delegación norteamericana... Es increíble, señores, perdonen mi tono de voz, pero el primero en descender del automóvil negro ha sido el propio Ronald Reagan, seguido del Secretario de Estado Alexander Haig. Definitivamente, aunque este sea el primer acto de las negociaciones en el Vaticano, este humilde periodista entiende que están más que avanzadas. Ha debido de ser una larga noche para todas las diplomacias europeas y americanas. Esto, queridos oyentes, me suena bien.
Se volvió a colar por las ondas la voz de la periodista de televisión
Por parte americana más que declaraciones ha sido una queja. Hablan de abandono por parte aliada. De que no se ha comprendido lo que se trataba de hacer. Que no han sabido valorar el ataque sufrido por el portaaviones norteamericano. Por eso están aquí. En todo caso, mantienen que el peligro comunista y la cada vez más palpable influencia en todo el mundo como Latinoamérica, y Oriente Medio, son una amenaza para el mundo libre, por lo que hay que detenerlos de algún modo.
Gracias nuevamente, querida Paloma. Señoras y señores, la suerte está echada. Como ven, la situación es complicada. Todo el mundo espera. Confiemos en las buenas artes de la diplomacia vaticana. Y ahora, aunque no sea muy acorde con la ética de esta profesión, permitan una opinión personal: el hecho de que estén en este lugar del mundo Reagan y Bresnev, Gromiko y Haig, es un dato que avala las buenas artes vaticanas. La situación en la plaza de San Pedro se parece, aunque con mucho más en juego, a la que se genera cuando se reúne un cónclave para elegir Pontífice. Todos deseamos que la fumata blanca se eleve hacia el cielo romano cuanto antes.
Lo único que nos quedaba era esperar. Lo hacíamos con ansiedad.
En mi casa nadie quería dormir, nadie se quería despegar, aunque sólo fuese con el sueño de la vida. El café, más que unas tazas, parecía un río.
Ya no era el miedo, ya no era la emoción, ya no era esa esperanza abstracta en una suerte de milagro, era la ansiedad de un mundo que no le quedaba más remedio que confiar en los mismos hombres que nos habían conducido al mismo borde del precipicio. Lo cual más que contradictorio, o paradójico, era terrorífico.
¿Cuántos amaneceres más viviremos?
La pregunta ya había cambiado.
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* La explosión nuclear en Chernobyl, producida unos años después, viene a confirmar estas pavorosas perspectivas, si es que con las pruebas de Hirossima y Nagasaki no había habido suficiente.

8 comentarios:

Isolda dijo...

Sinceramente,
Amando, viniendo del capítulo anterior, me cuesta creer que el protagonista fuera capaz de escuchar la radio en familia y opinar, como si nada hubiera pasado. Y encima con la sonrisa cómplice de la madre (que son las primeras en darse cuenta, no te quepa la menor duda).
¿Cómo se contienen esas mariposas del estómago y las evocaciones del momento, delatadoras por demás, en un momento así?
Bueno, aceptamos temple y autocontrol como licencia artística.
Cierto es que la pregunta había cambiado, faltaría más!.

Besos de entonces, pero siempre como versos.

Amando Carabias María dijo...

Isolda:
Es que el desastre era tan mayúsculo, tan, tan desproporcionado que hasta los aleteos de las mariposas se hicieron más tenues. No desaparecieron. De hecho son el único motor posible, pero aquellos datos, aquella ristra de muertos, la inminencia de que a lo mejor alguien podía asfixiar la respiración de las mariposas, hizo que el corazón tuviera que hacer un hueco al mundo.

Isolda dijo...

Quizá es que no puedo figurarme uu desatre tan grande, afortunadamente, primero porque no lo he vivido y segundo porque no soy escribidora.
Siendo así, y dicho en tus palabras, "el corazón tenía que hacer hueco al mundo". ¿Cómo puedes escribir tan requetebién?
Besos de pura envidia.

Amando Carabias María dijo...

Isolda:
Precisamente la tarea del escribidor cuando se pone a escribir una novela y pretende que sea verosímil, por muhco que el narrador hable en primera persona, y sus sentimientos estén a flor de piel, no puede dejar de mirar lo que sucede a su alrededor. El escribidor tiene que intentar ponerse en la piel de todos. Y repito, aunque el prisma de la narración sea tan estrecho como la mirada de un jovenzuelo estudiante de magistario, aprendiz de poeta, y recién enamorado, ha de abrirse al resto.
¿Qué pasaría si mientras se oye la voz en off de la radio, por ejemplo, el protagonista sólo recuerda aquellos primeros leves besos?
Creo que es más creíble así.

Flamenco Rojo dijo...

¿No sería posible que ahora entrara también el Vaticano a intentar arreglar los problemas de Oriente Medio y Próximo? Quizás en una novela verdad…

PD.- En tu próxima novela a ver si predices que nos va a tocar la lotería, los cupones o algo así miarma…no más guerra ni explosiones, con la de Chernobyl es suficiente.

Un abrazo.

Amando Carabias María dijo...

Flamenco Rojo
Creo que si ahora interviniera el Vaticano en el conflicto de Oriente Medio sería una buena estrategia para organizar otra guerra Mundial. Si una de las EXCUSAS de estos enfrentamientos es la religiosa, imáginate con la jerarquía católica intentando mediar...

Si yo pronostico que me va a tocar la lotería (o cualquier otro juego de azar) apuesta a otro número distinto que el mío.
El que avisa...

catherine dijo...

Os escribo con màs de veinte centimetros de nieve en el jardìn. Me creo en tu Euritmia. Una historia de amor y muerte a la cual se suma adivinaciòn es una historia perfecta.
Los daños "colaterales" son tan malos que los directos. Cuando Chernobyl en Francia intentaban de decirnos que la nube radioactiva se habìa parado en la frontera.Se habìa diluido pero existìa.
Creo como tù, Amando, que en las guerras la religiòn es una excusa.

Amando Carabias María dijo...

Catherine
Los daños colaterales a veces son peores, porque muchas veces llegan hasta nosotros como monstruos inesperados. Después de haber creído que estaba todo llorado y sufrido, que nos habían producido todo el daño que nos podían causar, llega ese corolario atroz que, en ocasiones no deja de crecer.