<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286</id><updated>2012-02-05T09:08:42.463+01:00</updated><category term='A modo de prólogo.'/><category term='AVISO'/><category term='NOVELA. MAÑANA AMANECERÁ'/><category term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Euritmia en la red</title><subtitle type='html'>Relatos de diferentes proporciones de hechos, anécdotas, historias, leyendas, crímenes, sueños, amores, envidias, ilusiones, sucedidos o por suceder en esta ciudad donde cabe todo, o casi todo. Ahora y hasta el 19 de marzo de 2011, publico FIN DE TRAYECTO una de mis novelas.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>106</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-5550589998288124696</id><published>2011-03-25T00:52:00.002+01:00</published><updated>2011-03-25T00:52:35.734+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Reflexiones</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Comic Sans MS&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Una vez concluida la publicación de esta novela, quería hacer algunas consideraciones sobre ella y sobre el hecho de que haya sido editada por primera vez. Aunque haya sido en Internet, ya ha sido publicada, y está al alcance de cualquiera, aunque creo que puedo estar tranquilo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Comic Sans MS&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Lo segundo, desde luego es agradecer a todos los lectores que han seguido con paciencia hasta el final, aún a pesar de que este formato no es el más adecuado para una novela. Ahora volveré sobre este asunto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Comic Sans MS&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Lo tercero (y creo que el resto lo entenderá) es agradecer de un modo más especial aún a los lectores que, además, han tenido la tenacidad de comentar. Además con la suerte para mí de que muchos de ellos han sido fieles desde el primer capítulo hasta el último.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Comic Sans MS&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Decía que este formato, a mi modo de ver, no es el más adecuado para una novela. A pesar de que se trate de un formato muy viejo y muy usado a lo largo de la Literatura. Sólo varía el soporte, aunque sí hay algo muy importante y muy novedoso, la posibilidad de interactuar y de comentar en público. En realidad, este sistema no es muy diferente de los folletines o de las novelas por entregas, ni siquiera de los viejos seriales radiofónicos que han sido sustituidos por las series televisivas en cualquiera de sus subgéneros y calidades. Pero decía que no es el formato más adecuado para la novela, porque se impide el ritmo que el lector desea, y esto me parece fundamental, sobre todo en un texto tan extenso como éste.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Comic Sans MS&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Salvo en tres o cuatro ocasiones (y en la parte final) he usado de la división temporal que marca el propio diario, como extensión de cada capítulo. Esto podría salvar en algo lo que decía más arriba, pero aún así, hay lectores que, quizá necesitaban de más lectura, y otros que no tenían tiempo para tanta letra. Estoy convencido que esto es importante para que una historia llegue a los dominios del lector y resulte agradable. Al menos a mí me ocurre.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Comic Sans MS&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Pero es lo que realmente hay. Se podría publicar todo de golpe, no lo sé, o hacer que se editara todo seguido (eso seguro que sí se puede hacer) y que estuviera a disposición de los lectores para que manejaran la publicación como si ésta fuese la de un libro, leyendo cada uno según su disponibilidad, gusto o disgusto. Ahora mismo, de hecho, quien no haya leído la novela y lo desee hacer simplemente tiene que buscar el capítulo 1 y seguir hacia arriba hasta llegar al final.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Comic Sans MS&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;En fin, creo que estoy llegando a la conclusión de que una novela tiene demasiados inconvenientes en Internet. Y esto lo escribo a pesar de lo satisfecho que estoy de lo obtenido con&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt; Oscurece en Edimburgo &lt;/i&gt;en el blog 7 plumas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Comic Sans MS&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Otra de las cuestiones que no se me quería olvidar es un asunto que ha estado flotando desde casi el principio del texto: la verosimilitud de la reacción de Mila.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Comic Sans MS&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Siendo completamente sincero, esta cuestión es la segunda que más me ha preocupado de la novela desde que escribí su embrión en forma de cuento allá por el año 1979, creo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Comic Sans MS&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;En realidad la novela la escribí para explicar las razones que desembocan en tan cruel y horrendo desenlace. La primera versión del cuento (la escrita directamente pulsando las teclas de una Olivetti 34 color azul celeste), se corresponde con la parte protagonizada por el escritor, es decir la parte que comienza con la descripción de una tarde calor agobiante y el estruendo de cristales que despiertan del sopor al escritor. Y me salió en pocos días, muy pocos. Una vez acabado es cuando me pregunté qué razones podría haber para que una jovencita como aquella acabase con toda la familia y se suicidase. Pero lo dejé hasta muchísimos años después.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Comic Sans MS&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Pero esta novela ha tenido diversos avatares, hasta que en 2005, después de rescribirla casi entera otra vez, debido a las críticas tan demoledoras de Cristina Guerra, le di la versión que, con muy leves modificaciones –nada que afecte a su sustancia, por otra parte-, se ha publicado en el blog. Y a pesar de todo ello, para algunos las reacciones de Mila (o algunas reacciones de Mila) no se explican bien, parecen imposibles.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Comic Sans MS&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Quizá sea así, pero a medida que pasa el tiempo, a mí sólo se me hace difícil de entender la determinación en la escapada. Si somos capaces, como lectores, de justificar o dar por buenas sus razones, creo que todo lo demás guarda la mínima lógica deseable… siempre teniendo en cuenta que los seres humanos actuamos como actuamos, es decir que es imposible aplicar un patrón de comportamiento ante el mismo tipo de respuesta.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Comic Sans MS&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;En uno de los comentarios de uno de los capítulos finales, Ángeles H. decía que ella sólo se explicaba la reacción de Mila desde una honda enfermedad que le había minado toda su mente. Estoy de acuerdo con ella, y ésta quizá, sea la razón por la que necesitaba tantas páginas: explicar o adivinar o indagar en el corazón de Mila para comprobar como se deslizaba en la pendiente que conduce hacia la locura.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Comic Sans MS&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Aún así, no pretendo convencer a nadie con este argumento –o con cualquier otro- simplemente me explico. Por desgracia estoy convencido de que esta invención mía, en alguna ocasión ha coincidido con la verdad, por muy cruenta que parezca en mi texto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Comic Sans MS&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Ahora me tomaré un tiempo de silencio en el blog, pero creo que no será tan largo como el espacio que se produjo entre &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Mañana amanecerá&lt;/i&gt; y ésta. Pero conmigo nunca se sabe.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-5550589998288124696?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/5550589998288124696/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=5550589998288124696&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/5550589998288124696'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/5550589998288124696'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/03/reflexiones.html' title='Reflexiones'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-8226982919248486291</id><published>2011-03-19T00:01:00.010+01:00</published><updated>2011-03-19T00:01:00.985+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Epílogo. Capítulo 71 y último</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;span style="color: purple;"&gt;&lt;em&gt;Mila&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; no cree que haya llegado. Su rostro se encharca por momentos. Por su calle nadie. Ni un perro jadeante. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Cuando alcanza su puerta, escucha, amortiguado, el sonido de las teclas de la máquina de escribir del escritor que vive enfrente. Sonríe aliviada. Todo está como lo había soñado. Al introducir la llave en la cerradura, ha tenido la misma evidencia que la inundó, esta mañana, al salir del piso de Madelaine, aquello va a salir bien.&amp;nbsp;Lo último que haga en su vida, lo concluirá como lo pensó.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Abre, por fin, la puerta de su casa: las manos inundadas de sudor, la atención exacerbada por la adrenalina que golpea en las sienes. Es el momento clave de todo el plan. Si hace demasiado ruido, o hay alguien que no esté dormido, podrá oír el ruido, y todo se irá al traste. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Después de atravesar el umbral de la puerta, y antes de cerrarla, se descalza las sandalias, para evitar en lo posible el crujido de la madera, sobre todo en el centro del pasillo, tal y como recuerda a la perfección. Nota que su corazón se ha disparado. Un sudor abundante corre helado por su nuca hasta la rabadilla, por la frente, por el pecho. Agarra la puerta por el picaporte y la cierra con delicadeza, evitando cualquier ruido. Por una vez, alaba las manías del abuelo: una de ellas es engrasar cada mes las bisagras de todas las puertas para evitar chirridos agudos que tanto le molestan. “Si alguno está despierto, seguro que no ha oído nada”. Se ha quedado quieta en la entrada, apoyada en la pared. Nota que las fuerzas le abandonan. Cómo desea que la respiración se calme. Quiere centrarse en el lugar donde está. El sigilo es su aliado, pero el animal negro que la devora, protesta, quiere más velocidad. Mila tiene doble trabajo. Empieza a estar extenuada. Acostumbrados, por fin, sus ojos a la penumbra acogedora de la casa se dirige, de puntillas y descalza a la cocina. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Del bolso, extrae el cuaderno de pastas de hule negro y lo deposita, con ternura encima de la mesa blanca, lo abre por una página al azar, de las últimas. Sus ojos se posan en unos renglones concretos, correspondientes a la madrugada del veintiocho de mayo, el día de su muerte: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #073763; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;span style="color: #073763; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;"A partir de esta noche nada tiene posible solución. No sé si tardaré un par de semanas o un par de meses, pero desde ahora mi único objetivo en la vida será acabar con los que han acabado conmigo, después dejaré de respirar... Total ya estoy muerta. Total ya me han matado"&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Sonríe tristemente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Mira el reloj de la cocina, faltan un par de minutos para las cuatro. Todo va bien. Se cuelga el bolso a modo de bandolera, y extrae el revólver. Le quita el seguro. Las manos siguen sudorosas. El corazón late desacompasadamente, quizá con arritmia. Vuelve a respirar hondo. Se trata de ejecutar todo lo que ha pensado, y lo ha pensado tantas veces. Nada más.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Como una gacela, se ha escondido tras la puerta del salón. Efectivamente, las persianas están bajadas, y la penumbra cubre el espacio solo rota por un rayo que se cuela por la parte superior de la ventana y que va a dar al aparador. “La iluminación perfecta”. Se prepara. Para que todo sea más fácil se sienta en el suelo, con la espalda apoyada en la pared, sin perder de vista la otra entrada. Es el ángulo adecuado, pues nada le interrumpe la visión total del cuarto. Espera impaciente a que aparezcan ambos para irse al bar de la calle paralela a la suya dispuestos a jugar su diaria partida de cartas. Ése ha sido el único triunfo, o semitriunfo, que su padre consiguió con su madre, aunque hubiera de padecer la estrecha vigilancia de su suegro. Mila piensa acerca de las paradojas de la vida, “Mira que ser su muerte ocasionada por la única parcela de libertad que ha mantenido”. Ha oído, algo alejados aún, los pasos cuidadosos de ambos que descienden la escalera quejumbrosa. Cada sonido es conocido para ella, sabe exactamente que escalón están pisando. Por fin aparecen por la puerta, primero su padre, luego el abuelo. “Mejor”, piensa en una décima de segundo, “Papá no se enterará. El abuelo durante unas milésimas, sentirá terror”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Ahora ha de poner en práctica los breves consejos que le diera Cristóbal la noche que le dio la pistola. Ha apuntado, bien sujeto el revólver, y ha acariciado levemente el gatillo. Ha sido una buena alumna.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Un par de disparos directos a cada corazón. Fulminante. “Cristóbal estaría orgulloso de mí”, piensa. Sabe que ni supieron que les disparaba. Las balas han entrado silenciosas, precedidas únicamente de un silbido, como un aleteo de búho en mitad de la noche, en el centro de sus pechos. Vuelve a pensar que ha sido demasiado poco sufrimiento para su abuelo, pero ya estaba hecho. Aquellos dos disparos han tenido la virtud de tranquilizarla y de que su organismo se ponga en acción, con velocidad y con precisión. Sabe a la perfección que todo lo demás ha de ser muy rápido. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Han caído como pesados fardos. Con un ruido sordo, pero suficiente como para que alguien despierto lo oiga. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Inmediatamente siente cómo su madre baja por la escalera alarmada por el ruido de los dos cuerpos al caer. Ha contado con ello, era eso exactamente lo que había deseado este último mes, tanto, que lo había soñado en las últimas semanas. Mientras ella baja muy deprisa por las escaleras, Mila guarda la pistola en el bolso, saca el alfanje y deposita el bolso en aquel rincón de la puerta, ha de estar ligera, pues comienza su particular baile.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Cuando su madre ve los dos cuerpos grita, mejor dicho, aúlla. Este detalle se le ha escapado a Mila. Aquel alarido, necesariamente, tenía que haber sido escuchado por alguien. Los primeros sus hermanos. De pronto, siente que el tiempo se le ha acabado. Por el movimiento que la ha visto hacer, su madre ha pensado en salir hacia el teléfono que está en el pasillo, pero no le ha dado tiempo. Mila ha elegido el mejor lugar, y desde detrás de la puerta, por sorpresa, cual feroz gato montés hambriento, ha saltado sobre su cuello y se lo rasga con el puñal de cristal de roca, que empieza a realizar lo que la mujer del joyero soñara de él. Ha sido un corte profundo, lo suficiente para que ya no puede gritar, pero evitando la muerte inmediata. Es un corte que produce un intenso dolor y un constante y abundante fluir sanguíneo. Ella sí tiene que sufrir. En otro rápido movimiento, le ha cortado las venas de las muñecas, ante su cara de estupor, con dos simples tajos. “Mamá, hoy sí vas a saber lo que es sufrir”, le dice. “En unos pocos minutos vuelvo para acabar contigo”. Como regalo le ha dado un par de cortes más en el pecho. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Por unos instantes calla. El silencio de la casa continúa. Ha supuesto que sus hermanos no se han enterado de nada. “Tienen un sueño profundo, tus hijos”, le ha dicho a su madre con sonrisa diabólica. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Ha saltado por encima de los cuerpos de su padre, y de su abuelo. Y se dirige al piso de arriba. Con sigilo y velocidad. No se fía de las fuerzas de su madre&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Primero ha entrado la habitación de Marc. Se ha desabrochado el vestido. Esta es la parte que más ha estudiado. Y va a interpretarla a la perfección. No fallará. Coge el alfanje en la mano derecha. Y con los pechos al aire se sienta a horcajadas sobre su hermano. “Chist, Marc, soy tu hermanita, he venido a acabar la lección que empezamos el otro día. Hoy paga la casa. Oh, si ya estás desnudo, chico qué rápido”. Le cogió el pene con la mano izquierda y lo masajea suavemente, sabe que es el último trabajo de Venus, por lo demás muy breve. “Qué hermosa la tienes, hermano… Y tiene ganas de guerra”, le susurra libidinosa. Marc no sospecha nada. Entre el embotamiento producido por el sueño, y cierta perversión que supone le ha dado la profesión a su hermana, piensa que aquello es un filón. “Toca mis pechos”, le dice. Sabe que ese es el cebo perfecto. Cada vez más excitado y con los ojos clavados en los pezones de su hermana, no ha visto cómo la mano derecha de Mila con el puñal transparente, diamantino, con rebrillos de rubí a causa de la sangre de su madre, en un movimiento, que apenas dura centésimas de segundo, le rebana los testículos. Simplemente, de pronto, nota un agudo dolor en la base del escroto. Ha sido un corte perfecto. “Buen trabajo”, piensa ella como agradecimiento al joyero. Marc siente la tibieza, el calor, de su propia sangre que lo empapa. Intenta gritar, pero no puede, el horror, el dolor y el desmayo que le alcanza, se lo impide. Ante sus ojos, los de Mila, que sonríe ida. Contempla borrosamente, desenfocado, cómo se manosea el pecho con su mano ensangrentada. Y no ha visto nada más. Acaso perciba, cómo en sueños, que el arma todavía invisible para él le atraviesa la yugular. Después, una vez muerto, Mila, coloca en la boca de su hermano aquella herramienta con la que gozó de ella, y definitivamente puso punto final a su existencia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Retorna sobre sus pasos, sin preocuparse de su aspecto. Sigue teniendo prisa. De Pedro no hay señales. Su madre, sin embargo, tal y como ha intuido Mila, en esos breves minutos, ha logrado levantarse, a pesar de la indudable pérdida de sangre. Mila la ha visto y se dirige a ella rauda. Con una rápida zancadilla, cuando está a punto de cruzar la puerta y llegar al pasillo, vuelve a derribarla. En la caída, pues se ha agarrado al mueble, arrastra tras de sí la hermosa cristalería de murano (imitación por supuesto), que decora el salón. El ruido ha sido ensordecedor. Rápidamente piensa en Pedro. Sabe que su madre no se moverá, y seguirá viva cuando vuelva. “Está siendo un éxito”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Vuelve a respirar con fuerza. Aquel ruido sí lo tenía que haber oído. La primera intención ha sido correr hacia su habitación. Pero lo mejor será esperar, pues ha de bajar, quizá intente coger el teléfono, para avisar a la policía. Se ha dirigido de nuevo al pasillo de entrada. El muchacho, baja todavía somnoliento por las escaleras preguntando qué ocurre. Se encuentra primero con los cuerpos de su padre y de su abuelo con los que tropieza. Casi cae al suelo. Y un poco más adelante, todavía aturdido, con el cuerpo de su madre bajo la cristalería, absolutamente ensangrentado. Y chilla. Otro terrible alarido. Mila no deja que se acerque algo más a su madre y, por detrás, todavía en el pasillo, le asesta un certero tajo en el cuello con el puñal invisible. Pedro, acaso en un movimiento reflejo, ha girado la espalda para ver quién es aquel asesino, pero sus ojos moribundos ya, apenas pueden vislumbrar una mujer rubia y desconocida. Queda arrojado en el suelo con una inverosímil posición, justo bajo el umbral de la puerta, mitad superior del tronco hacia el salón, mitad inferior en el pasillo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Mila se nota agotada, pero victoriosa. Vuelve a respirar con avidez. Ya está casi todo hecho. Se arrastra hasta donde está el cuerpo de su madre. La susurra con voz demoníaca “Mamá, ya sólo quedamos las mujeres de la casa. Los hombres han muerto, los cuatro. ¡Qué inútiles!, ¿verdad?”. Se acerca más al cuerpo, todavía con vida, de su madre. Ésta la mira con auténtico pánico. Sus labios musitan un por qué mudo. Mila se ríe muy bajito. Se ha sentado a su lado y tira de los cabellos de su madre hasta arrancárselos en pequeños mechones. Con el alfanje pincha por la cara, por el torso, por la espalda, por los brazos. Entre los cristales que se han incrustado en su cuerpo y las heridas, parece un surtidor continuo. Mila para en la tortura, al menos la física. Tira de su cabeza hacia ella para que vea cómo se acariciaba los pechos ensangrentados. Su madre la mira con repugnancia. Mientras, Mila le susurra, “Mamá, tu hija, desde hace un año, mes arriba o abajo”, y mientras habla se sigue acariciando el pecho, “Es una puta muy cara, que trabaja en un club de alterne de Madrid”. Deja que la noticia aterrice en el cerebro materno. Cuando la mirada horrorizada le ha convencido de ello, continúa administrando noticias. “Mi nombre profesional es el de Venus”. Vuelve a callar y acerca el alfanje a la frente de su madre, lo deja suspendido. “Además me emborracho casi cada día, y tomo droga”. Todas las palabras van haciendo mella en su madre. Continúa. “Hace un mes, más o menos, tu hijo Marcos, Marc, me solicitó los servicios profesionales por valor de treinta y cinco mil pesetas, y sabiendo quién era yo, pues me identifiqué, me obligó a follar con él. Estaba completamente borracho, ¿sabes? Mamá, no te ofendas. Nadie de la ciudad lo ha sabido hasta ahora salvo mi hermanito y tú. Ah, y no te preocupes por el qué dirán, total ya estás casi muerta”. De sus ojos saltan chispas. Tiene el rostro desencajado por una mueca entre sonrisa y alarido. La madre mira con horror. Sufre los continuos golpes, los tirones de pelo, los cortecitos con la cristalería. Pero antes de que se produzca su muerte física, su mente ha explotado ante el relato de su hija. Mila termina por cortarle la yugular, luego se ha humedecido el dedo índice de la mano derecha con la sangre que brota de la arteria materna y sobre su frente escribe, PUTA.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Retorna a la cocina mucho más tranquila, aunque con cierta prisa, por si acaso tanto ruido ha alertado a alguien y llaman a la poli. Bebe un trago de agua. Se acerca a la ventana del salón que da a la calle. Entre las rendijas divisa una figura. “Maldita sea, el imbécil del escritor ha oído los ruidos.”&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Recoge el bolso del rincón donde lo ha dejado y regresa rápido hacia la cocina, allí deja todo excepto el alfanje, la pistola y la nota para el juez, mientras, mira por última vez su diario. Desde la puerta del salón contempla rápidamente su obra. De nuevo en el salón y rodeada por cuatro cadáveres, observa que el escritor vecino sigue acodado en el balcón bebiendo algo en una copa, quizá no se ha enterado de nada. O no se atreva a hacer nada. Por si acaso, actúa rápido. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Más relajada, asciende al piso de arriba para asegurarse que Marc está muerto. Lo que ve le impresiona. Había sido un buen trabajo, sin duda. Marc está muerto y bien muerto. No hay duda.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Ha Bajado de nuevo, y se acerca a la cómoda del salón. Deja sobre ella la nota. Se recuesta en la pared, fresca a pesar del calor, y junto a sí, deposita el revólver. No quiere que la policía tenga mucho trabajo, solo el justo. Contempla con sonrisa de desprecio y con cierta morosidad los cadáveres de su familia. Su corpulento abuelo, general frustrado con vocación de dictador decimonónico. Su padre blando, fofo, fláccido, sin personalidad. Ambos con un agujero en mitad del pecho. Ambos con los ojos abiertos, hasta ahora no se había dado cuenta de tal detalle. Se fija en las piernas otrora hermosas y atractivas de su madre digna vástago del abuelo y que, en el fondo, ha propi-ciado aquel desastre. Se dibuja la cabeza de Pedro, joven soñador de mil batallas encabezadas por el General Jefe Don Cecilio Sebastián. Imagina con alegría la aterradora mirada de Marc, último desencadenante de aquel suceso.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Y antes del acto final de aquella tragedia, la bestia negra que enluta su ánimo acaso dé su último zarpazo, y con horror aparezcan por las circunvalaciones desgastadas y sinuosas del cerebro los rostros de Madelaine, y de Ricky. Sólo desea que pasen pocas horas desde ese instante hasta que la policía intervenga. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;También llega hasta ella la cara de Joaquín. No le odia, al fin concluye que también ha sido un peón en manos del destino. Tenía que jugar su partida. En un momento tuvo que elegir y eligió. Eso es todo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Pero en un último esfuerzo, el último de su corta vida, ha derrotado a la fiera. Recuerda, y acaso este sea su último pensamiento, con deleite y melancolía, los rebrillos de oro viejo que el sol poniente sacaba de las melosas pupilas de Enrique aquella tarde primaveral en el Generalife de Granada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Ha depositado su vista en el alfanje. El último estremecimiento de su vida llega tras su visión. También aquel hermoso instrumento ha cumplido su destino, anunciado tantos años atrás, a una mujer, que quizá nunca más se volviera a acordar del asunto. Piensa que la sangre de su madre y sus hermanos no se debe de mezclar con la suya, y con energía limpia el arma a la falda de su madre, que se sitúa a su lado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Contempla lentamente, con melancolía azul, su espléndido pecho. Alza, apenas, el seno izquierdo, y con fría decisión, introduce aquel alfanje, casi invisible, en el fondo de su corazón, ya tan aturdido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="color: red; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Fin&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-8226982919248486291?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/8226982919248486291/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=8226982919248486291&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/8226982919248486291'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/8226982919248486291'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/03/fin-de-trayecto-epilogo-capitulo-71-y.html' title='Fin de trayecto. Epílogo. Capítulo 71 y último'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-2988536039781298255</id><published>2011-03-17T00:01:00.008+01:00</published><updated>2011-03-17T00:01:00.165+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Epílogo. Capítulo 70</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;span style="color: purple;"&gt;&lt;em&gt;En esos&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; momentos, a pesar del sofocante calor del día, acaso la abuela inquisitiva decida llegarse sigilosa hasta la joven, y ponerle sobre el regazo una rebeca, que por precaución siempre lleva encima, no vaya a enfriarse la chica. El caballero calvo y escrutador afirma ante la iniciativa, y en un susurro, tal vez añada, que estos jóvenes de hoy son un tanto descuidados, él siempre lleva puesta la camiseta y además un jersey o una americana, pues por mucho calor que haga, nunca se sabe lo que ocurrirá y menos en un viaje tan largo. El matrimonio de ancianos probablemente, no se dé cuenta de nada, pues tampoco conoce los pormenores del inicio del viaje. La pareja de enamorados, quizá en un descanso de arrumacos, caricias, besos y contemplaciones, opte por ojear lo que a su alrededor se mueve. Acaso miren a la señora, luego al caballero y por fin a la muchacha dormida, y la chica, por una simpatía que nace de la cercanía, quizá afirme que a ella le encantaría que alguien le tapase cuando se duerma. Quizá lo diga en voz baja, para que lo oiga solo el novio, pero la abuela inquisitiva, que dispone de un fino pabellón auditivo, acaso sonría a la otra, y ésta se turbe, un poco. Pues mientras tanto, su novio con toda seguridad, le susurre, “No te preocupes, yo te taparé siempre, pero con otra cosa”. Y probablemente, tras aquella confidencia tan íntima, se besen con pasión, como, por otra parte, llevan haciendo todo el viaje. El calvo caballero escrutador mirará a la abuela inquisitiva y encogiéndose de hombros con una sonrisa pícara, pero, sobre todo, melancólica, suspirará, mientras piensa, o, a lo mejor, lo diga en voz alta, “Juventud, divino tesoro”. Y nadie sabrá si lo dice por los jóvenes que se besan, o acaso lo diga por la chica delgada y pálida que dormita en el asiento. La abuela piensa que lo dice por la chica, y probablemente exclame “Es tan hermosa, y tiene pinta de sufrir tanto”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Y el tren llega a su destino. Resopla en la vacía y pequeña es-tación: dos andenes, cuatro vías. Cuando para, la señora oronda no se atreve a despertar a la chica. Tampoco el calvo caballero. Ante la mirada inquisitiva de la joven pareja, el señor exclama con profundo conocimiento de las cosas, “No hay problema, esta estación es termini. No os preocupéis. Dentro de un rato la despertarán. Seguro que le hacía falta dormir. No sé si os habéis fijado en la cara que traía esta mañana”. La joven pareja quizá niega, un poco avergonzada. Pero no dice nada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;En pocos segundos el tren queda vacío.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;La despierta de su profundo sueño, amablemente, el cobrador revisor, la toca levemente el hombro derecho, y cuando está seguro de que los ojos de Mila saben donde está le dice con dulzura, &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Señorita, fin de trayecto.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Al pisar el suelo de Euritmia tras un año de ausencia siente un cosquilleo especial, como si su espíritu se nutriera de componentes que ya había olvidado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Levanta la cabeza. El reloj de la estación marca las tres y vein-tiocho. “Perfecto”, piensa. “A pesar de la cabezada, estoy dentro de plazo.”&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;amina segura, decidida. Aquel sueño del tren le ha venido muy bien. Nota que su cabeza está más ágil, piensa mejor, a pesar del calor que hace esta tarde, un calor pesado, pegajoso, casi de plaga en la corte del faraón. En su cerebro retumban las palabras del cobrador, fin de trayecto. “No sabe él lo final que es este trayecto”, piensa. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Aquella parte de la ciudad, es una zona que se ha consolidado en los últimos cuarenta o cincuenta años. Antiguamente, le han contado, la estación estaba tan a las afueras que la mayoría no subía andando. En estos momentos llegar hasta allí, es un cómodo paseo. Incluso la ciudad ha crecido más allá, bordeando las vías, asumiéndolas, como si formaran parte de sus tendones y músculos. La avenida por la que discurre su camino es amplia y con abundante tráfico, si bien es cierto que a estas horas, el silencio sólo roto por el piído de los pájaros, es la nota dominante.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;En su ánimo, sin embargo, empieza a azuzarla la ansiedad. Se intranquiliza a cada paso. Se le está haciendo muy largo todo aquel recorrido. “Si sólo ha pasado un año, ¿cómo es que me parece que mi casa está tan lejos? Debería haber cogido un taxi.” Su interior se rebela nuevamente. Tiene la imperiosa necesidad de acabar todo aquello cuanto antes. No debe demorarlo más. Al mirar uno de los relojes termómetros que hay por algunas calles se calma. “Las quince y treinta y ocho.&amp;nbsp;O sea sólo han pasado diez minutos desde que he salido de la estación”. Su casa está a unos veinte. Puede ir con más calma, le sobra el tiempo. No es necesario precipitar las cosas. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;A pesar de los razonamientos, quizá sienta en el centro del estómago una mano que lo retuerce y le empuja a acelerar cada uno de los pasos que da. Es una lucha frenética, que le hace sudar más aún, y la agota. El termómetro deja de marcar la hora y señala la temperatura, “Qué barbaridad, cuarenta y tres grados. Y eso que no le da el sol”. Como una ráfaga, al pasar frente a un bar del que sale el sonido de la tele, se acuerda que no ha tomado nada, excepto el café de la mañana desde la noche anterior. “No está mal, voy a llegar al otro barrio, con el estómago vacío. Ya no me da tiempo ni a pedirme un bocadillo. Además, qué importa, digo yo”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Han pasado otros cinco minutos. La calle en la que se encuentra ya está muy cercana a su propia calle. Nota con contundencia cómo la adrenalina comienza a distribuirse veloz por todo su organismo. Siente que los músculos se tensan. Sus sentidos, todos, están atentos a cuanto le rodea, al acecho de cualquier contingencia que pudiera surgir en cualquier instante para que no la cogiera desprevenida. Puede aparecer cualquier persona conocida que intente retenerla el tiempo que necesita. Ha calculado llegar a su casa hacia las cuatro de la tarde para instalarse con tranquilidad en un rincón del salón, a oscuras, y esperar la aparición de su abuelo y de su padre. Por fin emboca su calle, que en una ligera pendiente se dirige al oeste de la localidad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;Continuará...&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-2988536039781298255?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/2988536039781298255/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=2988536039781298255&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/2988536039781298255'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/2988536039781298255'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/03/fin-de-trayecto-epilogo-capitulo-70.html' title='Fin de trayecto. Epílogo. Capítulo 70'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-3351916567156045788</id><published>2011-03-15T00:01:00.008+01:00</published><updated>2011-03-15T00:01:01.596+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Epílogo. Capítulo 69</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;span style="color: purple;"&gt;&lt;em&gt;La frenada&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; del tren, suave y progresiva, ante la parada en una estación intermedia, cuyo nombre no llega a ver, tiene la virtud de volverla a la realidad. También la fiera de luto descansa de vez en cuando. Tras agitar la cabeza, y comprobar, sorprendida que tiene la cara húmeda, al igual que el cuello, incluso el comienzo del pecho, dirige una mirada nerviosa a los otros ocupantes del vagón. Son muy pocos. Enfrente de ella, un par de asientos más allá, se acomoda un señor calvo con gafas oscuras, que la mira con aire de preocupación y de miedo. También enfrente, pero en al otro lado del pasillo, una oronda señora de mediana edad suspira aliviada, por fin. Detrás de la señora, una joven pareja charla con la cabeza metida en un plano, probablemente el de Euritmia, donde están planeando una excursión. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Se encoge de hombros aturdida. No es muy consciente, todavía de lo que le pasa, pero intuye que durante determinados espacios de tiempo, normalmente bastante dilatados, es como si no estuviera. No le ha dado demasiada importancia, pues sabe, más o menos, las horas que le quedan de vida, a ella y a los suyos, pero si no hubiera tenido tales pretensiones, debería haber hecho algo. Aquello que a ella le ocurría no era normal. La cosa comenzó tras que tuvo todo el plan perfectamente atado. Empezó a notar que, algunas veces, el tiempo pasaba muy rápido. Se miraba al reloj, y de pronto, había pasado media hora. Después se dio cuenta que muchas veces había estado llorando, pero no se acordaba ni del hecho en sí, ni de los motivos que habían causado el llanto. Lo conocía por el sabor en su boca, o porque la nariz, le destilaba, o por la humedad en el rostro y cuello, o por el escozor de los ojos. Después, en un par de ocasiones, sus compañeras tenían que haberla zarandeado, porque le estaban diciendo alguna cosa y ella no reaccionaba. Pero la prueba evidente y palpable es este momento. Se da cuenta de que el sol ya va bastante elevado e, incluso, han atravesado la Sierra, sin que ella se haya percatado. Eso le duele. Pues siente que debe a aquella zona, aunque solo sea un pensamiento de gratitud. Y así lo tenía pensado antes de montarse en el tren. “Qué lástima, con lo que me apetecía verla por última vez, nada más amanecer. Con los colores tan limpios como estaría. Está claro, que no me sale una a derechas”. Después de encogerse de hombros, y una mirada de indiferencia, como diciendo, qué más da, suspira con hondura. “Debo realizar un último esfuerzo…. El último de mi vida”. En este momento, en el que suben otros pasajeros al vagón, un matrimonio ya entrado en años, que se sienta unos cuantos filas por detrás de ella, ve que la señora que tiene enfrente se dirige a ella con la amplia sonrisa de dentadura postiza. No le desagrada, aunque no desea ninguna compañía. Tiene miedo de que le puedan adivinar sus pensamientos, sus planes y todo se estropee. “Hija, ¿te ocurre algo? ¿Te puedo ayudar?” Mila la mira con tranquilidad y un punto de resignación. Tras un estudiado suspiro, y recordando el salobre sabor de sus lágrimas, responde lacónica, “No he dormido en toda la noche. Bueno en las últimas noches. Verá he roto con mi novio, y me he quedado sin trabajo. No sé que hacer. Así que me vuelvo a casa, a ver si allí encuentro la calma”. La abuela inquisitiva sigue en su proceso de alivio. El tren reemprende la marcha. Vuelve a su asiento y hace un vago gesto hacia el señor calvo, como para restar importancia a lo que han visto. Mila, por unos instantes se preocupa, pues no recuerda nada. “Menos mal que hoy se acabará todo”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Vuelve a lo suyo. Repasa mentalmente el contenido de su bolso. Ayer por la noche, había guardado la pistola plateada y sin marcas con el silenciador ya instalado, para ser exactos, desde que aquella noche Cristóbal se lo dejara colocado, no lo había desmontado. Una vez desenvuelto el papel de regalo, y protegido por un paño, había metido también el alfange de cristal de roca, hermosamente facetado por el joyero, y al que probó con unos vestidos de su armario, total ya no le iban a servir. Cortaba mejor que muchas navajas. Un leve estremecimiento la recorrió recordando la historia que el matrimonio de joyeros le habían contado. También reposa allí dentro, desde anoche, la cartilla con buena parte del dinero que ha logrado transferir de la otra cuenta, la que compartía con Madelaine sin necesidad anularla. El empleado del banco no puso muchas pegas. (El pronunciado escote —acentuado porque el botón donde concluía no había sido abrochado— del vaporoso y casi translúcido traje veraniego con el que se vistió aquella mañana, junto a la ausencia del sujetador y a las convenientes inclinaciones de torso hacia delante, de tal modo que el pecho quedara en la vertical de los ojos del joven, ayudaron lo suyo. Además, por supuesto, de una voz dolorida y una historia desgarradora de desavenencias familiares: una madrastra injusta con una huérfana de padre, a la que no le quiere dar lo que en justicia es suyo, “Por si todo fuera poco, mira.”, concluyó aquella representación, todavía más inclinada ante el sudoroso rostro del muchacho, ya que se había levantado y se puso a su lado para enseñarle el DNI, consciente de que sus pechos bailaban en los ojos de él, “Desde la semana pasada soy mayor de edad”. Por tanto, todo lo que pedía además de ser justo era legal). También descansa en el bolso, aunque ha sido lo último en entrar, el cuaderno de pastas de hule negro que hacía apenas un año comprara en aquella librería del centro de Euritmia. Completan su escueto equipaje un monedero y una buena cantidad de billetes, la cantidad escondida en su caja de caudales, desde que decidiera guardar todo el dinero que le pagaba Madelaine. Y, por fin, por allí ruedan las llaves de su casa, que siempre ha guardado, por una especie de superstición, como si fueran el hilo que aún le unía a su familia. Nada más. Ni siquiera un paquete de pañuelos de papel, que en ese momento le es tan necesario. Ha decidido volver a utilizar sus naturales dotes de interpretación. Abre el bolso en el que se apilan todas las cosas que ha enumerado en silencio. Mete, casi la cabeza. Hace como que busca, de hecho desde fuera se nota cómo su mano inquieta revuelve, con sumo cuidado, el interior. Tras unos instantes lo ha vuelto a cerrar. Suspira con fastidio. Mira, como sin querer, hacia aquella señora, asegurándose que ella la ve. Con disimulo, pero no tan grande como para que aquella mujer oronda no se dé cuenta, se pasa el dorso de la mano por la nariz. Inmediatamente la mujer, como si fuera una respuesta convenida, abre su bolso y extrae un paquete, casi entero, de pañuelos. Se lo acerca presurosa. Mila lo agradece. Saca uno y le devuelve el resto con una sonrisa triste. La otra ha denegado con dulzura, al parecer tiene otros dos paquetes empezados y otro por abrir, le ha explicado que aquella sobreabundancia de pañuelos se debe a que los nietos, tiene cuatro, son muy traviesos y en cualquier momento se caen, o lloran porque se pegan entre ellos. En fin que los utilizaba mucho. Ha vuelto a agradecérselo en silencio. Y entrecierra los ojos, cansada, con sueño. La inquisitiva abuela (que, como se ve, en las horas transcurridas se ha tranquilizado y ha recuperado sus dotes de observadora) entiende el mensaje. “Sí, hija, procura descansar. Si te hace falta cualquier cosa pídemelo. Y si lo tengo, te lo daré”. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Espera, razonablemente, que nadie entre en la habitación al menos hasta las ocho u ocho y media de la tarde. Todas la han visto salir por la mañana, así que no tienen nada que hacer allí. Además había un pacto tácito entre ellas, por el que la habitación de cada una es su santuario, y allí salvo caso de fuerza mayor: enfermedad, o algo así, nadie entra. Si se hace, lógicamente es con el consentimiento de la ocupante. Así que a esa hora, más o menos, cuando fueran a llamarla, porque se retrasaba en bajar y la furgoneta no podía esperar más, entonces descubrirían la carta de despedida que les había dejado a sus compañeras. Se la sabe de memoria. A esas horas de la tarde Madelaine no está nunca por allí, ella baja al club mucho antes, y se la jugó. Total, a las ocho y media de la tarde todo estaría hecho. El problema era que se olieran lo peor, y les diera tiempo a huir a Ricky y a ella misma. Aunque el exceso de confianza era mal consejero para aquellas cuestiones, y ellos estaban muy confiados. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;La carta es breve:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;“Q&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;ueridas chicas, con estas líneas me despido de vosotras, para siempre. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #0b5394; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;No lloréis por mi ausencia, no merece la pena.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #0b5394; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Espero que a la hora a la que la leáis, por fin todo haya acabado, al menos para mí. No os contaré los pormenores. Os enteraréis muy pronto.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #0b5394; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Todo lo que voy a hacer, no lo puedo evitar, creedme.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #0b5394; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Sólo os pido una cosa. Destruid esta carta, y no le digáis nada de su existencia a Madelaine, por favor. Cuando os pregunte por mí, decidle simplemente que no estaba en casa, que os llamé a eso de las siete y os he dicho que he perdido el tren de vuelta. Que si encuentro otra forma de ir, llegaré esta misma noche. &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #0b5394; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Por favor, chicas, hacedme este último favor.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #0b5394; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Os quiero a todas, y he pasado muy buenos ratos con vosotras.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #0b5394; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Hasta siempre,&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #0b5394; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Mila, la Venus”.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Se ha cuidado mucho de contarles o decirles algo, aunque fuera una sola insinuación, acerca de los problemas que espera tenga el club. O más claro aún, con un poco de suerte al día siguiente, o dos días después del club estará cerrado. Sólo tiene un miedo. Teme que los tentáculos de Ricky, tan alargados, lleguen hasta Euritmia, y que el policía encargado del asunto, una vez leído el diario, lo haga desaparecer. De todos modos, espera que no sea así.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Se dedica a imaginar, por entretenerse más que nada, cómo será el descubrimiento de todo el asunto. Se le ocurren varias posibilidades, todas ellas partiendo de una base: toda la familia habrá muerto, claro. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;En ningún momento se plantea el fracaso de su plan. No piensa, por ejemplo, que hayan cambiado la cerradura de la puerta. No se le ocurre que alguno de sus hermanos, o los dos, no estén a esa hora en casa, y estén en la piscina. No piensa en que alguno —quizá su madre— no esté dormida y la descubra al abrir la puerta por muy despacio que lo haga. No piensa, es otro ejemplo, en que, al contrario, su padre o su abuelo no acudan a su partida diaria, por la causa que fuera, como una enfermedad, o estar muy cansados y querer dormir más. No piensa que se le pueda encasquillar la pistola, o más simplemente, que pueda errar alguno de los dos o tres disparos. No discurre que sus hermanos puedan defenderse de su ataque, sobre todo Marc, pues, como comprobara hacía poco, era un joven fuerte y musculoso. Ni siquiera se detiene en la hipótesis de que el alfange de cristal de roca no sea tan resistente como parecía... En fin, mil variantes que a cualquiera se le pueden ocurrir, y que le llevarán a desistir del plan elaborado, que en el fondo es bastante endeble. Ella tiene fijada en su mente una idea que es inamovible. Su padre y su abuelo se levantan de la siesta entre las cuatro y las cuatro y cuarto y se van a jugar la partida, y además, bajan las escaleras y cruzan el saloncito a oscuras, para que ningún ruido despierte a los demás. A continuación, en cuanto oye que la puerta se cierra, su madre se levanta. Y luego, en un lapso de tiempo más prolongado, sus hermanos. Aquella secuencia se ha fijado en su mente, y es la única posibilidad que existe. Así que, volviendo al modo en que encontrarían los cadáveres, lo primero que se le ha ocurrido es que alguno de sus hermanos, haya quedado con algún amigo y al no presentarse a la cita, éste decidiera ir a la casa. Al no contestarle nadie, quizá comenzara a sospechar algo. Buscarían a más amigos. Todos confirmarían que no tenían pensado irse a ningún lugar en los próximos días. Pasarían las horas y nada cambiaría en la casa. No se alzarían las persianas. Nadie saldría. El abuelo no regaría el jardín a la puesta del sol. Quizá, llegada la noche llamaran a la policía. Otra posibilidad que se ha imaginado es que alguno de los amigos del abuelo, ante la ausencia de éste en la partida cotidiana, se interesara por su salud, y a última hora de la tarde, se acercara por allí. Otra posibilidad, y ésta le preocupaba más, pues permitía que Ricky y Madelaine se asustaran y pudieran huir, ha sido que permanecieran todo el fin de semana encerrados, y, salvo el mal olor por la descomposición que alguien notara al pasar por la calle, hasta el lunes en que su padre no iría a la oficina, nadie los echaría de menos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Entonces ha quedado extasiada, y dormida. Profundamente dormida como hacía semanas que no lo lograba. El resto del viaje se lo pasa soñando con frescas cascadas que caen felices en una de las cimas de la sierra, y ella y Enrique disfrutan sintiendo desnudos su helor estimulante en una jornada tan calurosa como aquella. También sueña con jardines infinitos y dorados, donde siente los labios de Joaquín en los suyos, y el sabor era dulce, parecido al de las natillas que le hacía su abuela, cuando era niña y era todavía feliz… Y sueña con soles que brincan felices. Y sueña con las muñecas infantiles que tanta compañía le hicieran, cuando todavía el mundo era poco más que unas calles y la tierra de un jardín y el amor era una sonrisa de madre…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Vuelve a despertar sobresaltada. Como si aquellos sueños felices, se trocaran, de pronto en feos sueños negros. Y así es. De hecho, durante unos minutos ha pensado en la posibilidad de alterar el plan en alguno de los aspectos ya trazados. Dirige la memoria al rostro de su abuelo y piensa que él no tendría que ser el primero, que debería reservarle buena parte del dolor que piensa sembrar en aquella casa. Queda suspensa ante tal posibilidad, pero ha de desecharla, por estrategia, por fatiga mental, acaso. No le queda más remedio que no hacerle sufrir mucho, aunque se lo mereciera, pero supone que tendrá que actuar con celeridad y contundencia. Definitivamente hará lo que está pensado: el dolor rápido pero aniquilador y lleno de angustia para Marc, muy a su pesar; el sufrimiento, la saña, el odio, para su madre. Al fin y al cabo la consecuencia de todo lo que ocurría era ella. Para los otros tres, muertes de trámite. “Lo más probable es que ni se enteren”, piensa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Nuevamente, tranquilizada, vuelve a caer dormida.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;Continuará&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-3351916567156045788?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/3351916567156045788/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=3351916567156045788&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/3351916567156045788'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/3351916567156045788'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/03/fin-de-trayecto-epilogo-capitulo-69.html' title='Fin de trayecto. Epílogo. Capítulo 69'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-5434339231820208908</id><published>2011-03-12T00:01:00.007+01:00</published><updated>2011-03-12T00:01:02.555+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Epílogo. Capítulo 68</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;span style="color: purple;"&gt;&lt;em&gt;Después&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; de la noche de insomnio, en la que ha tenido algún momento de lucidez para llenar la última página de su diario. Se dirige, aparentemente calmada y quizá algo aburrida, a la estación de Chamartín. No ha amanecido, aunque una sucia mancha lechosa cubre el lejano horizonte. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Las chicas agotadas, borrachas algunas, y aún bajo los efectos de la cocaína las más, acaban de llegar. Ninguna se extraña de que justo a esa hora tan intempestiva parta. Al fin y al cabo es su día libre y muchas veces toma el tren. Según Madelaine, que lo sabe de muy buena fuente, se va a un pueblecito de la Sierra. Así que piensan, con la lógica que suele utilizar el ser humano, que allí se irá. Para alivio de Mila, Madelaine no ha regresado aquella madrugada, un compromiso de última hora con un viejo cliente, le ha retenido en Jazmín. Ni siquiera Sole, su mejor amiga, se ha dado cuenta de que lleva un bolso nuevo, oscuro (marrón o negro), mucho más grande de lo que a ella le gusta. Tampoco se ha dado cuenta de que no se ha pintado los ojos y los labios, algo muy extraño en Mila. Pero hay que entender, que al amanecer, una chica como Sole, tiene sueño y unas cuantas copas de más. Madelaine, por tanto ha sido ajena a la mirada melancólica que Mila arroja sobre la casa. Si la viera, a lo mejor sospecharía algo y quizá llamara a Ricky para contárselo. Madelaine tiene más experiencia que las chicas y es muy buena observadora. Además, rara vez se emborracha. Mila sabe desde ese mismo instante que su plan va a salir bien. Es consciente de que llegará hasta el final. Por fin algo le saldrá bien, aunque sea lo último. Sabe que no volverá a Madrid, ni a &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt;, ni a aquella casa, por eso mira con melancolía, como con añoranza. No sabe si le importa o no. Y en esos momentos de cierta lucidez, se dice, como en un lejano murmullo, si no sería mejor olvidarse de todo y continuar, aunque sea flotando a causa de las dosis de cocaína, en esta vida ruin. Al fin y al cabo, lo único que tiene seguro es vivir sobre la superficie de la Tierra. Pero, dentro de ella, un fiero animal de poderosas garras negras tira hacia la otra dirección, la del horizonte oscuro, la del crepúsculo eterno. Así que, tras un “Hasta luego” protocolario y rutinario al resto de compañeras de &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt;, camina con pausa la distancia no muy grande que le separa de Chamartín. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;De la calle emana un calor denso y desagradable que se mezcla con el lacerante olor de los residuos en descomposición de los contenedores de basura que aún no han sido retirados por los operarios municipales de limpieza. Acaban de regar, y, de vez en cuando, pisa un charco sucio y extrañamente templado. Entra a la estación por la parte de largo recorrido. Desea un café. Mejor dicho, sabe que es imprescindible para que todo lo que tiene en mente salga como lo ha planeado. Primero, en la correspondiente taquilla, adquiere su billete hasta Euritmia. Lanza una rápida mirada a los relojes. Todavía tiene tiempo. Le han dicho que el tren partirá por la vía seis. Casualmente, junto a la salida hacia el andén correspondiente hay una cafetería. Pide su café, “En taza grande y muy cargado, por favor”. Se lo han servido y lo toma con deleite, con fruición, como si fuera el último de su vida, y probablemente lo sea. Aquellos pensamientos lúgubres la han distraído nuevamente del contacto con la realidad. Cuando alza la vista a los relojes, se da cuenta de que falta escasamente un minuto para la salida anunciada. Corre frenética. No ha pagado el café. El camarero está todavía casi dormido. Cuando se ha dado cuenta, no ha tenido más remedio que encogerse de hombros y despotricar contra su mala suerte. Ha pensado que lo mejor es suponer que acaba de invitar a una chica guapa. Así que se hurga el bolsillo e introduce en la caja registradora la correspondiente cantidad. Mila se lanza escaleras abajo, apunto de caerlas rodando. Por suerte, el jefe de la estación la ha visto y le hace un ostensible gesto de que espera a que entre en el vagón, lo que ella agradece. Antes de subir, Mila, ve cómo dos palomas asustadas emprenden un vuelo agitado hacia el horizonte. Dentro, ya sentada, se dispone a viajar. Le esperan unas cuantas horas hasta que llegue a su ciudad. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Del principio del viaje no puede dar cuenta, pues el animal que ocupa su ánimo, se despereza de su sueño intranquilo nada más salir el tren de la estación, al tomar la primera curva a la izquierda, y se dedica a empujarle, a acorralarle hacia los más terribles de sus recuerdos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;Continuará&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-5434339231820208908?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/5434339231820208908/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=5434339231820208908&amp;isPopup=true' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/5434339231820208908'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/5434339231820208908'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/03/fin-de-trayecto-epilogo-capitulo-68.html' title='Fin de trayecto. Epílogo. Capítulo 68'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-6073090787607659646</id><published>2011-03-10T00:01:00.008+01:00</published><updated>2011-03-10T08:12:31.415+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Epílogo. Capítulo 67</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: purple;"&gt;Zurea&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;, sobre el rosado andén desierto, un palomo azulino con el buche agigantado, globo cubierto de plumas tornasoles, que quizá corteje a la oscura paloma negra que se hace la ausente, o la interesante, justo antes de que el jefe de estación, tras comprobar que la joven rubia haya subido al tren, alce su bandera roja y sople con energía el silbato de sonido penetrante y un tanto desagradable, mientras piensa que, a pesar de la hora, ya hace bastante calor y que será un día de los de verano, de los de verdad, de aquellos en los que hasta los grillos sudan. Acaso le haga gracia su ocurrencia y vuelva sonriendo hacia el cuarto, donde le espera un reconfortante café. Es temprano. El convoy casi seguro que lleve pocos viajeros. A mitad del recorrido, como cada día, tal vez se nutra con alguno más. Un tren&amp;nbsp;amplio, cómodo, bastante puntual, a pesar de la sensación de senectud que da verle arrancar con tanto chirrido y tanto ruido, como de aire condensado que se escapa. Eficaz, en una palabra.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;El primer rayo del sol acaricia los lomos metálicos del ferrocarril. Si se viera desde lo alto, parecería una gargantilla de plata con incrustaciones doradas y turquesas que producen hermosos reflejos irisados. Cuando llegue a la primera curva hacia la izquierda, alguien puede que escuche la eterna voz femenina de la estación de Chamartín: “Tren regional, con destino Euritmia, efectuando su salida por vía número 6…”&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;El encargado de la megafonía se ha despistado unos instantes. No todo va a ser perfecto, siempre.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Después de las duras y destructivas últimas semanas, Mila viaja&amp;nbsp;con cara de fatiga y sufrimiento: marcadas ojeras pardas, oscuras; exangües labios resecos, agrietados; profundas arrugas en la frente ceñuda; impávida faz cérea y demacrada; cristalinas señales del llanto reciente y copioso... Su rostro es el agotamiento y la tristeza, la desesperación y la melancolía, concretados, encarnados, encerrados en un hermoso óvalo, casi marmóreo. Pero más que físico, el suyo es un desfallecimiento que nace desde muy adentro, desde muy hondo, desde lo más profundo de sí misma. Puede que sea hastío psicológico. Aunque un observador perspicaz habría deducido más; habría pensado que es inanición anímica. A pesar de las evidentes muestras de tal estado, nadie de los otros cuatro viajeros del vagón se interesa por ella. Quizá aquel desinterés no sea tal, sino mera apariencia. Tal vez el hombre maduro, que no deja de escrutarla, acaso la madre de familia inquisitiva, se hubieran acercado hasta ella, para asegurarse de que su faz solo presenta tan preocupante aspecto por alguna clase de malestar pasajero: cierto mareo, una noche sin dormir, una mala digestión, las típicas molestias mensuales de una mujer…; en fin, huellas evidentes que su rostro trasluce. (Como se ve, los dos pasajeros señalados puede que no sean observadores perspicaces, además, quizá tengan problemas propios: un negocio en dificultades debido a un mal empleado, un nieto enfermo, nada definitivo, es verdad, pero lo suficiente para no se ponga toda la atención en una joven y delgada desconocida que entra en el vagón del tren, justo en los instantes previos a su partida. De los otros dos viajeros, mejor que no se hable. Están juntos. Se aman con miradas de caramelo. Un círculo de invisible diamante les aísla del mundo. Quizá sean felices. Ellos sí). Pero aquella mirada lejana, perdida, extraviada bastante más lejos que la línea quebrada y añil del horizonte, se torna un muro infranqueable para cualquier persona. Es más, si alguien, el caballero maduro y escrutador, o la inquisitiva madre de familia, intentara preguntarle algo, lo que fuere, Mila no les hubiera contestado; no por descortesía, o por dejadez, o por inhibición, ni siquiera por timidez, sino porque su cerebro no habría registrado aquellos sonidos..., quizá unos minutos más tarde. Es posible, que tampoco sea consciente de los contundentes estímulos que recibe, unos kilómetros más adelante, a través de sus enrojecidos ojos, en el momento en el que el tren serpea por una ladera ondulada y ocre. Quizá no vea, o no se da cuenta de que ve, el hermoso paisaje que unos meses atrás la embargara: serenas montañas azules que se yerguen sobre la tierra como campeones de alguna lucha gigantesca, todavía plenamente veraniegas lejanas al agostamiento y al otoño, que aún no se intuye; acaso no vea las majestuosas águilas flotar en el cielo azul, buscando la primera presa del día, un infeliz conejo, algún ratón campestre, que alimente a su polluelo; ni vea el sol saludando con sus mejores caricias rosadas al amanecer... Pero tampoco escucha las conversaciones que a su alrededor se producen. No es que no lo vea, o no lo oiga, sino que, la verdadera y decisiva cuestión, en esos precisos instantes, es que todo aquello no debiera de existir. Su mente, en rebelión contra todo, le hace pensar que la realidad entera es una burla macabra al dolor que durante un año ha ido royendo implacable su corazón, hasta vaciarlo. Por tanto, quizá, sólo vea y escuche a su propio interior, y aún esto con dificultad, pues el tono gris marengo de su memoria puede que le ofrezca muchos problemas para percibir algo distinto de sombras, bultos, masas informes y oscuros. Está lloviendo allá dentro, aunque levemente. Si el orvallo tornara chaparrón (cosa frecuente), aquella lluvia traspasaría nuevamente las riberas protectoras de los ojos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Acaso recuerde, como en las últimas semanas ha hecho, “ostinato” eterno, sin fin, los últimos meses en aquel Madrid, en aquel monstruo que la ha fagocitado y la ha triturado para siempre. El recorrido de tales recuerdos siempre es el mismo, aunque, para ella, siempre sea novedoso, y para un espectador, angustioso. En el amanecer de hoy, la ruleta negra de su memoria probablemente haya decidido acecharla desde el final. “¿No habría más puticlubs en todo Madrid?” Aquel interrogante quizá demore varios minutos, alrededor de las circunvoluciones cerebrales desgastadas, corroídas. Habrá que imaginarse a un espectador contemplando absorto una obra de arte, por ejemplo &lt;em&gt;Las Meninas&lt;/em&gt;, para entender el estado de postración dolorida en el que entra. Descompone la pregunta en palabras, sílabas, fonemas. Se la repite, le hace variaciones, cual compositor experto. Desde aquella aciaga madrugada de mayo, nada tiene ya el más mínimo sentido, quizá no exista ni siquiera la posibilidad del olvido. Pero junto a la des&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;trucción definitiva que ha supuesto para ella, sí había tenido tiempo, antes de que la dentellada del monstruo fuera definitiva y destruyera el último atisbo de su persona, de ser consciente de que aquello no podía quedar de ese modo. Ella murió aquella madrugada. Pero su cuerpo, lo que los demás consideran lo importante por visible, palpable, mensurable en definitiva, antes de dejar de respirar, de latir y de pensar, debe hacer algo definitivo. No es justo que ellos continúen disfrutando de la vida, mientras ella camina, ya muerta. Su alma desciende, se apaga, desaparece casi, entre el fango negro, una masa informe y viscosa que crece y la ahoga un poco más cada día. Como el adagio para cuerda de Samuel Barber, donde las amargas lágrimas y el intenso dolor de los violines hacen sufrir tanto, y cada vez más, a los violonchelos que estos piden misericordia, acaso divina, para que cese tanta angustia con que se vive, y no les importa que tal misericordia sea la muerte. Sabe que su final será trágico, ya no hay otra posibilidad, pero no se conforma con que sea el suyo simplemente. Durante demasiado tiempo ha anidado el odio en su interior, como para que ese sentimiento no tenga su ocasión en estos instantes. La primera pregunta nunca se resuelve, pues la respuesta, aunque la tenga, probablemente no la acepte: su fama como prostituta de lujo ha llegado, truculenta casualidad, fatal destino, a oídos de su lascivo hermano. La ausencia de respuesta es lo que le lleva, inmediatamente, a retroceder otro paso. (Esta mañana la noria del dolor ha empezado a girar de adelante atrás). La tumba de Enrique en el cementerio de la Almudena. Aquella tumba, aquel nicho de brillante granito, fría, solitaria abandonada, donde el cuerpo de su amado, se descompone atrozmente. La visión dentro del nicho, donde mariposas y gusanos nocturnos devoran cada uno de los miembros adorados de Enrique, puede que le produzca náuseas físicas, aunque sea una visión tan recurrente y continua como la de su hermano borracho poseyéndola, o la del propio Enrique (y avanza otro paso hacia atrás) destrozado en el interior de su BMW manipulado por Ricky, sin duda. Y, casi sobreponiéndose, la sonrisa de Ricky, monstruo&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;sa, que apesta a ginebra, y que le cuenta miles de veces el suceso. Y quizá caiga por otra sima: si ella no le hubiera querido a él, a Enrique, él, Enrique, estaría vivo, y la hubiera podido defender de Marc. Y, tal vez, recuerde, ya las lágrimas a la altura de la garganta, aquel atardecer en Granada, viendo el sol a través de las pupilas de miel de Enrique. Pero, de pronto, acaso otra vez Ricky, abra su boca en una risa estridente y ensordecedora, que la empuje a meterse la coca a cualquier hora, en cualquier situación. Al llegar a este momento en el que la cocaína puede que ocupe sus recuerdos, quizá cierta calma anide en sus ojos. Es como si, en verdad, acabara de aspirar el polvo blanco y los efectos narcóticos, y levemente oníricos de la droga, llegaran hasta el mismo centro de cada una de sus neuronas. Así, durante unos minutos, logra que su cerebro sólo vea un paisaje de neblina blanca y deseada, sobre todo por lo que alivia. Al cabo de aquellos minutos, que a ella se le antojan breves segundos, su cerebro es ocupado, por Madelaine, por el rostro de Madelaine echándose sobre el suyo. Puede que sienta con verdadero asco y repugnancia, que la lengua gordezuela y húmeda penetra por su boca. Y siente las manos de ella, siempre frías, en sus jóvenes pechos, cuyos pezones, muy a su pesar, se yerguen ante aquel contacto físico y aquella diferencia de temperatura. Nunca puede evitarlo. Se queda quieta, extática, suspensa, a la espera de que Madelaine hable, y siempre lo hace. “No pongas nervioso a Ricky. Su protección es la garantía para la tranquilidad de nuestro negocio. Y para la tuya también.”, concluye con una sonrisa de serpiente. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Esa frase es otra llave, para que otro martillo contundente golpee en sus neuronas. En cada una al mismo tiempo, por lo que, en realidad, son millones de martillazos potentes chocando violentamente contra ella. Acaso, sea la imagen de un Madrid gelatinoso y pardo que la agobia y se le queda incrustado por debajo de la piel. Madrid tenso y denso de tráfico, de ruidos, de gentes que siempre caminan deprisa, como si siempre llegaran tarde a todos los sitios. Madrid, monstruo impersonal, pero real, como sus hermosos atardeceres desde la catedral de la Almudena, que la ha colocado exactamente en el borde del precipicio, junto a la fétida cloaca. Y ella siente que no puede mantener el equilibrio. Quizá, en vez de mirar de frente, mire hacia abajo, y ese sea el instante en el que empiece la caída. Una caída larga y veloz, demasiado larga y demasiado veloz. Ella sabe que se estrellará y allí abajo, en la última hora, y quedarán desparramadas todas sus entrañas. Pasa justo ante unos salientes a los que se puede agarrar. De hecho, quizá lo haya intentado. Sin embargo, una mano peluda, con trazas de garra, cercena aquel saliente, que sale disparado hacia el abismo por delante de ella. Y en tales instantes, invariablemente, como un murciélago de muerte, eterno devorador de sangre de jóvenes vírgenes, aparece en el fondo de su recuerdo enlutado, endrino, la figura de Joaquín. Con él quizá tenga una doble sensación, una doble historia. Al principio, lo odia, porque le ha dejado a las puertas de la selva de cristal y cemento. Las palabras de la carta de despedida que le escribiera en la pensión a las puertas de Madrid, se repiten, pero sobre todo la frase: “estoy acojonado”. Y esas palabras puede que sean, curiosamente, un bálsamo para ella, pues allí descubre la verdad desnuda y frágil de Joaquín, su vulnerabilidad a pesar de todo lo que aparenta. Y entonces, indefectiblemente, el odio se troca añoranza de su fuerte cuerpo flexible. Al llegar a este punto la tormenta de su ánimo ha tomado proporciones cósmicas, y ningún recipiente de su interior maltrecho puede contener el exceso de lluvia, así que quizá comience un llanto silencioso, callado, pero constante y desolador para cualquiera que lo viera. Pero tal es la concentración de su rostro, tal la ausencia de su mente, que nadie, o casi nadie, se atrevería a interrumpir el devenir de aquellas lágrimas. (Y menos el caballero escrutador y la inquisitiva madre, aunque habría de decir mejor, la inquisitiva abuela. De los otros dos pasajeros, mejor no que no se hable). Su salobre sabor, el de las lágrimas, no es percibido por Mila hasta muchos minutos después. Entonces, sin llegar a retornar al presente, sí es capaz de que su llanto cese. Vuelve a dar otro paso hacia atrás en su eterno viaje circular. Añora el amor casto, casi infantil, en Euritmia. Y en su particular recuerdo, casi seguro que vuelva a detenerse en aquel jardín euritmitense en el que Joaquín acaso le bese por vez primera, y ella, bajo los efectos del primer estremecimiento producido por el amor, sienta que todo el cosmos baila de felicidad a su alrededor mientras aplaude feliz. Por unos momentos, su pálido rostro sonríe. Sin embargo para cualquier espectador, y el escrutador caballero con problemas en su empresa probablemente lo sea, para su desgracia, es más angustiosa aquella sonrisa. Es una sonrisa desencajada, desmadejada, deforme, y, si se puede decir, cruel y triste, a la vez. Una desgarrada sonrisa cubierta de lágrimas. Una sonrisa, que quizá invite a pensar en la demencia, aunque este pensamiento no sea muy piadoso por parte de un caballero. Mas son breves instantes. Pues, otra vez, por las destrozadas circunvalaciones sinuosas de su cerebro saturado por su propio fracaso, la imagen de su hermano Pedro, de su padre, de su abuelo, de su hermano Marc, y de su madre, se superponen una tras otra creando una imagen de horror rematada por los gritos y las constantes increpaciones. Mil gritos le llenan el interior de su cabeza, ¿o de su corazón?. “¡No lo hagas, Mila!” “¡No te dejo!” “¡No puedes salir esta noche!” “¿Qué dirán los condes del Fresno de Oro, si se enteras de que tienes novio?” “¿No te importa lo que me puedan decir los vecinos?” “¡Hasta que no tengas trabajo y ganes tu sueldo, no harás lo que quieras, aunque tengas cincuenta años!” “Seguro que te has acostado con él, como si fueras una cualquiera”. Y, la mayoría de las veces, esta frase, que resuena como un eco fantasmal en la voz de su abuelo, misteriosamente quizá enlace con la primera pregunta. “¿No habría más puticlubs en todo Madrid?”&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Puede que transcurran de este modo horas y horas, pues la duración de los episodios no es siempre la misma. Unas veces, algún recuerdo concreto la atenaza por más minutos, mientras otros pasan como una exhalación. Otras veces quizá ocurra lo contrario. Pero en ningún caso, por más que duren los recuerdos, cambia de postura: el cuerpo hierático, rígido, con los brazos en ángulo recto sobre las piernas, también flexionadas. Parece una estatua de reina sedente, con leve aire egipcio o mesopotámico. Y cuando llega al momento en el que los gritos de su madre atruenan en su cabeza, puede que ocurra que cualquier circunstancia la lleve a la realidad. O bien, si eso no sucede, puede que ocurra que, misteriosos mecanismos desconocidos, la regresen, por el orden inverso, nueva e inexorablemente al principio de todo el proceso. Como si estuviera metida en una cruel rueca eternamente maldita, en infinito giro sobre sí misma.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;Continuará&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-6073090787607659646?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/6073090787607659646/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=6073090787607659646&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/6073090787607659646'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/6073090787607659646'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/03/fin-de-trayecto-epilogo-capitulo-67.html' title='Fin de trayecto. Epílogo. Capítulo 67'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-8506378238348233421</id><published>2011-03-08T00:01:00.008+01:00</published><updated>2011-03-08T00:01:03.165+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Parte sexta. Capítulo 66</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: purple;"&gt;Después &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;de escalar aquella ventana abierta, mejor dicho, aquel ventanuco, no sin ciertas dificultades, el penetrante olor a muerte, se me hizo casi palpable. El aire estaba cubierto por el dulzón perfume de la sangre humana, reseca ya, debido, sin duda, al calor del día y a las horas que separaban entre la hora del homicidio y mi patético descubrimiento. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Únicamente faltaba en la atmósfera la lúgubre melodía de marcha fúnebre de la quinta sinfonía de Mähler, por ejemplo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Mi corazón latía descompasado. Había hecho demasiado ruido. Si había alguien vivo a mi alrededor, podría acusarme de allanamiento de morada con las agravantes de nocturnidad y escalo, al menos. O podía atacarme, que era peor. Esperaba que no me hubieran oído. Aunque empezaba a temer con certeza, como si me hubiera venido una premonición sólida, que los de allí dentro no podrían escuchar nada ya.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Me estiré, por fin. Respiré profundo. Procuré tranquilizarme. O, al menos, aminorar el ritmo alocado de los latidos de mi corazón. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;El ventanuco daba a una despensa. Lo supe por la mezcla de olores que me asaltaba: ajos, cebollas, frutas de temporada, fiambre colgado del techo. Mis ojos, tras la estancia en el jardín, estaban acostumbrados a la oscuridad y distinguían los contornos de los objetos. La pared de mi izquierda estaba distribuida en tres poyos levemente encalados. En el vasar superior quedaban grandes ollas, alguna de ellas de cobre, que habrían hecho las delicias de un anticuario amigo mío. En el anaquel central reposaban, ordenados por tamaños, platos y vasos, sin duda así dispuestos para su rápido uso ante cualquier eventualidad, aunque, a juzgar por el brillo que la breve luz de las estrellas producía en alguna intrincada y bella tela de araña, tal circunstancia hacía tiempo que no se producía. En la anaquelería inferior, guardados en distintos cajones de madera, estaban depositadas las verduras, hortalizas y frutas; en su extremo más próximo a la puerta aparecían los recipientes donde conservaban las especies y demás aditivos necesarios para la elaboración de la comida diaria. A mi derecha otra pared gemela de la anterior, aunque ésta repleta de cristalerías, leche, un queso en aceite, sin duda manchego, y conservas varias. Logré distinguir en aquel batiburrillo de formas y objetos un frasco repleto de&amp;nbsp;miel, y tentado estuve de probarla, pues su aspecto era inmejorable... &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;En fin, repuesto mi ritmo cardiaco, con tiento y cuidado, levanté la pequeña aldaba de la puertecilla de endeble madera y acabé en la cocina. Sólo me fijé que estaba vacía.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Atravesé su amplio espacio oblongo, y desemboqué en el pasillo. En este corredor angosto, que desembocaba a la derecha de la puerta de entrada en unas escaleras ascendentes, febrilmente adornado por cuadros que eran reproducciones miniadas de bodegones y marinas de pésimo gusto, mis ojos se encontraron con la primera impresión de la que aún hoy no me he recuperado. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Probablemente la verdadera razón que me impulsó a escribir estas líneas sea precisamente esa: exorcizar definitivamente de mis pesadillas la vomitiva sorpresa que recibí, un disparo para mi espíritu: un cuerpo retorcido en la posición más extravagante posible, que resultaría cómica de no ser tan trágica; era el cuerpo del pequeño de los hermanos, Pedro, me dijeron más tarde que se llamaba. Me quedé paralizado ante una visión como aquella.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;El crimen había sido ejecutado muy sencillamente, con un arma blanca extremadamente afilada, o eso me apareció a mí en aquel momento. El criminal le había atravesado la yugular y tras breves segundos (décimas de segundo, según el forense), probablemente sin poder gritar el último aliento de existencia, dejó su vida, casi fugaz como la de una mariposa de colores, en este valle de lágrimas. El cuerpo, como digo, había quedado arrojado en el suelo, con la cabeza girada casi totalmente y las piernas abiertas. Parecía un títere de feria, en una de esas posturas imposibles que hacen reír a los niños, y a los mayores. Ocupaba su cintura el umbral de la puerta que separaba un salón del pasillo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Pero en los ojos del chaval había quedado impresa la visión del terror más absoluto, del pánico más invencible. Creo que nunca jamás podré describir el horror de una forma que no incluya los ojos claros de Pedro paralizados por una visión que se situaba, siempre, detrás de mi espalda. Un repeluzno, un estremecimiento visceral me hizo girar la cabeza en un par de ocasiones. Era incapaz de dar un paso. Mi mirada iba de los ojos del chico, a su cuello, al reguero sanguinolento que lo cruzaba hasta las piernas y nuevamente a sus ojos que me hacían girar la cabeza.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;(Estuve tentado, durante una infinitesimal fracción de tiempo, de acercarme a sus pupilas e indagar en su fondo, por comprobar si es cierta esa tradición por la que se dice que en la mirada del muerto queda impresa la última visión de su vida, normalmente el rostro de su asesino. Sin embargo, la tradición secular de miedo y respeto ante la muerte pudo más que la leyenda.)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Tenía que moverme; al fin y al cabo, aunque resultara doloroso incluso pensarlo, no era más que un cadáver. Por un instante sopesé la posibilidad, no sé si con alivio o con miedo, de que quizá hubiera algún herido. Por fin algún escondido resorte empujó mis debilitadas piernas y pude dar el primer paso. En unos instantes moví el otro pie. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Procurando no tocar nada, ni siquiera rozarlo, pasé, a través de las escaleras de hermosas barandas, al piso superior, a la zona de los dormitorios. No quise entrar en el salón pues el silencio que allí había denotaba la ausencia de vida. En aquel instante, sentí vértigo, necesitaba imperiosamente encontrar a alguien vivo. Nada más llegar al pasillo superior, que desembocaba, a mi izquierda, en otras escaleras, que, supuse, descenderían hacia el salón por el lado contrario al que yo estuve, entré en la habitación que tenía enfrente. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Era una habitación juvenil, decorada con mucho póster de cantante moderno y héroes que ocupaban la mitología de los jóvenes de nuestra época. Allí me encontré con el cadáver de otro muchacho, el hijo mayor de aquella familia, según supe después, Marc. Éste, además de haber sido asesinado como su hermano, previamente había sido capado. Y sus genitales ocupaban la boca abierta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Todavía hoy, no sé como pude parar las náuseas que me produjeron esta visión. Ni a los pintores más truculentos del barroco, o del expresionismo, o del surrealismo, cuando plasmaban los peores sufrimientos del infierno y del sufrimiento humano se les hubiera ocurrido tal imagen. Yacía con una cara de dolor inenarrable, todavía conservaba los ojos abiertos y en ellos parecía como si se hubiera quedado grabado, también, el último fotograma de su corta vida. Si la mirada de Pedro era el resumen del pavor, la de Marc era el retrato del dolor, era el grito hecho mirada...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Aquello empezaba a tomar visos de crimen ritual. Por mi cabeza empezaron a peregrinar ideas sobre ciertas sectas, o sobre ciertas organizaciones. Pero no podía entender qué tenía que ver con cualquiera de esas posibilidades aquella familia, por lo demás tan tradicional y metódica, como he dicho.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;No sabía si continuar mi macabro paseo o llamar a la policía desde el teléfono que había vislumbrado en una esquina del pasillo, junto a la puerta de la entrada principal. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Por un lado, el miedo empezaba a tener consecuencias físicas: un sudor frío empapaba mi camisa. La vejiga me anunciaba que los riñones habían destilado más rápido de lo deseable. Los pulsos de mis muñecas no frenaban su impetuoso ritmo. La boca se me había secado hacía mucho rato, tenía la sensación de mascar un estropajo agrio. Pero, por otro lado, mi instinto de escritor de novelas detectivescas me empujó a seguir mi periplo por la macabra madrugada. Supuse, y supuse bien, que si a esas alturas no habían saltado sobre mí degollándome —que parecía el sistema preferido por el criminal—, era porque allí ya no estaba el asesino, por lo menos vivo... Además habían pasado muchas horas como para que permaneciera encerrado en aquel lugar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Después de revisar el resto de habitaciones de la parte superior, volví a bajar por la escalera que había subido. No sé por qué, no quise bajar por la otra, quizá, porque lo que había dejado a mis espaldas, no era peligroso para mi integridad. Era desolador, pero no peligroso, al fin y al cabo, se trataba de cadáveres. Es decir, mi subconsciente me hizo tomar medidas de precaución.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Así que volví a toparme con el cadáver de Pedro. Salté sobre él y crucé la puerta por la que se accedía al salón comedor. Era una estancia cuadrada con el balcón orientado al sur. Justamente el balcón del primer piso que se veía desde mi casa. Tal estancia estaba presidida por un lastimoso retrato, supuse que de algún lejano antepasado. —Luego alguien, acaso el comisario Gayano, me explicó que era un retrato que hicieron del abuelo cuando joven—. Lo único reseñable de la pintura eran los matices que el pintor obtuviera en su día de aquellos feroces ojos agrisados, lobunos. El centro de la sala estaba ocupado por una gran mesa negra, sólida, maciza que se adornaba por un par de pequeños búcaros azules en los extremos de un paño estrecho, blanco y almidonado ejecutado a ganchillo con cierto primor. Lo más destacable de la estancia, sin duda, era una alacena en la que reposaba una fina cristalería —de imitación de murano según pude comprobar unas horas después, sin duda regalo de la boda— rematada por unas puertas de vidrio ahora rotas, que había sido uno de los estruendos que alteró mi paz en la bochornosa tarde. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Todos los detalles del salón los reconocí con posterioridad. Nada más pasar por encima del cadáver de Pedro me topé con otro cadáver.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Allí, bajo sus anaqueles también cristalinos, estaba el cuerpo inane de la madre; sin duda el asesino había empleado mayor saña y odio en ella. Tenía las ropas hechas jirones que colgaban cubiertos de sangre. En muchas partes se distinguía su carne algo fláccida ya, cubierta por miles de heridas provenientes de la cristalería que se le había desplomado encima; completamente despeinada, algún que otro mechón, sin duda arrancado a cuajo, se distinguía entre los restos de sus ropas y en el propio entarimado que cubría el suelo; después de muerta —así informó el forense tras la autopsia—, con el mismo arma, que resultó ser un arma especial para tal acontecimiento, había rasgado la frente de la madre y con su propia sangre, aún brotando de la yugular seccionada, escribió la palabra PUTA, que yo ahora veía algo borrosa, pero perfectamente deletreable aún en sus contornos bermellones. Mis propios glóbulos, plaquetas, hematíes y demás células sanguíneas dejaron de correr por las venas y un ligero vahído me paralizó unos segundos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Tambaleándome como la hace un borracho, crucé el salón hacia una silla, para reposar mi mareo. Me di cuenta que lo tenían dividido en dos zonas. La que contemplaba desde la maciza silla estaba presidida por la televisión. Frente a ella una mesita de metacrilato ocupada por periódicos y revistas. También había una sencilla lámpara de pie, y adosada a la pared de enfrente de la televisión una estantería donde reposaba una enciclopedia universal y algunos libros, que, sin duda, desde hacía mucho tiempo no habían sido ojeados. Era aquella robusta estantería, precisamente la que dividía el salón, ayudada por un sofá que cerraba el espacio junto a mí.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Una vez repuesto, mis ojos se encontraron con tres cadáveres más: el del abuelo, y el del padre muertos, sin duda cada uno por un disparo que me sorprendió no haber escuchado por la tarde. Yacían el uno junto al otro, formando con sus cuerpos un reloj fúnebre que marcaba las tres de la tarde en el que la manecilla de las horas la formaba el padre, don Marcos, y el minutero, detenido ya para siempre, era el abuelo, don Cecilio; que miraba al techo, preguntando a una araña escondida el motivo de todo aquello.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;El tercer cadáver tenía la espalda apoyada en la pared, justo en el hueco que quedaba entre la estantería de los libros y la vidriera de la cristalería que ahora aplastaba a la madre de la familia. El cadáver correspondía al cuerpo de una joven mujer rubia a la cual no conocía. No podía suponer qué haría aquella mujer en la casa. Me lo preguntaba mientras me acercaba para poder verle la cara, cuando estuve frente a ella casi me desmayo definitivamente. Era la hija mayor, la que se había fugado el año anterior, vagamente la recordaba por las fotos de la prensa tras todo el suceso que ya he referido. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Lo cierto es que había adelgazado bastante y estaba muy demacrada. Tenía el vestido desabotonado en su parte superior y del que, supuse en otros momentos, hermosísimo pecho izquierdo, y que en esos instantes se me mostraba destrozado, pendía algo transparente que, sin duda, atravesaba la carne y llegaba hasta el corazón. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;En el breve aparador o cómoda, junto al que reposaba su cuerpo, encontré la nota que explicaba todas las preguntas que me estaba haciendo y que se agolpaban como un tumulto en el cerebro:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #073763; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;"Sr. Juez, no busque ningún otro culpable de este crimen que yo misma, Milagros de Andrés Sebastián, hija de Marcos y Milagros. He cometido este crimen y mi posterior suicidio con frialdad, con premeditación de casi un mes y alevosía. Esperando evitarles trabajos innecesarios, las causas por las que he acabado con mi familia y conmigo misma se encuentran en un cuaderno diario manuscrito por mí que figura junto al bolso que he dejado encima de la mesa de la cocina. &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #073763; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Me despido para siempre de este mundo a dónde nunca debí llegar,&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #073763; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Mila, la Venus"&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Deposité la nota donde la encontré. Antes de coger un supletorio del teléfono de la entrada, que estaba allí mismo, en la estantería, me tropecé con una pistola con el silenciador instalado... &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;De pronto, el miedo me abandonó. Fue sustituido por el vacío y por la sorpresa. Por una honda interrogante. Solo tenía ya impaciencia por conocer más detalles. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;De todos modos, la atmósfera de la casa cada vez era más pestilente. Sin duda las bacterias y hongos bien alimentadas por el calor del día habían comenzado su trabajo. Había que darse prisa. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Noté, aliviado, cómo la saliva volvía a empapar mi lengua, el sudor dejó de brotar, mi corazón volvió a cierto ritmo de normalidad. No había peligro. Si acaso una vaga tristeza acariciaba mi alma.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Me dirigí hacia el teléfono, pero, una vez más la curiosidad pudo más que otra cosa y con extremo cuidado volví hacia la cocina. Ya sin precaución, no había motivos, encendí la luz. Era una cocina oblonga, blanca, limpia. Sobre la mesa, efectivamente, descansaba un bolso y a su lado, abierto el cuaderno al que Mila hacía referencia en su nota. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Dudé una vez más. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Serían las tres y media o cuatro menos cuarto de la madrugada. No tenía sueño. Tampoco había ninguna prisa en detener a nadie, o eso supuse...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Obviamente me decidí por su lectura. Total una hora más o menos, qué más daba. No había ninguna posibilidad de que el asesino huyera, por lo que la policía podía esperar. Era la única oportunidad de enterarme de las razones de lo sucedido. Si no lo hacía, sin duda que la policía y el juez no me dejarían hacerlo. Y, al fin y al cabo, un escritor, además de palabras, necesita historias.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Por fin, a eso de las seis menos cuarto de la madrugada, un poco más tarde de lo previsto, llamé a la policía, que ante mi breve relato telefónico, me tomó por loco. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Una vez en la casa se mostró espantada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;Continuará&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-8506378238348233421?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/8506378238348233421/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=8506378238348233421&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/8506378238348233421'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/8506378238348233421'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/03/fin-de-trayecto-parte-sexta-capitulo-66.html' title='Fin de trayecto. Parte sexta. Capítulo 66'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-8232881523635049554</id><published>2011-03-05T00:01:00.010+01:00</published><updated>2011-03-05T00:01:04.611+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Parte sexta. Capítulo 65</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;span style="color: purple;"&gt;&lt;em&gt;U&lt;/em&gt;&lt;em&gt;n murmullo&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt; agitado y horrorizado alteró la calma chicha de la noche, mejor dicho de la madrugada. Como si hubiera estallado repentinamente una tormenta desmesurada. El silencio fue un recuerdo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color: black; font-size: large;"&gt;Los vecinos se habían asomado al oír el sonido de las sirenas de los coches de la policía y de las ambulancias, que acudían al escenario de tan horrendo acontecimiento vespertino, las primeras, tras mi llamada desde la propia casa, las segundas supongo que alertadas por la policía, pues a mí no se me ocurrió tal cosa. Es uno de esos fallos que se tienen habitualmente, y que a uno deberían desacreditarlo como representante de los humanos. Alguno de los vecinos, más curioso —o más insomne—, bajó hasta el asfalto al comprobar, atónito, que los vehículos se detenían allí mismo. La calle tomó el aspecto febril y acelerado, típico en los casos en los que las sirenas azules y ámbares se hacen dueñas del espacio, y del tiempo. La oscuridad de la noche daba a aquella calle normalmente callada el aspecto de una pesadilla.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black; font-size: large;"&gt;Se llegó al histerismo de más de una vecina, cuando,&amp;nbsp; unas horas más tarde, llegaron más ambulancias, algún coche de la prensa, y cuando los primeros escandalosos focos&amp;nbsp;de la televisión local comenzaron a convertir aquello en un inmenso escenario de película, trágica, por supuesto, de película de Hollywood, por supuesto. Las malas noticias corren muy rápido, excesivamente rápido, me decía a mí mismo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color: black; font-size: large;"&gt;Supongo que la prensa tenía buenos contactos con la policía. Parte de su presupuesto iría a nutrir la cartera de algún poli que informaba cautelosamente y a tiempo. El caso es que aquel jardín hasta entonces apenas rumoroso, y prácticamente vacío, se había convertido en el escenario de investigaciones policiales y en un plató televisivo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black; font-size: large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color: black; font-size: large;"&gt;El comisario Gayano, encargado del asunto, como comisario&amp;nbsp;de Euritmia, me pidió muy amablemente que me quedara por allí, y que no saliera, por lo menos hasta que el Juez diera la orden de levantar los cadáveres y me interrogara. Concluyó con un suspiro que indicaba cansancio y cierto fastidio.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color: black; font-size: large;"&gt;—Aunque la cosa está clarísima. Pero son formalidades rutinarias que se han de cumplir.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color: black; font-size: large;"&gt;Asentí a pesar de mi agotamiento, y del nerviosismo que me habían producido todas aquellas escenas. Era mejor permanecer en aquel nicho que olía a muerte y a sangre (un olor pestilente y desagradablemente dulzón, que, al mismo tiempo, imantaba), que no empezar con mil y una declaraciones a aquellos periodistas que, ávidos, esperaban noticias. Los destellos de las cámaras de los reporteros vestían más de plata la madrugada. Sólo retratarían camillas cubiertas por sábanas blancas. Pero era suficiente... El resto lo haría alguna foto de archivo, quizá, y sobre todo, la imaginación del lector. Lo importante eran los titulares. Que irían en primera plana, sin duda. No todos los días se comete un asesinato múltiple en la adormecida Euritmia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color: black; font-size: large;"&gt;Eran casi las seis de la madrugada. Pronto amanecería. O al menos eso me pareció entender del canto del mirlo negro, seguramente ubicado en la cima del ciprés.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #073763;"&gt;Continuará...&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-8232881523635049554?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/8232881523635049554/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=8232881523635049554&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/8232881523635049554'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/8232881523635049554'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/03/fin-de-trayecto-parte-sexta-capitulo-65.html' title='Fin de trayecto. Parte sexta. Capítulo 65'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-9141403838412965336</id><published>2011-03-03T00:01:00.008+01:00</published><updated>2011-03-03T00:01:01.729+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Parte sexta. Capítulo 64</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: purple;"&gt;La siesta&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; había sido reparadora y había cumplido con su misión. Mi cerebro se había oxigenado con suficiencia y se encontraba dispuesto a dar las instrucciones precisas para que las ideas brotaran con facilidad, hasta plasmarse en el papel blanco. Me encontraba más repleto de sensaciones que nunca... &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Había hallado, como si fuera la veta de un hermoso tesoro, el hilo conductor de la novela... ¡Por fin, tras casi cuatro meses de arduos y estériles trabajos, tras arrojar mil intentos por la papelera!. Sabía lo que quería narrar, y lo que es más complicado, sabía cómo la habría de decir. Desde el principio, tenía pergeñados en pequeños cuadernos de notas distintos argumentos. Tenía previstas, a grandes rasgos, secuencias sacadas de allá y acullá donde los personajes iban dando forma a una trama más o menos detectivesca ambientada en pleno siglo dieciocho...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Eso, precisamente, había sido lo más arduo: buscar información acerca de las costumbres cotidianas de aquella época como el tipo de ropa, alimentación, medios de transporte, monedas, valor del dinero, y todas esas pequeñas piezas del rompecabezas diario de 1780, pongamos por caso. Una vez que lo tuve ordenado con un método casi científico, comencé a elaborar el argumento. Pero había algo, por así decir, disonante, había algo que distorsionaba la historia, algo que chirriaba en su construcción, que, por otra parte, en sus rasgos más gruesos ya estaba trazada... Pues bien, aquella noche di con el quid de la cuestión: una escena de sexo en casa de la protagonista giraría la historia hacia donde era necesario que tomara el rumbo. Una escena que serviría para unir a los antagonistas desconocidos y llenar de tensión los sucesos posteriores. “¿Cómo no se me habrá ocurrido antes?”, me pregunté. Y como poseído por un espíritu indomable me lancé a la labor.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;A partir de esos precisos instantes, todo lo demás que pudiera acontecer a mi alrededor era puramente accesorio, casi inservible. Nada me importaba, ni siquiera el tiempo que transcurría. Las teclas de la máquina de escribir iban rápidas, los renglones crecían a ojos vistas, música de Mozart ambientaba mi madrugada, como no podía ser de otro modo, por ser coherente con la época en la que discurría la historia que me traía entre manos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Debían ser las tres, o tres y cuarto de la madrugada, cuando, por fin, levanté la cabeza del papel. Estiré los músculos, como un&amp;nbsp;felino cansado de permanecer al acecho de alguna hipotética presa, y encendí el enésimo cigarrillo de la madrugada. Pensé, “Debo de dejar de fumar. Esto no puede ser bueno, y menos a estas horas”. Sin embargo, al sacudir la cabeza, sacudí nuevamente la idea, que tantas veces como ha osado regresar, ha sido expulsada, probablemente porque soy un inconsciente. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Me había levantado de la siesta a eso de las ocho. Después me di una reparadora ducha abundante y fresca. Y luego una frugal cena de queso y fruta que distrajera al estómago y nutriera a las neuronas. Llevaba desde las nueve y media de la noche, más o menos, es decir, casi seis horas de trabajo constante, sin apenas interrupciones, un buen montón de folios se apilaban ordenados a la derecha de la máquina para dar fe de todo ello... También un agarrotamiento muscular en el cuello y la espalda que comenzaba a resentirse peligrosamente, daban prueba de la labor. Había sido buena aquella noche...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Mientras me frotaba con energía el dolorido cuello buscando una más rápida irrigación sanguínea de aquella zona, me levanté de la silla y fui a por un vaso de agua. Recuerdo que fue el primero que tomé en todo el día, a pesar de las desérticas temperaturas que soportábamos. Seguramente la prensa anunciaría cualquier día que había sido uno de los veranos más calurosos del siglo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Sentía húmedas, casi mojadas, cada una de las articulaciones que había tenido dobladas. El sudor me encharcaba los pantalones de deporte, única prenda con la que me vestía. Al regresar de beber el agua, y tras refrescarme cara, cuello, brazos y cabeza, me encontraba más despejado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Antes de sentarme nuevamente ante la máquina, pensé concluir aquel cigarro saliendo al balcón, para&amp;nbsp;disfrutar del silencio que me embargaba y que había sido, junto con el sueño de la siesta, el gran aliado para conseguir que mi fecundidad literaria aumentara en esas horas. Mientras, decidía si me preparaba un café bien cargado, o concluía la escena que me traía entre manos y me acostaba. Es decir, me estaba planteando con toda conciencia prolongar el trabajo una hora más, como mucho, o en su defecto seguir otras tres o cuatro horas. Ardua decisión, por cuanto a pesar de la siesta, el sueño me vencía, y sentía que la cabeza se me embotaba por momentos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;A aquellas intempestivas horas, ni el ronroneo lejano del tráfico urbano llegaba a mis oídos, todo lo más, alguna moto de pequeña cilindrada reventaba el límite de decibelios permitidos en la correspondiente —e incumplida— ordenanza municipal. Sólo oía la aguda monotonía de los grillos, que parecían no cansarse en ningún momento, y algún breve chillido de los murciélagos, que continuaban su actividad fagocitadora a aquellas horas de plena ma-drugada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Al poco, cuando mis tímpanos se habían acostumbrado a aquella sucesión de sonidos, me percaté, también, como por la tarde, con una mezcla de sorpresa y de satisfacción, de la alegre conversación que tenían las gotas de agua que caían en la fuente del jardín de san Emilio. Tal era el silencio de la madrugada, que las risas de la fuente me salpicaban: espíritus de niñas jugando a la comba y cantando para dar ritmo a sus saltos, en esas infinitas horas nocturnales.., como años antes lo hicieran en cuerpo y alma...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;En ese momento, en que ya visualizaba, casi con claridad de fotograma cinematográfico, el final del capítulo en el fondo de mi cerebro, y que había decidido acostarme en cuanto lo acabara, otra vez, el ruido de cristales rotos horadó el aire. Procedía, desde luego, del edificio de enfrente, donde continuaban apagadas las luces.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Recordé los ruidos de la hora de la siesta y me sobresalté definitivamente. Un imán me impedía moverme del balcón. Acodado en la barandilla de negro hierro forjado, escudriñaba, vislumbraba, escrutaba, o, al menos, lo intentaba cualquier posible movimiento que se produjera. Mi mente, sobreexcitada, sin duda, por el propio devenir de los acontecimientos literarios que narraba, esperaba cualquier sorpresa digna de las mejores novelas de suspense...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Indagué en el edificio. Algo me llamó la atención, mi cerebro se detuvo, accionando al unísono las normales señales de alarma hacia el resto de mi organismo, aunque estas señales fueron difusas al principio y mal interpretadas. Fue como una leve cerilla que me alertó. Primero me sorprendió que las luces, todas, continuara apagadas pues tenían la costumbre, al menos durante el periodo vacacional, de apagarlas muy tarde, casi tan tarde como yo mismo. Pero más me sorprendió que la luz que encendían de la puerta de entrada no estuviera prendida.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Quizá la bronca de la tarde había contribuido a que ahora todo estuviera apagado. Pero mi cerebro, perfectamente despierto, mandó otro aviso, éste completamente definitivo, claro y nítido para los sentidos. Caí en la cuenta de que las persianas seguían echadas, como si fuera la hora de la siesta, lo cual sí que era de todo punto impensable. No podía recordar con precisión si en la época estival dormían con las ventanas abiertas o cerradas, pero, con toda seguridad, las persianas estaban levantadas desde que anochecía, al menos. De hecho, incluso en invierno, tenían las persianas de ese modo durante todo el día. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Salvo que se hubieran ido todos. ¿Cuándo? &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;No, aquello no cuadraba. Es cierto que durante el día no me dedico a controlar a mis vecinos, de los que no me atrae nada en especial, pero por las noches, más que nada porque su casa está frente a la mía, sé de algunos de sus movimientos. Además, después del jaleo de la tarde, nada había oído. No es que fuera imposible, sobre todo teniendo en cuanta la siesta de tres horas, pero parecía extraño que se hubieran ido todos y no haberme dado cuenta. ¿Y el ruido de los cristales que acababa de cruzar la calle y había cruzado mis oídos?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Dudé.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Por fin me animé. Me puse una camiseta, también oscura como el pantalón, unas zapatillas deportivas. Me aventuré a la solitaria calle. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Tampoco se trataba de un riesgo muy evidente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Tras cruzar la calzada, entré en el aromático jardín, la cancela estaba abierta. Ya tuve la certeza que de allí no había salido nadie, en todo caso, habían entrado. Si se hubieran marchado, sin duda que habrían cerrado la cancela. Un efluvio especial y desagradable, recordándome el trágico olor de la muerte, invadió mis sentidos. Un escalofrío casi acerbo me recorrió de parte a parte. Era un aviso de algo que había captado la parte oculta que todos tenemos. No sabía qué podía ser, pero, al menos, tuvo la virtud de ponerme en alerta. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Sin duda, pensé en esos instantes, estaba demasiado influido por lo que estaba escribiendo. Demasiados fantasmas afloraban por mi cabeza desde recónditos e ignotos desvanes de mi mente. Cuando contemplé la encalada fachada, lo primero que me vino a la mente fue compararla con un cementerio, cubierto de un infinito llanto silencioso. Lo segundo fue comprobar que pedía a voces un buen lavado de cara.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Sentí miedo. Incluso pensé darme la vuelta y volver a mi casa y acostarme. Pensé que aquellos podían ser los primeros síntomas de una locura incipiente. Debía descansar urgentemente. Sin embargo, una fuerza interna, diría que de carácter irracional, me impulsó a ro-dear el jardín, para dirigirme a la parte trasera del edificio, al que acababa de comparar con un mausoleo gigante.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Pero antes de iniciar las maniobras propias para ello, realicé unos enérgicos movimientos que desentumecieran mi cuerpo y preparan mis músculos, demasiados laxos, para cualquier imprevista actividad física.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Ni el ruido de un susurro al rozar los arbustos del jardín se escuchaba. Ni el eco de los pétalos dorados de las traviesas mariposas nocturnas acariciaba mis oídos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Tenía la convicción de que continuaban en la casa puesto que en todo el día se habían movido de aquel sitio. Estaba seguro, había oído ruidos completamente fuera de lo normal, y, de pronto, el silencio más absoluto, solo interrumpido por los gritos y el estruendo de la cristalería. Después nada, justo hasta que en la madrugada, más cristales rotos, muy pocos en este caso, volvieron a llamar ni atención.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;La abierta cancela del jardín era otra prueba más, la prueba evidente, al menos para mí.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Y para llenarme de argumentos repasé mentalmente las pocas cosas que yo sabía que los vecinos hacían con regularidad. Alguna de ellas tan perennes como la de bajar las persianas durante el tiempo de la siesta y subirlas cuando anochece. Y me inquietaron varias cosas. Me inquietó, en esos instantes, el que los chicos no hubieran salido con sus amigos. Me inquietó, en esos momentos, que el abuelo y el padre no salieran a tomar el café de la tarde al bar de la esquina —otra de las costumbres más arraigadas de la familia—. Normalmente abandonaban el hogar hacia las horas en las que se había producido el estruendo. Me inquietó no haber visto al abuelo en su diario rito de regar el jardín justo en el ocaso de la tarde, para entonces yo ya estaba despierto... Me inquietó, estremecedor, entonces, el extraño aroma que me traía la casi inexistente brisa, esa mezcla, acaso brevemente repugnante, de rosas marchitas y muerte.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Ahora que escribo estas líneas, sin embargo, me doy cuenta que aquellas inquietudes mías, eran completamente infundadas por cuanto la mayoría de los días no era consciente de las idas y venidas de los vecinos. Simplemente me explico aquellas sospechas porque las estrellas parecían contarme algún secreto al oído moviendo los labios suavemente. En realidad sólo tenía dos evidencias: las persianas permanecían bajadas; la cancela abierta. Ambas contradictorias, salvo grave acontecimiento—.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;No sabía qué hacer, dudaba: entrar ¿Y si simplemente se habían ido todos de la casa? Pero, ¿cuándo? ¿Y la verja del jardín abierta? Dudaba: ¿Llamar a la policía? ¿Qué les diría: que sospechaba algo pues la casa de enfrente a la mía se encontraba excesivamente cerrada y se habían odio fuertes gritos y ruidos por la tarde, que se habían repetido por la noche?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Opté por recorrer el edificio por si notaba algo nuevo. Una ventana abierta en uno de los costados de la casa. Precisamente una que daba al jardín.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;De allí sólo salía oscuridad y silencio.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;Continuará&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-9141403838412965336?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/9141403838412965336/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=9141403838412965336&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/9141403838412965336'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/9141403838412965336'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/03/fin-de-trayecto-parte-sexta-capitulo-64.html' title='Fin de trayecto. Parte sexta. Capítulo 64'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-4731517729938663533</id><published>2011-03-01T00:01:00.008+01:00</published><updated>2011-03-01T00:01:01.055+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Parte sexta. Capítulo 63</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;span style="color: purple;"&gt;&lt;em&gt;Además&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; del monótono y arrullador concierto de mil grillos y mil chicharras, lo único que se escuchaba en la calle era el tableteo arrítmico, a borbotones, de mi vieja máquina de escribir. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Por suerte para mí, por los alrededores no debía de haber nadie que fuera insomne, pues es justo reconocer que mis costumbres de escritura, más bien noctívagas, fundamentalmente en el estío, podrían llegar a ser insoportables, sobre todo por personas que tuvieran dificultad en conciliar el sueño. Pero hasta el día de la fecha ningún vecino me ha dicho nada. A lo mejor exagero, y el sonido de una máquina de escribir tampoco es tan potente como para molestar al otro lado de la calle o unas cuantos metros de fachada más abajo. Y menos mal que vivo solo, pues no sirvo para la convivencia, aunque eso es otra historia que no viene al caso.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Es inexplicable, también para mí, que a finales, casi, de siglo, un escritor no se decida por un ordenador con algún programa de tratamiento de textos, por sencillo y simple que sea. Mi cerebro, mi sistema de razonamiento, para ser justo en los términos, es lo suficientemente lógico y está lo suficientemente formado como para entender las ventajas indudables que tiene tal avance científico y tecnológico para un profesional de la palabra. Se puede ir escribiendo alrededor de lo escrito, sin que sea ilegible, cosa imposible en un manuscrito, salvo que se llene de notas a pie de página, flechas, asteriscos y otras estratagemas que al final lo que implican es tener que volver a repetir la página. Según me han dicho, se pueden trasladar párrafos enteros de una página a otra mediante sencillos mecanismos. En fin, cientos de posibilidades para un escritor. Pero un cierto terror atávico a las máquinas me impide aceptarlo como aliado en la labor supuestamente creativa. Es más, siempre he sentido que, ante un ordenador, nunca me ha llegado la inspiración. Ante un ordenador, encuentro un obstáculo y no un vehículo que me pueda servir. Mejor dicho, encuentro alguien que me impondrá sus pautas, como si este instrumento tuviera cierta suerte de personalidad propia, que fuera capaz de dirigirme. En muchas ocasiones, incluso, he elegido el bolígrafo frente al teclado, porque me parecía que las ideas fluían más directamente, como si el bolígrafo, o la máquina de escribir, fueran mejores conductores de mis ideas, que no la suavidad, potencia y limpieza de un ordenador. Llegué a pensar que el bolígrafo formaba parte de mi anatomía... O, si no exactamente eso, al menos que era una extensión de ella. Si en alguna ocasión escribo poesía, es absolutamente imposible que lo haga teniendo el dispositivo de un teclado delante, ni siquiera el de la primera máquina de escribir que se inventó.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;...Manías...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;La noche en Euritmia era infinita y de ventanas abiertas, de densas vaharadas y de ausencia de brisas, de negro y monocorde, de enlutado y machacón concierto de grillos y cigarras, de agobio y de bochorno, de sudor pegajoso y asfixia constante. Era una de esas noches estivales en las que la brisa se ha retirado a sus cuarteles de invierno, derrotada por el calor del día, que permanecía entre nosotros patrullando su victoria sobre la eterna enemiga, efímera, desde luego, pero victoria al fin y al cabo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Yo, que soy hombre de tierra adentro, no entendía, ni entiendo, casi nada de la vida en el mar, pero en noches como aquella intuía lo que significaba lo de la calma chicha. Para una embarcación de vela podía ser mortal. Aquellos días interminables en la zona de las Azores, donde el anticiclón se instala, debían ser angustiosos en la época en que sólo se navegaba a vela.... Ni el más mínimo rehílo en las verdes y sedientas hojas de los árboles. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;La breve calle, compuesta de muy pocos edificios a ambos lados, estaba envuelta en penumbra, en una media luz anaranjada, como de chimenea inverniza, que difuminaba los objetos apenas a quince metros. (O por lo menos así me pasaba a mí, que tengo una agudeza visual bastante lastimosa, por no decir nula). De vez en cuando, el ladrido lejano de algún can se elevaba sobre el runrún distante y difuso, indefinido, y quizá neutro, pero omnipresente, del tráfico de un par de calles más abajo. Ni siquiera aquel ladrido era contestado por otros, como la mayoría de las veces pasaba... Sólo era perenne el roce de los élitros de los grillos que castigaba, o distraía, o arrullaba, según.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Aquella era —es pues todavía vivo en ella—, una pequeña vía, extendida hacia el sudoeste de Euritmia, sin comercios, sin bares, sin locales, sin talleres de reparación, en fin sin nada que no fueran viviendas, y tampoco muchas, una docena, quizá; era como un apéndice sin sentido, y algo siniestro, a aquellas horas, dentro de la urbe que se extendía con un cierto ritmo de vida, con un cierto rebullir repleto de pálpitos vitales. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;La brevedad, la ausencia de cualquier otro elemento urbano distinto de las casas, tenía sus ventajas y para mi labor (supuestamente creadora), la más importante de todas era el silencio, casi perenne, que se introducía hasta el cerebro, regalándole la posibilidad de concentrarse en lo que la voluntad estimara en cada caso.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Nada podría haber más consolador y más rentable para este trabajo, que sentirme arropado simplemente por el aire, o, como mucho, por el aleteo callado de mil y una mariposas en primavera. Por eso, en cuanto que descubrí la posibilidad de alquilarme en un piso de esta calle, no lo dudé ni un instante. Es verdad que perdía buena parte de la belleza un tanto decadente de Euritmia, que perdía la contemplación de las cambiantes puestas de sol y sus reflejos en los pináculos de sus múltiples iglesias. Es verdad que perdía la observación de los euritmitenses moviéndose a impulsos, más bien lentos, por el centro de la ciudad. Pero todo ello se podía perdonar, e incluso sustituir de algún modo, por las ventajas de esta casa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Aquella noche, sin embargo, todas aquellas ventajas se convirtieron en problemas y se volvieron, como un bumerán del destino, contra mí. Aquella noche, mi espíritu quedó marcado y magullado por todo lo que tuvo que soportar. Las visiones que me depararon las circunstancias han sido determinantes para que ahora me decida a recor-darlo, y fijarlo por escrito... No sé si debería, o quizá tuviera que permanecer en silencio, más que nada por no desvelar los secretos de los que tanto sufrieron, pero los recuerdos que me despiertan cada noche, como si fueran bofetadas en las retinas del sueño, me invitan a ello. Quizá debiera un respeto. Pero han sido muchos años de silencio. Es más, creo que la propia sociedad de Euritmia ya ha olvidado tan horrible suceso, y no creo justo que todo eso caiga en el olvido, o como mucho, figure en los archivos enterrados por el polvo del tiempo de algún juzgado. Y, además, intuyo que la única forma de liberación para el espíritu es que salga de dentro de mí. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;Continuará&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-4731517729938663533?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/4731517729938663533/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=4731517729938663533&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/4731517729938663533'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/4731517729938663533'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/03/fin-de-trayecto-parte-sexta-capitulo-63.html' title='Fin de trayecto. Parte sexta. Capítulo 63'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-8084342298615633361</id><published>2011-02-26T00:01:00.008+01:00</published><updated>2011-02-26T00:01:01.969+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Parte sexta. Capítulo 62</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;span style="color: purple;"&gt;&lt;em&gt;El único&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; problema que habían tenido, había sido el año anterior —como he dicho—, cuando la hija mayor se vio envuelta en un turbio asunto. O eso pareció al principio, pero pronto se aclaró la cosa y transcurrido apenas un par de meses no se volvió a oír nada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;De hecho, parece ser que la hija no volvió por la casa, y nada más. Mi falta de relación con ellos, me impidió seguir más personalmente&amp;nbsp;el asunto, sobre todo, cuando se olvidó por la prensa. Aquel problema, que fue la comidilla de Euritmia durante un par de semanas, pronto se enfrió. Supongo que salvo ellos, y los más allegados, nadie recuerda tal suceso, si no es vagamente.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Yo lo recuerdo mejor porque me sorprendió que tal cosa sucediera en la pequeña Euritmia y nada menos que a mis vecinos, por lo que seguí la noticia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Había anidado en aquel entonces por mi cabeza la idea de preparar un volumen de narraciones breves, y barajé la noticia como posible fuente de inspiración de alguna de ellas. Le llegué a poner título. Intenté, además, obtener información además de la de la prensa sin levantar sospechas y sin que nadie me pudiera llamar la atención, para ello aproveché que tenía un observatorio espectacular. Contemplaba todas las idas y venidas de gentes a la casa, con simplemente permanecer en el balcón. —Policías, amigos, periodistas, conocidos, más periodistas, representantes de múltiples asociaciones en defensa del menor, curiosos, más periodistas. La calle parecía el escenario de una romería—.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;El asunto comenzó con una denuncia de la familia en la que se hablaba de una especie de secuestro del novio de la chica, lo que conmocionó a la población. Hubo debates sobre el asunto en la prensa, en la radio, en la televisión. Sesudos moralistas hablaban de la perversión juvenil de esta época. Infatigables y combativas feministas llegaron a sostener que la raíz de aquel secuestro estaba en la educación sexista y machista que se recibe en las escuelas desde tiempo inmemorial. Sociólogos formados en la erudición de tertulias radiofónicas, sostenían que la violencia que se escapaba de la televisión provocaba en los jóvenes procesos de identificación con ciertos tipos de héroes. Todo lo que se decía, o se escribía sobre tal noticia me interesaba. Como digo, la noticia trascendió los límites de nuestra ciudad y se llegó a publicar en diarios de tirada nacional. La verdad que en pleno agosto, con el país entero de vacaciones, solo pendiente de las olimpiadas de Seúl, reunía las condiciones idóneas para ser una bomba informativa. Pero en muy pocos días se desmontó todo el tinglado, pues apareció el antiguo novio, más que asustado, que explicó lo sucedido.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Lo cierto y paradójico de la pronta resolución del caso, la provocaron quienes más estaban interesados en que se prolongara en el tiempo, me refiero a la prensa. Pero el tratamiento que dieron al hecho en los diarios nacionales asustó al chico y le hizo volver a Euritmia con el rabo entre las piernas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Realmente había sido una escapada en la que se lo debieron de pasar muy bien. Según lo que él dijo, el engañado fue él mismo, que no conocía en profundidad ciertos problemas familiares que tenía su novia. Incluso, creo que un par de días más tarde, apareció una amiga de la chavala, que, por cierto, odiaba al chico —lo que daba mayor credibilidad a sus palabras—, para confirmar todo lo dicho por él. Parece ser que las declaraciones de él fueron completas, aportó muchas pruebas —facturas de hostales, de restaurantes—, incluso varios testigos de estos establecimientos confirmaron que aquello podría ser cualquier cosa, menos secuestro. Se daba a entender que la hija de mis vecinos, estaba muy a gusto en la compañía de aquel joven. En definitiva, se confirmaron por la Policía y la Guardia Civil, punto por punto, las afirmaciones del sospechoso principal, que obviamente quedó libre y sin acusación.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;A pesar de la minoría de edad de ella, parecía claro que todo se había fraguado en su cabeza. Por lo que resultó, al final, que la niña había engañado a todo el mundo para poder irse de casa a vivir una vida más libre. Parece ser, por lo que contó la amiga —pues en este punto no quiso entrar su novio—, mi excvecina se sentía muy tiranizada en el ambiente familiar, sobre todo por su madre y su abuelo, y que desde hacía algunos meses la situación se había agudizado hasta situaciones verdaderamente insoportables. Con aquellas declaraciones elevadas a la categoría de verdad absoluta por la oficialidad —policía y juez—, los sesudos analistas locales, abanderados de cierta moral conservadora y recalcitrante, las infatigables luchadoras feministas, y los aprendices de sociólogos, tuvieron que permanecer callados durante algún tiempo, pues habían quedado muy mal en sus juicios apresurados. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;La familia, o sea&amp;nbsp;mis vecinos, quedaron en peor lugar aún, pues pasaron, de ser compadecidos por la ciudad, víctimas de una situación que ellos no habían causado, víctimas de una sociedad insana y complicada para ser vivida, a ser tomados como impostores, y ser la comidilla de cualquiera, sobre todo, de ese mismo grupo al que querían representar, pues por mantener cierto honor familiar fueron capaces de mentir públicamente, y ya se sabe lo que ello implica en una sociedad cerrada, casi encapsulada, enquistada, como la de Euritmia. Habría que haber escuchado a ciertas señoras en ciertas peluquerías, o en la compra. Personas, que, a la vez, conocían de muy buena tinta todo lo que había sucedido pues eran íntimas de la madre de la criatura. Como digo, el asunto se enfrió. Había muchos intereses coincidentes para ello: el de la policía para poder trabajar mejor e intentar localizar a la fugada, que al fin y al cabo era menor de edad, el de la familia para que su posición se volviera a situar en su lugar, el de el novio que quería olvidarse del tema, el de la prensa que ya no tenía material para titulares, al menos morbosos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Tras los breves segundos que duró el estruendo, volvió la quietud, inundada por la tensión. Por vez primera, a pesar de los años transcurridos desde que habité en aquella calle, y a pesar de todo lo que acabo de escribir, estudié con cierto detalle aquel edificio. También, como el que yo habitaba, era de dos plantas. Con la diferencia de que yo sólo habitaba el segundo piso, la primera planta estaba alquilada normalmente a estudiantes, por lo que aquella tarde del veintiuno de julio se encontraba vacía. La fachada quedaba simétricamente dividida por los balcones que ocupaban su centro, uno en cada piso, flanqueados ambos por ventanas de ocres persianas echadas. (El de la estancia superior había sido convertido en pequeño mirador de blanca marquetería, con lo que dotaba al conjunto de un aire coqueto y de evidentes apariencias pequeño burguesas). La gran puerta, inserta en un magnífico arco de medio punto construido en grandes y dorados mampuestos de piedra caliza, coronados por una dovela en la que se había labrado un escudo, me parecía lo más destacable de la casa: dos hojas de madera de nogal talladas amorosamente que representaban una batalla, supuestamente medieval, rematada por ribetes como repu-jados en oro y plata en los laterales y en la parte superior. El resto de la fachada estaba encalado lo que confería al edificio un contraste muy especial, como si siempre estuviera en dos luces. Sin embargo, en algunos puntos, le era imposible ocultar el paso del tiempo que erosionaba las paredes sin que la ajustada economía familiar, pudiera atajar todo el daño. Por lo que se observaba, bastante tenían con lo general, con un mantenimiento, digamos, de mínimos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Permanecí, al menos, otros veinte minutos, contemplando la calle vacía, el jardín umbrío y recoleto del que nacía el relajante sonido de la fuente, la silueta ocre de Euritmia elevada sobre la roca y alzando sus torres como dedos que quisieran acariciar el cielo, las cigüeñas blancas y negras esperando a que la tarde cayera; en fin, vagando con pensamientos peregrinos, y también vagando en melancólicos recuerdos que entraban punzantes en lo más íntimo del corazón... &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Después de concluir mi copa, y de fumarme otro cigarrillo, decidí que estaba pasando demasiado calor sin ningún sentido. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;De allí no volvió a salir ningún grito. No se oyó ningún otro ruido. Todo permaneció quieto. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Sentí que el sopor volvía, así que volví a mi cuarto. Cerré cuidadosamente el balcón. Y me dispuse a concluir aquello que aquel alarido casi inhumano había interrumpido. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Me dispuse a disfrutar de una enorme siesta, que tenía doble misión: recuperar mi ánimo de aquellas enfermizas melancolías, y preparar mi cabeza desgastada para una noche de trabajo que debía ser intensa y productiva.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;Continuará&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-8084342298615633361?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/8084342298615633361/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=8084342298615633361&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/8084342298615633361'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/8084342298615633361'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/02/fin-de-trayecto-parte-sexta-capitulo-62.html' title='Fin de trayecto. Parte sexta. Capítulo 62'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-7702589923442300892</id><published>2011-02-24T00:01:00.006+01:00</published><updated>2011-02-24T00:01:04.675+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Parte sexta. Capítulo 61</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;span style="color: purple;"&gt;&lt;em&gt;El calor&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; pesado abrumaba la tarde.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Las teclas de la máquina de escribir se&amp;nbsp;adherían a mis dedos humedecidos, empapados, por un sudor permanente y muy molesto. Tarde de&amp;nbsp;losas horizontales, invisibles, que hacían imposible incorporar el ánimo. En la calle, el silencio se hacía como el calor: pegajoso, glutinoso, acaso también sepulcral: cementerio presentido o adivinado o intuido, más bien temido: ni los pájaros trinaban su monótona canción; ni un cansino ladrido de perro, remoto aún; ni el deslizar perezoso de los coches; ni el sonido&amp;nbsp;íntimo de los cubiertos al ser colocados en su correspondiente lugar, tras la sobremesa familiar; ni el eco de los sueños de la siesta gozosa de los niños: anhelos de ríos de leche tibia; nada; quizá una&amp;nbsp;chicharra solitaria a lo lejos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;El mundo, el habitual bullebulle que lo conforma y moldea, parecía desaparecer aplastado en una nube de sol cuyo fulgor de fuego lo convertía todo en quietud, en mudez, en asfixia, en parálisis. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Definitivamente Euritmia había entrado en trance, o en estado catatónico lo que podía ser infinitamente más grave. No había otra explicación posible a aquel silencio de flores marchitas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Tal sensación de agobio me angustiaba, oprimía mi garganta como si fuera un grillete invisible, pero irrompible. Por momentos sentía que me aferraba con sus misteriosas manos de dedos inapelables; sentía que en cualquier instante podía faltarme hasta el aire para respirar... Imposible que me concentrara en mi labor supuestamente literaria, o, al menos, creativa. Una vez más, aquella novela debía esperar mejor ocasión. No era el momento, ni yo me encontraba mínimamente inspirado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Tras un suspiro hastiado, que quería expulsar todo la impotencia que me invadía, dejé de teclear frases inconexas, deshilvanadas, carentes de cualquier emoción o lirismo, sin&amp;nbsp;las caricias emitidas desde los&amp;nbsp;pétalos de las entrañas...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Sospeché que&amp;nbsp;era el único euritmitense enfrascado en algo más complicado que respirar. Tal idea me satisfizo, por lo que con tranquilidad de conciencia, me rendí, y decidí unirme al resto en su presentida inactividad. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;¿Por qué luchar contra los elementos?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Me arrojé sobre el camastro (No tenía otro nombre aquel amasijo de sábanas, supuestamente blancas, que permanecían embarulladas, convertidas en un gurruño, desde hacía un par de días, o tres, apenas extendidas ligeramente sobre el colchón sin airear...Mis dotes como amo de casa son nulas, sobre todo cuando me encuentro en situación de trabajo febril como en aquellos días del estío de mil novecientos ochenta y nueve). Al menos, dormitaría un poco mientras el calor&amp;nbsp;se dejaba caer sobre la faz calcinada de la tierra, tal que una plaga&amp;nbsp;en el mismo centro de la corte del malvado Faraón. (Suena un poco exagerado, pero así lo sentí aquella tarde de julio de mil novecientos ochenta y nueve).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Quizá hubieran transcurrido diez minutos tendido sobre el lecho. Mi mente había iniciado un lento e inexorable camino de pendiente descenso hacia la modorra, sin quedar del todo desconectada del mundo, cuando un grito agudo, o sobreagudo, si es que se admite este término, consiguió el prodigio, el milagro, de levantarme y, tras veloz y algo trompicada carrera hacia el salón, con algún peligro para mi integridad, abrí el balcón a pesar del implacable fuego que emanaba del asfalto euritmitano, muy cerca de derretirse. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Fue un grito repleto de trágicos matices, desagradables sorpresas y pánico acuciante; un alarido despavorido, breve, pero que encerraba en sí mismo toda la angustia del mundo, o quizá cada pesadilla de la historia. Un grito que contagiaba el miedo cerval al mal en su máxima expresión. Un grito que provocaba, sin duda, pánico a cualquiera que lo hubiera oído, por lo menos a mí me lo produjo. Quizá hubiera sido el único que lo oyó. Un grito en el que, en fin, se reflejaba con sonidos penetrantes y afilados la angustia del que ha visto cara a cara a la muerte armada con su guadaña a la espalda... O al mismísimo diablo en la peor de sus figuras... Quién sabe si a ambos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;En la calle, sin embargo, no había cambiado nada, como comprobé de inmediato. Otra vez silencio, el mismo silencio; mejor dicho, a la ausencia de cualquier ruido, se le había añadido el matiz intangible, aunque perfectamente perceptible por alguno de los desconocidos sentidos que posee el ser humano, de la ansiedad y de la angustia: como si con aquel grito no hubiera concluido todo, como si hubiera quedado suspendido en el aire algo más, la continuación, como un alcotán revestido de&amp;nbsp;miedo, como si el acontecimiento no concluyera en ese grito.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Es más, como si aquel grito sólo fuera el primer acto de una obra con más instantes, probablemente trágicos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Permanecí, por tanto, asomado al balcón, a la espera de los sonidos que completaran la escena. Todo, hasta yo mismo, había quedado a la expectativa. Mientras, miré embobado la calle vacía, las persianas de los edificios bajadas, los árboles mudos, el cielo limpio como una&amp;nbsp;vajilla de porcelana azul recién fregada y lustrada. Agradecí que la fachada de mi casa estuviera orientada al norte, al menos a aquellas horas me libraba del sol, aunque no de sus efectos... Pasaron los minutos, tediosos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Todo seguía exactamente igual.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Me entretuve contemplando lo&amp;nbsp;que podía ver del resto de Euritmia desde aquel balcón. Unas cuantas espadañas negras de las torres románicas, mudéjares, de la ciudad, las almenas de un par de&amp;nbsp;torreones ocres construidos en el Renacimiento&amp;nbsp;que indicaban a los que las vieran, en cualquier época de la historia, la importancia, poderío e influencia de las familias a las que pertenecieron, y la cúpula de la catedral impresionante en su sencillez y en su contundencia. En fin, el contorno de una ciudad de procedencia netamente medieval, construida sobre una colina escarpada e inexpugnable, de una ciudad con abolengo, de una ciudad que probablemente se moriría orgullosa y ahíta de contemplar su propia belleza y la grandeza de su&amp;nbsp;historia, sin darse cuenta de que aquella belleza y aquella grandeza fueron fruto de momentos en los que la iniciativa era moneda de cambio habitual. Sin embargo, la iniciativa se había sustituido por la contemplación.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;También observé, durante unos minutos, las&amp;nbsp;siluetas estilizadas de las cigüeñas que reposaban sobre los extremos de los pináculos catedralicios, o esperaban a que pasaran las horas de mayor bochorno para volver a volar. Seguro que la mayoría de ellas estaban tomando sus lecciones de vuelo. Se acercaba Santiago, sin embargo las zancudas no tenían intención de dejarnos. Tenía la sensación de que las blancas aves cada vez nos dejaban más tarde y volvían antes, como si un lazo invisible les atara a las torres de Euritmia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Me entretuve, además, en la contemplación de la masa arbórea, densa, verdinegra, del jardín de san Emilio que se ubica en la calle paralela a la mía. Tal era la intensidad del silencio de la tarde, que desde el balcón abierto, se escuchaba leve, pero acariciador, el canto&amp;nbsp;rumoroso, casi como el susurro&amp;nbsp;del amante al amado, de la fuente que presidía su estructura central.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Me serví una copa de mi güisqui preferido, refrescado por unos&amp;nbsp;cuantos cubitos de hielo que extraje del congelador con deleite.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Volví al balcón convencido de que sucederían más cosas. Era imposible que aquello no fuera el preludio de algo más. La misma quietud que me desasosegaba se prolongaba incansable a lo largo de los minutos. Pensé que mi espíritu era lo único con cierta movilidad en aquella tarde. (¿Se habría producido alguna suerte de parálisis terráquea, que incluía a los seres vivos, y que por cualquier causa no me había cogido a mí? ¿Habría provocado el grito un ataque generalizado de tetraplejia?).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Cuando saboreaba con lenta&amp;nbsp;fruición un sorbo de la&amp;nbsp;bebida, y empezaba a olvidarme del asunto que me tenía asomado al balcón —el sabor del líquido, me trajo recuerdos de otros instantes más felices que aquél, instantes en los que compartía algo más que güisqui con alguien—, otro grito, casi exacto al primero por su intensidad y matices, pero con otro tono de voz, quizá una quinta más bajo, atravesó el aire calmo. Entre ambos alaridos pasaron diez o quince minutos, quizá fueron menos, no fui capaz de calcularlo con más exactitud, pues la modorra de la tarde y el triste recuerdo de aquella mujer, habían penetrado por ósmosis en mis neuronas que caminaban al ralentí, inundadas en&amp;nbsp;melancolía. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;¿Dónde había sido el grito? ¿De quién o de quiénes procedía? ¿Qué ocurría?...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Antes de que pudiera responderme, aun por aproximación, el inconfundible estruendo de cristalería rota y de gemidos ahogados y de golpes&amp;nbsp;amortiguados por la distancia, me permitió suponer que se trataba de una pelea procedente de la casa que se enfrentaba a la mía. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Debía ser una pelea en toda regla.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Algo que no cuadraba con la aparente educación con la que se comportaban mis vecinos de calle a los que únicamente conocía de verles entrar o salir en su casa. Nunca habíamos cruzado una palabra. Pero, no por eso, no tenía una opinión sobre ellos. Incluso información a causa de un suceso que les aconteció el año anterior. Al contrario, nunca les oí discutir, o tener un mal comportamiento. De hecho, alguna vez que el trabajo nocturno ha sido especialmente abundante, esas noches en las que el insomnio era la fuente de inspiración, y que, por tanto, el amanecer me cogía todavía tecleando a mi vieja máquina, había sido testigo de cómo la señora de la casa —alguien que en su juventud debió ser espectacular, sin ningún género de dudas— salía al balcón de arriba de su vivienda a despedir a su marido que se dirigía al trabajo. Daba igual la época del año. Cuando sucedía eso, tampoco una cantidad exagerada de veces, seré sincero, sabía que eran las siete y cuarto de la mañana y pensaba que debía acostarme inmediatamente, y no me ponía ni una sola excusa más, aunque estuviera en mitad de una frase crucial.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;Continurá...&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-7702589923442300892?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/7702589923442300892/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=7702589923442300892&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/7702589923442300892'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/7702589923442300892'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/02/fin-de-trayecto-parte-sexta-capitulo-61.html' title='Fin de trayecto. Parte sexta. Capítulo 61'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-3397018043794891335</id><published>2011-02-22T00:01:00.020+01:00</published><updated>2011-02-22T00:01:04.179+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 60</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Viernes, 9 de junio de 1989.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Doce de la mañana.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: purple;"&gt;Justo&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; a mi lado, está la pequeña pistola, con el silenciador, un artefacto de indudable connotación fálica, instalado. Creo que es un revólver. Es ligero, plateado, sin marcas. Con munición completa. Espero utilizar dos, quizá tres de sus balas, el resto sobra. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Cristóbal, o como se llame, apareció a las diez y diez. Por momentos dudé de su palabra. Pero al fin llegó. Traía la pistola envuelta de tal modo que parecía un regalo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Estaba desnuda en la cama, para que no hubiera dudas. Al verme, estuvo a punto de aullar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Si qué vas rápido, Elena García ¿No dices que tenemos toda la noche?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Afirmé con una sonrisa ladina. De todas maneras, se desnudó también. Daba pena verlo con sus años y haciendo lo que estaba haciendo. Visto a una luz más objetiva que la del club, Cristóbal era un hombre en franco camino de regresión. Me besó, me acarició…. Después de la primera vez, me explicó detalladamente cómo funcionaba el artefacto. Cuando hablaba de armas, cambiaba la mirada, incluso el tono de voz. Se notaba que le encantaban. Me fijé sobre todo en el sistema de seguro, y cómo había que apuntar para acertar. Lo demás no me interesaba. Me dejó cargado el tambor del revólver.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Listo para funcionar, pequeña.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Le sonreí, ronroneante.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—¿Y tú lo estás?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Dudó acerca de ello. Pero, no es por darme importancia, conseguí que funcionara. Él mismo quedó extasiado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Tendré que volver a casa. No puedo pasar la noche contigo, y bien que lo siento.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;No le respondí. También lo suponía, y además, no sabía cuánto se lo agradecía. Mientras se vestía, le pregunté con inocencia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;¿Mañana por la mañana vendrás a visitarme?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—A primera hora me escaparé. Le he dejado dicho al chico que hasta las once no iré mañana por la tienda. Que tengo que ir con mi mujer al médico. Más que nada, para que no llame a casa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Me guiñó un ojo, como diciendo la inteligencia y perspicacia que tenía. Lo hombre de mundo que estaba hecho. Eran más de las doce.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Entonces me dirás mañana el dinero que te doy.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Denegó con un gesto enérgico. Pero a mí no me interesaba que pueda pensar que le he pagado. Debería ser quien se sintiera en deuda.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Bueno, pues no me aceptes dinero por la pistola. Acéptame que te financie un par de polvos más en Jazmín. Si te decides a volver conmigo procuraré que sean cuatro, ya me entiendes.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Se quedó boquiabierto. No supo decir no. Era de lo que se trataba. Cincuenta mil pelas por la pistola, o sea cuatro polvos, más dos de anoche, más el de esta mañana. Estaría callado una temporada. Eso es lo que quería. Total para ir a la tumba me da lo mismo, abrirme unas cuantas veces más de piernas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Esta mañana ha venido temprano, a las ocho y media, como prometió. Pero por algo que no me quiso explicar estaba nervioso. Parece ser que con su mujer tuvo otra enganchada anoche, y ha dormido fatal.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Me da lo mismo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Ha cumplido su papel en esta historia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Yo sí he dormido fatal, y no el capullo de Cristóbalcomosellame. He tenido extrañas pesadillas. Cuando he despertado la almohada y yo estábamos empapadas de llanto. He tenido que llorar mucho, pero no me acuerdo de nada. Absolutamente de nada. Además de estar muerta, ¿qué me pasa diario?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: blue;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Viernes, nueve de junio de 1989.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Tarde.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;span style="color: purple;"&gt;&lt;em&gt;Ya tengo&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; escondida la pistola. Ojalá que haya suerte y no me la pillen. Quizá tenía que haber esperado alguna semana más. Aunque debo de calmarme. No creo que nadie vaya a hacer nada raro ahora.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Le he advertido a Cristóbal que no fuera por &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt; con mucha frecuencia, pues podía levantar sospechas. Me ha mirado un poco asustado. Quizá me haga caso. De todas maneras, el otro día no estuvieron ni Ricky ni Madelaine, con lo que será más difícil que aten cabos. Aunque todas las precauciones, me parecían pocas. Reme o Clara pueden actuar de chivatas, no lo sé.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Me da la impresión que Madelaine se ha ido de la lengua y las chicas, o alguna, ya sabe lo de mi hermano. Me miran raro. Sole que no tiene pelos en la lengua, me ha intentado calmar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—M’hija, al final son todos iguales, unos pendejos. Da igual que sean padres, o hermanos. Son una polla que tira del cerebro. Y si están borrachos, ya ni siquiera el cerebro. Mira, m’hija, me largué de casa porque mi papá se encaprichó de mí. Mamá, no podía hacer nada, pues cada vez que lo intentaba impedir se llevaba una paliza. De denunciar a la poli, olvídate, lo mismo me violaban ellos también. En mi país están así las cosas. Así que, en cuanto pude, me largué, pero todo se olvida, al final, qué más da una verga más o menos. No te crees mala sangre, chica.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Era una forma de verlo. De todos modos, para ella será más fácil. Yo me largué de casa enamorada, pero secuestrada. Me han matado a otro amor, me lo he hecho con mi hermano, estoy de alcohol hasta el culo, y la coca cada vez me hace más falta. Qué pretenden.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;¡Que se jodan!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Viernes, veintitrés de junio de 1989.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Tarde.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: purple;"&gt;El alfanje&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; transparente está a buen recaudo. Es una maravilla.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;No tengo más ganas de escribir. Esto se acaba. Se me acaba hasta el oxígeno. Dentro de veinte días cumplo dieciocho años. El jueves 20 de julio, para que no se note mucho, iré al banco para abrir una cuenta bancaria nueva a la que nutriré con buena parte de las pelas de la otra. Aunque se la tenga que mamar al empleado, pero como que me llamo Milagros, que me abren una cuenta a mi nombre, y traspaso las pelas de la otra a esta. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;El viernes veintiuno, con la cartilla, las pelas que tengo en la habitación, las llaves de casa, el alfanje y la pistola me largo de Madrid y me voy a Euritmia. Cojo el tren en Chamartín y se acabó la historia. Lo único que deseo es que el juez o la policía lean estas páginas, lo que va escrito en un año, y hagan lo que tengan que hacer. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Será el final de &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt;. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Lo siento por las chicas, sobre todo por Reme, pues tendrán problemas. Excepto Sole que se hace a cualquier situación, y no ha probado la coca, que yo sepa. Además, Supongo que sería capaz de llegar hasta el fin del mundo riéndose con su voz cantarina y montándoselo con cualquiera a cambio de dinero. Lo único positivo que me llevaré al otro barrio de este maldito &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt; será la risa estridente de Sole y sus dos buenas tetas bailando sobre mi cara.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Viernes, veintiuno de julio de 1989.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Final de la madrugada.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: purple;"&gt;Todo&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; está escrito. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Excepto mi última voluntad, que quiero que se cumpla, si legalmente es ello posible. Es la última voluntad de un preso condenado a muerte. Nada me queda por hacer en esta vida. Llevo preparada la nota para el juez. He guardado bien todas las cosas. La verdad es que no se nota nada en el bolso, es grande, aunque no escandaloso.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;No he dormido esta noche.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Es una sensación extraña la que se siente sabiendo que es tu última noche entre los vivos. No es agradable. La sensación de que en tus manos, definitivamente, está el último latido del corazón es terrible. No me asusta, pero me estremece. Me da vértigo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Espero tener agallas y no volverme atrás a última hora.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Algo extraño me ha ocurrido otra vez, pues, de pronto me doy cuenta que ha pasado más de una hora, y no me he enterado. Noto que he llorado, pero no me acuerdo de por qué. Noto un sudor frió por toda la espalda. Me escuecen los ojos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;No es la primera vez que me pasa esto en estas semanas. Bueno, total para el tiempo que me queda.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Me despido también de ti queriendo diario. Has sido mi verdadero confidente en este año. Has sido el único que has conocido todo mi avatar. Ahora, cuando te cierre y te guarde, quedarás como albacea de mi testamento. Y, espero, que como prueba de cargo para estos cabrones.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Quiero que quede escrito, y se cumpla: Quiero que se me entierre junto al nicho de D. Enrique Lozano Muñoz, enterrado en el cementerio de la Almudena de Madrid.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Que en el nicho, bajo mi nombre y la fecha de mi muerte, veintiuno de julio de mil novecientos ochenta y nueve, coloquen la siguiente inscripción:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;“A pesar del silencio de la infinita noche,&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;a pesar del frío de la oscuridad eterna,&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;a pesar de la ausencia de tu mirada dorada,&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;juro a todos que te quise y que te quiero.”&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Deseo que con el dinero que hay en mi cuenta, se pague al abogado que necesitará Soledad, Sole, una de mis compañeras en &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt;. Sólo a ella. Las demás sabrán qué han de hacer.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;También es mi voluntad que todos lo veintiuno de julio, durante los próximos dieciocho años, se diga una misa por el descanso de mi alma y la D. Enrique Lozano Muñoz en la iglesia de la Encarnación de Madrid, y que las monjas canten en ella.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Y por último, es mi voluntad, que con el dinero que reste, tras haber pagado todo lo dicho, y lo que legalmente haya que pagar a quien proceda, se haga una donación a la Casa Cuna de Euritmia. Como contraprestación, es mi último deseo que, al menos, una niña de ese Centro se llame Milagros y un niño Enrique.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;No puedo dar gracias a la vida, porque tengo poco que agradecerle, aunque sí pido perdón a los que haya hecho sufrir, sin motivo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Espero, por fin, que mañana veintidós de julio, al descubrir nuestros cadáveres, alguien tenga compasión de nosotros y eleve una oración por nuestro alma… &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Más que nada, por si Dios existiera.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;Continuará&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-3397018043794891335?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/3397018043794891335/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=3397018043794891335&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/3397018043794891335'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/3397018043794891335'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/02/fin-de-trayecto-parte-quinta-capitulo_22.html' title='Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 60'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-4997491964401912434</id><published>2011-02-19T00:01:00.008+01:00</published><updated>2011-02-19T00:01:02.572+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 59</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Jueves, ocho de junio de 1989.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Seis de la tarde.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;span style="color: #741b47;"&gt;&lt;em&gt;Esta&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; tarde, Cristóbal abrirá tarde su tienda. Con ello ya contaba, al menos yo, claro. No estaba mi camarero rubio, en su lugar había un señor más maduro, que obviamente no me conocía. Lo cual, por una parte me ha aliviado, pero ha dejado una nota de melancolía prendida de mi recuerdo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;No sé si la cafetería está cerca del establecimiento de Cristóbal, o está lo suficientemente alejada como para que pueda estar tranquilo. Ha sido puntual.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Me ha localizado pronto, no había mucha gente en la cafetería. Se ha sentado a mi lado. Se le notaba tenso, nervioso. Ojo avizor.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—No te preocupes—, le he dicho—. Tardaremos poco, y la cosa es muy sencilla. Verás, necesito durante un par días una pistola o un revólver con silenciador.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Me ha mirado con horror. Tal y como me imaginaba, claro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Pero niña, ¿qué cosas tienes?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Antes de actuar he mirado alrededor. Le he puesto una mano en la entrepierna.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Si es muy problemático que me la prestes. Yo te la compro. Nadie sabrá que ha salido de tu establecimiento. Digamos que te puedo pagar en dinero y en especie. Si quieres, claro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Sabía de ante mano que me iba a regalar la pistola. Lo que ocurre es que tenía que jugar su papel de dignidad. Era muy sencillo para él despistar un revólver de su establecimiento. Con ciertas precauciones, que ya tendría tomadas, y, con algo más de dinero, cualquiera podría conseguir un arma. Él mismo me lo había contado el día de la famosa borrachera. Por ello me dirigí a él.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Me lo pones muy difícil. No sé, ni tampoco quiero saber para que quieres el arma, pero imagínate que mi negocio aparece en algo, ¿cómo decirlo?, turbio.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Lo miré con cierta desfachatez. Aunque en milésimas de segundo cambié de actitud, y me comporté como si fuera una gata en celo que ronroneaba deseosa. Lo que siempre pone a tope a los hombres.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—No me fastidies, Cristóbal. Tú mismo me has contado que tienes cosas fuera de control de la poli, y que es prácticamente imposible que sepan de donde han salido… No te pido ninguna factura, ni que pongas el IVA. Quiero algo pequeño, pero seguro. Estoy amenazada por ciertas personas, tengo miedo y necesito sentirme protegida. ¿Entiendes? Madrid es peligroso, sobre todo a ciertas horas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Se ablandó. La explicación parecía lógica. Incluso a mí me lo pareció. Nunca se me había ocurrido, pero esa explicación podría convencer a cualquiera, supongo que hasta a Ricky.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Reflexionó unos segundos. Seguro que fingía. Le dejé hacer.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Creo que tengo algo. Sin identificación claro. Un poco antigua, pero en perfecto estado. Casi sin estrenar. Ten cuidado —me guiñó el ojo el muy capullo, dándome a entender que no se chupaba el dedo—, si le das a alguien en la cabeza lo dejas en el sitio. Es pequeña, pero su munición puede atravesar una buena masa compacta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—¿Y cuándo podré tenerla? No me interesa que en el club se sepa. ¿Me explico?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;No dijo nada, aunque noté cierta alarma en sus ojos. Quizá aquella precaución mía había sido innecesaria.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Casualmente la tengo disponible para cuando quieras.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—¿Te viene bien cuando cierres el negocio?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Asintió. Me di cuenta que el nerviosismo crecía. Le pedí que me dijera un hotel o una pensión de su confianza. Quería que viera que no era una encerrona. Me dio, más relajado, la dirección. Estaba cerca.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—A partir de las ocho o las ocho y media me hospedaré allí. Dejaré pagado el alojamiento hasta mañana por la tarde. Dejaré un sobre para ti en recepción diciéndote la habitación en la que estoy. Me tienes a tu disposición durante toda la noche y todo el día de mañana. Además de decirme las pelas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;El rubor ascendió por sus mejillas. Se despidió abrumado. Me dijo que por el dinero no me preocupara. Dijo que a eso de las diez estaría en la habitación. También añadió que no era necesaria la nota.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Sólo dime con que nombre te hospedarás. Soy de confianza.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Sonreí con inteligencia. Le dije que me hospedaría con el nombre de Elena García.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Se fue, creo que todavía más alterado de lo que entró.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;En fin saldré de la cafetería hacia ese hostal. Todo sea porque los planes avancen. Casi no queda nada. En mes y medio cumpliré los dieciocho. Sólo necesito esa edad, coger el dinero del banco, regresar a Euritmia, matar a los que me han matado. Y ya está. Se acabó la historia de Mila. Total, para lo que ha valido. Espero al menos que a estos dos mafiosos de pacotilla, se les caiga el pelo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Me da una pereza terrible tanto trabajo. Levantarme de la silla, pagar al camarero, ir hasta el hostal y esperar a que el viejo verde éste venga para que me folle un par de veces. Si es que puede, claro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;¿Y qué más me da? &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Como si quiere cinco o seis. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Los cadáveres no protestan, que se sepa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;Continuará...&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-4997491964401912434?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/4997491964401912434/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=4997491964401912434&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/4997491964401912434'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/4997491964401912434'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/02/fin-de-trayecto-parte-quinta-capitulo_19.html' title='Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 59'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-2236351224092969910</id><published>2011-02-17T00:01:00.003+01:00</published><updated>2011-02-17T00:01:03.469+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 58</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Lunes, cinco de junio de 1989.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Siete de la tarde.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;span style="color: purple;"&gt;&lt;em&gt;La pistola&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;, o el revólver, es otro problema. Gracias a Dios, al destino que últimamente parece la única explicación lógica, o al diablo, no sé muy bien, tengo un cliente bastante asiduo que se dedica a la venta de armas. Vamos, es un armero. Un día, en una borrachera gloriosa que cogimos los dos al unísono, me lo contó. Aquel día acababa de discutir muy seriamente con su mujer, y para desquitarse decidió gastarse un dineral conmigo. Un verdadero dineral.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Le estaba esperando desde hacía unos días, desde que me acordé de él.. Si no aparecía en diez días o así tenía pensado gestionar un permiso de armas. Aunque me diera problemas con Ricky.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Pero el destino, como digo, supongo, me echó otro capote. Vino anoche. Cuando apareció, le hice una seña y se acercó a mí. Para su sorpresa, agradable, me imagino, le estampé un gran beso en la boca. Captó el mensaje a la primera. Y sin más preámbulos, subimos a la habitación. Por suerte, en aquel momento no estaban ni Madelaine ni Ricky, además ya no tenía micros en la habitación. Desde que pedí la coca, me había rehabilitado a sus ojos, y el acostarme con mi hermano fue definitivo para ellos. Sabían que no tenía ya a dónde ir. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;En todo caso, preferí no arriesgar. Y no le dije casi nada, salvo preparar el terreno, hasta que no estábamos en plena faena. Cristóbal, así se llama, o se hace llamar, es bastante mayor para estas cosas, pero debe estar muy abandonado por su mujer, porque enseguida se le empina. Además se corre muy rápido. Fiada de la ausencia de Madelaine, mientras subía a la habitación, le susurré al oído.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Hoy, dos por uno, pero no se te ocurra decir nada a nadie, ni a tu sombra, o te la corto... Vamos, si quieres y puedes.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;No contestó, pero no hizo falta, tal y como le chispearon los ojos. Sonreí. Al hacerlo, él habló, mientras su mano fría recorría mi pezón derecho con descaro y dulzura.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Seguro que tramas algo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Por supuesto, las cosas no se hacen gratis. Aunque a ti no te va a costar nada. Casi nada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;A esas alturas ya estábamos en la habitación. Le puse una mano en mitad de los labios, y con la otra le metí mano en la entrepierna. Probablemente no hubiera hecho falta el primer gesto, pues con el segundo se le acabó la capacidad de hablar. Normalmente él se pone encima de mí, pero en aquella ocasión, para asegurarme más, no fueran a estar espiándome, me coloqué yo a horcajadas. En un momento determinado me tumbé sobre él y le susurré.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Cristóbal, me tienes que hacer un favor enorme.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Ya decía yo—, protestó él—. ¿Cuánto?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—¡Chist! No hables tan alto. No se trata de dinero, te lo juro. Te juro, además que no es una encerrona para ti. Mira, aquí no puedo hablar. Quedamos donde digas el jueves o el viernes y te lo cuento.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Hubo unos minutos de silencio. Que provoqué, sabiamente, con un largo beso. Había que ayudarle a pensar. Cuando pudo hablar me citó en una cafetería cercana a Nuevos Ministerios, el jueves a las cinco menos cuarto, para tomar café. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Pero muy breve—, dijo, mientras se corría.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Se me ocurrió una maldad, pero me la callé. Recé porque no estuviera Madelaine, y no viera lo aprisa que le retiraba el preservativo y lo arrojaba a la papelera envuelto en el correspondiente trozo de papel higiénico. El segundo preservativo lo había dejado preparado en la cama. Fue todo muy rápido, como supuse. Volví corriendo a la cama y me arrojé sobre él con una sonrisa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Lo prometido es deuda.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Efectivamente, querido diario, la cita es donde te imaginas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;Continurá&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-2236351224092969910?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/2236351224092969910/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=2236351224092969910&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/2236351224092969910'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/2236351224092969910'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/02/fin-de-trayecto-parte-quinta-capitulo_17.html' title='Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 58'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-5105017510309871887</id><published>2011-02-15T00:01:00.015+01:00</published><updated>2011-02-15T00:01:02.053+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 57</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Jueves, uno de junio de 1989.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Principio de la tarde.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;span style="color: purple;"&gt;&lt;em&gt;Cristal &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;de roca. Esa va a ser definitivamente la solución.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Esta mañana, me he dirigido a una joyería cercana. El resultado de la exploración ha sido positivo. El cristal de roca, según me han explicado, es una variedad traslúcida del cuarzo, que incluso puede rayar el acero. Parece ser que en una escala de dureza establecida para los minerales, o los metales, de eso no me he enterado muy bien, tiene el número siete. No sé qué quiere decir eso, pero así me lo han comentado, supongo que mucho. Se utiliza para instrumentos de precisión, ópticos, etc. Para ciertas joyas, para bisutería y para las lámparas. También se puede utilizar como adorno.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Me he ido satisfecha. Ahora me queda conseguir la pieza que estoy buscando.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Sé que parecen manías mías, pero lo último que haga en mi vida lo quiero hacer bien, aunque objetivamente sea un mal. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Esta tarde voy a buscarme otra joyería, a ver si encuentro lo que quiero.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Jueves, uno de junio de 1989.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Once y media de la noche.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: purple;"&gt;Imagino&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; que quien esté leyendo estas páginas ahora estará intrigado por lo que pueda suceder en los próximos días. De momento, avanzo. Esta tarde he encontrado una joyería que a la vez es taller. Me he alegrado, pues está relativamente cerca de la casa, pero lo suficientemente alejada como para que no me tengan localizada. Me he tenido que inventar una historia lo suficientemente creíble para no levantar sospechas. Así que antes de entrar en el local he entrado en un bar cercano. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Cada día me cuesta más trabajo pensar. A veces pierdo la conciencia del tiempo... Noto que sólo pienso con fluidez cuando pienso en mi plan.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Ellos, todos ellos lo han querido. Se lo han buscado. No sabían con quién se enfrentaban. Moriré, pero será matando.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Después de que lo tenía claro he vuelto al comercio.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Le he contado a una dependienta, que parecía la dueña, que en breves días mis padres celebrarían su aniversario de bodas, y que entre todos los hermanos, cuatro, habíamos tenido una ocurrencia. Regalarles una especie de espada pequeña, de daga, pero de cristal de roca con el mango de bronce o cobre o algo así. He concluido con toda la inocencia de que he sido capaz.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Verá es que mis padres, sobre todo mi madre, es una enamorada del cristal de roca. Dice que le recuerda la belleza del diamante, pero es más accesible y más maleable y más barato. Como el diamante de los humildes... Yo no sé si eso es verdad. Lo que ocurre es que en ningún sitio he encontrado nada parecido a lo que le pido, por lo que al ver que ustedes también son taller…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;La señora, de aspecto amable, me miraba detenidamente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—A ver si he entendido bien. Quieres una espadita, o una daga de cristal de roca.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Asentí en un suspiro. No parecía que la cosa le extrañara, con lo que había salvado el primer gran escollo en todo el proceso.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Pues, no tenemos nada aproximado. Supongo que se podrá hacer, de todos modos, saldrá bastante caro: los moldes, las pruebas, el diseño. ¿me entiendes?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—No se preocupe. Es un capricho, y aunque me han comisionado mis hermanos a venir hasta aquí, todos trabajan. Incluso si es necesario adelantar parte del dinero por si tienen que hacer algún gasto especial, usted me lo dice.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;En esta ocasión ella suspiró aliviada. Mi aspecto de joven enfermiza y delicada, aunque no producía desconfianza, tampoco merecería la garantía de nadie, y menos de la propietaria de una joyería.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Pues a eso le tendrá que contestar mi marido que es el experto. Yo me dedico a vender y a la contabilidad, él es el artista.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;La envidié. Cómo se le llenó la boca de satisfacción y orgullo cuando dijo artista. Estaba enamorada de su marido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Hasta dentro de un par de horas no regresa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—No hay problema —contesté—. Cuando vuelva de clase, en tres horas, o así, hablaré con él—. Me di cuenta en el acto de que no llevaba un solo libro. Pero me rehice—. Me estoy sacando el carnet de conducir y hoy tengo teórica y práctica.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Es una suerte ser mujer y haber nacido en esta época. A mi hija le pasa igual. Se sacó el carnet en un periquete. En nuestra época era una locura. Si se me hubiera ocurrido pedírselo a mi padre, del pescozón que me llevo, salgo por la ventana sin romper el cristal.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Salí apresuradamente del lugar no fuera a ser que la mujer me contara la historia de su vida.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Estuve deambulando de un sitio a otro. Gracias a que la tarde era hermosa. De un junio caluroso y denso. Pero tras una hora de caminata, me aburría. Entré en un cine a ver un melodrama romántico. Salí empalagada de tanto besuqueo y tanto melindre. “¡Qué poco se parece la vida a este pastel!”, pensé. Aunque, la verdad, no me enteré de mucho. Algo raro me está pasando. Bueno, ya da lo mismo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;No sabes cuánto te he añorado querido diario.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Después que pasaran unos diez minutos de las tres horas, aparecí por la joyería. Me recibieron los ojos escrutadores, grises y profundos, del que supuse, acertadamente, artista joyero de la familia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—He estado antes, y la dueña me ha dicho que pasara más tarde…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;No me dejó continuar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Usted debe ser la joven que quería una espada hecha en cristal de roca—. Después de que asentí, prosiguió sin dejar de analizarme. No sé por qué pero aquella mirada me ha puesto muy nerviosa. Era como si pudiera leer dentro de mí—. Verá, eso es un encargo un tanto extraño—. Iba a decirle que por el dinero no se preocupara, pero me lo impidió con un gesto imperativo de su mano izquierda. Observé unos dedos largos, finos, sin duda ágiles. Uno de ellos llevaba una alianza—. Ya me ha dicho Mari Carmen, mi esposa, que por el dinero no me preocupe. Y usted tampoco, joven, pues casualmente tengo hecho el molde de lo que usted desea. Es una larga historia, que le he de contar antes de que usted decida si le hago la daga o no. Si cuando conozca la historia, y vea el boceto de la daga, le gusta, se la prepararé y le costará unas veinticinco mil pesetas. Si no le gusta, podemos pensar otras cosas. Usted decide.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Me quedé mirándolo con fijeza. El caso es que me atraía saber de lo que estaba hablando, pero por otra parte, la forma en que lo dijo, las miradas que lanzaba, como si hubiera alguien detrás de mí, vamos que me daba un poco de miedo. Pero la idea de ver a mi madre y a Marc despachados por tal arma, superó todas mis dudas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—No me asuste, usted —, dije como sin darle importancia—. Vamos a ver tan extraordinaria historia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Bien—. Dejó el mostrador y se dirigió a la puerta. La cerró y colgó el cartel correspondiente. CERRADO—. Sígame, si es tan amable—. Abrió otra puerta que estaba tras él. Pensé que era la del taller. Pero dudé. Empezaba a intranquilizarme. “Para alguien que planea un asesinato múltiple, tener miedo por lo que hace este hombre es un contrasentido.” Me dije. Aunque el hombre me sonrió con afabilidad—. No se preocupe, mi esposa nos espera con un tentempié.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;En cuanto que lo dijo, escuché la voz de la señora cálida y animosa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Seguro que ya has asustado a la pobre chica.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Ya sabes, mujer, que soy incapaz. Simplemente hay que tomar precauciones. Sabes que quien nos entregó el diseño de la daga dijo que sólo la tendríamos que hacer a alguien que mostrara un verdadero interés. Si para esta joven solo fuera un capricho, seguro que no había accedido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Empezaba a estar en ascuas. Pero el ritmo marcaban ellos, no cabía duda. Doña Mari Carmen me sonrió casi maternalmente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Lo primero es lo primero. Siéntate hija. ¿Qué prefieres leche sola, café con leche, cacao, té?… También tengo descafeinado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;No preguntó si quería o no. Con lo cual pedí un té con leche. Me ofreció una bandeja con pastas y me sirvió. Después sirvió un amplio café con leche a su marido. Ella nos miraba satisfecha.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Yo no tomo nada. No puedo. El régimen, ya sabes.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Obviamente no lo sabía, pero sonreí lo más amablemente que pude. Notaba, a mi izquierda, que el joyero no dejaba de escrutarme. Me estaba poniendo nerviosa. Mientras sorbía el té con toda la delicadeza de la que era capaz, rebuscando en la memoria los consejos que al respecto me había dado mi propia madre, me decía constantemente, “Tranquila, Mila. Recuerda que la asesina eres tú”. Doña Mari Carmen proseguía incansable.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Satur —señaló con delicadeza a su marido—, es un consumado artista joyero. Algunas de sus más hermosas creaciones están diseminadas en cuellos, muñecas y dedos archiconocidos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;El aludido se defendió con un vago gesto, como queriendo quitar importancia a tales alabanzas, pero seguía sin abrir la boca, salvo para engullir pastas y beber café con leche. Quizá no había comido. O aquella sería su cena.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Sí, sí, no seas humilde. Que la chica sepa que condesas, marquesas, mujeres de ministros, y sospechamos que hasta alguna princesa de Europa tiene joyas de mi marido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Resulta que había dado con una eminencia. Y yo sin saberlo. Asentí mecánicamente. Pasaban los minutos y Satur, mi artista, no pronunciaba palabra. Me limitaba a asentir, y a emitir sonidos que querían ser elogios hacia la capacidad del hombre. Decidí que ya estaba bien, y con un gesto impaciente, aunque educado, miré mi reloj.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;¿Se te hace tarde?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Un poco—. Musité—. Aunque, ya que han sido tan amables de invitarme a tomar el té, esperaré algo más.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Satur, sonrió satisfecho.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Veo que lo tuyo no es capricho. Has superado la segunda prueba. Gracias Mari Carmen. Hay que reconocer que cuando quieres eres verdaderamente pedante y pesada. Lo haces maravillosamente, cariño.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Empezaba a no entender nada. O sea que me estaban probando. No sabía si eran un par de chiflados, o la cosa era en serio. Satur estaba dispuesto a sacarme de dudas, o eso supuse.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Bueno. Ahora llega la prueba definitiva. Te voy a enseñar los bocetos y te voy a contar la historia. Es una historia que nos afecta a Mari Carmen y a mí. Por cierto, todo lo que te ha dicho de marquesas, condesas, princesas, mujeres de ministros y esas zarandajas son inventos suyos. Ahora te voy a contar la verdad. Al igual que tu madre, Mari Carmen es una enamorada del cristal de roca. Por eso, cuando éramos novios, yo me dedicaba, en los ratos libres que me dejaba el taller de mi padre, a hacerle pequeños objetos. En una ocasión me pidió que le hiciera una espada o una daga. A mí me gustó la idea y me puse manos a la obra. Cuando di con el boceto se lo enseñé. Aquello era una obra de cierta envergadura para un aprendiz como era yo entonces y convenía ir sobre seguro. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Mari Carmen llevaba demasiado tiempo callada y no resistió.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Cuando, esta tarde, has venido con esa historia tuya me ha dado un vuelco el corazón. Verás, Satur preparó un hermoso boceto de un alfanje árabe, que llevaba incrustado en el mango las iniciales de mi nombre. ¿Ya lo has encontrado?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Satur asintió mientras desplegaba en la mesa un folio con un bello dibujo de un hermoso sable, tal y como acababa de decir su mujer. Cuando lo vi, un escalofrío recorrió mi cuerpo. Aquello era perfecto. No pude por menos de exclamarlo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Es perfecto.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Se miraron ambos. De pronto, se quedaron muy serios. Ambos se miraban, miraban al dibujo y me miraban a mí. Mari Carmen lo hacía con especial intensidad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Yo exclamé lo mismo que acabas de decir. Pero a la noche siguiente, soñé que el tal sable, muchos años después, caería de la pared donde lo había colocado y se me clavaría en el corazón. Aunque lo más extraño es que no me dolía. A mi alrededor había mucho ruido y otras voces, pero a mí no me dolía. No le di mayor importancia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Un sudor frío comenzó a inundar mi espalda y mis manos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Pero, cuando Satur me dijo que tenía el molde preparado, esa misma noche, volví a soñar lo mismo. Así que a la mañana siguiente le llamé y le dije que no se le ocurriera fabricar aquello.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Mientras, Satur extraía de otro cajón el molde. Era de tamaño perfecto, como de cuchillo de cocina, justo lo que necesitaba. Otro temblor más. “Vaya tarde”, pensé.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Le hice caso, pues soy supersticioso. Pero es tan precioso el diseño, aunque esté mal que yo lo diga, que lo guardé, por si alguna vez soñaba lo contrario. De repente, cuando ya se me había olvidado la historia, aparece una hermosa joven que la rescata de la niebla. Bien, ahora decides tú.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Deduje que, por un lado, estaban deseando que les dijera que sí, y por otro tenían pánico. Está claro que aquel alfanje había nacido con mal fario. ¿O es que el destino no lo puede modificar el ser humano? ¿Va a ser cierto lo que creían los griegos? También estaba claro que se cumpliría el sueño. Lo que Mari Carmen no sabía, ni por supuesto iba a saber, es que había visto, antes de que yo naciera, lo que se me había ocurrido a mí no se cuantos años después. Y si la cosa iba bien sucederá en unas pocas semanas. Después de un meditativo silencio, hablé lo más claramente posible.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—El caso es que la historia es un poco truculenta, pero tiene un diseño tan perfecto. La gracia de la curva. El filo tan delicado. La empuñadura… ¿No le parece a usted, que si se lo encargo yo, aquella premonición suya no tendrá efectos? Total yo no soy usted, ni siquiera de su familia. Y, además, usted podría construir este objeto. —Tragué saliva. Intuí que mentía, pero lo dije— Yo no formo parte de ese sueño.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Ves tontina— Satur acarició con ternura el hombro de su mujer—, esta joven opina exactamente lo mismo que yo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Antes de salir le entregué, a cuenta, quince mil pesetas. Lo único que le pedí es que no pusiera las iniciales, pues no se ajustaban a las de mis padres. Así que quedamos en que el día veintitrés de junio, viernes, por la mañana, podría ir a recogerlo. Completé mi actuación.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Bueno como no sé cuando serán los exámenes, si no pudiera ese día, me pasaré en otro momento para indicárselo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Asintieron con una mezcla de alivio, miedo y agradecimiento. Quince mil pesetas, son quince mil pesetas. Está claro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Así que, querido diario, ya tengo el arma especial. Para ser exactos faltan veintidós días para tenerlo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;Continuará&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-5105017510309871887?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/5105017510309871887/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=5105017510309871887&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/5105017510309871887'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/5105017510309871887'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/02/fin-de-trayecto-parte-quinta-capitulo_15.html' title='Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 57'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-4516218894459883359</id><published>2011-02-12T00:01:00.011+01:00</published><updated>2011-02-12T00:01:04.449+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 56</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Lunes, veintinueve de mayo de 1989.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Media tarde.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: purple;"&gt;¿Últimas&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; páginas de este diario?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Después del sueño más o menos reparador. Más bien poco reparador, he comprendido que mi reacción de ayer no es suficiente. Debo de preparar bien mi venganza. Debo de planificar bien lo que voy a hacer. Porque si las cosas las hago precipitadamente, me saldrán mal. Y esta vez no me tienen que salir mal. Y todo lo que haga tiene que aparecer en estas páginas, para que alguien, espero que la policía o el juez de Euritmia sepan lo que deben de hacer.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;(Ya no leerás estas páginas, mamá. No te voy a dejar con vida para que las leas. Y no sabes cuánto lo siento).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Este diario, de pronto, se ha convertido en mi arma secreta, es mi sorpresa para que alguien acabe con sus huesos detrás de las rejas. Si me sale bien, aunque no lo disfrute, haré mucho daño. Soy una fiera herida.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;A estas alturas, tengo claro que de &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt; no puedo largarme, así por las buenas, pues, aunque no me vigilen, digamos que me tienen lo suficientemente controlada como para impedirme llegar demasiado lejos. Supongo que contaría con poco más de veinticuatro horas para desaparecer. Pero, ¿a dónde?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Desde la otra noche me da igual. ¿Qué vida voy a rehacer? Me han dejado en la más absoluta de las miserias. No soy nadie. En los últimos meses he pasado de ser una persona incomprendida por los míos y aceptada por el resto de los que me rodeaban, a ser menos que una cosa, ya ni respetada por los de su sangre. Al fin y al cabo, una cosa cumple con su función. Pero cuando a una persona se le rebaja a tales extremos, es peor, pues pierde su condición. El camino de este descendimiento ha sido breve, pero veloz, profundo, intenso. Con el agravante, creo que ya lo he escrito antes, de que, a mis espaldas, cualquier ayuda para la vuelta atrás quedaba cercenada, derrumbada, imposibilitada: en mi casa habrán decidido que no existo (excepto para el cabrón de Marc, claro), Joaquín salió asustado (acojonado, escribió él), Madelaine y Ricky son mis actuales policías, además sólo les preocupa que mi cuerpo se mantenga deseable para los cerdos de los clientes, Enrique fue asesinado…. ¿Qué me queda? Miro hacia arriba, y además el cielo está encapotado. Porque, si al menos, las mínimas parcelas de autoestima, o de libertad de conciencia, me hubieran quedado, todavía tendría algo de gasolina en mi motor. Pero esas también las he roto…. Todas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;No es una justificación, sino una explicación. Porque va a suceder lo que voy a intentar con todas mis fuerzas que suceda. Mejor dicho aún. Voy a seguir con vida (o lo que normalmente se entiende por vida) hasta que consiga lo que he pensado. Acto seguido me la quitaré, total, en la madrugada del domingo veintiocho de mayo de mil novecientos ochenta y nueve falleció el centímetro cuadrado de vida propia y digna que le restaba a Milagros de Andrés Sebastián. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;RIP&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Acabaré con mi familia. Dispondré de pocas horas, pero serán suficientes, espero. Intentaré la última jugada contra Madelaine y Ricky, aunque no podré ser la autora material de su final como empresarios de éxito. Con Joaquín no sé qué haré. Probablemente nada. Será el único que quede con vida. Y cuando se entere de todo lo ocurrido, llevará sobre su conciencia suficiente carga de culpa como para pasarlo mal una buena temporada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Será mi venganza.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;No me importan las consecuencias. Total ya estoy muerta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Jueves, uno de junio de 1989.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;span style="color: blue;"&gt;&lt;em&gt;Final de la mañana&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;span style="color: purple;"&gt;&lt;em&gt;Floto&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; más que nunca. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Sólo noto que mi persona se mueve, piensa y actúa cuando estoy elaborando mi plan de venganza. Llevo pensándolo un par de días. Cada vez lo tengo más claro. El resto del día es como si no existiera. No tengo hambre y apenas como. No tengo sueño, y salvo el sopor que me produce el alcohol y la droga no duermo. Aunque a veces no sé cuánto tiempo ha pasado. De pronto, sin saber por qué, me encuentro llorando. Ni siquiera finjo cuando me acuesto con los clientes. Cada día me parezco más a una muñeca hinchable.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Las cosas empiezan a estar muy claras en mi cabeza.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;La única forma de que todos estén juntos en casa es o bien una noche, o bien esperar a que den las vacaciones de verano y aprovechar la sagrada hora de la siesta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Será a esa hora. Será un jueves o un viernes de verano. Son mis días libres. Si salgo de aquí por la mañana estaré en Euritmia hacia las dos o las tres de la tarde, eso lo tendré que mirar en la estación de Chamartín. Luego, será esperar a las cuatro o cuatro y media. Esperar a que el abuelo y papá&amp;nbsp;vayan a&amp;nbsp;jugar la partida. Entraré en casa y aguardaré.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Necesitaré algunas ayudas. Sin embargo, quien me las preste no sabrá lo que hace. He de buscarme bien a mis colaboradores. Necesito una pistola con silenciador y un cuchillo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Con el de la cocina de casa valdrá.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;No, no es suficiente, necesito algo especial, algo más exclusivo, algo que concuerde mejor con el abolengo de la familia, con esa nobleza que me ha arrojado por el acantilado. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Malditos... &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Algo distinto para mi madre y mi hermano Marc, por lo menos... Algo tan hermoso como un diamante, por el que todos suspiramos, pero que si lo tratamos de forma conveniente puede convertirse en un arma asesina.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Un cristal. Un cristal duro, resistente, tallado, pulido, brillante. Un cristal afilado y tan cortante como el filo de la guadaña de la muer-te. Un cristal macizo, con buena punta y filo. Una daga de cristal. O una pirámide, o un prisma. Mi madre y mi hermano no se merecen menos. Quizá yo tampoco. Si lo consigo no me hará falta el cuchillo, remataré la faena conmigo misma.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;El problema es conseguirlo. ¿Dónde encontrar tal instrumento? ¿Existirá? ¿Se podrá fabricar?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Quizá una joyería o alguna tienda de regalos. Quizá el cristal de roca sea lo suficientemente resistente como para lo que quiero.&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;Continurá...&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-4516218894459883359?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/4516218894459883359/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=4516218894459883359&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/4516218894459883359'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/4516218894459883359'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/02/fin-de-trayecto-parte-quinta-capitulo_12.html' title='Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 56'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-5631617516809938154</id><published>2011-02-10T00:01:00.007+01:00</published><updated>2011-02-10T00:01:01.073+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 55</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Domingo, veintiocho de mayo de 1989.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Fin de la madrugada.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;span style="color: purple;"&gt;&lt;em&gt;¡Ya no&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; puedo más!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;¡Mi vida es un sinsentido! ¡Mi vida es una MIERDA!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;A partir de esta noche, nada tiene posible solución. No sé si tardaré un par de semanas o un par de meses, pero desde ahora mi único objetivo en la vida será acabar con los que han acabado conmigo, después dejaré de respirar... &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Total ya estoy muerta. Total ya me han matado. Soy un cadáver andante, como en las mejores películas de terror. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Éstas serán las últimas páginas de este diario.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Estoy borracha y colocada, pero ni el güisqui, ni la coca, pueden con el último navajazo que me han dado en el medio del alma. Tan terrible ha sido que, aunque me haya matado, todavía me duele.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Y ha sido Marc.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;No puede ser. Es imposible. ¿Cómo puede ser un hombre tan zafio como el cabrón de mi hermano? Mucho peor que Ricky, que ya es decir. Mucho peor que Madelaine. Mucho peor que mi madre. Mucho peor que el abuelo. Pero, reconócelo, Mila. Ha sido posible. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Despojada de la última micra de dignidad que me quedaba. Me han arrojado al vacío. Mejor dicho, primero me han arrancado el alma a cuajo (o lo poco que quedaba de él) y, luego, me han tirado por el precipicio. Pero juro por lo más sagrado, por el cadáver de Enrique, el único que de verdad me ha querido, pues es el único que conocía toda mi verdad y soñaba con vivir junto a mí, juro, digo, que no caeré sola, que conmigo arrastraré a otros cuantos más. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Lo malo es que no podré acabar con todos los que debería de llevarme por medio. Me tendré que conformar con Marc, con mamá, con el abuelo… &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;No sé.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Tengo tiempo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Un cadáver tiene toda la eternidad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Pensaré despacio. La venganza se ha de servir fría. La próxima noticia mía aparecerá en los periódicos de sucesos, seguro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Son las seis y media de la mañana y no podré dormir. Estoy en mi celda. Todavía, el pulso me late a demasiada velocidad. La mezcla de cocaína, alcohol, rabia, asco, dolor y angustia han convertido al músculo corazón en caballo desbocado que galopa cada vez más veloz, aún a sabiendas de que estallará, como un globo demasiado inflado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Intentaré contar las cosas por orden. Alguien leerá todo esto en alguna ocasión y tendrá que saber.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Primero, querido diario, no escribía desde hace tanto tiempo, porque me rendí. Rendí lo que quedaba de mí, ante la evidencia. Quizá hubiera sido una buena estratagema para el futuro. Opté por comportarme como ellos deseaban. Seguí con el güisqui, cada día más, y empecé a pedir coca a Madelaine. Al principio no se fió. Pero, con el paso de los días, al ver que actuaba con “normalidad” y me adaptaba a las demás, se confió. De hecho, Ricky se acuesta conmigo. A pesar del odio que le tengo cuando estoy serena, no me ha disgustado. De vez en cuando, Madelaine me llama a su habitación. Poco a poco, en resumen, volví a las costumbres anteriores a mi aventura con Enrique. Pero dentro de mí una tenue voz me acusaba de traición. Era esa voz, la que impedía que los jueves o lo viernes te cogiera. Porque esa voz grita desde esta páginas, que son el trasunto de mi conciencia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;La noche de hoy estaba siendo tranquila para lo que suelen ser las noches de sábados a domingos. Sólo me había acostado con un par de clientes. Llevaba encima tres copas de güisqui y una raya de coca. O sea, serían más o menos, las dos o dos y cuarto. Sobre esas horas entró un grupo con una algarabía espantosa. Sólo podían ser jóvenes de despedida de soltero, o un grupo de una boda que acabarían allí su juerga. Con lo cual habría algo de escándalo, mucho alcohol, un poco más de droga, y si había suerte, más dinero. Eran los momentos que más odiábamos nosotras, y que más deseaba Madelaine. Cuando todo aquel estruendo de voces juveniles, yo estaba en mi habitación terminando de ordenarla y de arreglarme. El último cliente acababa de largarse después de un polvo más bien pobre, lo cual, me encanta. Es dinero fácil, como digo yo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Madelaine entró en ella sin llamar, como suele, la muy puñetera. Me pilló desnuda y tras sobarme las tetas y darme un beso que sabía a champán, me dijo que bajara a toda pastilla. Íbamos a hacer un pase especial. Tenía que portarme como en los mejores días. “¡Qué corra el champán!”, ha dicho dándome una palmada en el trasero, y ha concluido, “Hoy la sesión son treinta mil pelas”. De vez en cuando, subía los precios. Se tenían que dar estas circunstancias, claro. La sonrisa le iba de oreja a oreja.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;O sea que haríamos algo más de caja a costa de los chavales. “Pues vale, pensé”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Como se trataba de animar el cotarro, bajé sólo con una toalla rosa fucsia, en la mano. Caprichosa que es una, con un par de rayas de coca y unas copas de güisqui encima. No tuve la precaución de mirar por detrás de las cortinas. Esa precaución la perdí muy pronto. Cuando llegué a la pasarela, descubrí rostros conocidos. Gente de Euritmia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;El alcohol y la cocaína se me congelaron en mitad de las venas. Primero pensé que, quizá, estuvieran muy borrachos y que con el tiempo que había pasado y mi cambio de imagen no me reconocerían. Respiré más tranquila, bailé lo mejor que supe. Utilicé la toalla como el velo las musulmanas. Aullaban, los cerdos. El baile de los siete velos, sin velos. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Al volver tras las cortinas intenté localizar a Madelaine. No la vi. Quizá estuviera en el bar repartiendo instrucciones acerca de los precios de las bebidas. Me acerqué, aunque Reme me reclamaba con insistencia. Quería que hiciera un número con Hellen.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Por favor —le dije—, es una urgencia terrible. Hazlo tú.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;A Reme no le gustaban nada los números especiales. A Reme no le gustaba nada más que la coca, y por la coca hacía todo lo demás. Se encogió de hombros, puso cara de asco, mientras murmuraba.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—¡Cerdos!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Salió abrazada de Hellen con las bocas muy juntas y las manos acariciándose con fruición.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Llegué al bar. Miré alrededor buscándola. No la vi al principio. Así que me acerqué.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Cuando vi a Marc, no pude retroceder, pues sentí sus ojos clavados a mí. Charlaba con Madelaine. En ese momento, ella volvió la cabeza. Y me llamó alegremente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Precisamente estábamos hablando de ti.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Creo que me sonrojé. Agaché mi cara y hacia allí fui. Temblaba entera.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Mira, Venus, te presento a este joven. Se llama Jorge, y viene de fuera de Madrid. Quiere acostarse, justamente contigo, porque alguien le ha hablado muy bien de ti.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Sonreí bobaliconamente. Pensaba a toda velocidad. “Que yo sepa no me he acostado con nadie de Euritmia, aunque quien sabe. Este cabronazo ya sabe que se tiene que cambiar de nombre, cuando viene a estos sitios. Cuánto ha crecido. Tiene una borrachera como un piano. Creo que no me ha reconocido. Hablaré con Madelaine”. Sin embargo, las manos de Marc engancharon la toalla y me la quitó.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—¡ Guaú, así que tú eres la famosa Venus! Tengo un amigo de Madrid, que en cuanto puede me habla de ti.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Sus ojos se habían olvidado de mi cara. Como sospeché, no me había reconocido. Así que a pesar de la situación pude pensar un poquito. Le hice un gesto a Madelaine advirtiéndola del peligro, aprovechando que los ojos y las manos de Marc no estaban precisamente contemplando mi rostro. Se dio por enterada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—A ver, Jorge, bonito—, dijo, distrayéndole de mi cuerpo con una sabia caricia en la entrepierna. La experiencia es un grado. Tómate una copa a cuenta de la casa. Ahora volvemos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Pero no escapéis. Mi dinero vale igual que el de los otros.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Nos fuimos a un rincón del bar. Madelaine le hizo una seña evidente a Rufi, que ésta entendió a la primera. Me fijé que, en milésimas de segundos, mi hermano tenía en mitad de la cara las dos enormes tetas de Rufi. Creo que en algún lugar he dicho, que esta chica no ejerce. Se dedica a servir las copas en topless. Marc estaría distraído unos minutos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Es mi hermano Marc.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Se lo he soltado así, sin preámbulos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Se ha quedado primero blanca y luego ha sonreído.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Vaya, pues sí tiene un buen pedal, no te ha reconocido. Aunque, desde luego, has cambiado mucho. No te querrás acostar con él, claro. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;La miré con dos cuchillos, en vez de ojos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Vale, vale. Ya sé, lo del incesto y demás. En fin… Por cierto, ¿no será otra de tus tretas?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;No me hizo falta responderla. Con la mirada fue suficiente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Le puedo decir que tienes la regla, que se busque a otra.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Asentí aliviada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;A los pocos instantes, volvió cabizbaja. Dice que le da igual, que no es escrupuloso. Que, si hace falta, paga más.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—¿De dónde habrá sacado el dinero el mocoso?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Si estuviera Ricky, podía hacer el número del poli que pilla a un menor, pero se acaba de largar. No se me ocurre nada para que no monte una escandalera con la tajada que trae encima. Sois una buena familia vosotros. Sobre todo, por lo precoces.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;No me hizo ninguna gracia el comentario.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—No seas cínica Madelaine, como si te importara.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Y si le digo que ya te habías apalabrado con otro cliente, de los que está ahí armando jaleo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Pues no sé qué decirte. Son todos de Euritmia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Estamos bien, ni contigo ni sin mí, contigo porque matas, sin ti porque me muero—. Estaba ocurrente. Después de un breve silencio cambió el tono de voz, que fue inflexible.— Te toca un polvo rápido con tu hermano. Y si te he visto no me acuerdo. Te apuesto a que no te conoce. Y si no hablas, seguro que ni se entera.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Pero qué cerda eres. ¿Cómo me puedes obligar? ¡Qué es mi hermano, Madelaine!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—¿Y qué? Crees que se lo va a contar a mamá.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Me la volví a quedar mirando. Estuve por abofetearla. Descubrí, sin embargo, dos relámpagos de deseo en sus ojos y adiviné lo que pensaba. Se iba a dar un festín, viendo en directo un incesto de dos menores. Intenté una última cosa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Vale, me lo subo a la habitación. Y le digo quién soy. Cuando lo sepa, tú le devolverás las pelas, salvo que se quiera acostar con otra. Si lo hacemos, para mí íntegro el cien por cien y una raya gratis.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Selló el pacto con un beso en los labios, al que adornó con un lindo comentario.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—¡Qué puta eres!...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Durante la subida a la habitación, el cabrón de mi hermano no paró de manosearme. Y yo no hacía más que quitarle las manos de encima. Iba muy seria, aunque con el pedal que llevaba no se enteraba.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Joder, nena, esto no es lo que me habían dicho de ti.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;No contesté, hasta que no cerré la puerta del dormitorio. Sin decirle nada más, me senté en la cama. Le miré fijamente a los ojos. Había crecido. Había madurado. Era un joven atractivo, con un rostro de suaves facciones y mirada melancólica. Excepto cierta caída de los labios, su rostro era como el de mamá pero en hombre. Nos debíamos de parecer. Aunque, la borrachera que llevaba y el semen pululando por su organismo y golpeando en su cerebro, como un enjambre de abejas, no le permitían reconocerme. Me decidí. Se estaba empezando a desvestir. Admiré su torso y sus brazos fuertes y musculosos, seguro que hacía deporte.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Marc…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Esperaba no tener que decir nada más. Soñaba con que en ese instante quedara parado, fulminado, y se diera media vuelta. Lo primero sí lo hizo. Quedó en suspenso. Ya se había quitado del todo la camisa. Y estaba desatándose el segundo zapato. Quedó con el pie izquierdo levantado, con una postura inestable que se acentuaba más gracias a las ingentes cantidades de alcohol que llevaba encima. Parecía mayor. No aparentaba los dieciséis. Esa era otra característica de la familia, siempre nos calculaban más años de los que realmente teníamos, por lo que nunca tuvimos problemas para entrar en ningún local. “Por desgracia”, murmuré.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Pasaron unos eternos segundos. Por fin puso el pie en el suelo y me miró. Noté una nueva mirada en sus ojos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Hermanita, eres tú.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;El muy cerdo no se inmutó. Es más, creo que se alegró. Se acercó a la cama y de un potente tirón me quitó la toalla. Quedé completa-mente desnuda a sus ojos. Fue la mirada más inquisitiva que sufrí en mucho tiempo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Joder, es verdad lo que dice el Nacho. Estás de puta madre, tía. No me extraña que cobréis tanto. Esto si que es morbo. Lo malo es que no se lo puedo contar. No estaría muy bien que supieran que una mujer de tu misma sangre es una fulana. Eso sí, una zorra de tronío. Pues será nuestro secreto, hermanita.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Una luz de alarma se encendió en mi cerebro. Comprendí que ya eran suyos los sacrosantos principios&amp;nbsp;del clan. Comprendí que ya vivía muy a gusto en casa. Comprendí, además, que las mismas teorías que servían para tratarme como esclava, a él le servían para convertirlo en el príncipe heredero de aquel reino de pacotilla. Supe que acabaría con treinta mil pelas en la caja de caudales y una ración gratis de coca. Intenté evitarlo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Marc, por favor, no me hagas esto. Soy tu hermana, joder.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Ya, ya lo sé. Por lo menos de madre —. Y el muy cabrón se re-ía— Porque de padre estaría por ver. Además se trata de eso, de joder, ¿no?—. De pronto cambio el tono de voz que se hizo más grave y ronco. Casi como el del abuelo. Se olvidó del parentesco. Era macho en ejercicio de su poder—. ¿Es que mi dinero no vale? ¿O es que te la puede meter cualquiera y yo no? Eres puta, ¿no?, pues te amuelas. He pagado, ¿no? Pues a trabajar, zorra.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Tragué saliva, y como pude seguí.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Si es por eso, no te preocupes. Madelaine te devuelve el dinero. Si te quieres acostar con otra chica te lo rebaja. Ya haré cuentas yo con ella. Pagarás solo el porcentaje de la casa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Además eres comerciante…. Vamos a ver si nos entendemos. Si he traído a toda esa chusma de paletos de Euritmia, que está armando bulla ahí abajo, es para acostarme con Venus. Tú eres Venus. Conclusión aplastante. Además, no vengas con escrúpulos. Con Mila no me acostaría ni loco, pero contigo sí. Además, ¿quién coño se va a enterar de que eres mi hermana…? Si casi te han olvidado ya.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Aquello fue la puntilla.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Marc, lo sabremos tú y yo. ¿No es suficiente?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Ahora nos sale con moralidades. No te fastidia. Mira, niña, tú eres Venus, y me lo voy a hacer contigo. Quieras o no quieras. O preparo un fregado, cuando salga de este sitio, que se os acaba el rollo. Si hasta me han ofrecido droga. Así que vamos, a lo nuestro, muñeca.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Se abalanzó, me besó con avidez en la boca, su ruda mano recorría torpe y anhelante mis pechos. Oí en mi cabeza algo así como “crash”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Me dejé hacer. Efectivamente, en aquella cama de aquel local era Venus, una de las mejores putas de Madrid. Me puse las pilas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Jorge, cariño, espera. Termina de desnudarte y lávate en el bidé.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Me sonrió como deben hacerlo los tigres, cuando han cazado a su presa y ésta no ha muerto todavía, pero sabe que lo hará.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Olvídate de lo que he dicho. Venus te hará un trabajo, que cuando lo cuentes van a alucinar tus amigos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Esta sí que es Venus.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Estuve bien. Pensé que aquellas treinta mil pesetas me las debía de ganar. Quise ser honesta con mi profesión, en la que las mujeres que la ejercemos, somos la parte más limpia, sin duda. Dejé más que satisfecho a un cliente joven y ardoroso. Aunque muy inexperto.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Pero no se iría de rositas. Cuando acabamos, mientras se vestía le espeté.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—¿Se lo vas a contar a mamá, Marc?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—¿Qué cosas tienes, Mila? Mañana se me habrá pasado la borra-chera. A lo mejor hasta me avergüenzo. Así que no me digas más. Lo olvidaremos y ya está. Si alguna vez nos volvemos a ver fuera de este sitio, lo de hoy no habrá sucedido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Descargarse del semen le conducía al remordimiento. Eso lo he visto muchas veces, la mayoría; pero no sería condescendiente. Le avisé, le ofrecí otra chica. Se merecía que siguiera atacándolo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—¿De dónde has sacado las pelas? ¿Las has birlado de alguna cuenta del abuelo? ¿O es que el hidalgo de Villa Franca del Arroyo te financia las juergas y los polvos? ¿O es a cuenta de la herencia?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Pero no entró al trapo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;¿Qué más te da? Al fin y al cabo, se quedan en la familia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;La borrachera no le había embotado la velocidad mental.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Marc, ¿te imaginas a papá y a mamá, cuando lo hacían, justo antes de engendrarnos?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;No fastidies, Mila. Además no nos vamos a casar... Mira déjalo. Lo del incesto es una milonga, además, me he acostado con una furcia, no con mi hermana. Solo nos veremos de vez en cuando.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Ah no, Marc. Eso sí que no. El guardia de la puerta te prohibirá la entrada. Además, tengo un amigo poli que le pone muy nervioso ver a menores por aquí.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Entiendo. Pero que una menor trabaje aquí no le pone nervioso.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—¿Me denunciarás? Sería el patatús definitivo para mamá y el abuelo. ¿No te parece? Papá como no siente ni padece, pues da lo mismo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Vale, vale, no saquemos las cosas de quicio. Ha sido la primera y la última vez, de acuerdo. Es un polvo más en tu vida, de los muchos que llevarás—, mi hermano contraatacaba—. No te vas a quedar embarazada, y no nacerá ningún monstruo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—¿Seguro? ¿Te has percatado de que no te he puesto condón?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Eso sí le hizo daño. Me miró asustado. Aunque le duró muy pocos segundos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Es un farol, no te jode. Me voy. Por cierto, ¿qué tal lo he hecho?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Decidí ser cruel con él, total era lo único que podía ser.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Sinceramente, mal, muy mal. No sé si será por la borrachera o por la falta de experiencia. Y eso que tienes una buena base de partida.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Le retorcí los cojones con toda la fuerza de que fui capaz. Me levantó la mano, mejor dicho el puño, y, entonces, se llevó un rodillazo en el mismo sitio. Chilló como un marrano. En ese instante, entró Madelaine que lo echó a empujones, mientras le amenazaba con ir a la policía.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Cuando volvió, se me acercó dispuesta a todo. La dejé hacer. Total daba igual. Era poco más que las muñecas con las que jugaba cuando era niña. Al acabar me sonrió. Tenía la mirada de las vacas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;—Me ha salido caro, pero ha valido la pena, Venus querida.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Encima de los billetes que sumaban treinta mil pesetas había una papelina con su correspondiente dosis de cocaína.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;Continuará...&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-5631617516809938154?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/5631617516809938154/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=5631617516809938154&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/5631617516809938154'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/5631617516809938154'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/02/fin-de-trayecto-parte-quinta-capitulo_10.html' title='Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 55'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-1101400726561068236</id><published>2011-02-08T00:01:00.008+01:00</published><updated>2011-02-08T00:01:04.614+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 54</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Viernes, cinco de mayo de 1989.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Media mañana.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;span style="color: purple;"&gt;&lt;em&gt;Guerrear &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;es una afición masculina. A mí, al menos, no me atrae. Me cansa pensar en ella. Sin embargo, me encuentro metida de lleno en una. Mejor dicho, soy uno de los contendientes. Es una guerra que no se ha declarado, que son las peores, pues mis únicas armas son la prudencia y la astucia Una guerra que tiene un objetivo simple: evitar que Milagros de Andrés Sebastián, Venus, yo, se aleje del radio de acción de Madelaine y Ricky, o sea, de &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;De momento, sólo controlan, no atacan, no presionan, por ahora; simplemente dejan que me mueva. Si hago algo que exceda de lo permitido, supongo que caerán como el águila sobre un conejo que comete la imprudencia de cruzar un amplio descampado. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Además, estoy avisada, y eso es de agradecer. Sé que en la casa todas saben lo que hago. En &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt;, cada polvo con un cliente es controlado por los ojos de Madelaine ¿por los de Reme también?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Tengo sospechas al respecto.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Además, están los micrófonos ocultos dentro de la almohada, junto al bidé y en la puerta (Si algún día un cliente los descubre por casualidad, puede armarse un jaleo considerable. Hay algunos de cierto postín, y será difícil explicarlos que el motivo de la existencia de tales artilugios no obedece a un posible chantaje. Lo cierto es que ahora que lo pienso, no me importaría que sucediera). En la casa, salvo en mi habitación, siempre estoy acompañada. Por la calle Ricky, mejor dicho, alguno de sus hombres, “protege” mis días de asueto.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;La semana pasada no he escrito nada, pues tengo miedo de que también me requisen este cuaderno diario. De hecho, lo correspondiente a estos momentos, está escrito en cuartillas sueltas que luego en la madrugada, pasaré en mi habitación. Mi dormitorio, mi celda más querida, allí es donde tengo la total seguridad de que nadie me ve. Saben que estoy y que estoy incomunicada. Para ellos es suficiente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Triste destino el mío. Soy invisible para el mundo. En mi casa han debido olvidarse de mí. Y si no se han olvidado, darán cada vez por más improbable encontrarme. Supongo que, a medida que nos acercamos al catorce de julio, perderán los ánimos, pues mi mayoría de edad impedirá que continúe la búsqueda policial. No creo que ellos lo intenten. Sólo existo para mis secuestradores, y mi cuerpo (apetecible aún, creo) para algunos clientes, nada más. Para mí misma soy un fantasma errabundo entre el club y la casa; los jueves y viernes mi espectro deambula sin sentido por la realidad, para mí, sin embargo, igual de ficticia que lo otro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;He vuelto a la fonda donde estuve hace quince días. La dueña me ha mirado un tanto torvamente. Quizá intuye algo raro en que una jovencita de tez pálida y demacrada, demasiado delgada para su canon de belleza, aparezca por su establecimiento un jueves a mediodía y se largue un viernes por la tarde.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Me da lo mismo. No me preocupa. Si me niega el hospedaje, buscaré otro lugar. Si llama a la policía porque sospeche algo ilegal, casi sería de agradecer, aunque me temo que la mano de Ricky impediría cualquier otro movimiento, salvo impedirme, de nuevo las salidas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Estas líneas las escribo sentada en la misma piedra junto a la que encontré el cadáver del pajarillo. No queda ni rastro, claro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Cuando me he planteado las posibilidades que puedo escoger para mi huida, he encontrado con un imponderable: el dinero. Algo de lo que no he hablado. Simplemente contaba con ello, pero no es tan fácil, creo. El acuerdo que me unió a &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt; fue verbal. Si en alguna ocasión viniera la policía a desmantelar el asunto (cosa imposible, claro), nosotras diremos que vamos por allí libremente, que nada nos ata al local. Las otras chicas cobran su parte en metálico semanalmente. Cada una sabe lo que hace con su dinero, punto. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Cuando Madelaine me contrató, es un decir, al ser yo menor de edad no pude abrir ninguna cuenta en la que yo fuera la única titular en ningún banco, por lo que me quedaban dos opciones, o tener en la habitación todo el dinero, o abrir una cuenta en la que algún adulto apareciera de titular conmigo. No se me ocurrió otra cosa que confiar en Madelaine, ¿qué podía hacer, fiarme de alguna de las chicas? No tenía más opción. Así que, cada semana le daba el dinero, salvo lo que pensaba gastar. Desde hace dos meses me lo quedo todo y lo guardo en una caja de caudales que compré y tengo en la habitación. Lo cierto, es que es una bobada, pues si me lo quieren quitar lo tienen muy fácil. Sin embargo, supongo que no podré disponer del resto, sin su autorización, hasta el famoso catorce julio. No sé si podré anular la cuenta. No sé si podré hacerme única titular, sin que se lo comuniquen a ella. En todo caso, cuando se entere del movimiento, será indudable que algo intento. No chistó cuando me quedé con todo el dinero. Cada semana me mira como una foca lánguida, pero no dice nada. Sospecho que tiene órdenes de Ricky de dejarme tranquila. Se trata de evitar problemas. Importa lo que importa. Lo demás, como diría él, son mariconadas de sentimentalismos que sólo traen problemas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Nubes grises, panzudas, y grandes asoman por las crestas de las cumbres. Cambia el aire. Premonición de algo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Tengo frío. Me vuelvo a la fonda.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Hoy estoy más triste que hace quince días. La melancolía me cubre, como un sudario al cadáver.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;Continuará...&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-1101400726561068236?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/1101400726561068236/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=1101400726561068236&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/1101400726561068236'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/1101400726561068236'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/02/fin-de-trayecto-parte-quinta-capitulo_08.html' title='Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 54'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-6311433398882810822</id><published>2011-02-03T00:01:00.006+01:00</published><updated>2011-02-03T00:01:02.161+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 53</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-family: inherit; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Viernes, veintiuno de abril de 1989.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-family: inherit; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-family: inherit; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Atardecer en el tren.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;span style="color: purple;"&gt;&lt;em&gt;Fue&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; un hermoso y apetecible sueño mientras duró. Me refiero a la idea de que en esta ocasión no me habían seguido. Sigo siendo la niña infeliz que en el fondo siempre he sido.&amp;nbsp;Debe ser tan fácil seguirme, que no necesiten estar siempre detrás de mi nuca para hacerlo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit; font-size: large;"&gt;Cuando he llegado a la estación, he comprobado con la misma sensación, supongo, que quien confirma que le han desvalijado la casa, la presencia de un hombre, taciturno lector de periódico, con toda la pinta de haber estado sentado en ese lugar durante horas y horas. Vamos, que me estaba esperando hacía rato. Este individuo, al que he mirado con descaro y enfado no bajó conmigo en la estación. Es más, yo diría que no estaba en el tren. Puede ser que me hayan seguido por carretera. Se llega antes que en el tren. También puede que una vez enterados de mi destino, hayan llamado a alguien de por aquí, aunque eso es demasiado arriesgado, pues podría haberme bajado en cualquier otra estación para despistar. Pueden haber hecho algo combinado, para no levantar sospechas: uno me seguía en el tren, otro me esperaba en el pueblo... En fin, que sigo siendo la joven inocente que vivía en Euritmia ajena a que tanto mal anidara por este mundo. Al fin y al cabo existe el teléfono, el fax, hay polis por todas partes, y por lo que tengo visto, el brazo de Ricky llega hasta extremos insospechados. Lo único cierto, es que estos dos días también he estado controlada. Desde luego, no dentro de la fonda, sino de una manera más discreta y a mayor distancia. ¿O también dentro de la fonda? Como siga con estas elucubraciones voy a acabar paranoica. Si es que no lo estoy ya, porque ese hombre, podría ser un simple ciudadano que estaba esperando al tren para subirse en él camino de Madrid, como yo misma.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit; font-size: large;"&gt;Imaginemos, que a él le persigue una mafia, y piensa que utilizan a una jovencita de aspecto inocente para seguirle, o sea a mí. Si me dijera eso ahora mismo, creo que me estaría riendo hasta el día del juicio.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit; font-size: large;"&gt;Sí, definitivamente estoy loca.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit; font-size: large;"&gt;Debo aburrirles, aunque Ricky dirá, que si no es por aquella casualidad, la mosquita muerta, se refiere a mí, claro, habría organizado un jaleo de mucha consideración. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit; font-size: large;"&gt;Yo sé que no es cierto, que mi única aspiración era Enrique, pero cualquiera se lo hace creer al macarra ese...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit; font-size: large;"&gt;En fin, por lo que se ve, sigo siendo un juguete peligroso para ellos. Me controlan, pero me desean. Sueños rotos en cientos de pedazos que seré incapaz de reconstruir. La libertad está ahí tan cerca, casi la toco con los dedos, y, sin embargo está tan lejos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit; font-size: large;"&gt;De nuevo, otra semana abriéndome de piernas, y llenándome la boca para que unos penes insatisfechos y ridículos, queden saciados por la pericia de la joven Venus.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit; font-size: large;"&gt;¡Qué asco!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family: Times, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;Continuará...&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-6311433398882810822?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/6311433398882810822/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=6311433398882810822&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/6311433398882810822'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/6311433398882810822'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/02/fin-de-trayecto-parte-quinta-capitulo_03.html' title='Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 53'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-2226640866797936328</id><published>2011-02-01T00:01:00.009+01:00</published><updated>2011-02-01T00:01:03.249+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 52</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Viernes, veintiuno de abril de 1989.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Ocho y media de la mañana.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: purple; font-size: large;"&gt;Benditos&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; los niños que duermen doce horas, ellos saben lo que es la felicidad, y lo agradecen con sus sonrisas eternas, y sus juegos sin final. He dormido unas ocho horas y me siento nueva, con energía, como renovada completamente. Pero claro, con este trabajito, en realidad parecemos murciélagos, vampiresas, y el ser humano no se ha pensado para tal cosa…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una noche como la que he pasado es lo mejor que me ha ocurrido desde hace meses. Me levanto con tales ánimos, que podría intentarlo todo de nuevo, a pesar de que están muy recientes los renglones que escribí ayer. Aunque debo ser prudente, total, después de comer, he de volver a tomar el tren para llegar a Chamartín con tiempo suficiente como para no levantar sospechas. Debo estar en el piso antes de la ocho, como cualquier otro viernes. No quiero que se enteren, si es que no he tenido vigilancia, de que no he estado en Madrid.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La mañana vuelve a ser espléndida, radiante. De primavera. De esa primavera que en esta zona esperamos para finales de mayo. El cielo está limpísimo, transparente, como recién pintado. El sol ilumina con energía. No hace viento, si acaso una ligera brisa que llega desde el monte. Toda la naturaleza exulta y crece, desborda, se desborda. He abierto la ventana y me han inundado el perfume denso y contundente del campo, aunque austero como él mismo. Me ha llegado el sonido de los cientos o miles de trinos. Casi se oía cómo crecía la hierba…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Si supiera rezar en condiciones daría gracias a Dios, por esta mañana. Pero ya se me ha olvidado. Además, si Dios existe, porque se esconde tan lejos. ¿O soy yo la que huye de Él?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Bajaré a desayunar para disfrutar lo antes posible de la mañana que se me presenta. Hasta tengo apetito. Cuando la dueña de la fonda lo vea, pensará que el vaso de leche de anoche ha hecho milagros. Pero lo que no sabe es que el verdadero milagro ha sido el sueño.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Bueno, voy a bajar, porque a este paso me quedo toda la mañana escribiendo en este cuaderno, y tampoco es eso.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Viernes, veintiuno de abril de 1989.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Media mañana.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: purple; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Desde&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; esta piedra, contemplo el pueblo que dormita en las faldas de la sierra, polluelo junto a su madre. El ruido bronco de los automóviles por la carretera, al que me he acostumbrado y se hace cotidiano en Madrid, aquí me llega como un lejano y fugaz ronquido. El silencio crea un vacío en torno que me hace sentirme inquieta y extraña. Quizá ya no esté preparada para vivir en armonía con la naturaleza, tanto la he alejado de mi vida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A pesar de las pocas horas que me faltan para volver a Madrid, a Jazmín, a mi negra realidad de lodazal pestilente, ¡qué lejos se ve desde aquí todo ello! La intensidad y limpieza de la luz que me envuelve, la pureza del aire, el silencio que me inunda. Una siente deslizarse el tiempo a la velocidad justa. Ni tediosamente, ni abruptamente. Adonde quiera que se mire, se podrá detener la vista en algo que la naturaleza nos regale. Al respirar siento que estoy más integrada con el resto del cosmos. Pero lo mejor, es la soledad en armonía con el universo. La soledad que nace de la libertad, claro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;He hecho cuentas muy por encima. En estos meses. llevo ganados unos cuatro millones de pesetas* con todos los descuentos que me hace Madelaine y los gastos que tengo. Me quedan otros cuatro o cinco meses más, antes de intentar la fuga. Siendo pesimistas, puedo contar con otro millón y medio. Unos cuatro millones y medio para poder largarme de &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt; e intentar rehacer mi vida. Buscar tranquilamente un trabajo, o invertir en algún negocio, no sé, algo que me permita vivir dignamente. Pero cómo lo haré. Cómo podré irme de &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt;, sin que salgan detrás de mí como perros de presa. Me he metido en un territorio tan peligroso.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cada vez que lo pienso llego a la misma conclusión: debe ser un negocio alucinante para estar implicados en una muerte de alguien que simplemente era un potencial confidente de una chica, que apenas sabe nada de lo que ocurre realmente. Va a ser muy difícil, incluso imposible diría yo. Cada día que pasa intuyo que el dinero que se mueve con la coca es fabuloso.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los pensamientos negativos me invaden de forma constante. Pero, al menos, en este ambiente logro recapacitar con cierto orden y lógica. Necesito venir por aquí con más frecuencia. Si me cercioro de que no me siguen puede ser el lugar donde vaya elaborando el plan. El plan que me permita, al menos, vislumbrar el futuro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por ejemplo, podría empezar por escribir una carta a Laura para que me vengan a buscar un día concreto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sería arriesgado para ellos. Lo primero de todo es asegurarme de que no me siguen. Puedo desaparecer en un taxi un jueves.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;He escrito dos ideas en un momento, que me acercan bastante al idiotismo. Como toda mi creatividad elaborando planes de fuga se reduzca a esto, no podré salir ni al portal de la casa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No lo sé tengo que estar muy segura. Aún es temprano para elaborar planes. Seguro que poco a poco se me ocurre. Lo malo será el día que me tenga que acostumbrar a no ganar treinta mil pesetas, como mínimo. Entonces, puede que hasta eche de menos &lt;em&gt;Jazmín.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;(Las palabras que acabo de escribir me han producido risa. Me he extrañado de escucharme reír. Por fin, desde febrero he vuelto a reír. Me ha gustado. Debo hacerlo más.)&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Además con qué cara, con qué historia, que es peor, me presentaré en Euritmia. ¿He de irme fuera del país? Demasiadas preguntas, demasiadas dudas. Todo demasiado difícil y duro para la situación en la que me encuentro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;(Leo otra vez lo que acabo de escribir y es como si tuviera que escalar el Himalaya. No tengo fuerzas).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;He levantado la cabeza ante los negros presagios que se vis-lumbran en mi horizonte. No he viso ninguna nube que me aceche. No he sentido un cambio de la brisa que anuncie la vuelta del frío. No he notado que nada lo vaya a empeorar. Parece que se puede sonreír, al menos levemente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Continuaré el ascenso por esta senda. Me arrulla el trino de los pájaros y me abraza el sol poderosamente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El sendero acaba en la cima pelada y suave de un otero. Es increíble la belleza que desde aquí se contempla. De frente, en la cumbre de un monte mayor que éste, rebrinca inquieto un río en ciernes, acaso será un pequeño arroyo. El aroma de pinos y abetos me inunda. El cielo está más limpio, si es que eso puede ser.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Estoy sentada en una piedra, en mitad del estrecho camino. Desde aquí puedo contemplar un entorno de muchos kilómetros, incluso al fondo, a mi espalda, se columbra el corpachón del gigante que me aguarda, cubierto como siempre, por una especie de neblina grisácea y sucia. Sin embargo, ahora parece que la reina soy yo, ahora pienso que desde este trono puedo reinar sobre todo el mal que me acecha y me acucia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Está lejos la suciedad y la podredumbre. Está lejos la infamia y la prisión. Está lejos la pesadilla negra que me atrapa cada noche. Está lejos la vileza.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me vuelve a pasar lo que ayer me sucedió. Con esta paz, este silencio, el aire calmo de esta mañana repleta únicamente de sí misma, he sentido los latidos de mi corazón. Me he resistido a creer que volviera a funcionar. Pero por lo que se ve es terco y contumaz como una mula, como su propietaria. Estoy sonriendo. “Todo es posible”, me he dicho satisfecha.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Acabo de mirarme el reloj. He de bajar de nuevo al pueblo y a la fonda, porque corro el riesgo de perder la comida. Y hoy, sinceramente, tengo apetito.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;Continuará...&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;____________________________________________&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;em&gt;* Unos veintisiete mil euros, más o menos (N. del A.)&lt;/em&gt;﻿&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-2226640866797936328?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/2226640866797936328/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=2226640866797936328&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/2226640866797936328'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/2226640866797936328'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/02/fin-de-trayecto-parte-quinta-capitulo.html' title='Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 52'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-6277204005718508494</id><published>2011-01-29T00:01:00.008+01:00</published><updated>2011-01-29T00:01:00.227+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 51</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Jueves, veinte de abril de 1989.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Noche estrellada.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: purple; font-size: large;"&gt;Sólo &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;las blancas estrellas iluminan este trozo de noche rectangular que contemplo tras la ventana. A lo lejos, muy a lo lejos, y muchísimo más abajo, puntitos amarillos señalan otro pueblo. Sólo los faros veloces de los coches de vez en cuando me deslumbran.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Hacía cuánto tiempo que no contemplaba una noche como ésta? &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esta tarde ha sido muy triste.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Por qué la tristeza tiene la capacidad de estirar las paredes del corazón hasta límites insospechados? ¿Puede el corazón albergar tanto dolor, tantas sensaciones negras, sin que estalle?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;He paseado por un sendero que he encontrado como a cien metros de la salida de la fonda. Enseguida me he encontrado ascendiendo una fuerte pendiente. Me he cansado rápido. No estoy para estas cosas, aunque esto ya me lo imaginaba. No me ha extrañado. Ni me ha preocupado, que supongo, es peor, bastante peor... El tipo de vida que llevo va dejando sus huellas. Aunque aparentemente estoy sana, seguro que rozo la anemia, fijo que el hígado va a empezar a darme problemas, y mi tono físico general se parece bastante al de las personas que hacen vida sedentaria. Rápidamente, diría que con anhelo, he buscado un lugar donde sentarme. Lo he hecho realmente exhausta. Cuando he recobrado el resuello, y me he fijado en lo que me rodeaba, la cosa ha sido peor. A mis pies he encontrado el cadáver de un pajarillo que se habrá caído del nido. Efectivamente, me he sentado bajo un árbol que en su parte inferior tenía un nido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¡Qué impresión me ha hecho tal descubrimiento! No sé por qué, pero me he imaginado que era mi propio cadáver el que estaba arrojado en el camino a la vista de cualquiera. Una pobre chica que había muerto sin haber empezado a vivir siquiera. El problema es que una parte de mi interior ya lo ve así.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Reconozco que eso es morbo puro, pero siento que ya no soy del todo dueña de mis pensamientos. Cada día que pasa, me pregunto si no estaré de atar. Si no necesitaré la asistencia de algún psiquiatra o psicólogo, aunque no iba a servir de nada. Lo primero que me iba a decir es que dejara el trabajo que tengo. Y tendría razón. Pero él no sabría que me es imposible abandonarlo… Y cuando viera que no le cuento las razones de tal imposibilidad, la cosa se complicaría más. Además, salvo que fuera cliente de &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt; y tomara droga, me imagino que Madelaine y Ricky me lo impedirían. (¿Y qué psiquiatra puede haber con ese currículum? Ninguno, por supuesto. Espero).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Efectivamente estoy loca.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El caso es que he pensado que el cuerpo de aquel pajarillo era trasunto del mío, y he temblado. Esto último me ha alegrado, pues si me ha asustado verme muerta, es que no deseo tanto como me digo que llegue ese funesto instante.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;“Todavía queda una rendija de luz, a la que engancharme”.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Con ese pensamiento he vuelto a la fonda. No he querido adentrarme más en la Sierra. Además estaba demasiado cansada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tras una ducha rápida, que por la hora ha extrañado a la dueña de la fonda, he bajado a cenar. Casi no he probado la verdura y el pescado. Por fin, se me ha acercado. Supongo que toda paciencia tiene su límite.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Señorita, ¿no le gusta la cena? ¿Prefiere otra cosa?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;He alzado los ojos. Le he sonreído con cierta dulzura. He comprobado que en su mirada, esta vez, había verdadero interés.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Es que no tengo apetito, gracias. De todas maneras está muy rico. Sobre todo, la menestra.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Pero es que este mediodía ha comido muy poco.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Ya. Es que soy de poco comer.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se ha marchado moviendo la cabeza en sentido negativo. No iba nada convencida por las respuestas que le he dado. Ha regresado de la cocina con un hermoso vaso de leche tibia. El gesto seguía siendo adusto, pero, tras el velo gris de sus ojos, he descubierto cierta luz de ternura.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—No está muy caliente —me dijo señalando al vaso—, ni tampoco muy fría. No le he puesto azúcar, aquí le traigo dos sobrecitos para que se eche lo que desee, pero bébaselo. Y no acepto un no por respuesta.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;He sonreído como he podido. Estaba rica. Me la he tomado toda, con los dos sobres de azúcar. Ella no se ha separado de la mesa ni un solo segundo, por si acaso.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;He bajado hasta el pueblo. Había bastante más ambiente que por la mañana. Hasta un cine tenían. Pero no he tardado en volver. Me sentía fatigada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ahora estoy que me caigo de sueño. Creo que me voy a dormir.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y no sabes, querido diario, poder escribir esto otra vez, qué alegría me da.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;Continuará...&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-6277204005718508494?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/6277204005718508494/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=6277204005718508494&amp;isPopup=true' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/6277204005718508494'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/6277204005718508494'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/01/fin-de-trayecto-parte-quinta-capitulo_29.html' title='Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 51'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-2450522343407971596</id><published>2011-01-27T00:01:00.007+01:00</published><updated>2011-01-27T00:01:01.420+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 50</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Jueves, veinte de abril de 1989.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Hora de la siesta.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: purple; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;La habitación&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; de la fonda en la que estoy hospedada, es una habitación sencilla, blanca y limpia. Blancas las paredes, blanco el armario, blanca la ropa de la cama, blanca la mesa. Sólo rompe el monocromo el níquel de la cama y el color madera de la silla en la que ahora me siento. Dispone de una confortable cama, una pequeño lavabo, un armario, la mesa donde estoy ahora, una ventana desde la que contemplo un hermoso panorama de sierra añil, moteada de miles de puntos verdes y amarillos. El cuarto de baño, y las duchas están al final del pasillo. También están muy limpios. Somos muy poco clientes, creo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ahora mismo estoy muy tranquila. Lo escribo, porque es una noticia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando he llegado al pueblo, nadie ha descendido del tren, excepto yo misma. Eso me ha puesto de muy buen humor, pues deduzco que nadie me ha seguido. Claro que pueden tener otros medios, o no ser tan evidentes. Pero si me siguen, a fe que lo hacen muy bien. Claro, que no soy ninguna experta en dar esquinazo a polis, y, además, tampoco lo intento.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Lo primero que he hecho, cuando he bajado del tren, ha sido tomarme un café en el bar de la estación, vacío a aquellas horas. Me he informado sobre los posibles alojamientos. He preferido esta fonda porque está más a las afueras. Quiero decir, más cerca de las primeras lomas de la Sierra. Tampoco es que tuviera mucho más que elegir, un pequeño hostal, justo enfrente de la estación.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;He recorrido pausada el pueblo para llegar hasta la fonda. Es un pueblo ya muy urbanizado, con poco o nada de rural. Queda algún resto, en esta parte, que se ve que, al estar más apartada del centro, y de la estación, no ha sido devorada por las ansias constructoras. Tiene pinta de ser eso que llaman ciudad dormitorio de Madrid. A esas horas todo, casi todo, estaba desierto. En apenas diez minutos, lo he cruzado y he llegado hasta aquí. El camino es una suave pendiente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La dueña de la fonda ni me ha mirado. No ha preguntado nada. Se ha limitado a darme la llave de la habitación y a enterarse si comería en el pequeño comedor o lo haría fuera. Le he dicho que, si no era demasiado inconveniente, lo haría en la fonda.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Ninguno, por supuesto —. Ha respondido seca—. Se come a las dos y media.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;He asentido en silencio.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tras dejar el bolso de viaje y despejarme un poco, he salido a pasear. He subido un poco al monte, por ver si respirando el oxígeno más puro, algo entraba en mí, algo que los acontecimientos pasados me han arrancado a cuajo. Reconozco que no me ha venido mal.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Durante el almuerzo he comprobado que hay algún huésped más. Cada uno ocupábamos mesas distintas en el comedor. El silencio sólo se veía roto por el ruido, más o menos apresurado, de los cubiertos sobre la loza de la vajilla. La dueña me ha observado con detenimiento, pero distante y silenciosa. No he debido de gustarle en exceso, fruncía mucho las cejas cada vez que se detenía en mí. No he procurado caerle simpática. No tengo ni ganas, ni necesidad, ni fuerza. Simplemente he sido correcta. Ella también, si soy sincera.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tras comer comida casera muy bien hecha, aunque, como siempre, enseguida se me ha acabado el buen apetito, me he subido aquí. Sé que la patrona me ha mirado con cierto recelo. No sabe muy bien a qué carta quedarse. Lo malo es que yo tampoco.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mi primera intención ha sido la de echarme la siesta, pero he pensado que sería mejor que el sueño me venciera esta noche. Pues, cada vez descanso menos y peor. Al principio, lo achaqué al golpe que sufrí con la muerte/asesinato de Enrique, pero ahora no sé a que se debe. Me preocupa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;He decidido escribir nuevamente. No tengo otra cosa mejor que hacer. Ni tampoco me apetece. Y a lo mejor me puede servir, al menos para ordenar mis pensamientos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;He contemplado, nuevamente la Sierra, el cielo claro y limpio. Aquí se escuchan los trinos frenéticos de los pájaros que a estas altu-ras están como locos empezando a criar. Un par de cigüeñas planean majestuosas del nido de la torre de la Iglesia hacia la sierra. Cada poco tiempo, cruzan por delante de la ventana. Me voy empapando de si-lencio y quietud.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;Me he quedado sorprendida pues, de pronto, he escuchado los latidos de mi corazón. Pausados, constantes, rítmicos. Como siempre, claro, como si nada hubiera pasado. Pero hacía tanto tiempo que no los oía… Quizá sea eso lo importante. No me ha pasado nada nuevo. Sigo viva.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un cansancio, que nace desde lo más hondo, niega vertiginoso tales palabras. Sí que estoy viva, orgánicamente. Pero anímicamente me destruyeron definitivamente el veintiuno de febrero. La reconstrucción de todo lo que mataron se me antoja imposible. Quizá una larga temporada en un lugar como éste.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Levantar cada una de las piedras que han caído hasta el fondo supone un esfuerzo agotador sólo de pensarlo. Además, habría que reconstruir, en primer lugar, muchos de los peldaños que he descendido hasta llegar a la sima en la que estoy. Miro hacia arriba y veo un muro vertical, mohoso, verdinegro, húmedo, sucio, que hiede. Con la falta de fuerzas que tengo, ese trabajo se me antoja inalcanzable. Así que he decidido quedarme sentada en el fondo. No sé si podrá bajar más. Ojalá que no, pero lo que sí empiezo a saber es que volver a subir me parece imposible.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Noto cómo declina la luz de la tarde. Casi lo mejor va a ser salir de nuevo y aprovechar hasta la hora de la cena. Volveré a llenarme de oxígeno, al menos mi organismo me lo agradecerá, aunque para lo que necesito a mi organismo con el alma tan gravemente enferma.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;(Continuará...)&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-2450522343407971596?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/2450522343407971596/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=2450522343407971596&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/2450522343407971596'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/2450522343407971596'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/01/fin-de-trayecto-parte-quinta-capitulo_27.html' title='Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 50'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-2948857956586526683</id><published>2011-01-25T00:01:00.005+01:00</published><updated>2011-01-25T00:01:01.610+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 49</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Jueves, veinte de abril de 1.989.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Mañana en el tren.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: purple; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Hace&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; casi un mes que te he abandonado, querido diario. Un poco de desidia. Otro poco de monotonía. Otro poco de miedo. Y un mucho de ausencia de mí misma en estas semanas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Miro a través de la ventanilla por la que entra oblicuo el sol de la mañana. Ilumina con pasión toda la superficie que se extiende a sus pies. Está sí que es una mañana de primavera, toda la naturaleza repunta y resurge, con energía y vitalidad. Siento envidia de la savia que empapa cada uno de los árboles y de las flores y de las más humildes briznas de hierba.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En estas semanas las cosas se han calmado. Poco a poco, se van convenciendo de que no soy un peligro para su negocio. Hasta yo empiezo a pensar que, efectivamente, no soy ningún peligro, puesto que ni siento ni padezco. Mi único anhelo es que llegue el próximo catorce de julio, para ver qué puedo hacer.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hoy por primera vez, desde los trágicos acontecimientos que llevaron a la muerte de Enrique, me han dejado libre hasta mañana a las ocho de la tarde en que regrese a la casa. Quizá es una prueba que me quieren poner. Quizá quieren comenzar otra vez todo el proceso conmigo. Quizá necesitan que me recupere completamente para el negocio. No sé si algún poli estará detrás de mí. Si es así se va a aburrir, pues pienso alojarme en el primer hostal que encuentre en el pueblo al que voy. Por precaución no es el mismo pueblo al que viajé en el mes de noviembre, cuando todo era posible, aún. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Levanto la cabeza por la ventanilla y observo con emoción y alivio, cómo sube la pendiente y nos acercamos a mi lugar de destino. Si me paro en la próxima estación, en vez de en la siguiente, que es mi parada, despistaré al poli, si es que me sigue. Pero no lo voy a hacer, pues inmediatamente sospecharía y seguro que me busco más problemas de los que ya tengo. Realmente no merece la pena. Una cosa ya tengo clara, merecerá la pena el día que tenga que intentar algo definitivo, mientras tanto, el que intente otra cosa, será descubrir mis cartas, y eso no lo voy a hacer.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt; se ha convertido en una rutina para mí. Eso sí, una rutina, en la que me meto como quien se zambulle en una alcantarilla hedionda. Cada noche me acuesto con dos, tres, hasta cuatro hombres. En alguna ocasión me eligen para algún servicio especial, normalmente algún lésbico bien con Belinda, bien con Vicky, muy raramente con alguna otra. Procuro no hacerlo mal. Procuro desconectar cuanto antes. Belinda me entiende y me ayuda. Vicky, sin embargo, hace lo que yo, con lo que en esos casos, nos miramos y sonreímos. Fíamos todo a que el cliente no se dé cuenta. Y también procuro que no se enteren de la desconexión, claro. Ejecuto los movimientos con la mayor exactitud e intento provocar la eyaculación del hombre lo antes posible. Es decir utilizo al máximo la técnica. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una profesional, en suma.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El güisqui es mi único aliado, el único calmante para mi espíritu. Noto cómo me arrastro por el local, con los ojos colocados en algún lugar alejado. Cada vez soy más abúlica. He notado que ni las chicas se acercan mucho a mí, debo parecerles un bicho raro. Noto que cada vez, a mi alrededor, crece un círculo más amplio de vacío. Madelaine ya me ha advertido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Venus, tienes que moverte con más garbo, con más gracia en la pasarela. Cualquiera diría que lo más importante de tu trabajo es atraer a los clientes, si parece que estás paralítica. Que tienes caderas, y culo, y piernas. Demuéstralo. ¿Ya te has olvidado de las primeras semanas que les volvías locos?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ricky sigue sin acostarse conmigo. Aunque en alguna ocasión me ha mirado con rostro de deseo, ha puesto esa cara que ponen ciertos hombres en esos casos, como una oveja degollada, pero sólo ha encontrado en mis ojos la dureza de la piedra que ha repelido instantáneamente tales acercamientos, aunque fueran visuales. De hecho, Madelaine en más de una ocasión que lo ha visto, se ha dirigido a él con una mirada imperativa y ha denegado con la cabeza. Creo que desde que me violó, Madelaine le ha prohibido que se acerque a mí, a cambio, ella hace todo lo demás que quiera el tiburón. De todas formas, hay noches que lo tiene que sujetar como si fuera un potro salvaje, y me imagino que cualquier día el potro&amp;nbsp;coceará. Supongo, por tanto, que pronto volveré a soportar su cuerpo en decadencia sobre el mío, y lo que es peor, su asqueroso pene dentro de mí. Sólo de pensarlo vomito… Esta es otra de las cosas que debo superar. Debo enterrar el odio que tengo a ese cabrón, o por lo menos que no lo note. Pero como conseguiré tal proeza, si cada día que pasa le deseo más de mil veces la muerte, por lo menos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sigo sin probar la coca. Nadie me la pide, a nadie se la pido. De momento aguanto, aunque creo que la anestesia que necesito cada vez es mayor, y no tardaré en volver a refugiarme en sus narcóticos efectos. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En definitiva, soy un bicho raro en el club.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me he detenido de nuevo a contemplar el paisaje. A lo lejos, la sierra de Guadarrama reposa su sueño, arropada por leves sábanas blancas… Es hermosa esta vieja Sierra.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Creo que la próxima parada es la mía.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Intentaré adivinar si de entre los viajeros que desciendan aquí, baja alguien parecido a un poli.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;(Continuará...)&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-2948857956586526683?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/2948857956586526683/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=2948857956586526683&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/2948857956586526683'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/2948857956586526683'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/01/fin-de-trayecto-parte-quinta-capitulo_25.html' title='Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 49'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-5941712982404981288</id><published>2011-01-22T00:01:00.009+01:00</published><updated>2011-01-22T00:01:03.015+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 48</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;Viernes, veinticuatro de marzo de 1.989.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;Media noche.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: purple; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Rasgaba&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; el aire claro del ocaso el quejido ronco, sonido casi telúrico y primigenio, de la saeta.&lt;br /&gt;¿Quién me iba a decir a mí que en Madrid una saeta iba a estremecerme de arriba abajo? A mí, que el flamenco nunca me ha apasionado, ni lo he entendido y por ello no le he prestado excesiva atención, más bien ninguna. Aunque ahora que lo pienso, en realidad, no entiendo mucho ninguna música. Si acaso me gusta algo más la clásica, aunque más porque me permite aislarme que porque sea capaz de comprender los mensajes que tiene, que según dice tiene, y muchos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La deriva de mis pensamientos me ha llevado al jardín del Moro, esta mañana. Allí escribí lo que antecede. Cuando salí de su acogedora espesura, busqué, como he dejado escrito, una iglesia. Muy cerca topé con el convento de la Encarnación. Me acerqué a la puerta y vi que los actos comenzaban a primera hora de la tarde. Por una vez las cosas me coincidían.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un rato antes de la hora indicada, entré al frescor de sus muros y quedé sobrecogida por el silencio y la paz que allí había. Hacía excesivo tiempo que no entraba en una iglesia. Está claro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La celebración fue lenta, o mejor dicho, la falta de costumbre me la hizo lenta, un tanto agónica y aburrida. Había distorsión entre las maravillosas cosas que se decían y el modo de decirlas por el oficiante rutinario, como si se tratara de un mecánico que está aburrido de arreglar coches, para él son siempre lo mismo, que Dios, me perdone la comparación. Eso dejaba de ocurrir cuando las monjas alzaban sus voces a coro, lanzando hermosas notas al techo de la capilla. No es que entienda mucho de música, (como acabo de decir), pero al menos, era agradable escuchar sus puras voces, y se notaba que ellas sí ponían todos sus sentidos en lo que estaban haciendo. Éramos pocas personas en la capilla, cuarenta todo lo más. La mayoría mujeres mayores de rostros cansados y arrugados, hastiados y quejosos. Había un matrimonio de edad madura. Y un joven que no me quitaba el ojo de encima. No sé si extrañado por la presencia de una joven allí dentro, o ocupando sus pensamientos en cosas diferentes a las que pedía la liturgia. No me importó lo más mínimo. Era su problema. En todo caso, que le aprovechara. Me concentré en el silencio del templo, en la paz, en el sosiego que se respiraba ahí dentro. De lo que es la celebración poco me enteré, salvo del momento en el que unas a otras, las monjas, se lavaban los pies, en recuerdo de lo que Jesús hizo con sus apóstoles. Cuando acabó la misa, el sacerdote que la presidía, rodeado por una olorosa nube blanquecina de incienso se dirigió, con un copón lleno de formas consagradas, hasta el monumento que habían prepara-do las monjas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Era un monumento sencillo, austero, pero de una estilizada belleza atractiva. Blancas calas lo enmarcaban y dos candelabros de velas apoyados sobre la enorme alfombra grana. Allí se arrodilló el sacerdote e introdujo en el sagrario el contenido del copón.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Después, durante unos minutos, el bisbiseo de las ancianas llenó el templo como de leves brisas. También me arrodillé. Permanecí muda, por dentro y por fuera. Estaba allí, simplemente. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Si Dios existe, supongo que se habrá compadecido de mí.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando salí del templo, un poco aturdida presté atención a conversaciones sueltas. De palabras de aquí y de allá, me he enterado de que por aquella parte de Madrid había una procesión. Creo que era una cofradía que habían creado inmigrantes andaluces, hermana de otra de Sevilla. Quedé sorprendida, pues ignoraba que en Madrid hubiera procesiones. Decidí quedarme para verla.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y fue entonces, cuando la virgen llorosa pasaba frente a mí, desde el balcón de la casa donde estaba apoyada, una poderosa voz de hombre rasgó el aire con una lastimera saeta. No me molesté en separar mi espalda del muro. No intenté poner rostro a aquella voz. Hubiera matado la magia. Volví a llorar. Está claro que tengo la sensibilidad a flor de piel. La tarde era calma. La luz del ocaso, todavía era intensa. La virgen, como yo, lloraba. Y el aire era traspasado por el eterno sonido del lamento que plasma el dolor del ser humano. Me sentí parte de ese dolor, de esa angustia, de esa soledad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una vez más (como tantas veces he escrito ya), las lágrimas me han confortado. He vuelto a la casa con ciertos ánimos recobrados, con cierta ligereza dentro de mí, como si hubiera arrojado lastre, un lastre amargo y opresivo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A estas horas, en algunas iglesias celebran la hora santa, conmemorando la oración de Jesús en Getsemaní. Ese momento de la pasión, siempre me ha impresionado, sobre todo, si pienso aquello que dicen, que mientras oraba a su Padre, sudó gotas de sangre, debido a la angustia que tuvo que soportar. En esos momentos, Jesús siempre me ha parecido muy humano, muy cercano y es cuando más le he admirado, ya que fue capaz de asumir lo que le esperaba con tal de no traicionar la confianza que habían puesto en él. Si tengo alguna duda acerca de la existencia de Dios, es precisamente por este momento. Es tan poderoso, y me consuela tanto, que no sabría qué hacer si alguien demostrara definitivamente que Dios no existe. Acaso que sea lo único que me ate a la vida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Si es verdad, Jesús, todo lo que dicen de ti, si es verdad que padeciste y sufriste por nosotros, si es verdad que estás en algún lugar del cielo, mírame. Contempla mi dolor y mi angustia, esta pena que me asfixia. Estoy presa. Soy menos que una piltrafa. Sé que una vez perdonaste a una puta, como yo, pero ella cambió de vida, yo no puedo. (¿O no quiero? Sinceramente, no lo sé). Entre todos me han ido quitando lo que más anhelaba. Entre todos me han ido empujando hasta este estercolero en el que naufrago.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Jesús ten compasión de mí.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;Continuará...&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-5941712982404981288?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/5941712982404981288/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=5941712982404981288&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/5941712982404981288'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/5941712982404981288'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/01/fin-de-trayecto-parte-quinta-capitulo_22.html' title='Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 48'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-1125107713847798901</id><published>2011-01-20T00:01:00.008+01:00</published><updated>2011-01-20T00:01:00.536+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 47</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Jueves, veintitrés de marzo de 1989.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Mediodía.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: purple; font-size: large;"&gt;Me dicen&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; que es Jueves Santo. Me lo ha dicho Belinda, bueno Sole, que a pesar de la profesión es muy devota y piadosa. Y además se encarga de transmitírnoslo. Supongo que reminiscencias de su Latinoamérica lejana y añorada. (¡Qué distintas son las sudamericanas de las españolas! Ella siempre aparenta felicidad. Ella mira al futuro con la transparencia de los niños. Recuerdo que le pregunté por qué siempre estaba alegre. Y me dijo algo que se me clavó en el alma: “Verás, Mila, nosotras hemos sido criadas con cariño, con amor, mientras que ustedes han sido criadas a gritos. Si yo estoy en este mundo es sólo para mandar plata a los míos de allá. Ustedes, ¿por qué?”).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esta sola noticia, la de que es Jueves Santo, me ha animado, leve, pero apreciablemente. Lo he notado, no solo en mi interior, sino que, cuando me he mirado al espejo, un brillo especial, casi olvidado, nacía de mis ojos. Como si mi alma estuviera agobiada por el sofoco del calor, y, de pronto, como un milagro, se sintiera acariciada por una leve brisa, leve, pero refrescante, al fin. Hasta he roto mi compromiso y mis precauciones, y he sacado mi diario, aún a riesgo de que el vigilante de turno se dé cuenta de su presencia, informe de su existencia, y ellos piensen que es peligroso. No saben cuánto lo es. Me he vuelto a repetir que es importante que tenga cuidado, que sea prudente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mi recuerdo vuela rápido y anhelante hacia Euritmia, otra vez. En estos días, en las horas en que todavía no he sido atrapada por el fango del güisqui, o cuando aún el sueño intranquilo no me ha acorralado, recuerdo con mucha frecuencia mi ciudad. Pero mis recuerdos son de cuando era niña. Recuerdo el trasunto que me ha dejado de mi niñez. Y la añoro. La añoro mucho. Más, incluso de lo que me reconozco, porque tal reconocimiento me duele más aún, porque significa mi fracaso, y mi error.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando era niña, era un hermoso día el de Jueves Santo. Era fiesta en casa, puedo afirmar que era una de las fiestas más importantes de todo el año. La siguiente en importancia a las navidades. No tanto como la de los Reyes Magos, pero casi. Mamá hacía montones de torrijas dulces y doradas, esponjosas y apetecibles. Incluso ese día ella se hacía más esponjosa, como una extraña ósmosis entre el alimento cocinado y la cocinera. Yo me preguntaba que por qué no haría más veces esas deliciosas torrijas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por la tarde, una vez que habían concluido los oficios en las distintas iglesias de la ciudad y la luz declinaba, recorríamos con el abuelo casi todas, sobre todo, las que están en la parte más antigua, las del Barrio Alto. En cada una de ellas las feligresas, siempre eran las mujeres, se afanaban por poner el Monumento más hermoso, más repleto de flores que, como estallidos de colores, explotaban en nuestras retinas. En todas ellas, olía a incienso, a cera quemada y a perfumes de las señoras que se habían arreglado (engalanado), porque aquel día era uno de los tres jueves que brillaban más que el sol. En todas, había un ajetreo inusitado, una marea continua de grupos de personas que entraban y salían, el contumaz chirrido de las puertas, que tan nervioso ponía al abuelo, un revuelo de bisbiseos y rezos quedos, el eco de pisadas amortiguadas… Y un misterio inasible flotando en aquella atmósfera densa, casi sólida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Más tarde, ya anochecido, el ronco sonar de cientos de tambores llenaba de ecos fúnebres e inquietantes, las pinas callejuelas de la ciudad. Comenzaba la procesión. Y toda Euritmia, a parte de sus creencias, o sus no creencias, salía a la calle a contemplar el dolor del Hijo y de la Madre paseándose por entre las callejuelas. A mí me gustaba todo aquello, por el aire de aventura y de cierto romanticismo añejo que tenía. Incluso me emocionaba, a veces. (Luego, con más años, me aburría un tanto, todo hay que decirlo). Era impresionante el silencio de la ciudad, apenas un murmullo inaudible brotaba temeroso de las filas de los espectadores, un murmullo acallado muy pronto por seseo de cientos de pasos tenues, por los redobles de los tambores y los lamentos de las cornetas. Los colores de las cofradías morados, negros, carmesíes, cerúleos, céreos, blancos, verdes flotaban un poco fantasmales entre nosotros. Las expresiones doloridas y desencajadas de los rostros de las vírgenes impactaban como un golpe en mi cerebro infantil. El verismo contundente de las anatomías que representaban al crucificado, o al yaciente, prácticamente desnudo, hacía correr un frío estremecimiento por el mismo centro de la espalda. En suma, el exacerbamiento del dolor y el desgarro, de la soledad y la muerte trocados en arte, y peligrosa cercanía, exaltados a la categoría de emoción y belleza. La pasión en la mirada, en los sentidos todos. Los olores penetrantes e intensos de alguno de los pasos que dotaban de magia y más vida a la imagen. La enormidad, casi inmoral, de las cruces de los penitentes que levantaba, por igual, admiración, dudas, maledicencias y envidias. La elegancia austera y silenciosa de las señoras ataviadas con la mantilla, siempre de negro, siempre de riguroso luto, como si quisieran multiplicar el dolor de la Madre. Normalmente eran aquéllas, noches frías, de relentes y vientos ábregos, incluso de pequeñas gotas que más bien parecían trozos de hielo arrojados desde algún lugar desconocido y lejano. De hecho, más de una vez, hubo de suspenderse tal procesión debido a la climatología. Pero había veces, muy pocas que yo recuerde, en que la primavera había entrado, contundente, y las noches calmas y templadas, hacían más verosímil y trágico todo aquel drama que se representaba un año más, por lo que la fría culebrilla deslizándose por el centro de las vértebras era más intensa y duradera.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En este Madrid, no se notan tales cosas. Probablemente, si Sole no me lo hubiera dicho, ni me habría enterado. Madrid es un monstruo que sólo se contempla a sí mismo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Creo que soy injusta. Creo que Madrid alberga todo, porque, en el fondo, tiene entrañas de madre y a cualquiera admite. Hasta a mí me admitió.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Supongo que en las iglesias será distinto. Todo se parecerá a mi ciudad, pero en la calle, salvo que los comercios cierran en su mayoría, no se nota nada. De hecho, como cualquier otro día de fiesta, mucha gente aprovecha la jornada como asueto y acaba en cualquiera de los parques de la ciudad, o incluso, desaparecen de Madrid y se acercan a los sitios con más tradición.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Creo que esta tarde buscaré y entraré a una iglesia. Intentaré sumergirme en su silencio, e intentaré dejarme empapar del misterio que allí se respira. No sé a cual todavía, pues si soy sincera no me he fijado en prácticamente ninguna en todos estos meses, pero voy a ir, a ver si logro que un poco de paz llegue a mi corazón y lo rebose. su-pongo que en el centro serán más fáciles de encontrar. Además, si hay algo que me pueda acercar a aquellos años infantiles, sin duda ninguna que será por el centro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;Continuará...&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-1125107713847798901?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/1125107713847798901/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=1125107713847798901&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/1125107713847798901'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/1125107713847798901'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/01/fin-de-trayecto-parte-quinta-capitulo_20.html' title='Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 47'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-5429289833839916904</id><published>2011-01-18T00:01:00.008+01:00</published><updated>2011-01-18T00:01:04.393+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 46</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;Viernes, diecisiete de marzo de 1989.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;Principio de la madrugada.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: purple; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Debo&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; de tener sumo cuidado. Esta tarde he llenado nada más que unas hojas del cuaderno, pues, de pronto, me he percatado que cualquier día me lo van a ver y alguien me lo quitará. Y es lo último que queda de mí, a parte de este cuerpo que deambula agotado por la vida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¡Querido diario, hasta tú, compañero silencioso, corres peligro en mi compañía!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De todos modos, ha sido suficiente. Acabo de releerlo y prometo solemnemente que no caeré en esa melancolía. Enrique será un recuerdo, y acaso una aspiración. He de hacerme fuerte, por lo menos, aparentar la dureza y la frialdad y la impenetrabilidad de una roca. En definitiva, no darles ninguna posibilidad de que se compadezcan. Más bien que me teman, que me odien si es necesario. Que no sepan, o no sean conscientes, que me tienen en sus manos, que en realidad soy un pájaro al que le han cortado las alas. He de procurar que no intuyan mi debilidad, mi ánimo desesperado y negro como un túnel. Tienen que dudar, sentir que sigo siendo un peligro, aunque sea un peligro lejano.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Soy fuerte, o eso tienen que creer.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El único lugar seguro para escribir será esta habitación, donde espero que no haya alguna cámara oculta, ni micrófonos escondidos como en la habitación del club... ¡Qué paradojas! Mi cárcel será mi único espacio de libertad, en el que pueda expresarme tal cual soy, por lo menos en el momento en el que lo escribo. Creo que esta labor de escritura es el único hilo que me podrá unir al resto del mundo. El único espacio en el que soy quien quiero ser. Así que, emplearé los días que pueda, sobre todo los jueves y los viernes (al fin y al cabo estaré más descansada que los demás días), para ir poniendo por escrito las cosas que me ocurren. Y los pensamientos que circundan mi cabeza.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Quién le iba a decir al chico que me lo despachó, que este cuaderno de pastas de hule negro, se convertiría en mi tabla de salvación? ¿O en mi cementerio?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;(Ya no sé si quiero hacerte daño mamá. O con todo lo que ha pasado es suficiente. Pero continuaré con estas páginas. A partir de ahora, más por mí que por ti, me ayudan a pensar. Al fin y al cabo es lo único que me pertenece en plenitud. Por no saber, ni siquiera sé si alguna vez llegará hasta tus manos).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No sé si es porque me han visto languidecer: he adelgazado tres kilos y medio en un mes, mi rostro ha palidecido ostensiblemente, duermo mal, como muy poco…. O es porque el peligro que temían de mí, un chivatazo, desaparece, se desvanece. O porque me tienen que recuperar para el negocio, pues de esta manera les salgo poco rentable. O por todo eso. O por otras cosas distintas y que no acierto a imaginarme. O por nada de ello. O por lo que sea. El caso es que han vuelto a cambiar mi régimen de vida. Digamos que, como sucedió en casa antes de que supieran que salía con Joaquín, me han levantado parte del castigo. Ahora puedo salir de la casa los jueves hasta las once de la noche y los viernes hasta las ocho, en que he de regresar aquí, para arreglarme e ir con el resto de chicas hasta &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt;. Me siento como un perrillo al que dan algo de cuerda para que estire las piernas. Supongo que piensan, los muy cretinos, que tragaré el anzuelo que me ponen, que confundiré la ampliación de la cuerda con la libertad. Eso es imposible. Lo único que buscan es ensancharme la celda. Pero no saben, que ya conozco esa técnica, y que conozco dónde están sus engaños y peligros.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tampoco sé my bien por qué me pongo así, pues en el fondo, toda la vida no es más que eso. Todos vivimos en nuestras cárceles propias y, cuando nos damos cuenta, si es que nos la damos, nuestro único objetivo es llevar un poco más lejos de nuestro corazón sus paredes.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Estoy divagando.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;(Y yo que decía, mamá, que lo que me hacíais en casa era control férreo. Esto es libertad condicional y vigilada).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aunque, al menos, ya me dejan salir.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Alguien me vigila esos dos días. No he visto a mi guardián, claro, o si lo he visto me ha pasado desapercibido, pero un sentido especial, me hace percibirlo con la misma claridad con la que ahora veo las letras que se agrupan en esta hoja de papel. Soy como la presa que huele al cazador, aunque el viento no haya cambiado. Lo más probable es que sea un poli que conozca Ricky, al que le pagarán (no sé si en metálico o en especie) algún extra bajo cuerda por este trabajo. Me da lo mismo. Ahora que se acerca la primavera, que se huele en el ambiente, aprovecharé para ir por el Retiro, o al zoo, o al Parque del Oeste, o a sitios así. Procuraré hacerle trabajar al poli que me siga. Por fastidiar, más que nada. Si quiere ganar dinero, u otras cosas, que lo curre. Ya que me dan cuerda, la estiraré hasta donde me dejen. Eso sí, tendré cuidado y no la tensaré en exceso, no se vaya a romper.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Lo que hago y yo misma, somos realidades distintas, separadas por un leve cristal, que, a pesar de su levedad y aparente fragilidad, es impenetrable. Siento que mi cuerpo es ajeno a mi persona. Me siento dividida. Desde hace una semana he vuelto por &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt;, otra vez. Procuro no levantar sospechas y me comporto como las demás. Pero, claro, también he tenido otros regresos, por ejemplo, he vuelto al güisqui, cada día acabo prácticamente borracha. No me importa. Incluso diría que es el mejor analgésico contra el contumaz y doloroso desgarro que sufro en el alma. Casi es un anestésico. Me someto a todo lo que digan los clientes. Les río las gracias, hago que les escucho cuando me hablan. Soporto sus cuerpos, como las rocas de una playa soportan los vientos y las mareas. No siento nada, aunque finja sentirlo. Mi mirada está siempre alejada y algo ida. Anclada en algún lugar remoto y desconocido, incluso para mí. Parezco una ninfa melancólica (creo que eso dijo de mí el bueno de Agustín, el alevín de poeta del grupo, allá en nuestro barrio de Euritmia), pero no significo mayores problemas para el funcionamiento del club. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sin embargo, ahora no soy la chica a la que cualquier cliente apetecía. Noto que mi melancolía, mi delgadez acuciante, mi mirada perdida, mi sonrisa bobalicona, los asusta, los retrae. O, quizá, es que mi propio subconsciente, sin yo saberlo, ponga una muralla a mi alrededor… No lo sé. Es más, no me importa en absoluto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Desde el mes de febrero Ricky no se ha vuelto a acostar conmigo. Nadie me ha vuelto a hablar de la coca, y es como si la droga se hubiera hecho invisible para mí. Como si no existiera. Supongo, no obstante, que volveré a tomarla. Necesito hacerme más invulnerable a las noches en &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt;. Y, sobre todo, necesito sobreponerme al dolor cada vez más agudo que me magulla y me despedaza justo en el centro del alma.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Desde este día, desde este momento, he decidido que sólo seré Venus. La joven prostituta de lujo ocupará todo mi ser. Milagros de Andrés Sebastián, con su historia y su sufrimiento, con sus ilusiones y sus miedos, con sus sentimientos y sus melancolías, quedará enterrada en un pequeño rincón oscuro e inaccesible del desván de mi mente. Ese rincón que sólo se hace presente en las pesadillas que me acechan y me afligen cada vez con más frecuencia. Seré un recuerdo lejano y triste, muy triste, de mí misma.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando cumpla los dieciocho, mi anhelado catorce de julio próximo, intentaré largarme. Hasta entonces, estudiaré con detalle la mejor manera de hacerlo. Pero he de ser realista, lo más probable es que me lo impidan. Lo más probable es que no corran tan evidente riesgo para su pingüe negocio y para su propia seguridad. Visto lo que hicieron con Enrique, hacerme desaparecer no les supondrá ninguna pega. Ni ningún esfuerzo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Si no lo logro (marcharme del club, digo), me dejaré morir. A lo mejor, puedo provocar que me maten en un intento de huida, así acabaría todo rápido. Será la mejor salida. Si me sale bien, si consiguiera alejarme de sus garras, volvería a intentar empezar de nuevo. Si no, al menos habré dejado de sufrir, que tal y como está el patio es más que suficiente. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Es la última oportunidad que me doy a mí misma. Ante ti, diario mío, lo juro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La madrugada de Madrid, esta honda madrugada de hoy, es serena y amplia, profunda y melancólica, como un nocturno de Chopin, triste de puro hermosa. Las lágrimas bordean mis ojos, como el agua del mar acaricia la arena de la playa. Acabarán saltando como en una tormenta de verano. No sé exactamente por qué, me imagino que porque me contemplo y lo único que queda de mí es un deshecho que sólo sirve para que los buitres se alimenten con sus despojos, ya malolientes.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Acabo de regresar de la ventana, y al contemplarme en el espejo, con el pijama que llevo puesto, casi no me he reconocido. ¿Dónde está aquella chica que partió de Euritmia con miedo, pero con toda la ilusión y la energía en su corazón? ¿Dónde está la Mila que al mover su melena nocturna levantaba pasiones entre los chicos del barrio? ¿Dónde están los latidos enamorados del corazón ardiente, aquella primera noche en brazos de Joaquín? Todo se ha perdido. No queda, casi, ni el parecido en los rasgos, no queda la rotundidad de aquel cuerpo. Hoy, en poco más de seis meses, soy un organismo endeble, frágil, quebradizo. En menos de un año, en siete meses apenas, se me ha marchitado todo aquello por lo que merecía la pena empezar aquella aventura. Me miro y no me reconozco. Me adentro en mi interior, y me desconcierto más aún.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¡Cuánto añoro ahora la seguridad raquítica de Euritmia! ¡Cómo me duele tanta valentía! Cuánta verdad en aquello de que los cemente-rios están llenos de valientes.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;He tirado mi vida por la borda. Reconozco que me equivoqué. Reconozco, que para acabar en estas cloacas, podría haberme sometido a los dictados de mi familia. Habría sido, muy a mi pesar, agua estancada, pero limpia. Ahora soy agua estancada, pero sucia y repelente. Más aún, casi ni agua, lodazal maloliente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Estoy sola y asustada. Me da miedo plantearme mañana. Me da miedo mirarme al espejo. Me da miedo mirar a la gente de la calle. Cuando llego a &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt;, una profunda náusea invade los pocos centímetros que me quedan de espíritu. Sé que la única solución es largarme de aquí. Volver a casa, y aguantar lo que ellos quieran. Al final, todo se pasará. Al final, ellos serán mi familia y yo su hija. Ellos no me destruirán más de lo que estoy, si acaso, intentarán que vuelva a respirar. Tampoco podrían conseguir mucho más.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me he de olvidar del orgullo, de Joaquín, de Enrique, quizá, incluso, de este diario, de mis ansias de libertad, y humillarme ante ellos, cualquier cosa con tal de poder respirar de nuevo... Quizá en unos años todo se olvide, o quede alejado en el recuerdo, como una mala pesadilla infantil.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sólo escribo simplezas. Me he de dar cuenta de que ahora es demasiado tarde. Ya sé lo que tengo aquí. Y si logro huir, será preparando otro jaleo. Sinceramente, no tengo ánimos para ello. Conclusión, languidecer hasta que el cuerpo aguante. O hasta que me echen. Esa es otra posibilidad. Lo que pasa que me pueden echar haciéndome desaparecer. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;Continuará...&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-5429289833839916904?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/5429289833839916904/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=5429289833839916904&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/5429289833839916904'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/5429289833839916904'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/01/fin-de-trayecto-parte-quinta-capitulo_18.html' title='Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 46'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-3522423485305597086</id><published>2011-01-15T00:01:00.003+01:00</published><updated>2011-01-15T00:01:03.520+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 45</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Jueves, dieciséis de marzo de 1989.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: blue;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Atardece.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: purple; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Hoy,&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; después de casi un mes, he vuelto a salir a la calle, por fin. He recibido la suave y dulce caricia de los dedos de ámbar del sol en mi rostro pálido y demacrado. Me ha sorprendido el día soleado y tibio. Mis recuerdos han volado como golondrinas asustadas hacia Granada, hacia aquella tarde en el Albaicín en la que, a través de las pupilas de Enrique, miré la puesta de sol, tan enamorada, a pesar de que mi cerebro asustado se lo quisiera negar a mi corazón anhelante… He temblado con el recuerdo, como las gotas de rocío titilan al amanecer.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sospecho que me siguen. No se fían de mí. Tardarán, me imagino. Casi estoy convencida. Pero me da igual, porque no pueden perseguir el camino de los latidos de mi corazón, mejor dicho, la senda invisible por la que viajan los latidos de la oquedad que ahora es mi corazón.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me he encaminado con calma, intentando disfrutar del sol, hasta Plaza de Castilla y desde allí he cogido un taxi. He ido hasta la Almudena, el cementerio donde estaban los restos de Enrique. Tenía que hacerlo. Era mi postrer recuerdo hacia él, hacia mí, hacia lo que debió ser, pero arrancaron a cuajo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No he podido evitar otro escalofrío cuando he llegado al camposanto. Me ha sorprendido, me ha embargado, el brutal contraste entre el silencio que había en el recinto, y el ensordecedor trasiego de las calles colindantes. He preguntado en un susurro, no sé muy bien por qué (¿quizá por no perturbar esa quietud?), a uno de los sepultureros por la tumba en la que habían enterrado a Enrique Lozano Muñoz. Al pronunciar su nombre, una lágrima furtiva ha vuelto a resbalar por debajo de mis negras gafas de sol.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;"&gt;—&lt;/span&gt;¿Era su padre, señorita?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A pesar de la tristeza que me anudaba, una sonrisa de picardía ha nacido desde mis ojos, estoy segura. Menos mal que las gafas de sol me ocultaban, si no qué habría pensado aquel hombre. No he respondido. He preferido que la duda continuara en su mente. O mejor, he preferido que pensara que la emoción me embargaba con tal intensidad, que no podía responder, afirmativamente, por supuesto. ¡Si supiera que era mi amante! ¿O mi cliente?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Con la delicadeza propia de quien conoce su oficio en todos su matices, me ha dejado sola ante la tumba, tras consultar el correspondiente libro de registro. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Es un nicho con una lápida de granito pulido y brillante, en la que se lee, “PERPETUO”. La palabra me ha impactado.&lt;br /&gt;Perpetuo. &lt;br /&gt;Perpetuo, sonido de percusión dolorosa y breve, contundente y precisa, en el centro del alma. “O sea para siempre, que no tiene final”, he pensado. “Enrique, estarás tan frío allá dentro. Estará todo tan oscuro. No verás la hermosura de este día.” He agitado la cabeza enérgicamente. “De ésta, enloquezco, seguro, si es que no lo estoy ya”, he vuelto a pensar. Debajo de la contundente palabra, el nombre de Enrique y dos fechas: veintitrés de noviembre de 1949; veintiuno de febrero de 1989. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nada más…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ni una flor en el vacío búcaro que tiene adosado la lápida en la esquina inferior derecha, ni una corona. Ni los restos de pétalo marchito. Nada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De pronto, como una aguda punzada, con la misma sensación dolorosa de un alfiler, he sentido, pegados a mi nuca, dos ojos inaccesibles al cansancio, constantes en su trabajo.. No he querido girarme, pues sabía positivamente que, en cuanto mi cabeza iniciara el movimiento previo a darme la vuelta, aquellos dos alfileres desaparecerían, se harían invisibles.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No sé si he rezado. Casi no me acuerdo. Hace tiempo que los rezos me parecen palabras hueras que sólo sirven para consolarnos vagamente, que se me han olvidado hasta las oraciones que me enseñaron cuando era pequeña. He pronunciado palabras de odio hacia Ricky, hacia Madelaine, hacia el mundo. Pero la mayoría de mis frases eran en las que pedía perdón a Enrique. Por no haber sabido decir no aquella tarde en la cafetería. Por no haber aprovechado la puerta de salida que me había abierto. Le he pedido perdón por haberme abrazado a su cuello como una niña tonta. Por haber regresado junto a él a la semana siguiente, y a la otra… Me tendría que haber tragado mi soledad una vez más. Quién sabe, a estas alturas, quizá, lo hubiéramos hecho más veces que de la otra manera. Quizá nos seguiríamos viendo en &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt;. Como puta y cliente, sí, pero también con un pequeño sentimiento especial entre los dos, disfrutando de esa leve corriente eléctrica que de algún modo nos unía, aún en el ambiente oscuro, fétido y artificial del club. He vuelto a agitar la cabeza, pues no me parecía un pensamiento correcto para aquel lugar, que siempre me han dicho que era sagrado. Desde esta mañana, estoy convencida de que, es el más sagrado de todos los lugares. En fin, me he encogido de hombros.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;He buscado a mi alrededor. No había nadie a la vista. He supuesto que el sepulturero estaría a sus cosas, y lo que viera el poli (o lo que fuera) que tenía pegado a la nuca me daba la mismo. Un par de tumbas más allá, a mi derecha, he localizado lo que buscaba. Me he acercado, y he pedido en silencio perdón a su morador. “Total, a ti seguro que te vienen a ver más, Fidel”, le he dicho mentalmente, una vez que he leído el nombre del que allí yacía. “Para Enrique, lo más probable, es que ésta sea la primera y última flor, en toda la eternidad”. La contundencia de la palabra, aun en mis pensamientos, fue tan dura, que mis manos temblaron. Con decisión, a pesar del escalofrío que me recorría, me he acercado a la tumba de Enrique y he colocado en el interior del búcaro la flor que he quitado a Fidel. Al mismo tiempo, y con un cuchillo clavado en lo más profundo del corazón (mejor dicho, en su oquedad), he besado la fría lápida. No he podido evitar pensar que sus labios, normalmente tan ávidos de mí, estarían exactamente a esa temperatura. El estómago se ha rebelado, pero he logrado sujetarlo. Después, me he despedido de la tumba de Enrique. “Enrique, no volveré a este lugar, te lo juro. Te llevaré dentro, en el hueco en el que antes tenía el corazón. A partir de ahora, mi corazón será tu recuerdo. Y te recordaré mientras me sonreías, cuando yo veía cómo el sol poniente de Granada sacaba rebrillos de oro viejo en tus ojos de miel. Hasta la eternidad, Enrique. Te prometo que un día volverá a tu lado.”&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando he salido de aquel lúgubre lugar, las lágrimas volvían a correr su veloz carrera hacia la nada. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Yo que pensaba, que ya no me quedaban más lágrimas que llorar...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;Continuará...&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-3522423485305597086?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/3522423485305597086/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=3522423485305597086&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/3522423485305597086'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/3522423485305597086'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/01/fin-de-trayecto-parte-quinta-capitulo.html' title='Fin de trayecto. Parte quinta. Capítulo 45'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-4631183638216308709</id><published>2011-01-13T00:01:00.011+01:00</published><updated>2011-01-17T13:59:22.796+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Cuarta parte. Capítulo 44</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;Viernes, tres de marzo de 1989.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;Casi de madrugada.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: purple; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Bosques&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; tenebrosos de cipreses muertos me persiguen. Brazos asesinos, sus ramas nudosas. Los fantasmas nocturnos me niegan el descanso. Ni siquiera ese pobre consuelo para la víctima herida..&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La noche de Madrid alta y ruidosa, profunda y estridente llega hasta mis lacerados oídos. Soy víctima del aciago destino que persigue todos mis actos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esta tarde ha estado conmigo la buena de Sole, Belinda para los clientes. No creo que sea ella la espía. Más bien, todo lo contrario, si acaso, ella es la única que se puede decir, que es amiga, o algo parecido, al menos. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Su carácter expansivo, optimista, su risa cantarina y algo estridente ha intentado que desaparezcan de esta habitación los miasmas de la angustia que la tienen invadida. Pero todo ha sido inútil. He intentado ser agradable con ella, pero mi soledad y mi dolor y mi pena y mi angustia son de tal calibre que nada ha podido hacer.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando se han ido a trabajar, he bajado a cenar. Sin apetito, como llevo este tiempo, pero me obligan y obedezco. Después, he vuelto a subir a la habitación. Sabía lo que tenía que escribir, si no hubiera aparecido Sole, ya estaría puesto en el papel. Sin embargo, después de la cena me ha dado miedo seguir, era como volver a convocar al dolor sordo y lacerante de nuevo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;He decidido intentar ver la tele. Me he aburrido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al final me he acostado. Pero no he conciliado el sueño. Así que he resuelto volver a estas páginas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ya que los trasgos de la noche no me permiten conciliar el sueño reparador intentaré terminar de contar los acontecimientos de la semana pasada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por fin, la madrugada del martes siguiente me sinceré con Madelaine. Después de contarle todo lo que había pensado, meditó brevemente. “Puede ser una solución”, dijo. Era por tanto el día veintiuno de febrero.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A los pocos momentos, apareció Ricky. Traía colgada una sonrisa lobuna y sangrienta que le ocupaba todo el rostro. Se dirigió hacia mí. Sin preámbulos lo soltó. Como si le pesara en mitad del alma.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Gatita, un BMW de color gris plateado ha sufrido un accidente. Ha sido una pena. Un muerto. Por suerte iba él solo... Ninguna chica lo acompañaba, esta vez.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cayó el mundo sobre mí. Sentí que cada estrella agobiaba mi cabeza. Creo que hasta dejé de respirar. Pero debió de pensar que no era suficiente y apretó, un poco más, el nudo de la soga que presionaba mi cuello.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Según me han dicho los de la Policía Municipal, tenía averiada la dirección… No se puede salir de viaje sin revisar el coche, es una locura. Ya lo dice la tele, gatita.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me desmayé. O eso me han dicho, porque no recuerdo nada más.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mi siguiente recuerdo corresponde al día después por la mañana. Pensé que había sido una pesadilla, la más horrible y diabólica de toda mi vida. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un periódico, convenientemente olvidado en mi habitación, y no menos convenientemente abierto por la página de sucesos, hizo que la cruda realidad abofeteara de nuevo mi alma magullada, gravemente herida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Herida de muerte?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Desde aquella funesta madrugada no he vuelto por &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt;. Madelaine me lo ha prohibido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Necesitas descansar. No te preocupes de nada. Solo recupérate.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;He pensado y repensado miles de veces en estos días. Nadie podrá hacerme creer que fue un accidente, por más que me enseñen todos los informes y peritajes de todas las empresas del mundo... Ricky nunca podrá convencerme que él no ha tenido que ver en el asunto. Pero, cómo lo demostraré. De hecho, me han jurado que nunca llegarían tan lejos, siempre y cuando Enrique se estuviera quieto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En secreto he recordado lo que le conté a Enrique, y por más vueltas que le doy a las cosas, con lo que le había contado de la coca y de Ricky, no tenía mucho. No creo, tampoco que le interesara, por lo menos ahora, intentar nada. Lo único que le interesaba era yo. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sospecho que algo muy feo se cuece en los oscuros entramados de &lt;em&gt;Jazmín.&lt;/em&gt; Algo a lo que todavía no me he acercado, y que a este paso no me acercaré. Tampoco me interesa demasiado, esa es la verdad. Ahora ya sé que mis sospechas (mis intuiciones, más bien), eran ciertas. Ricky es algo más que un cliente que cobra en carne el suministro de las dosis. Quizá Madelaine no sea la única propietaria del negocio. Quizá haya clientes, especiales, a los que se les suministra la droga a través de las chicas, a un precio directamente relacionado con su poder adquisitivo, y del real. Además es una droga fuera del circuito y con garantías de calidad excepcional. En el fondo somos tapadera de un fenomenal negocio de tráfico de drogas. No sé, a lo mejor son fantasías mías, pero las cosas que se esconden en los subterráneos de un club nocturno con chicas de alterne, pueden ser muy gordas. Me da la impresión que se mueve una cantidad de dinero que ni me imagino. Y yo, que lo único que pretendo en mi vida es un poco de tranquilidad, paz y libertad, he ido a cometer la mayor de las torpezas, pues aunque conozco poco, puede ser suficiente para alguien que quiera husmear.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Lo verdaderamente cierto, sin embargo, es que Enrique fue enterrado el día veintitrés de febrero, según creo. Me ha contado Madelaine que estuvieron ella y Ricky. Supongo que para cerciorarse de que lo enterraban. No creen en fantasmas, por tanto cuando vieran la tumba ocupada por el ataúd, respirarían. No había mucha gente: sus compañeros de oficina y una señora muy mayor, que debía ser su madre. Nunca me habló de ella. Intuyo que esa es otra razón para haber acabado tan pronto con él. No había nadie que pudiera organizar mucho jaleo. Para todos los relacionados con Enrique, excepto yo, lo del accidente es una posibilidad entre tantas: como un infarto, o una puñalada tras un atraco en mitad de la noche de Madrid. Una razón plausible y suficiente. Lo que pasa, además, es que lo del accidente de tráfico le da un acento especial de mal fario. &lt;br /&gt;Y es más difícil encontrar rastros, pistas... &lt;br /&gt;Un policía muy amable y bien vestido se presenta ante la anciana madre, conmovido por su soledad y sus muchos años y se ofrece a hacer todos los engorrosos trámites burocráticos: dar de baja al coche, llevarlo al desguace… Ya no existen huellas. Si es que alguna vez las hubo. Y si tiene suerte, la anciana le dará una propina, por los gastos, sin sospechar la pobre, que la mano que le aprieta con calidez su escuálido brazo, es la misma que alteró la dirección del volante que al ir a girar en una curva muy amplia y muy pronunciada y muy veloz mandó todo el coche a ciento treinta por hora (velocidad inadecuada a todas luces, eso es cierto) contra el muro que separa la autovía de los próximos edificios.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Poco más que aplastar a una mosca en el mes de septiembre.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nadie habrá que le recuerde. Y si la putita intenta algo, pues ya veremos. Esa es más fácil de controlar. No tiene compañeros de oficina. Por no tener, no tiene ni padres. &lt;br /&gt;Si se piensa despacio es invisible.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;Continuará...&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-4631183638216308709?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/4631183638216308709/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=4631183638216308709&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/4631183638216308709'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/4631183638216308709'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/01/fin-de-trayecto-cuarta-parte-capitulo_13.html' title='Fin de trayecto. Cuarta parte. Capítulo 44'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-9068765652543721793</id><published>2011-01-11T00:01:00.010+01:00</published><updated>2011-01-11T00:01:03.189+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Cuarta parte. Capítulo 43</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Jueves, dos de marzo de 1989.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Seis de la tarde.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: purple; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;¡Quiero&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; morirme!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¡Quiero que me maten! ¿Para qué vale que respire? ¿Qué sentido tiene que el corazón continúe latiendo?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Si tuviera valor me iría ahora mismo hasta la ventana y me arrojaría al vacío. Total estamos en un quinto piso, así que no hay problema de malas caídas, u hospitalizaciones largas. Sería un golpe definitivo. Pero tengo miedo. Es como si algo me atara a esta vida. Pero no sé lo que sea ello. ¿El odio? ¿El miedo ancestral al dolor y a lo desconocido? El caso que, de momento no hay peligro. No soy capaz de tirarme.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando esta mañana, iba a continuar escribiendo he escuchado unas pisadas en el pasillo. He supuesto que me traían la comida. Por eso dejé de escribir tan abruptamente. Ahora se supone que es tiempo tranquilo, y espero que lo suficientemente amplio como para acabar con todo lo que tengo que escribir.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Madelaine estará echándose la siesta y las demás chicas medio dormidas en el salón tragándose el culebrón de la tele, o lo que les den. Se trata de pasar minutos y minutos y minutos. No debo ser cruel con ellas. Al fin y al cabo ellas, cada una, tienen su vida, su historia, su motor, su amor, su ilusión, su problema, su dolor, su muerte… Todas lo tienen claro. Todas saben qué hacen. Y cada una tiene un motivo: un hijo, un hermano, unos padres, un novio drogadicto, una mala racha económica, incluso estar un poco enganchadas a la droga, una droga que les sale barata en lo económico, encima es de calidad contrastada y les evita tener que andar por las calles buscando cualquier porquería de las que circulan. Por todo eso, y quizá por más cosas, hacen lo que hacen. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sin embargo, yo estoy aquí sólo para ocultarme. Quizá sea demasiado poco, quizá no sea un motor lo suficientemente fuerte como para aguantar esta vida. O demasiado arriesgado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A lo que iba, antes de la interrupción. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aquella noche, tras la violación, entre Ricky y Madelaine decidieron que era bastante. Fui traída a casa nada más que Ricky me dejó. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Madelaine se encargó de recordarme un par cosas, más que nada por si no hubieran quedado claras del todo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—A partir de ahora estarás siempre vigilada. En casa siempre habrá alguien, incluso de madrugada, por si se te ocurre llamar por teléfono. En una buena temporada no vas a salir a la calle. Aquí te puedes imaginar que cada polvo, y lo que digas te será controlado. En unos días, no vendrás a trabajar. Necesitas descanso. Justo el tiempo necesario para que en tu habitación Ricky instale lo que tenga que instalar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Todo me lo imaginé mientras Ricky decía cosas, pero escucharlo de labios de Madelaine y todo junto, parecía que había entrado en contacto con una red de mafiosos. Era una perspectiva nada alentadora.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cambió de tono. Puso sobre mi hombro la mano derecha. No fui capaz de rechazarla, a pesar de que me repugnaba.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Por lo que te conviene, Mila, no intentes nada. Y menos que nada no te intentes poner en contacto con Enrique. Te lo ruego. Ése podría ser el peor de todos tus errores. Ten presente lo que te digo. Me caes demasiado bien, no lo puedo remediar. A mi edad, poder disfrutar de una chica como tú es un lujo del que no quiero prescindir. Por eso y porque creo que Ricky está pasando una época un poco paranoica intentaré convencerlo de que no le haga nada. —Suspiró. Creo que estaba muy poco convencida de lo que decía. Me temí lo peor, pero seguí escuchando sin arrojar la toalla—. Ya intuyes que tiene cientos de medios para que cualquier cosa parezca un accidente. Además hay mucha gente que le debe favores, tanta que no te lo puedes ni imaginar. Por muy bien situado que esté tu Enrique, seguro que Ricky conoce a alguien por encima. Y no sólo que esté por encima, sino que además le debe algo, ya me entiendes, una chica, una papelina, un arma… En fin esas cosillas que de vez en cuando nos hacen falta a todos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ya no era un escalofrío lo que recorría mi columna, era un pánico tal que me hacía temblar toda entera. Asentí, pues no podía articular palabra. Estaba claro había entrado a formar parte de una especie de red mafiosa o algo por el estilo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando me vieron salir, el resto de las chicas se quedaron asustadas. Por lo que luego me dijo Sole, todas pensaron que Ricky había cumplido su amenaza y me había puesto la mano encima. A pesar de que Madelaine se lo desmintió, ninguna se lo creyó hasta que a la mañana siguiente me vieron intacta en la casa. Se alegraron. Son buenas chicas, pero me hubiera encantado que se hubieran enterado de la verdad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Cómo puedo escribir estas cosas? Claro que lo saben. Lo saben perfectamente, mucho antes que yo y mucho más que yo. No sólo lo saben, sino que lo sufren en su organismo. Lo único que hace falta es mirar a Reme o a Hellen para darse cuenta de que ya están al borde de algo grave. No es que estén como el grupo que conocí en septiembre, eso no, pero anímicamente están muy cerca. Sin cocaína son incapaces de funcionar, diría más, seguro que son incapaces de ser personas. A estas alturas, seguro que alguna es cómplice de Ricky y Madelaine y no me quita ojo. Probablemente, Reme, que últimamente me cuida mucho. A ninguna de ellas las puedo culpar. Al fin y al cabo, para ellas también soy un peligro potencial.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A lo que iba, que pierdo el hilo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Entré medio atontada en un taxi. Como siempre el taxista no puso muy buena cara al ver las pinta que llevaba, pero una sustancial cantidad de dinero que multiplicaba por cinco o seis el importe real del trayecto le hizo acceder sin rechistar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando llegué a esta habitación, me eché en la cama. No dormí nada, me pasé toda la noche llorando en silencio. Una mezcla de dolor, de coraje, de rabia, de impotencia, de asco, pero, sobre todo, de miedo y angustia ocupaba todo mi espíritu. Tenía miedo por mí, pero más por Enrique.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Juro, que por quien más miedo tuve fue por él, por mí casi nada. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aunque me asuste tirarme por la ventana, que me puedan matar, no me asusta lo más mínimo. Es más esa posibilidad en muchas ocasiones me libera. Es como si lo deseara en muchas ocasiones.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Supongo que esas lágrimas me hicieron bien. Al despuntar el alba, logré conciliar un breve sueño superficial. Cuando desperté, a la mañana siguiente, era capaz de ver ciertos tonos agrisados en las cosas. Ya no todo era negro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me dije, “Mila, tienes que pensar fríamente. Nunca te has quedado de brazos cruzados ante las adversidades. Tienes que intentar las cosas”. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Lo primero que busqué fue la tarjeta de Enrique. Efectivamente estaba todavía en el bolsillo del anorak. La he escondido en tus entrañas, querido diario, que al fin y el acabo es como si fueran mis entrañas. Es como si hubiera escondido la identidad de Enrique en mis entrañas. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La primera conclusión de todas es que debía de volver a &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt; cuanto antes, para evitar sorpresas, no se le fuera ocurrir a Enrique aparecer de improviso, como el día que fue para decirme que nos íbamos a Granada. Así que le dije a Madelaine que contara conmigo. Que hablara con Ricky y que instalaran los micros que quisieran aquella mañana, que yo por la noche me largaba hasta allí. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Madelaine me miró con largueza. Creo que intuyó lo que pensaba, pero accedió. Nunca me lo dirá, pero, en el fondo, está de mi parte.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una vez tomada esa decisión, debía de pensar con calma, cómo hacerle llegar un mensaje a Enrique, con toda rapidez. Tendría para ello las mañanas y las tardes. Pero sabía a ciencia cierta que estaría lo suficientemente vigilada como para que no me pudiera acercar al teléfono. También tenía que pensar muy bien en el contenido del mensaje.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Rompí docenas de papeles. Tenía que ser clara, pero al mismo tiempo no tenía que notar riesgos para él, y menos para mí. Conociéndole como lo iba conociendo, si sospechaba algo, haría alguna locura. Pensé decirle que estaba enferma y que no podría acudir a nuestra cita del jueves. Era una solución de emergencia. El problema es que el viernes, el sábado lo más tarde, acudiría por &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt; para ver cómo estaba. Tendría que darle la impresión de que se trataba de algo no grave, pero que me impidiera salir de casa en un par de semanas. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Después de estar pensando un buen rato se me ocurrió una buena idea.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un esguince de tobillo. No era mala solución. Yo no lo podía ver y él no intentaría ir al club. Pospondría la cita para dos jueves más tarde. Y en ese tiempo tendría que pensar algo, algo que le alejara definitivamente de mí.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La única solución era que yo pareciera la causante de la separación, además la única causante. Algo relacionado con nuestra propia situación como pareja. Nada que le hiciera ver que otros elementos externos a nosotros influían en nuestra vida. Por ejemplo el miedo que me producía enfrentarme a una vida normal, después del tipo de vida que llevaba. Me asustaba la diferencia de edad. Me había dado cuenta de que necesitaba del dinero, para mi independencia y sin trabajo nunca la tendría. En fin, cosas de ese tipo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pensé que le escribiría una carta de despedida. Una carta en la que le relataría que los días postrada en la cama me había hecho reflexionar tranquilamente sobre nuestra situación. Le diría que no tenía sentido. Que lo nuestro era mera pasión que desaparecería en cualquier momento. Que la edad era una barrera desmesurada. Además, cómo podría fiarse de mí teniendo en cuenta las circunstancias en que me había conocido. Le hablaría de que estábamos confundiendo lamentablemente el amor con la simpatía, el cariño, con cierta camaradería, en definitiva, que ambos, quizá, carecíamos de la mínima dosis de afectividad que necesita cualquier persona, por eso cualquier acercamiento de un ser humano a los bordes de nuestro corazón lo acogíamos con el mayor de los alborozos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pensé que no era mal plan. Mejor dicho, pensé que era el mejor plan posible. Al menos el que más le alejaba de la realidad terca y siniestra. El que le mantendría con vida. El que le impediría meter las narices en esta pocilga. Aunque lo alejara para siempre de mí.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tenía el riesgo, por supuesto, de que Enrique no se conformara con lo que yo le dijera, de que intentara convencerme con sólidos argumentos de los errores que había cometido al razonar de ese modo. Pero no se me ocurría ningún otro plan que no lo hiciera sospechar que ocurría algo más. Desde luego en ningún caso hablar de Ricky, o de coca, casi ni de Madelaine.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Madelaine podría ser la vía de escape. Podría hablar con ella, y que ella me dejara hablar el martes o el miércoles por teléfono con Enrique, para contarle lo del esguince. Ella siempre delante, por supuesto, para que viera que no había ni trampa ni cartón. Y que luego, cuando la tuviera escrita, leyera la carta. Era plegarse demasiado a ellos, pero si quería salvar el pellejo de Enrique, si quería que las consecuencias de todo aquello, solo se quedaran en un sueño de algo que quizá hubiera podido ser y no fue, tendría que humillarme un poco más. Total, eso es costumbre de la casa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Oigo pasos por el pasillo. Quizá alguna chica venga a hacerme compañía, en lo que resta de tarde antes de irse para &lt;em&gt;Jazmín.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Será la espía que me han colocado, para no dejarme demasiado tiempo sola en la habitación?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Creo que me estoy volviendo paranoica.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;Continuará...&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-9068765652543721793?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/9068765652543721793/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=9068765652543721793&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/9068765652543721793'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/9068765652543721793'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/01/fin-de-trayecto-cuarta-parte-capitulo_11.html' title='Fin de trayecto. Cuarta parte. Capítulo 43'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-4160281365493524068</id><published>2011-01-08T00:01:00.027+01:00</published><updated>2011-01-08T00:01:03.548+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Cuarta parte. Capítulo 42 (bis)</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: purple; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;No sólo&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; se encendió la luz roja. Sino que saltaron todas la bocinas de mi cabeza. Habíamos llegado al nudo de la cuestión. Vaya, era eso. Si seré gili. Efectivamente, el gran peligro era la coca. Digamos que no estaría muy bien visto que alguien como Enrique, con ciertas influencias, fuera con el chivatazo de que un poli (no un policía cualquiera, sino éste, con nombre y apellidos, número de placa, etc.) suministrara coca a cambio de polvos (¿o algo más?) en un burdel de lujo. Su carrera peligraría. De ahí que fuera tan necesario que las chicas se engancharan, aunque no lo supieran ¿Había algo más a lo que yo no había tenido acceso? Parecía claro que sí. Un escalofrío me recorrió. La cosa se ponía muy mal. Pensé que mis intuiciones de diciembre eran ciertas. Había dado en el clavo, por desgracia. Pensé en ti, querido diario. Si alguna vez caías en sus manos, sería, probablemente mi final. Pensé en Enrique, probablemente él corría peligro, sin saberlo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De pronto, cambiaron mis preferencias, ya no era largarme de allí. Era intentar salvar a Enrique. Todo esto lo pensaba confusamente. Eran ideas vagas que se amalgamaban en mi cabeza. Ahora las escribo con orden, pero entonces eran una masa amorfa, aunque estaban todas allí.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Contesta, zorra, ¿le has dicho lo de la coca?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Volvía a ponerse nervioso. Incluso Madelaine había cambiado el tono de sus miradas. Eran frías y acusadoras. Efectivamente habíamos llegado al nudo de la cuestión. Me armé de valor. Aparenté la mayor tranquilidad posible. Incluso coloque la voz aterciopelada que sé a él le pone cachondo, una mezcla de inocente niña de provincias, con la sofisticación de la meretriz más experta de París. Algo difícil, pero que a él le ponía a cien.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¿Ese es el problema? No te preocupes, Ricky, querido, de lo que pasa aquí dentro no quiere saber nada, ni yo se lo voy a contar… Digamos que hay ciertas cosas que él no entendería. Madelaine te puede decir que estuvo por aquí la víspera de irnos a Granada y fue incapaz de echarme un polvo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fui soez a propósito y bien que me dolieron mis palabras. Toda esa mezcla es la que solía desarmar las defensas de Ricky.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Madelaine asintió, parecía aliviada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Además, aquella noche estuvo como nunca conmigo. Me subió a la luna con esa boca que Dios le ha dado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El asco me regurgitaba por los ojos, si esto se puede decir así.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ricky pareció calmarse. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—O sea que se trata de la historia de Cenicienta.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me abrumó durante unos segundos el que este hombre soez, bruto y de reacciones tan primarias y tan primitivas conociera la historia de Cenicienta. Más aún, me desarmó el que utilizará la misma comparación para definir nuestra historia, que la que yo he utilizado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Más o menos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¿Cuánto va a durar?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me encogí de hombros por respuesta. Intuí, que aquella pregunta significaba otra cosa. Debajo había una orden. “Tienes que romper con ese hombre”. Y por tanto, había otra conclusión. No se planteaban bajo ningún concepto el que yo me pudiera largar de allí. Pensé, “Lo llevo claro”. El poli, o sea el profesional, comenzó a pasearse por la habitación. Meneaba la cabeza. No estaba convencido. Resoplaba como un toro acorralado. Casi, casi se escuchaba como funcionaban sus neuronas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cambió de tono. Utilizó el de padre, ése que a mí me revienta.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Vamos a ver si nos entendemos pronto. Tu viniste porque te dio la gana. Nadie te obligó a entrar en el local ¿De acuerdo? —Parada, para respirar y dejar que las palabras, dardos envenenados, fueran llegando a mi cerebro—. Venus, tú aquí estás a gusto, tranquila, nadie te molesta. Comes, duermes, estás caliente, los clientes son gentes honradas, con dinero, limpios. —Proseguía su camino. Hablaba despacio, arrastrando las sílabas—. Es como si te hubieras hecho invisible. Nadie sospecha que hay puesta una denuncia por tu desaparición y el Cuerpo Nacional de Policía de Madrid se supone que está haciendo lo posible por localizarte. Lógicamente han revisado todos los locales de alterne de Madrid y alrededores y no te han visto. Bueno, han revisado casi todos... ¿De acuerdo? —Se acercaba a la meta. Y mi ilusión a su final—. Bien. Chica lista. Hemos entendido el principio. Ahora llega la segunda parte. Resulta que todavía eres menor. Imagínate que te localizamos así, de repente. Mañana, es un suponer, por la tarde, mientras paseas y te mandamos de patitas a tu casa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una luz blanca y cálida me iluminó. De pronto, aquello no me pareció tan malo. Después de unos meses supongo que acabarían por escucharme. Además en algún lugar de mi habitación debía estar la tarjeta con el teléfono de Enrique. Puse cara de póquer. Ricky, sin embargo, parecía leerme el pensamiento. Fue tan intensa la visión que se traslucía todo el pensamiento.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Ya veo, ahora no te importa. Nosotros nos hemos arriesgado por ti, ¿y así nos pagas? No es justo. Te has hecho tus cuentas, ¿no? Madelaine, la niña sabe sumar, y después de haber sumado ha decidido que nos deja, después de todo lo que estamos haciendo por ella. Esta es la operación que ha hecho. Tienes al príncipe azul, que ha venido a recatarte. Todo podría volver a cierto cauce. Pasamos unos malos meses en casa con los cabrones de los papás y del abuelo (como ves me sé la historia), pero puede aparecer Enrique. ¿Ves Madelaine? La putita piensa. Pero a lo mejor piensa que un tipo con casi cuarenta años se va a casar con una puta de diecisiete.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se volvió a Madelaine, parecía que me tocaba descansar un poco. Hay que reconocer que este cabrón piensa mucho y muy deprisa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Siempre te he dicho que las españolas son un riesgo en este negocio, joder. Madelaine, siempre te digo que no cojas españolas. Siempre pasa igual, un día quieren volver a casa, y por muy lejos que esté la casa, siempre está cerca, coño. Casos como el de Reme son muy difíciles que se repitan.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Pero parecía tan asustada la pobre. Y es tan guapa. Cualquiera, después de escuchar la historia de su vida, habría llegado a la conclusión de que al único sitio del mundo al que no volvería sería a su casa —se defendió, meliflua, la aludida&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Joder, si encima tengo la mala suerte de que eres bollera, así no se puede trabajar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Respiró fatigosamente. Se secó el sudor de la frente. Realmente estaba preocupado. Supuse que nos explicaría la razón de la preocupación, y no me equivoqué. Prosiguió.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Pichafloja tiene un puesto bastante bien relacionado con cierto sector del Gobierno. De cualquier Gobierno, lo que es peor. Trabaja para una de esas empresas medio privadas, medio públicas que mueven cientos de miles de millones al año con el tema de las exportaciones, con lo que el peligro es mayor. Porque además de estar bien relacionado, tiene su parcela de influencia. Conclusión,&amp;nbsp;Pichafloja es alguien.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ahora sí que me asusté de verdad. Las cosas se podían complicar, y mucho.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Como a la niña, en un descuido, se le vaya la lengua, suponiendo que nos creamos que todavía no le ha dicho nada, y si al otro le da por meter las narices, en dos días, el local cerrado y todos en chirona. ¿Te imaginas que le puede ocurrir a un poli corrupto en la trena? ¿Os lo imagináis cualquiera de las dos? Iba a durar entero lo que tardaran en apagar la luz la primera noche. ¿Me entendéis, o no? ¿Os lo tengo que decir de otra manera?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Continuó resoplando y paseando. Por fin se detuvo. Su voz, más pausada, le salió profunda y ronca. Pude ver claro que el tema tomaba dimensiones personales, por lo que todavía se complicaba. Ricky se veía amenazado, pero no sólo en la cartera, también en su integridad física. El león había aparecido. El general dio las órdenes precisas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—A partir de ya, la niña el día libre en casa. Aquí la quiero siempre controlada. Colocaré unos chivatos en su habitación. Al de la puerta se le dice que Pichafloja tiene prohibida la entrada. La primera vez que lo intente se le dice que Venus no le quiere ver y que se largue. Si no lo entiende o no se lo cree, o protesta, o lo que sea, una patada en los huevos. Pero quiero que se lo digas así a ese macarra que tienes de portero, textual. Y si todavía insiste, me llamáis. Me da igual el día o la hora, ya sabré yo lo que hay que hacer. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aquello ya no era un juego de niños. Ahora sí estaba secuestrada de verdad, y, además, un hombre, un buen hombre habría que decir, en inminente peligro por mi causa. La cosa tenía su aquel. Secuestrada por un Agente de Seguridad que mantenía negocios ilegales en un local de alterne de Madrid. La prensa se iba a poner las botas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Ricky —imploré—, te juro que nunca diré nada a nadie. No sé que pasa aquí de verdad. Lo único que yo sé, es que de vez en cuando alguien me da una raya, si yo la pido. Nadie me obliga, nadie me cobra por la dosis, y además, a ¿quién se lo iba a decir? Bastante tengo con lo que tengo encima.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me miró con dureza. Tanta, que un escalofrío me recorrió por mitad de la espalda. Si me hubieran buscado el pulso seguro que no me lo habrían encontrado. Aquella mirada no se la deseo a nadie. Pobres de los detenidos a los que tuviera que interrogar Ricky. Lo malo es que no le podrían acusar de golpearles con la mirada. Ningún juez del mundo podría creerlo, pero yo sí.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Niña, probablemente has dicho toda la verdad. Quiero creerlo, más que nada porque soy un sentimental y me lo he pasado muy bien contigo. O sea que no vamos a discutir más sobre ello. Pero te aseguro que no vas a tener ocasión de volver a decírselo a nadie. Has jugado con fuego y te has quemado. Lo siento monada. Toda la que entra aquí se queda, salvo que se vaya completamente enganchada a la coca, y, por tanto, sepa dónde tiene que ir, a quién tiene que preguntar y qué es lo que hay que pagar. Por supuesto, que no sabes lo que pasa aquí. Pues solo faltaba. Estabas empezando el proceso, cariño. Esto tiene que ir lento, con calma. Con arte. Estás tratando con Ricky y con Madelaine, no con cualquier chapuzas de por ahí. Así que no lo sabes, ni lo vas a saber porque, si alguna vez te enteras, cuando todo esto pase, te va a dar igual. En todo caso ya puedes decir chau, chau a tu amiguito. Hoy ha sido el último día que has follado con él.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Es claro como el agua, desde luego.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Lo intenté a la desesperada. Imploré llorosa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Nadie me había prohibido que me enamorara de otra persona. Nadie me había avisado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me sonrió con dureza, como un escualo. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Descubrí detrás de aquella mirada, otro brillo que le nacía con rapidez. Lo conocía demasiado bien como para sorprenderme. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¿Es que hace falta hacer ciertas advertencias en determinadas profesiones? Ahora desnúdate, zorra.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Miré a Madelaine, que se encogió de hombros y me sonrió, como diciéndome que aquello era así. De hecho ella también se desnudó y se fue tras Ricky. Intentó hacérmelo más llevadero. Al menos, su boca ocupó la mía, y no tuve que compartir el fétido aliento del monstruo. No sentía nada, salvo las embestidas del miembro de Ricky en mi vagina, que unas pocas horas antes había sido ocupada por las más suaves y tiernas de Enrique. En aquel momento pensé algo que todavía no entiendo cómo pude pensar. Quizá es que, efectivamente, mi cabeza no esté muy bien. Pensé, “Habéis de saber que Enrique no es un pichafloja. Lo hace mil veces mejor que tú, cabrón”. Pero claro, solo lo pensé. Mi miedo, mi rabia, mis lágrimas y la boca de Madelaine me impedían hablar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mientras me violaba, con el consentimiento de Madelaine que estaba muy entretenida en mis pezones, en esos momentos, en mitad de mis lágrimas silenciosas, hice repaso de mis últimos meses de vida, y me di cuenta de que cada vez había ido a peor, en vertiginoso descenso hacia la nada. Como causante de todo, una vida casi de esclava en pleno siglo XX, considerada por mi familia como un producto que había que preservar de no sé que peligros y asechanzas mundanas, ajena al cariño que se supone una recibe de una familia. Después, el amor con Joaquín me lo amputaron y lo convirtieron a las puertas, como quien dice, del siglo XXI en clandestino. Por si era poco, y ante nuestra escapada, lo criminalizaron. Para remate, Joaquín me dejó tirada, demostrando que era un cobarde y que sólo me quería, en el fondo, para lo mismo que mis clientes. Después, en vez de reconocer la derrota, fui cabezota y luché contra lo imposible. Caí en lo más abyecto de esta sociedad machista y sucia, lúgubre y podrida. Cuando creí que nada tenía solución, y que mi vida sería un lodazal hasta que muriera, apareció una luz. Una luz distinta radiante, natural, cálida. Disfruté de ella, pero me la han cortado. Ojalá que no le pase nada. Esa era mi única esperanza. Cada vez que descendía un tramo más en la vertiginosa caída, me decía a mi misma, “Ánimo Mila, peor que estás no puedes estar”. Y con eso poquito era suficiente para seguir de pie, en el trozo de planeta en el que me ha tocado vivir. Pero cada vez he estado peor, un poco peor. Ahora no sé si se podrá estar peor, pero peor que esto la muerte. No puede haber nada más.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Eso pensé en aquellos instantes de mi violación. Pero me volví a equivocar. Lo cual no es una novedad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;Continuará...&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-4160281365493524068?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/4160281365493524068/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=4160281365493524068&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/4160281365493524068'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/4160281365493524068'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/01/fin-de-trayecto-cuarta-parte-capitulo_08.html' title='Fin de trayecto. Cuarta parte. Capítulo 42 (bis)'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-1384615114293670534</id><published>2011-01-06T00:01:00.002+01:00</published><updated>2011-01-06T00:01:01.203+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Cuarta parte. Capítulo 42</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;Jueves, dos de marzo de 1989.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;Mediodía.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: purple; font-size: large;"&gt;¿Ganar&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; yo en alguna ocasión? ¿Percibir que en esta vida hay algo más que el dolor y el sinsentido?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Efectivamente, tal y como dejé escrito hace algunas semanas, tal y como mi intuición me gritaba, era demasiada suerte. No me podía durar tanto. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Llevo llorando una semana y la cosa va para largo..., para muy largo. Si es que alguna vez, soy capaz de dejarlo. No es que ahora me ponga melodramática. No creo que se pueda estar peor.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En la soledad de mi habitación, donde me tienen encerrada, resbalan tediosas las horas, y, estampida sin control, las lágrimas que arrasan mi alma. Una lentitud exasperante y oscura, trágica y luctuosa todo lo envuelve. Miro por la ventana y solo veo las nubes que pasan veloces y grises, ariscas y frías. Dice el calendario que es marzo, pero, mi corazón no entiende de esa cronología, para él es noviembre, y el invierno ha de empezar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El mismo viernes diecisiete por la noche, o sea, nada más dejar a Enrique, apareció Ricky por &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt;. Se dirigió a mí, sin duda ninguna, y lo que fue peor, sin ninguna parada intermedia ante ninguna de las chicas. En aquel momento, por lo temprano de la hora, había pocos clientes. Todo estaba tranquilo, tan tranquilo que empleaba el tiempo en saborear con fruición los últimos recuerdos de la tarde con Enrique. Había sustituido la cocaína por los recuerdos. Creo que ganaba con el cambio.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una inmediata señal de alarma se puso en marcha en mi cerebro. Algo pasaba. Algo nuevo. Algo peligroso para mí. Algo que cambiaría mi situación en &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt;. No sé por qué, pero tuve la intuición desde el primer momento que de algún modo estaba relacionado con Enrique. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Para mi desgracia no fallé.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Según llegó a mi altura, me cogió brutalmente del brazo derecho y me lo retorció hasta llevarlo a mi espalda. Era una agresión en toda regla. Grité. Aullé de dolor. Por un momento sentí que había sacado el brazo del hombro. ¡Qué dolor tan intenso!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Todas las chicas se volvieron, incluso algún cliente se acercó, caballerosa y temerariamente, para prestarme ayuda. Ricky sacó una pistola y tranquilamente, con morosidad, con frialdad, con dominio de la escena, con profesionalidad, en resumen, se dirigió a todos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Soy policía, no se preocupen. La situación está controlada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Palabras mágicas pronunciadas por el mago de Oz. Un policía que detiene a una puta. Normal.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Le escupí en la cara.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¿De qué me acusas? ¿De ejercer la prostitución siendo menor sin el consentimiento paterno?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—No te hagas la lista. Tú, Madelaine y yo, los tres, vamos a charlar arriba tranquila y civilizadamente. ¿Entendido...? Buena chica. Escucha detenidamente, porque solo lo diré una vez. Ahora te voy a soltar el brazo, si intentas algo, lo que sea, te doy un par de hostias y en paz, ¿vale gatita? —Se volvió a Reme—. Tú, Reme, busca a Madelaine, tienes tres segundos o las hostias son para ti… Pues no estoy calentito ni ná. ¡Pero mueve ese culo que ya han pasado dos segundos!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Estaba farruco. No obstante, me abstuve de cualquier comentario. Los puños de Ricky, como había comprobado en más de una ocasión (en otro tipo de situación, claro. Nunca me ha puesto la mano encima. Ni aquella noche, a pesar de lo violento que estaba), no eran precisamente guantes de seda, sino más bien poderosos hierros.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Madelaine, sofocada, apareció ante nosotros. Ricky se la encaró con determinación.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Esta monada nos la está jugando. Vamos arriba. Rápido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Madelaine me miró como si entendiera. Como si de pronto, toda yo fuese transparente y quedaran a la vista de todos mis últimos pensamientos, mis últimos sentimientos. Ya le encajaban todas las piezas del rompecabezas que había estado observando en los últimos meses. Nada se le queda oculto. Me sentí desnuda, de nuevo. Inconscientemente, crucé mis manos sobre mis pechos, aunque estaban cubiertos por un sujetador color champán.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Ya decía yo que esta mona estaba muy tranquila últimamente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando llegamos a la habitación número uno, Ricky, de un brutal empujón, me arrojó a la cama de Madelaine. Por los ojos echaba rabia, como si fueran surtidores de ira. Me señalaba con el índice acusador y amenazante.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Esta putita tuya se entiende fuera de aquí con un tipo que hasta hace poco era cliente…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¡Con Enrique! &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Le faltó tiempo a Madelaine para exclamarlo. Sin embargo, su precipitación sirvió para que Ricky dejase de apuntarme. Se giró en redondo hacia ella. Pude respirar aliviada durante unos segundos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¿Lo sabías y no haces nada? ¿Qué significa esto? ¿Qué pasa que todo el mundo me la quiere jugar y soy el último mono en enterarme? ¿Pero os creís que soy gilipollas, o qué...?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Madelaine, que lo conoce muy bien, no se dejó impresionar por el ataque de ira. Antes bien, empleó un todo de voz tranquilizador y reflexivo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Debí haberme dado cuenta antes. He sido una ingenua. No, Ricky, no pienses nada extraño. No te oculto nada. Lo único que esta niña me había dejado pistas que no vi. Si es que ha sobido el seso.&amp;nbsp;¿No ves el pedazo de cuerpo que tiene? Si es que me la comería. Y mira que ir a pegármela con el Enrique. Pero si no tiene agallas, ni cojones, ni lo sabe hacer. Si es un baboso.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Permanecí callada, pues no sabía de que iba aquello. Algo raro me empezaba a oler, pero no era capaz de concretarlo. Dirigí mi mirada a Madelaine y la odié. Por precaución no le conté que el Enrique de &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt;, era un tipo distinto del caballero que funcionaba por ahí fuera. Me quedé en silencio, a pesar de que tenía unas ganas locas de aclarar unos conceptos con ellos. Pero dejé que la cosa continuara. Era necesario saber, no fuera a complicar las cosas más de lo que aparentemente estaban.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Verás, en enero pensábamos que ya la teníamos. Así que pasé de acostarme con ella todas las veces. Pero unas semanas después, a finales de enero, una de las veces que me apetecía, le volví a ofrecer la coca. Se negó a tomarla. Pensé que había gato encerrado. Así que aquel jueves la seguí discretamente. Era el día nueve de febrero. Bingo. A la hora de comer apareció el tal Enrique. Yo le conocía de vista, claro, de verlo por aquí. Ya sabes que nadie se me despinta, pues menudo soy yo. Al principio pensé que ésta aprovechaba el día libre para aumentar la cuenta corriente, sin que tú lo supieras. Eso no está bien, pero se le podía pasar. Es una chica joven con iniciativa, que aprovecha el tiempo libre. Pero no. Se fueron a comer. Se pasearon. Vamos, dos tortolitos. Luego, cuando el tal Enrique, que por cierto tiene un buen curro, salió de su trabajo a un hostal discreto y allí pasaron la noche. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por un instante tomó aire. Me miraba ceñudo, pero la rabia inicial había desaparecido. Ahora más bien aparecía algo similar a la preocupación. Continuó.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—También pensé, al principio, que a lo mejor era un capricho de ejecutivo, por lo que no se limitaba a un polvo rápido, sino que quería más compañía. Ya se sabe, los cuarenta, cierta falta de cariño, todas esas gilipolleces que se dicen. Bueno, el caso es que tenía la mosca en la oreja. Volví por aquí aquella semana. Me volví a acostar con ella. Le volví a ofrecer la droga. La volvió a rechazar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se me quedó mirando escrutador, cierta sonrisa de maldad apareció en sus labios. Me estaba diciendo, “Mocosa, a Ricky no se la puedes dar”.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Seré imbécil. Tendría que haberla aceptado. A la semana siguiente lo hice, pero fue tarde. Ricky prosiguió con su relato. Todo era cierto, pero dónde estaba el problema. Le intenté cortar, pero no me dejó.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Al jueves siguiente se largaron, ¿sabes dónde?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Madelaine se encogía de hombros. Estaba triste, aunque expectante, atenta a lo que contaba Ricky.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—A Granada. Pasaron un día en Granada. El viernes otra vez aquí. Definitivamente era algo más que un encoñamiento de un ejecutivo con cuarenta años. Por tanto, se me encendieron las luces de alarma. Aquel día volví a venir. Aquel día sí aceptó la coca. La muy puta debió de olerse algo, o intuyó que debía actuar con normalidad. ¡Cuánto odio la puta intuición femenina! Pero es demasiado joven e inexperta para dármela. ¿Sabes lo que pretendió...?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Dejó suspendida en el denso aire la pregunta, como una amenaza Y en ese momento empezó a reírse con el estruendo de ballena que lo caracteriza. Como si de pronto le hubiera dado un ataque de risa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Pretendió hacerme creer que se había tomado toda la coca, cuando la mitad la había arrojado por el otro agujerito de la nariz.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Madelaine, muy a su pesar, sonrió. Sentí cierta tierna caricia lejana de sus ojos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Pero antes de que ésta me pueda engañar, tiene que nacer otras quince veces, por lo menos. Así que lo tuve claro. Estaban preparando algo, ella y su príncipe azul. Les dejé el jueves pasado. Cambiaron de hotel, de restaurante… Son listos. Bueno, Venus, dinos ahora, qué tramáis tú y el pichafloja de Enrique.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ya no pude sujetarme más. Me levanté decidida y me encaré con él, a pesar de que me saca nada menos que una cabeza.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—No lo insultes, cabrón. Él no se ha metido contigo. No pretendemos nada. Deja de pensar como un poli, joder. Nos queremos, creo, y estamos a gusto juntos. Aprovechamos mis días libres para estar juntos. Sólo eso. ¿Qué hay de malo en un día a la semana estemos juntos? ¿O es que infringimos alguna ley? Madelaine, seguro que tú me entiendes, díselo. Nos queremos, y eso no es pecado, ni es ilegal.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me volvió a empujar, esta vez suavemente, y volví a caer en la cama. No estaba tan desesperada como aparentaba. En el fondo estaba pensando que podía ser mi oportunidad de acabar con aquella basura y largarme a vivir con Enrique. Pero no contestó Madelaine.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Conmovedor. ¡Qué historia tan romántica! Parece una novela. Y además a tu Enrique le parece bien que trabajes como puta en un burdel, ¿o es que quiere chulearte?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Estuve por contestarle que el único que chuleaba era él, pero me contuve. Intenté volver a llevarle por otro camino, el del amor.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Sinceramente de pelas no hablamos. De hecho él paga todo. Además, eso son cosas nuestras.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¿No le habrás contado nada de la coca, claro?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;Continuará...&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-1384615114293670534?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/1384615114293670534/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=1384615114293670534&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/1384615114293670534'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/1384615114293670534'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/01/fin-de-trayecto-cuarta-parte-capitulo_06.html' title='Fin de trayecto. Cuarta parte. Capítulo 42'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-4682569384621292373</id><published>2011-01-04T00:01:00.005+01:00</published><updated>2011-01-04T00:01:01.336+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Cuarta parte. Capítulo 41</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Viernes, diecisiete de febrero de 1989.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Madrugada.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: purple; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Feliz&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; noche esta de febrero. Parece que la Primavera ha abierto sus puertas con anticipación. La naturaleza se estremece, sorprendida acaso, por lo inusitado de este clima en Madrid. Dicen que de vez en cuando sucede. Que, a veces, la Sierra para todos los fríos del Norte y esta ciudad se convierte en una sucursal de la Mancha o de Andalucía. Está hermosa la ciudad. Aunque algún agorero anuncia que de no llover pronto tendremos la nube de contaminación encima de nosotros en breves días, con lo que esta belleza se tornará opresión. No lo sé, tampoco me importa en exceso.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Como hice durante el verano, escribo mientras mi hombre duerme.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No tengo sueño ahora. Me siento plena por todos los lados, aunque también me siento llena de suciedad. Soy como una habitación que ha permanecido a oscuras por demasiado tiempo. Parece más o menos limpia, pero cuando se abre la ventana, aunque cueste, y, por fin, entra la luz del sol, uno comprueba alarmado, que la suciedad se ha señoreado de ella.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aceptaré la propuesta de Enrique. Me pondré en sus manos y dejaré &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt;. No sé si podrá ser de inmediato, porque esa es otra, o tendré que esperar más adelante, a cumplir los dieciocho para evitar algún movimiento de Madelaine y Ricky.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La verdad es que hasta ahora no he pensado que para dejar &lt;em&gt;Jazmín,&lt;/em&gt; he de pasar por Madelaine y Ricky. O escaparme. Si me largo, tendrá que ser muy lejos, pues Ricky me encontraría rápido. Lo de dejarme ir lo veo muy difícil. En fin, no me quiero amargar en exceso.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Enrique ya sabe quién es Ricky. Lo conocía de vista, claro. Le repugnaba antes, y ahora no digamos. Al saber con más precisión mi situación ha dicho que la cosa no es tan grave. Total faltan unos cinco meses para mi cumpleaños, con lo que todo se solucionará. Aunque me ha dicho que haga lo que estime más oportuno. Según él, también tiene contactos en despachos de alto nivel. Pero, de todas maneras, no sé quién tendrá más fuerza. Me temo que Ricky en estas cuestiones está más preparado. Quizá, a medio o largo plazo Enrique pueda tener acceso a niveles más alto -aunque no lo sé-, sin embargo, es evidente que el movimiento de&amp;nbsp;Ricky sería mucho más rápido y, probablemente, más eficaz.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ahora no quiero pensar en ello. Solo quiero disfrutar del recuerdo con Enrique. La semana pasada se las ingenió para no ir a trabajar ni el jueves, ni el viernes, y salimos fuera de Madrid. Una escapada. Acabamos en Granada. Fue fantástico.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Espero que no se despierte en un rato, y poder escribirlo todo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;La cosa empezó el miércoles, cuando vi a Enrique en &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt;. Quedé sorprendida y turbada. Pensé que todo había acabado. Sentí la vieja sensación de que otra vez el mundo se derrumbaba a mi alrededor, y yo sin enterarme. No me cuadraba verlo allí. Tanto es así, que sentí vergüenza de que me viera con mis &lt;em&gt;“armas”&lt;/em&gt; de trabajo, como si no me hubiera visto nunca.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me hizo una seña discreta. Fuimos al bar. Me di cuenta de que Madelaine nos miraba, pero no se extrañó, al fin y al cabo, Enrique era un cliente bastante asiduo, y no daba problemas. Incluso llevaba una temporada sin ir por allí. Habló muy rápido y mirando a todas partes. Me fijé en que no quería mirarme directamente, por lo que me avergoncé más aún.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—He venido para decirte que mañana quedamos desde por la mañana temprano, donde me digas. Nos vamos de viaje hasta el viernes por la tarde. No te preocupes, el viernes estarás aquí a la hora que me digas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¿Dónde vamos?—Pregunté con alegría de colegial que no disimulé.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Es una sorpresa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sus ojos me miraron, como si estuviera cometiendo una travesura. Me puse de pie a su lado y le agarré del cuello. Le metí mano, más que nada para que no sospecharan. Se dejó hacer. Le susurré en el oído.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¿No me irá a secuestrar mi rey, verdad?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se rió de buena gana. Todo era normal a ojos fuera. Sin embargo, y aunque el decorado no reuniera las mejoras condiciones, era el diálogo de dos enamorados. Me lancé. Tras el alivio que sentí al saber el motivo de su visita, parecía que volaba de felicidad. No me importaba.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¿Por qué no subimos? Mañana te devuelvo mi parte.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—No seas tonta. No es el dinero. Ahí arriba no se me empinaría.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Eso no lo permitiría mi pericia—. Le insinué con procacidad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Mira, Mila, ¿no ves que no tiene sentido?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tenía razón. Además, escuchar mi nombre en aquel lugar, me hizo el de una bofetada. Me aparté de él.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Lo siento. Creí que te gustaría, un poco de morbo…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—No te enfades. Te prometo que mañana podrás utilizar todo el morbo que quieras como si quieres llevarte algo de esto. Te lo juro. No te preocupes. Pero ahora me largo. ¿Dónde te veo mañana?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pensé rápido. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—En la entrada de cercanías de Chamartín, a eso de las diez.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¿No es un poco temprano para ti?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Volví a guiñarle el ojo con jovialidad. La tensión había pasado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Yo no pienso conducir. Por cierto, bésame, hazme algo, méteme mano, yo que sé. Madelaine no nos quita los ojos de encima.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Obedeció como un chiquillo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Me tendré que inventar una historia. No entenderá por qué te largas sin subir.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ahora fue él quien sonrió. Me besó largamente y me dijo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Le puedes decir la verdad. Le puedes decir que no voy a volver por aquí, porque he encontrado novia, una chica fantástica por cierto. Dile que me he venido a despedir.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se largó. Me gustó la historia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No pasó nada más en toda la noche. A eso de las tres de la madrugada Madelaine se me acercó, la noté tensa, expectante, como si acechara un peligro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Enrique se marchó, sin subir a la habitación.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Alargué más de la cuenta el trago de güisqui, con lo que la garganta se me abrasó. Durante los días de trabajo bebía tres o cuatro. Nada más.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Me ha contado que no se podía quedar más tiempo, porque le estaban esperando unos amigos, para ir a jugar una partida de póker. Se ha pasado por aquí, porque hacía mucho que no venía. Después de un rato en que me lo he trabajado, creo que me has visto, pues pensé que lo de los amigos se lo había inventado, ha terminado de confesar. En realidad lo que quería contarme es que tiene novia, y, desde ahora, no vendrá por aquí, o muy poquito. Vamos que ha venido a despedirse.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Y tú has sido incapaz de convencerle, claro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me la tenía que jugar. Me acerqué a ella como deslizándome. Puse mi mano, como por descuido en mitad de su muslo. Y le susurré.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—He intentado todo. Le he dicho, que ya que estaba aquí, como despedida, por los buenos tiempos. También le he dicho que yo no soy celosa y que puedo compartir a mi hombre preferido con otra mujer, siempre que me lo deje aprovechable, claro.—He introducido mi mano por su entrepierna. La muy zorra ya la tenía empapada—. Hasta le he metido mano, y eso que tal cosa no entra en la consumición. Le he colocado las tetas en las narices. —Hice lo propio con Madelaine—. Aunque sé que no te gusta que lo hagamos en el bar, pero un cliente que se pierda no es bueno para el negocio, ¿verdad? Además, si no has perdido detalle, que te he visto con estos ojitos, cachonda, que eres una cachonda.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Madelaine no respondía. No podía. Sólo jadeaba.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Subamos a la habitación, puta, más que puta.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A la mañana siguiente, cuando llegué a Chamartín camuflada tras unas horribles gafas de sol, Enrique ya esperaba. La sonrisa y el buen ánimo resplandecían en su mirada de miel.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¿Quieres un café? O nos lo tomamos más adelante.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Quiero dormir. El zorrón de Madelaine me ha tenido en &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt; hasta las siete de la mañana. No he pegado ojo. Mejor no te cuento.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y así fue. Cuando dejamos Madrid por la carretera de Andalucía, mi cuerpo se relajó definitivamente. He despertado cuatro horas después.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Buenos mediodías, princesa. Son las dos y cuarto de la tarde y estamos llegando, como aquel que dice. Si lo sé, viajo solo. Total tu conversación no ha sido de lo más agradable. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Lo miré con ternura y antes de responder, aun a riesgo de que mi aliento no fuera lo más fresco del mundo a esa hora, le estampé un profundo beso. Lo malo, es que casi nos estrellamos. Menos mal que un jueves a esas horas no había mucho tráfico. Tras el susto, nos reímos como niños. Aparcó el coche (un BMW, no podía ser menos) en el arcén y entonces sí nos besamos en condiciones..., bueno y más cosas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando paramos, mejor dicho, cuando bajamos del coche, lo hicimos para comer. En realidad, yo hice desayuno comida. El camarero del restaurante me miraba. Era un señor maduro muy agradable, con la seriedad y la gracia propia de los andaluces. Tras el zumo, el café y las tostadas, cuando pedí un gazpacho, no pudo por menos de hablarme.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Señorita, explíqueme cómo lo hace. Si a mí se me ocurre comer de esta manera reviento. Y si no reviento, engordo tres o cuatro arrobas como mínimo, que no sé que es peor, vaya.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No tuve más remedio que reírme. Tras ello le referí que la juventud lo quema todo, y que desde la noche anterior no había probado bocado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La ciudad fue un sueño. Es lo único que se me ocurre. Muchas de sus callejuelas me recordaron las de Euritmia: empinadas, estrechas, llenas de vida y belleza; pero lo más impresionante fue la luz con que nos recibió. Una luz cercana a la pureza absoluta, una luz que envuelve todo y a la vez lo resalta y lo llena de matices suaves y hermosos. Y, sobre todo, la puesta de sol desde la plaza de san Nicolás, en el Albaicín, justo frente a la Alhambra, fue una de las más hermosas que recuerde. “No es posible mayor felicidad”, pensé y lloraba embargada por la dicha, mientras, abrazaba la cintura de Enrique y él hacía lo propio con mis hombros. Cuando giré mi cara a la suya, descubrí con devoción que, en sus ojos, el sol poniente se reflejaba y tornaba los rayos de miel en rebrillos de oro viejo. Quedé extasiada. ¿Qué más podía pedir? Fue perfecto. &lt;br /&gt;Todo.&lt;br /&gt;El paseo por sus calles. La música suave y transparente del agua en la Alahambra. La compra de objetos. La merienda. La elección del hotel. La cena entre velas. La habitación levemente iluminada. El baño compartido. El amor en la espléndida cama. Sus latidos en mis oídos, ya dormido plácidamente. Al día siguiente más belleza y más luz y más paseo y más amor. Todo increíble.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tras comer, vuelta a Madrid.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El BMW se comía los kilómetros como si fueran agua. Llegamos con tiempo de sobra para tomarnos el enésimo café. Madelaine no sospechó nada. Madelaine, continúa observándome y esperando. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando Ricky sube conmigo, me meto una raya, aunque procuro que no sea entera. Si no viene alguna semana, ni me acuerdo de la cocaína. Procuro estar tranquila y agradable con Madelaine. Parece que la cosa marcha. Al menos no sospecha.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me siento como si estuviera ocultando algo a mi madre.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;(Sí querida mamá. Esto se parece a lo que hacía con Joaquín, cuando tú me tenías prohibido que saliera con chicos. En fin, siempre hay alguien que me prohibe lo que más quiero. Siempre hay alguien que me quiere matar el amor, porque piensa que soy de su propiedad).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esta semana no ha sido posible salir. Estamos en un hotel del sur de Madrid, de una zona en que nadie, en teoría, nos conoce. Cambiamos de zonas, de hoteles, de restaurantes. Es una suerte que Enrique tenga dinero.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sigue plácidamente dormido. Una breve sonrisa dulcifica su rostro con forma de pera. Enrique se ha de cuidar, engorda. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Acabo de contemplarlo una vez más. Sí, aceptaré su oferta. Me merezco otra oportunidad. Sería de tontos no aprovechar lo que la vida, o mi hada madrina, o mi ángel de la guarda, o Dios, me envían. Nadie me lo pondrá mejor. Y, si por lo que fuera, saliera mal, al menos habré disfrutado de su amor tranquilo y total.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sé que corro riesgos. El primero con Madelaine y con Ricky, no creo que sea tan fácil salir de &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt; como entré, aunque espere a cumplir los dieciocho años. El segundo, la diferencia de edad, mi trabajo… El que algo quiere, algo le cuesta, dicen.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A la semana que viene se lo diré a Enrique y planearemos lo que mejor convenga. Seguro que él sabe cómo hacer las cosas.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;Continuará&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;...&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-4682569384621292373?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/4682569384621292373/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=4682569384621292373&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/4682569384621292373'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/4682569384621292373'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2011/01/fin-de-trayecto-cuarta-parte-capitulo.html' title='Fin de trayecto. Cuarta parte. Capítulo 41'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-8300761154372500764</id><published>2010-12-22T21:40:00.003+01:00</published><updated>2010-12-22T21:40:00.811+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='AVISO'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Aviso</title><content type='html'>&lt;span style="color: #0b5394; font-size: large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #0b5394; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Con motivo de la celebración de las fiestas navideñas y dado que suelen haber viajes y otras circunstancias la publicación de la novela se reanudará el próximo día cuatro de enero de 2011, martes, con el siguiente capítulo.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;span style="color: red; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: x-large;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO...&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-8300761154372500764?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/8300761154372500764/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=8300761154372500764&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/8300761154372500764'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/8300761154372500764'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2010/12/aviso.html' title='Aviso'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-6872595175691322620</id><published>2010-12-21T00:01:00.002+01:00</published><updated>2010-12-21T00:01:03.141+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Cuarta parte. Capítulo 40</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Viernes, tres de febrero de 1989.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Media tarde.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: purple; font-size: large;"&gt;Vuelvo,&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; lentamente, hacia mi prisión. Vuelvo al lugar que hace apenas unas semanas era el refugio, mi garantía de que podría llegar a los dieciocho años sin que la policía me encontrara, y después, cuando llegara a ese mágica edad, poder salir de aquí y hacer mi voluntad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;He vuelto la cabeza antes de entrar en este bar y Enrique me ha dicho adiós con la mano. En su cara he percibido el amago de una lágrima furtiva, que quedó colgada cabe su lagrimal izquierdo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ha sido una magnífica noche y un hermoso despertar. Mejor que la semana pasada, todo era más sencillo, más libre, más espontáneo. Parecido a lo que había planeado. Enrique ha aceptado mis sugerencias menos una. Lo del hotel por horas le ha parecido cutre. Ha preferido un hotel sencillo, y algo escondido, pero para alojarnos toda la noche.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sé que las comparaciones son odiosas, pero no puedo evitarlo. Me ha venido a la cabeza mi relación con Joaquín. Definitivamente, y a parte de cómo acabe, Enrique merece mucho más la pena que Joaquín. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ahora soy dura con Joaquín. E injusta.&lt;br /&gt;Seguro que no ha tenido los medios que Enrique y su familia para tener la cultura y el trabajo que tiene. Además, tampoco tiene la culpa de tener veinte años menos que Enrique, por lo que su experiencia es infinitamente menor. Pero así es la vida. Enrique ha aprovechado mejor las oportunidades que Joaquín, éste, al fin y al cabo dejó el instituto porque le dio la gana, nadie le obligó…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A Enrique le ha encantado la estilográfica. Creo que ha sido sincero en su reacción. Se la regalé anoche a los postres. Al final fuimos a un restaurante de barrio. Lo de la hamburguesería o la pizzería era demasiado para él. Lo entendí y sonreí malévolamente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Si tuvieras un hijo de diez o doce años, veríamos si entrabas o no en una hamburguesería, carroza, más que carroza.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¿Qué quieres decir, enana? Que puedo ser tu padre.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mi mirada se nubló. Se dio cuenta de que acababa de meter la pata.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Perdona, pero es que no sé nada de tu vida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tenía razón. Debía de contársela en reciprocidad. No era justo que yo lo supiera todo de él, por lo menos del presente, y él nada de mí, bueno, casi nada. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Te prometo que durante la cena te la cuento. Total, no es tan larga.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y le guiñé el ojo con picardía. Simuló que me azotaba en el trasero. En esos segundos fui feliz. Mejor dicho, en esos segundos toqué la felicidad con la punta de los dedos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cumplí lo prometido. Antes de los postres le había resumido mi peripecia vital. No me interrumpió ni una sola vez. Asentía. Me hacía gestos para que no me olvidara de comer. Y, en esos momentos, él callaba, no quería hablar hasta el final. Incluso, depositaba los cubiertos en el plato y era él quien dejaba de comer. Había descubierto otra virtud en él, sabía escuchar mejor que nadie, por lo menos de cuantas personas conozco. En las partes más escabrosas entendió mis silencios y no entró en detalles. Todo un caballero. Cuando concluí, lloré como una mocosa. Bebí un trago de agua. Anoche no pedimos nada de alcohol.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Perdona, soy una exagerada romántica y algo histérica.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Acto seguido, con mi mejor sonrisa le he entregado la estilográfica. Juro que he visto cómo le caían las lágrimas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¿Por qué lo has hecho? Es injusto… De todas maneras gracias…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Durante varios minutos el silencio nos unió, como si fuera el abrazo de un ángel. Por fin fue él quien se decidió a hablar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Ya veo que en muy poco tiempo has sufrido mucho. Y no es justo, caramba. Vamos a ver, Mila, creo que te has equivocado. Te debes plantear todo de nuevo. Cuenta conmigo para lo que sea. Si quieres, mañana mismo sales de &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt; y te largas a Euritmia de nuevo. O te busco un apartamento y allí preparas oposiciones o te buscas otro curro, sin prisa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Debí de poner una cara terrible. Pues quedó mudo unos segundos…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Espera, Mila. ¿Qué estás pensando? No quiero convertirte en mi amante, o algo así, y ponerte un pisito. Lo podría hacer si tú quisieras, pero siempre que tú quieras, claro. Es más, si quieres dejo de verte desde este instante, firmamos un contrato de alquiler y me pagas por el apartamento. Te lo digo en serio. Largarte de &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt; tiene que suponer, romper con toda la mierda en que te han metido. —Agachó la cabeza dolorido—.Yo también formo parte de esa mierda, aunque, si no hubiera ido por allí, no te habría conocido. No quiero hacerte mi amante, y retirarte de la prostitución—. Volvió a mirarme con profundidad—. O a lo mejor sí. Quiero que me quieras, pero no te puedo obligar. Te juro que es lo único que me interesa... A lo que iba.... No es necesario que te consumas en este mundo. Quiero que sepas que tienes otras posibilidades. Piensa que te abro las puertas que te cerraron cuando llegaste a Madrid. Imagínate que lo de &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt; no ha existido. Solo es una pesadilla. Imagínate que es septiembre, y que me has encontrado a mí, que te ofrezco lo que buscabas. Lo demás, si llega, lo hará por su propio pie.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Lo cierto es que es una oferta tentadora que pensaré. Quizá la acepte.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Luego nos fuimos a un hotel discreto y limpio y pasamos la noche. Fue todavía mejor que el &lt;em&gt;Ritz&lt;/em&gt;. Más natural. Menos intenso, pero más tierno.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esta mañana marchó a su trabajo, creo que ha llegado tarde. Hemos quedado para comer. Ha sido fantástica la comida con él. Parecíamos dos viejos colegas hablando de nuestras cosas, es todo tan fácil, todo con la camaradería necesaria. Nada forzado. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Él tiene que volver a su trabajo y yo al mío. Hasta el próximo jueves no nos veremos. Las despedidas no son nuestro fuerte. Está a punto de llorar. Y yo, por decirlo todo. A pesar de no decir nada, los dos sabemos que esta situación no puede seguir así. No somos dos jóvenes que se tienen que despedir porque trabajan en lugares distintos y distantes. Se trata de que mi profesión inhabilita para el amor.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Está claro que el amor, por lo que sea, necesita de exclusividad. Quien diga que el acto físico no implica necesariamente a la afectividad, y, por tanto, se puede hacer con otros y seguir enamorada de la otra persona, no está enamorado, y no lo ha estado con anterioridad. Yo que sí lo he estado y creo que lo estoy, puedo afirmarlo. No porque no se pueda hacer, que se puede, y si no que me lo pregunten a mí, ¿qué remedio? Pero estoy hablando de sinceridad, de autenticidad, no de la ejecución de unos movimientos. El problema estriba en que una de las dos cosas la haces mal. En resumen, o estás enamorada, y no follas en condiciones con los clientes, lo que no me preocupa en absoluto, pero supongo que a Madelaine sí; o no estás enamorada, y, entonces, estás haciendo mucho daño al otro, un daño que puede ser irreparable. Y eso sí me preocupa. &lt;br /&gt;Hay algo que envuelve a la pareja, que la aísla del resto de la humanidad, y que le permite crecer hacia dentro, que es el verdadero crecimiento de la pareja. Y eso es lo importante del amor, pero para ello se necesita que cada uno, individualmente, se preserve del exterior que le acecha. Mi profesión, obviamente, no favorece en nada tales pretensiones. Antes bien, las destruye. Sé que a Enrique le gustaría volver a decirme, “Déjalo, no vuelvas por &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt;”. Incluso empiezo a intuir (y ahora no son especulaciones), que me pediría más cosas. Pero no se atreve a proponérmelo. Quizá porque no me conoce. Quizá porque no está tan enamorado como me parece. Quizá porque teme que mi respuesta sea no. Quizá porque no esté seguro de mí. Quizá porque intuye que hay algo en este trabajo, que una vez que has entrado en él te marca para toda la vida, y es imposible salir del cepo, aunque estés fuera. Algo así como lo que dicen los curas respecto de algunos sacramentos que imprimen carácter.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ya intuía yo que esto no podía acabar bien. Detrás de está locura la caída es libre y profunda, muy profunda. Y lo más probable del asunto es que Enrique sufra más las consecuencias que yo misma. Al fin y al cabo, para mí, otra herida en el corazón sería una más. Pero él que, a pesar de todo, es un hombre con futuro, con un puesto de cierto nivel en la vida de ahí fuera, sin necesidad de venderse, puede perderlo todo. Y no se da cuenta, que es lo peor. Parece un niño.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me sobra tiempo para volver al piso y allí prepararme, pero no me apetece. Tendría que dar demasiadas explicaciones. En unos minutos saldré de este café y entraré en una tienda que está un poco más abajo. Creo que compraré lo adecuado. Así lo podré dejar en el club para la próxima semana.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aquí estoy, tomando otro café y dispuesta a regresar a &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt; para cumplir con los machos que paguen por disfrutar de mi cuerpo. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¡Qué asco!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;He llorado como niña desconsolada. Una señora me ha preguntado qué me pasaba. Le he sonreído, mientras mis ojos, mis mejillas y mi boca eran atravesados por un raudal de llanto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—No se preocupe señora, son cosas mías...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Seguro que te ha dejado el novio. Vamos, no te preocupes. Ningún hombre merece que lloremos por él.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Permanecí en silencio hipando. No la he contestado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Quizá tuviera razón. Pensé, “¿Y si su marido es de los que vienen a verme? Tiene razón la señora, todos igual de cerdos”. He comprendido que era una excusa que me daba a mí misma para convencerme y no enamorarme más de Enrique.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Me puedo enamorar más?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;Continuará...&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-6872595175691322620?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/6872595175691322620/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=6872595175691322620&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/6872595175691322620'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/6872595175691322620'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2010/12/fin-de-trayecto-cuarta-parte-capitulo_21.html' title='Fin de trayecto. Cuarta parte. Capítulo 40'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-2210439635703360191</id><published>2010-12-18T00:01:00.001+01:00</published><updated>2010-12-18T00:01:00.987+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Cuarta parte. Capítulo 39</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Jueves, dos de febrero de 1.989.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Declina la tarde.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: purple; font-size: large;"&gt;No es&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; posible que la felicidad me acompañe durante tanto tiempo. Dudo que no sea un sueño excesivamente edulcorado. No creo que sea factible, a estas alturas de mi travesía, un cambio tan brusco en el rumbo de mi vida... Pero quién sabe. Quizá ya he purgado cuanto tenía que purgar, y algún hada madrina, de las que saltaron desde los cuentos y se introdujeron en mi alma cuando niña sin que yo lo supiera, ha agitado su varita mágica. Al final, acaso, Dios, o algo parecido, exista. Y si no existiera, al menos, haya habido un cambio en mi suerte. Veremos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Intentaré aprovecharlo mientras dure.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Durante esta semana, Venus ha sido menos Venus que nunca, pero no me ha importado. Sólo estaba esperando a que llegara esta tarde para volver junto a Enrique. Esta vez va a ser todo más discreto. Nada de Ritz, nada de grandes lujos, ni deslumbrantes vestidos. Una hamburguesería, o una pizzería, o un pequeño restaurante de plato del día y un hostal discreto y económico. De esos por horas. Eso sí, limpio. Estas son las dos únicas condiciones que pondré, discreción y limpieza.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Para mi suerte, esta semana Ricky no ha ido al club. No he probado la coca. Casi no he bebido. (Parece que me he regenerado. Como si hubiese entrado Alcohólicos Anónimos). Sólo ha habido un problema. Se me ha hecho cuesta arriba el club. En este trabajo, la consciencia no es buena compañía, por lo menos para mí en mi situación. Pero no por el trabajo en sí mismo, que ya es bastante, sino porque Madelaine y las chicas no notaran nada. He tenido que mantener mi actuación por más horas, con el esfuerzo anímico que supone. Cada madrugada llegaba más agotada que la anterior. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Enrique, tampoco ha ido por el club. No lo esperaba. Hubiera sido lamentable por su parte.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El pellizco en el corazón ha sido muy fuerte. Creo que estoy yendo demasiado lejos. Casi nunca funcionan bien estas historias. Pues, no se trata solo de chica pobre encuentra chico rico, y chico rico se enamora de ella, y es capaz de romper con todos los prejuicios sociales para acabar viviendo juntos. En mi caso, es algo más radical. En realidad, soy de la parte de los parias de esta sociedad, o peor, de los rechazados; así que el esfuerzo para que los demás me acepten será mayor aún, titánico. El caso de Cenicienta, quizá es posible encontrarlo hoy en día, ¿pero el mío?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me he de tomar esto como una aventura. No iré más allá. Sin hacer daño, o el menos posible, a Enrique, procuraré que acabe cuanto antes. Un mes, quizá dos, mientras se le acaba capricho. Va a ser prácticamente imposible que me enamore de él: no es mi tipo; aunque él sí lo está de mí.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Acabo de releer estas líneas y un escalofrío ha recorrido mi espalda. Probablemente me esté mintiendo a mí misma. Ya está bien de engaños. Si no soy sincera en este cuaderno, que es como mi trasunto, ¿cuándo lo seré? Sí siento algo parecido al amor. cómo puedo saber quién es mi tipo. Tampoco era mi tipo Joaquín, al menos así lo he escrito en estas mismas hojas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Quién es mi tipo, entonces?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Soy una estúpida adolescente, no sé ni cuál es mi tipo de hombre. Enrique tiene cultura, conversación, sabe escuchar, puedes hablar de casi cualquier cosa; lo único es el físico, más bien poco atractivo. Se sitúa en la media. No es feo, pero no es una belleza, ni un atleta, aunque tampoco es un saco de sebo. Joaquín era al revés, lo físico despuntaba por encima de lo demás. Sin embargo, siendo fríos, Enrique, a pesar de no ser un atleta, no está tan mal, un poco fofo, nada más. Y, desde luego (y en eso tampoco me ha engañado), no se comporta igual en el club que en otro lugar. Probablemente no sólo él, también yo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Si recuerdo la noche del jueves pasado, me doy cuenta que Enrique tenía razón y es bastante mejor en la cama de lo que aparenta en el club. Y para mi sorpresa y mi admiración, he temblado en sus brazos, como cuando Joaquín me abrazaba en las calurosas noches de agosto. He vuelto a ser la jovencita de diecisiete años. O sea que no estoy incapacitada para el amor. O sea, que soy capaz de sentir sin que el alcohol y la droga ocupen mis venas y mis neuronas. Es curioso, cuando soy yo de verdad, cuando no me pongo la máscara de Venus, las cosas son más fáciles. Pensé que nunca más podría estar con un hombre sin que dinero, u otra contrapartida por delante, y sin embargo, no es así. Con Enrique he estado porque he querido, libremente. Me preguntó, como estaba previsto y avisado (no hubo traición, ni influencia del ambiente), y accedí. Mejor dicho, me preguntó dos veces, no quiso arriesgarse. No influyó ni el alcohol pues solo bebí un vaso de vino y una copa de champán. Incluso, insinuó la posibilidad de extraer dinero de su billetero.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al hacerlo, una punzada de hielo me atravesó. No sé muy bien qué pretendía. Supuse que fue otra forma de preguntarme si quería estar con él libremente. Lo sigo suponiendo. Lo pasé por encima, como sin darlo importancia, pero aquel gesto suyo me hizo daño, un daño mucho mayor de lo que él se imagina. Aunque no he de echárselo en cara, pues, al fin y al cabo, una ejerce la profesión que ejerce. Y, en ciertos momentos, una ha de tragar toda la bilis, que estas situaciones provocan.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¡Qué cosas tienes, Enrique! Ahora no estoy trabajando. Estoy aquí porque quiero.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Enrique me sonrió, acarició mi cabello. No sé si dio cuenta del daño que me hacía. O sí se daba cuenta, pero tenía que estar seguro. Quizá para recompensarme de la herida, o porque le salió de dentro, o porque es un romántico empedernido, no lo sé, pero el caso es que, con la mano izquierda se extrajo del bolso de la americana una caja en la que había dos brillantes pendientes que, desde entonces, cuelgan de mis orejas. Según me dijo, son dos rosas de Francia. Jamás había oído que existiera una joya con tal nombre. Será verdad. Lloré emocionada. Demasiadas emociones bruscas en poco tiempo, como si mi alma se hubiera montado en una montaña rusa: primero me bajó a lo más zafio, luego me ascendió al lugar de las princesas. Me besó con una ternura y una pasión infinitas. No pensé que se pudieran dar juntas ambas sensaciones.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Por qué no ha de ser mi tipo Enrique?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Espero que hoy todo salga igual, o al menos parecido. Aunque, le pienso decir que no es necesario tanto lujo. Es más me gustaría la sencillez. Quiero estar libre de otras ataduras, que no sean las del corazón. Necesito no sentirme mediatizada por el esfuerzo económico, para poder valorar con mayor certeza mis sentimientos hacia él. Quiero decir, si él me agasaja del modo que lo hizo la semana pasada, a lo mejor, en mi subconsciente, es algo parecido a que me estuviera pagando en metálico. Aunque quizá exagere demasiado. Creo que Enrique actuó así con espontaneidad y con sumo sigilo. (Me repito, pero no importa. Quiero que quede claro).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;He querido rizar el rizo, y obsequiar yo. Traigo en mi bolso, una estilográfica, con su nombre grabado junto a una fecha, la de la semana pasada. Espero no ser cursi, y que a él le guste, al menos lo suficiente. Me ha costado decidirme, pero creo que será una buena idea. Además una estilográfica con una fecha grabada no le compromete a nada. Podría ser el regalo de su madre, si es que la tiene. Por cierto, no me ha hablado de su familia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;Continuará...&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-2210439635703360191?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/2210439635703360191/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=2210439635703360191&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/2210439635703360191'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/2210439635703360191'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2010/12/fin-de-trayecto-cuarta-parte-capitulo_18.html' title='Fin de trayecto. Cuarta parte. Capítulo 39'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-368997644201948547</id><published>2010-12-16T23:04:00.004+01:00</published><updated>2010-12-17T00:11:46.885+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Cuarta parte. Capítulo 38</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;Viernes, veintisiete de enero de 1989.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;Mañana. Casi las once y media.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: purple; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Esta&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; noche no he dormido en el piso. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;(La última frase que escribí ayer por la tarde acabo de completarla. Acabo de escribir perfume. No me dio tiempo a hacerlo mientras Enrique se acercaba).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No habrá problemas, pues hasta las diez o diez y media de hoy, puedo hacer lo que quiera. Lo que ocurre es que si agoto el plazo, tendré que pasar primero por una lencería y comprar algo adecuado, pues lo que llevo encima, por muy cómodo y elegante que sea, no me lo dejará pasar Madelaine. Será necesario que deje algún conjunto completo en mi habitación de &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt;, por si sucede de nuevo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Madelaine estará preocupada. Es la primera noche que, sin avisar, no he dormido en el piso. Aunque más lo estaría si llega a saber lo que ha ocurrido. Ni yo misma me lo explico. Creo que la única lógica que puede hacer plausible mis actos, es la desesperación, la falta de cariño. Soy como un cachorro humano a la intemperie. Cualquiera que me circunde con sus brazos tendrá mi cariño. Me agarro a cualquier clavo, aunque arda.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esta noche he dormido con Enrique. Ha sido Mila, la joven Mila, quien ha dormido acurrucada en los brazos de este hombre. Venus, se había evaporado. Desde el mes de agosto Mila no dormía conmigo, siempre era Venus. He vuelto a tener los mismos miedos, y las mismas inseguridades que cuando estaba con Joaquín. Como si fuera una principiante. Como si estuviera con mi primer novio.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ya está escrito.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Bordeo el filo del precipicio. Acabaré estrellándome. Lo que todavía no me explico es cómo no he reventado ya.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Enrique pasó a mi lado, hacia el cuarto de baño. Cuando estaba muy cerca, no supe, o no quise, o no pude, reprimir el deseo de alzar la cabeza y me encontré directamente con sus ojos. Como ya he dicho en alguna ocasión, creo, Enrique va con asiduidad al club, sobre todo desde que estoy trabajando allí. Es muy raro que esté con otra chica. Yo nunca lo he visto. A veces que yo estoy con otro cliente, prefiere esperar, o se marcha. Cada día nos conocemos más. Es el reverso de la moneda que representa Ricky. Enrique no se caracteriza por sus proezas eróticas, ni de otro tipo. No tiene vicios extraños o fantasías fuera de la normalidad. Él se limita a lo normal. (Si se puede catalogar de normal el que prácticamente cada diez días, vaya a un puticlub). Podría definir a Enrique como el gris burócrata de una gran empresa en la que deja su cerebro día a día, hora a hora, a cambio de un buen sueldo, que, en parte, me pasa a mí, previa prestación de mi servicios físicos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Lo que se entiende por libre comercio, vaya.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A lo que iba, en cuanto nuestras miradas chocaron me sonrió con campechanía, y diría incluso que con ilusión.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Ni te muevas de aquí. Ahora mismo vuelvo. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hizo una seña ostensible al camarero, para que le acercara la consumición a la mesa, mientras, él continuó su camino. Para el camarero fue una satisfacción inmediata, pues ya todo le encajaba. Yo no era una marciana que hubiera aterrizado por error en el local. Cuando llegó a la mesa, con el café de Enrique me lo confirmó. Supongo que no podría contenerse.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Señorita, ¿por qué no dijo que esperaba a don Enrique?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sonreí divertida, por lo de señorita y por lo de don.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—No lo esperaba. Simplemente era una posibilidad. No he quedado con él, pero como sé por donde suele ir…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mis dotes interpretativas cada vez me sorprenden más. Casi no había acabado de hablar, cuando Enrique volvió a aparecer.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Vaya sorpresa. No te esperaba.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Imagino. Yo tampoco.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y los dos reímos como dos niños. Aquello empezaba muy mal. Peligrosamente mal, diría. Demasiada confianza. Me alejaba demasiado del cliente, y corría el riesgo de confundirlo con el hombre. Pero, en el fondo, no estaba dispuesta a respetar la señal de Stop brillaba intensamente en mi cerebro. Y lo peor, es que sé a ciencia cierta que detrás hay un precipicio, prácticamente mortal, pues su fondo está demasiados metros más abajo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Durante unos instantes titubeé, estuve por levantarme de la mesa. Ser meramente cortés y emplazarle en el club, territorio del que no debería salir nuestra relación, o nuestro comercio, o lo que sea. Me estoy liando…. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No obstante, me atrajo la mirada de Enrique. No era como la recordaba del club. (Ayer por la mañana me di cuenta de que todo lo que se hace en el club, tiene poco que ver con la realidad). Era, su mirada, más clara, más franca, más tranquila. En realidad, todo él estaba más tranquilo, más relajado. Se notaba que éste era su ambiente. Decidí arriesgar. Era, y soy, consciente de la partida que empezaba a jugar. Decidí, por seguridad hacia mi persona, por egoísmo, en fin, por comodidad, y no por virtud, como alguno podría confundir, poner las cartas boca arriba.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Enrique, me voy a quedar. Pero has de saber del riesgo que corremos ambos. Quien quiera, en muy poco tiempo, puede enterarse de quién soy. Pueden saber de tu vida oculta. Puedes correr un terrible riesgo conmigo, te podría chantajear… O cosas peores.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Las cosas peores, eran las que me preocupaban, mejor dicho, me asustaban. Sentía un pellizco en el corazón que no presagiaba nada bueno, pero no le hice caso, porque al lado de este pellizco noté, también, cierto eco familiar, un sonido que se parecía mucho al de la felicidad. Entre tan-to, Enrique, sonreía con franqueza, riéndose sin duda de las cosas que me oía decir. Era como si tuviera a una niña frente a él.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Ay chiquilla, qué cosas tienes. Mira, a mí nadie puede acusarme de nada, pues no tengo ningún compromiso adquirido con nadie, ni siquiera oficioso. No creas que lo que te cuento en &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt; son novelas. Hasta hora no te he mentido, por lo menos conscientemente. Ni siquiera me he cambiado el nombre, ¿para qué? Es más, creo que no te he ocultado nada. Mientras no falle en el trabajo, o cometa algún delito, puedo emplear mi tiempo libre como quiera… En cuanto a lo del chantaje, deberías intentarlo, a lo mejor era divertido…—. De pronto, quedó serio. Fue como si el alegre paso saltarín que llevaba, se hubiera truncado. Se convirtió en un señor maduro y respetable—. En cuanto a lo otro, a esas cosas peores que dices que nos pueden pasar, no sé a ti, pero a mí ya no me pueden pasar más cosas. Morirme, si acaso. Te digo que es imposible. Desde que te conozco, he dejado de vivir con normalidad, con calma, en paz…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pegué un respingo en la silla. Me había leído el pensamiento. Debí palidecer, porque rápidamente prosiguió.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Pero no te preocupes, lo más que me puede suceder es que me quede como estoy. Conmigo estás a salvo. No pasará nada más que lo que tú quieras que pase. Y si tengo que seguir pagando por estar contigo,&amp;nbsp;lo haré con mucho gusto, siempre que a ti no te moleste. Eso es lo que me gusta, estar contigo, lo demás, y perdona la grosería, me la suda.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;Volvimos a callar. “Vaya”, pensé, “Esto es una declaración en toda regla, o algo así”. Me di cuenta de que sonreía bobaliconamente. No sabía qué decirle. Por primera vez en mi vida me había quedado realmente desnuda ante un hombre. Cuando Joaquín se me declaró, o cuando me acostaba con él, o cuando me acuesto con cualquiera en &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt;, con el mismo Enrique, mi cabeza está preparada. Tengo recursos. Coloco un caparazón, aunque sea pequeño, que deja algo dentro de mí que no desvelo a los demás. Esta vez fue tan sorpresivo, que me vio entera, de arriba abajo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No se puede decir que sea mi tipo, pero es agradable y amable, y no excesivamente mayor —cerca de los cuarenta—, con lo que, tal y como están las cosas, son muchas virtudes, casi una panacea. Mi cerebro es capaz de ver que es algo voluble, que es fofo de ánimo y blando de cuerpo, pero es tal la necesidad de cariño que tengo, que con el interés y la amabilidad me llevan a donde quieran.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por fin puse mi mano en las suyas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Enrique, cariño, no lo hagas tan difícil.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Juro que aquel cariño, me salió desde dentro, no fue, una palabra vacía.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aparentó enfadarse, frunciendo mucho las cejas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—No es difícil. No imagines otras cosas distintas de las que te he dicho. Las mujeres, a veces, vais muy deprisa y más allá. Solo te digo que pasará lo que tú quieras que pase, punto. El límite lo pones tú. Yo te propondré cosas y tú dices sí o no. Es muy simple. ¿Quieres tomarte algo más?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Sí.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Ves que fácil.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sonreí, a mi pesar. A mi pesar también, estaba a gusto con él. Chasqueó los dedos y el camarero, sonrisa amplia y blanca, se acercó.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¿Qué quieres? ¿Otro café? Bien. Óscar, otro café para la señorita y un gin-tonic para mí. Esmérate, Óscar, la ocasión lo merece.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El tal Óscar asintió en silencio y quitó los servicios de la anterior consumición. Cuando se volvió a la barra, miré a los ojos del hombre. Descubrí que no eran marrones, simplemente, sino que ante ciertos cambios de la luz mostraban rebrillos de miel. Di otro paso más.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Está bien. Podemos empezar porque me cuentas tu vida, si quieres, claro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me miró. Sopesó mi propuesta. Descubrió que yo necesitaba datos, argumentos para avanzar por la senda ofrecida. Debió de pensar que era el comienzo de algo parecido a estudiar en serio una propuesta. Sonrió.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Te cuento lo que quieras. Pero antes, ¿me puedes decir cómo te tengo que llamar? —Bajó la voz. Susurró—. Venus no es lo más adecuado... No te pido tu nombre, sino cómo quieres que te llame, aquí fue-ra.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Era otro paso el que me pedía. A partir de ese momento, nuestra relación, aunque se circunscriba al club, cambiará notablemente. De todos modos, a penas lo dudé. No en vano, había decidido jugar limpio. Si exigía sinceridad por su parte, yo se la debía de dar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Me llamo Milagros. Mi familia y mis amigos me llaman Mila. Tengo diecisiete años y ...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me calló con una suave caricia en los labios. Siguió hablando él.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Mila. Me gusta. Mila, Milagros, Mila. Sí te va bien... Bueno ahora te contestará a lo que me has preguntado. Ya me dirás lo que me tengas que decir cuando sea el momento. No hace falte que nos precipitemos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tomó impulso con un sorbo de la bebida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Mi vida no es especialmente atractiva, ni tiene espectaculares aventuras. Ni siquiera hay en ella sueños maravillosos…Excepto uno, claro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me atravesó con dos de esos melosos rayos. Gracias a Dios, Óscar llegó con las consumiciones. Aproveché el instante para bajar la cabeza huyendo de su mirar, que me desnudaba el alma. Vacié el sobre con el azúcar en el contenido de la taza y lo di vueltas, como si fuera una operación de alto riesgo y alta complicación científica, poco menos que redescubrir la penicilina.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El silencio se extendió entre los dos como una niebla fría. A lo lejos, me pareció, escuché el tintineo de los cubitos de hielo contra el cris-tal del vaso. Su voz volvió a llegarme dulce y cálida, cercana y aterciopelada. Si se puede decir así, suspiré, en silencio, aliviada, estaba ahí, no se había alejado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Trabajo en una empresa que se dedica a exportación de productos españoles al extranjero. A cualquier parte del mundo. Es una empresa de carácter semi público. O sea, que soy como medio funcionario. Somos el cauce por el que pasa cualquier producto que salga desde España. No somos la única posibilidad, claro, pero sí la más eficiente, sobre todo, cuando se trata de países subdesarrollados, o lo que los economistas ahora llaman en vías de desarrollo. Como ves, un trabajo lleno de rutina y aburrido. Digamos que mi puesto en la empresa está en el tercer escalón. En el primero está el superjefe. Ni le veo. Sé que existe porque hablan de él, y porque alguien firma las cosas. En el segundo escalón están los delegados de zona y de productos. Son mis jefes directos, a los que tengo que dar cuenta de todo lo que hago, y los que me exigen. En el tercero estamos los ejecutivos que coordinamos lo que nos dicen desde el segundo escalón. Vuelos, barcos, embarques, permisos, aduanas. Organizar todo el papeleo, vaya, y resolver cualquier problema que se pueda presentar. Debajo de nosotros están jefes de oficina, comerciales, secretarias, no sé, mucha gente, aunque parezca mentira. Si te interesa, en este momento exacto de mi vida, me pillas escalando el peldaño, te diría más, estoy cerca de llegar a la cumbre. Dentro de un año, o algo menos, quizá me nombren jefe de la zona del Magreb, con lo que habré llegado muy alto. En mi situación probablemente no pueda subir más. No está mal, pero no es divertido, ni siquiera variado. No tiene el aliciente de la creatividad… No sé si me explico. Dependemos de los demás en todo. Si un día todos los empresarios de este país les da por no exportar nada, pero es que nada, nosotros de brazos cruzados, mirando cómo pasea el personal por la calle.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Ya conozco como consigues el dinero. Pero eso me importa menos. Sabes a lo que me refiero.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Volvió a mirarme con profundidad y largura mientras daba un amplio trago a la bebida burbujeante. Habíamos dado otro paso. Seguro que calibraba el riesgo del juego que él mismo había empezado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Ya…Bueno. Soy un loco por la lectura, sobre todo novela española, del baloncesto, algo menos del fútbol. Pero no practico ninguno de los dos, como se ve. También me gusta un buen gin-tonic después de comer, como el que ponen aquí. Me gusta la compañía femenina. Me gusta, en otoño, perderme por el Retiro o subir a la Sierra. Me gusta, de vez en cuando, ir al cine. Como ya te he dicho, estoy soltero, pero no tengo mucho tiempo libre. La empresa absorbe muchas horas. Más de las que paga, pero no me quejo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Volvió a beber un trago largo y lento, saboreando el líquido levemente amargo. Cuando quise hablar, separó abruptamente el vaso de los labios, como si se le hubiera olvidado algo. ¿O fue una pausa como si quisiera subrayar lo que dijo después?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Y se me olvidaba lo más importante. Me gustas tú. Desde hace unos cuatro meses me gustas tú. Desde aquella primera noche con Belinda. —Seguro que me ruboricé recordando aquella escena. Me volvió a sorprender. Pero no le dio importancia—. Tanto me gustas, que hasta empiezo a distraerme en el trabajo. Y ansío ir hasta &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt; y estar contigo. Sé que no me creerás, pero lo de menos es acostarme contigo. No porque no me guste. Vaya estupidez, no sé qué vas a pensar de mí, me comporto peor que un adolescente con espinillas. Me gusta, claro que me gusta acostarme contigo, pero no estoy tranquilo. Creo que lo haría mejor con más tiempo, en otro ambiente. Verás, soy muy tímido. No me gustan las discotecas. Ni las grandes aglomeraciones. En fin, que soy un ser bastante solitario. El caso es que, una vez, estuve en una despedida de soltero. Acabamos en Jazmín, y desde entonces, pues eso, que voy por allí. No iba mucho, sólo cuando no podía aguantar más, ¿me entiendes? Pero, de pronto, apareciste tú…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Bajé, de nuevo avergonzada, la cabeza. En cuarto de hora me había hecho dos declaraciones de amor. No sabía qué decir… Él permaneció silencioso durante unos segundos, hasta que sentí sus cuidadas manos bajo mi barbilla. Con suavidad alzó mi rostro. Me topé con sus ojos sonrientes.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—No te avergüences. No has hecho nada malo. No has robado, ni has secuestrado, ni has matado. Has preguntado, yo contesto. Te repito que no estás obligada a nada. Si te sientes mal, acabamos la consumición, salimos por la puerta y nos despedimos hasta cuando sea en &lt;em&gt;Jazmín&lt;/em&gt;. Yo qué sé.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sopesé seriamente tal propuesta. Estuve a punto de aceptarla. De hecho, asentí. En silencio, contrariado, aunque lo disimulaba, de un sorbo se acabó el gin-tonic. Se acercó a la barra. Extrajo con suficiencia la cartera de su americana y pagó. Me acerqué a él y salimos juntos, como buenos amigos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En el exterior, soplaba una fría brisa. Se había echado la noche en Madrid, aunque fueran las siete de la tarde. No sé si fue el frío, o la oscuridad, o la melancolía, o lo que había dicho allá dentro, el caso es que sin saber cómo (lo juro), me vi colgada de su cuello. Lloraba como una niña.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Enrique, llévame a cenar donde quieras, por favor.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Su mirada de sorpresa, pero aliviada, volvió a traspasarme.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¿Tienes interés por algún lugar, o puedo escoger con total libertad?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Escoge lo que quieras.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¿En serio?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Asentí nuevamente. Y le sonreí, ya decidida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;También él, sonrió con amplitud y confianza. Trazó, en unos segundos, su plan.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Dispones de hora y media. Vas a ir a la boutique que te apetezca. Te compras el vestido que quieras. Tiene que ser elegante, casi de fiesta. —Sacó la billetera y rebuscó.— Toma esta tarjeta de crédito, la visa no puede ser, claro, por lo de la firma. —Siguió rebuscando, sacó su tarjeta de visita.— Aquí está el teléfono donde me podrás localizar, por si tienes problemas, que los tendrás. Después, coges un taxi y a las ocho y media quedamos en la puerta del Ritz. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Pero eso es un hotel —, protesté imaginándome el resto. Algo que daba por supuesto, sin razones para ello.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—No empieces a sospechar cosas raras—. En su tono de voz había algo parecido a un padre divertido regañando a su hija—. Ya te he dicho antes, que sólo haremos lo que quieras y hasta dónde quieras. Si vamos al Ritz es porque tiene uno de los mejores restaurantes que conozco. Además, me pilla cerca del donde voy a ahora. A las ocho y media.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me quedé quieta, casi sin poder moverme. Con las tarjetas en la mano. Podía haberme largado con ellas. Pero él confiaba ciegamente en mí. Si soy sincera, esa confianza me asustó más aún. Mucho habíamos avanzado en tampoco tiempo. Demasiado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El frío de la brisa continuaba acariciando me rostro. Por fin reaccioné. Apreté las tarjetas en el interior del bolsillo del anorak y, rauda, fui a cumplir cuanto Enrique había dicho. Y a fe que lo hice. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Con la dependiente de la boutique me ocurrió lo mismo que con el camarero. Cuando me vio cruzar la puerta del establecimiento, debió de pensar que una mocosa pretendía atracarle, o qué sé yo. Se puso tensa: alzó los hombros y irguió la cabeza. Pero en cuanto, como por descuido, deposité las tarjetas encima del mostrador todo fue amabilidad y relajo. La vendedora sonrió con malicia. Suspiré apenada: tenía razón la muy cerda en pensar lo que estaba pensando: “Una putita contratada por un ejecutivo solo que tiene algún compromiso de empresa”. Decidí que la mujer no era motivo para amargarme la noche. “Esta noche, Cenicienta”, pensé. También pensé, “Esto no sólo pasa en las películas”. Compré un traje largo negro con amplio escote en uve por la espalda, con la cintura muy ajustada y que tenía una falda vaporosa. Con el tiempo que hacía opté por chal negro que me abrigara, aun levemente, de los rigores de la noche. Me calcé también adecuadamente y me colgué un poco de bisutería. El problema iba a ser el maquillaje. Pero, gracias a Dios, en la boutique tenían de todo. Después de pagar con la tarjeta, salí de allí, con mi otra ropa guardada en una gran bolsa; pero, antes de cruzar la puerta, me volví a la dependienta y la espeté con la mejor de mis sonrisas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Que te lo pases la mitad de bien que yo, bonita.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No me quedé a escuchar la respuesta. Me la imaginé. Y si fue la que me imaginé, mejor no haberla escuchado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Todavía me faltaba más de media hora. Las personas que paseaban por allí volvían la cabeza al verme pasar. Decidí tomarme algo rápido, porque transcurriera el tiempo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al llegar a la puerta del hotel, Enrique estaba esperando. Pagó al taxista y me introdujo en el interior de sus lujos. Antes de pasar al comedor, en el bar que parecía de película también, tomamos una copa. Me advirtió.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Quiero seguir jugando limpio, como estamos haciendo. Creo que es lo mejor para ambos…Después de la cena, te propondré lo que te imaginas. Tienes tiempo de divertirte. Relájete, disfruta de la cena y olvídate de todo. Hasta entonces, estás en mis manos. No elegirás ni el menú, ni las bebidas, nada. Hasta dentro de un par de horas o tres, no vas a decidir nada Disfruta, y si quieres, te lo vas pensando. Luego todo será más fácil.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sonreí aliviada. Al menos los dos jugábamos con las cartas boca arriba. Había actuado con franqueza, como yo. Mejor. Al fin y al cabo somos adultos. A pesar de mi DNI.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ya es la una y media. Han pasado dos horas y me queda una para ir a buscar a Enrique. Hemos quedado a comer. Lo demás es fácil de imaginar y no lo quiero escribir ahora.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;(Sí, querida mamá. Ahora, a estas alturas, me entra pudor, qué se le va a hacer. Desde ayer, después que se durmió, pienso en ti. Enrique sería el novio que tú aprobarías, a pesar de la diferencia de edad, unos veinte años. Lo que se dice, un buen partido. Nuestro recio abolengo familiar encontraría un sostén económico. ¿Quién sabe, incluso una sólida fortuna? Eso no lo sé aún, pues no conozco nada de su familia. Pero como dijo aquel, mamá, “Lo que no puede ser, no puede ser, y, además, es imposible”.)&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: #0b5394;"&gt;Continuará...&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/355151896642756286-368997644201948547?l=euritmiaenlared.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/feeds/368997644201948547/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=355151896642756286&amp;postID=368997644201948547&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/368997644201948547'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/355151896642756286/posts/default/368997644201948547'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euritmiaenlared.blogspot.com/2010/12/fin-de-trayecto-cuarta-parte-capitulo_16.html' title='Fin de trayecto. Cuarta parte. Capítulo 38'/><author><name>Amando Carabias María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13245568178436117134</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_-vIn_fzFjwg/TM8cijsWS5I/AAAAAAAABac/9V0SCPpc0iQ/S220/P1020119+-+copia.JPG'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-355151896642756286.post-6853251431203575788</id><published>2010-12-14T00:01:00.001+01:00</published><updated>2010-12-14T00:01:02.227+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fin de trayecto'/><title type='text'>Fin de trayecto. Cuarta parte. Capítulo 37</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;Jueves, veintiséis de enero de 1989.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;Mediodía.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: purple; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;La semana&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; pasada no salí. Estuve enferma. Nada de importancia: una faringitis provocada por el frío intenso de las madrugadas de este mes en Madrid. Decidí que la cosa no debía ir a más y opté por reponerme con un día de cama.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hoy he cambiado mi itinerario. Me estoy tomando un aperitivo en 
